Preparaciones para Simulaciones de la Próxima Caminata Lunar y Operaciones Subacuáticas


En los últimos años, la exploración lunar ha dejado de ser una promesa para convertirse en una serie de pruebas prácticas que preparan a la humanidad para misiones más ambiciosas. Un área clave de estas preparaciones es el desarrollo de plataformas de computación a bordo capaces de soportar entornos extremos, gestionar grandes volúmenes de datos y tomar decisiones autónomas cuando la señal desde la Tierra es limitada o intermitente. En este artículo se analizan los avances recientes en computación para vuelos espaciales y la relevancia de las pruebas de resiliencia en escenarios de simulación avanzados, incluyendo entornos sumergidos que imitan condiciones de inmersión y operación en presencia de agua, como parte de un enfoque integral de validación de tecnologías para la Luna y más allá.

La iniciativa de High Performance Spaceflight Computing (HPSC) busca incrementar de forma sustancial la potencia de cálculo disponible en naves espaciales, sin comprometer la robustez necesaria ante radiación, variaciones térmicas y otros retos del entorno espacial. La misión es clara: habilitar procesadores multicore fault-tolerant y de alto rendimiento que permitan analizar datos en tiempo real, ejecutar inteligencia artificial a bordo y reducir la dependencia de comunicaciones con la superficie terrestre. Este salto tecnológico no solo acelera la ciencia a bordo, sino que también facilita la autonomía de los sistemas de misión y el soporte a los astronautas durante las operaciones en la Luna y en misiones futuras a Marte.

El núcleo del proyecto es un procesador de alto rendimiento, endurecido frente a la radiación, diseñado para entregar hasta cien veces la capacidad de cómputo de los sistemas actuales de la aeronáutica espacial, manteniendo su desempeño en un entorno hostil. En las pruebas realizadas por el Jet Propulsion Laboratory (JPL) se someten los chips a radiación, ensayos térmicos y choques, al tiempo que se evalúa su rendimiento mediante campañas de pruebas funcionales rigurosas. El objetivo es garantizar que estos sistemas puedan soportar la complejidad de sensores de aterrizaje y de navegación en escenarios realistas, donde la energía y la confiabilidad son críticas.

Entre los desafíos inherentes a las misiones espaciales se encuentran las perturbaciones electromagnéticas y las oscilaciones extremas de temperatura, que pueden degradar la electrónica y provocar errores que obliguen a que la nave entre en un modo seguro. La simulación de escenarios de aterrizaje de alta fidelidad permite validar el desempeño de estos procesadores cuando procesan grandes volúmenes de datos de sensores, reproduciendo condiciones que normalmente requerirían hardware intensivo para su procesamiento. Este enfoque de pruebas es un paso crucial para convertir la tecnología en capacidades operativas para futuras misiones:

– Soporte a la autonomía de las naves: los sistemas basados en IA pueden responder en tiempo real ante situaciones complejas, reduciendo la dependencia de decisiones a distancia.
– Aceleración de descubrimientos científicos: con mayor capacidad de procesamiento, la recolección, el almacenamiento y la transmisión de datos se optimizan, permitiendo un mayor retorno científico.
– Aplicaciones terrestres: una vez certificada para el espacio, la tecnología puede adaptarse a sectores como la aviación y la automoción, impulsando innovaciones fuera del ámbito espacial.

El procesador, desarrollado como un SoC (system-on-a-chip), integra todos los componentes clave de una computadora en un formato compacto y eficiente. Su capacidad de sobrevivir a años de servicio a millones de millas de reparación potencial lo distingue de las arquitecturas comerciales. La colaboración entre Microchip Technology e JPL ha sido fundamental para convertir esta visión en un producto con potencial transformador, no solo para la exploración espacial sino también para industrias terrestres que exigen rendimiento, fiabilidad y eficiencia energética.

La fase de pruebas, iniciada a principios de año, continuará durante varios meses. Los indicios iniciales son alentadores: el procesador está funcionando como se esperaba, con señales de un rendimiento hasta 500 veces superior al de chips endurecidos actualmente en uso para misiones espaciales. Un detalle simbólico de este proceso de validación fue el correo electrónico de inicio de pruebas con el asunto “Hello Universe”, homenajeando las primeras etapas de desarrollo de la informática.

