
Antares, una startup de fisión nuclear con sede en Torrance, California, ha anunciado una recaudación total de 470 millones de dólares para avanzar hacia un objetivo singular: entregar un reactor modular capaz de producir electricidad para una instalación militar de EE. UU. antes de la fecha límite impuesta por políticas gubernamentales. La ronda Serie C fue co-liderada por Paradigm y Caffeinated Capital, con la participación de Point72 Ventures, Shine Capital e Industrious Ventures, entre otros, según un vistazo a los datos de PitchBook citado por TechCrunch.
Este impulso de financiamiento llega poco después de que el Mark-0 de la compañía alcanzara criticidad en el Idaho National Laboratory, en una demostración coordinada con el Departamento de Energía, el laboratorio y BWX Technologies, con observación de la Armada de EE. UU. Este hito se presenta como un paso clave hacia la construcción del Mark-1, con un despliegue previsto para 2027 y primeras implementaciones para clientes de defensa en 2028. Según la propia empresa, el Mark-1 emplearía el mismo núcleo, instalación y combustible TRISO que el Mark-0, lo que respalda la viabilidad proyectada para una fecha de 2027 frente a un objetivo práctico de suministro eléctrico.
La visión de Antares está alineada con una estrategia de “militar primero” y cuenta con el apoyo explícito de políticas públicas. La compañía señala el papel de una orden ejecutiva titulada Deploying Advanced Nuclear Reactor Technologies for National Security, que busca garantizar un reactor nuclear operable en un sitio militar doméstico para el 30 de septiembre de 2028. En este marco, Antares figura entre los tres finalistas del programa Advanced Nuclear Power for Installations del Pentágono, orientado a probar e implementar un módulo de reactor pequeño (SMR) en dos bases de la fuerza aérea.
Con la financiación y los planes de desarrollo, Antares pretende avanzar hacia la construcción de un Mark-1 capaz de producir electricidad de forma confiable durante más de seis años sin recarga y con una capacidad de salida que, según la propia empresa, podría convertirlo en el primer microreactor en un diseño realmente comercialmente viable para su aplicación en defensa.
Sin embargo, el planteamiento no está exento de desafíos. Según Lazard, el costo nivelado de energía (LCOE) de estas soluciones podría ser más alto que el de la mayoría de las turbinas de gas existentes y, si bien las fuentes renovables siguen siendo más baratas, la necesidad de una cadena de suministro estadounidense madurada para reactores avanzados puede presentar obstáculos en la manufactura, escalamiento y pruebas de primer artefacto a escala de producción.
En síntesis, medio billón de dólares en capital posiciona a Antares para intentar cumplir con una fecha límite ambiciosa: disponer de un reactor operativo en una base militar de EE. UU. para 2028. El éxito de esa empresa podría depender tanto de la madurez de la cadena de suministro nacional como de la capacidad de la compañía para traducir el financiamiento en contratos firmes y en la entrega de un sistema estable y seguro para un entorno crítico de defensa.
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