
La distracción en el lugar de trabajo ya no es solo un inconveniente menor; puede influir en las oportunidades de progreso profesional y, en última instancia, en la estabilidad laboral. Un reciente estudio en el Reino Unido revela que una parte significativa de los empleados admite mirar sus teléfonos durante las reuniones, mientras que la gestión del tiempo y la responsabilidad en las tareas siguen siendo indicadores clave de crecimiento profesional.
Entre los hallazgos relevantes se destaca que el 31.7% de los empleados encuestados admite revisar su teléfono en lugar de concentrarse en la presentación diaria. Las distracciones digitales, incluido el correo y las notificaciones, afectan a todas las generaciones, con 37.2% de los encuestados informando que completan o atienden tareas personales durante el horario laboral. Esto tiene implicaciones claras para el desarrollo profesional y la percepción de desempeño.
La investigación también subraya la existencia de hábitos que pueden considerarse «dañinos para la carrera», como la pereza crónica, el incumplimiento de mensajes y el desplazamiento constante a través del teléfono durante las reuniones. Aproximadamente 44.2% de los encuestados reconocen fomentar tres o más de estos hábitos cada mes.
Un aspecto particularmente revelador es el impacto de los hábitos silenciosos o “quiet habits”, que pueden afectar de manera significativa la probabilidad de progresar dentro de la empresa. Conductas como evitar hablar en las reuniones (31%), desahogarse sobre un supervisor ante un colega (19.2%) o aceptar tareas imposibles de cumplir (5.7%) pueden socavar la percepción de confiabilidad y capacidad de asumir mayores responsabilidades.
La experta Amanda Augustine, certificada como CPCC y portavoz de Careerminds UK, señala que estas conductas no son rasgos de personalidad inmutables, sino hábitos cotidianos que pueden identificarse, abordarse y mejorarse con esfuerzo constante. La buena noticia es que, con disciplina, es posible revertir estas tendencias y fortalecer la capacidad de ejecución y presencia en el equipo.
Gen Z: desafíos en la gestión del tiempo
Entre los datos más sorprendentes se encuentra el grupo de edad 18-29, donde el 26.7% llegó tarde a las reuniones en el mes anterior, en comparación con solo el 3.3% en mayores de 55 años. Además, la misma cohorte es más propensa a “tomarse un día libre” para obtener tiempo adicional (26.7% frente a 12.2%).
Sin embargo, esto también puede representar una oportunidad para los directivos: un 38.0% más de probabilidad de llegar tarde en las reuniones, frente al 9.2% de los empleados de nivel inicial, sugiere que el liderazgo puede marcar la pauta. Establecer ejemplos de puntualidad y crear estructuras que faciliten la organización pueden contribuir significativamente a mejorar la cultura de la reunión y la gestión del tiempo.
Entre las recomendaciones de Careerminds UK se encuentran: organizar el trabajo de forma más eficiente, reservar bloques de tiempo para responder mensajes, mantener la presencia y la participación en las reuniones, y, sobre todo, comunicar abiertamente los desafíos con los plazos para evitar que se conviertan en problemas mayores.
En resumen, la capacidad de gestionar el tiempo, reducir distracciones y fomentar una participación proactiva en las reuniones no es una cualidad reservada para unos pocos; es una habilidad que puede desarrollarse con prácticas consistentes. Las organizaciones que apoyan este desarrollo verán mejoras en la colaboración, la toma de decisiones y, en última instancia, en las oportunidades de crecimiento para sus equipos.
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