Implicaciones y próximos pasos

– Implementación en futuras misiones: una vez certificado, el chip se integrará en hardware de cómputo para orbitales terrestres, rovers en superficies planetarias y hábitats espaciales, alimentando la inteligencia necesaria para misiones de presencia humana en la Luna y más allá.
– Beneficios para la industria terrestre: Microchip trabajará en la adaptación de la tecnología para sectores como aviación y automoción, promoviendo transferencias de tecnología que impulsarán capacidades críticas en la Tierra.
– Expansión de capacidades autónomas: la arquitectura de SoC facilita la reducción de consumo de energía y el desarrollo de soluciones más compactas y resilientes para entornos extremos.

En conjunto, el proyecto de High Performance Spaceflight Computing ejemplifica cómo la investigación en el espacio puede catalizar avances tecnológicos con impacto directo en múltiples dominios. La combinación de pruebas rigurosas, alianzas público-privadas y un enfoque en la robustez frente a condiciones adversas coloca a la NASA y a sus socios en una trayectoria que permitirá explorar y operar en entornos cada vez más desafiantes, desde la superficie de la Luna hasta las profundidades del océano en misiones simuladas que reflejan las realidades de misiones futuras.

Fuentes y contactos relevantes

– NASA/JPL-Caltech: detalles técnicos y avances del proyecto HPSC.
– Microchip Technology: desarrollo del procesador y pruebas de rendimiento.
– Enlaces y noticias oficiales para seguimiento de avances y publicaciones técnicas.

Este artículo sintetiza un momento clave en la evolución de la computación espacial, destacando cómo las mejoras en la potencia de procesamiento, la tolerancia a fallos y la eficiencia operativa se traducen en capacidades que habilitan exploraciones más ambiciosas y seguras para la humanidad.
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I Am Artemis: El Legado de Kathleen Harmon y la Conectividad que Impulsa la Exploración Espacial


La exploración espacial es un esfuerzo colectivo que combina ciencia, ingeniería y una visión compartida del futuro. En el corazón de Artemis II late la historia de Kathleen Harmon, una figura clave cuya labor trasciende el salón de control para sostener la red de comunicaciones que permite que las misiones naveguen con certeza por el sistema solar.

Kathleen Harmon es la Artemis II Mission Interface Manager para el Deep Space Network (DSN), una red internacional de enormes antenas de radio estratégicamente ubicadas para comunicarse con naves espaciales. Operada por el Jet Propulsion Laboratory (JPL) en California, esta red es uno de los sistemas de telecomunicaciones científicas más grandes del mundo y apoya a más de 40 misiones explorando el espacio profundo. El DSN no es solo un conjunto de antenas; es un componente esencial para las misiones lunares y, en una visión más amplia, para las exploraciones Artemis que buscan retornar a la Luna y avanzar hacia la exploración humana más allá.

La labor de Harmon implica coordinación y colaboración entre socios internacionales. Sus esfuerzos aseguran que las misiones estén preparadas para el lanzamiento y la operación, gestionando la continuidad de la comunicación entre la nave y la Tierra a través de un sistema que funciona como un hilo conductor entre el equipo científico y las naves en ruta por el cosmos. En Artemis II, el DSN estuvo activo durante las 24 horas del día, los siete días de la semana, con dos antenas: una principal y otra de respaldo. Este enfoque garantiza que, sin importar la posición de la Tierra o el día en cada complejo, la nave pueda mantener una conexión estable para enviar datos, imágenes y videos capturados durante la misión.

El DSN opera con un principio práctico conocido entre la comunidad como “seguir al Sol”: tres complejos situados alrededor del mundo, de modo que, a medida que la Tierra rota, siempre haya una instalación en línea para comunicarse con las naves en cualquier lugar del sistema solar. Este modelo no solo sostiene Artemis II, sino que también mantiene vigilancia sobre la flota de naves robóticas y misiones en desarrollo, desde Juno y Voyager hasta proyectos futuros que extienden nuestra presencia más allá de la Luna.

La importancia del DSN va más allá de la mera transmisión de datos. Es el puente que traduce las complejidades de los sistemas de nave espacial en información tangible para los científicos en tierra. Harmon ilustra cómo, sin esta red, las misiones no podrían saber con precisión dónde se encuentran las naves ni recibir el flujo de datos que alimenta la investigación y la toma de decisiones en tiempo real. Esta infraestructura, gestionada por profesionales dedicados, representa un activo crítico que permite a los exploradores espaciales mantener el contacto con la Tierra incluso en espacios interplanetarios y, en última instancia, interestelares.

Desde sus primeros recuerdos de las misiones Apollo, Harmon ha estado conectada a la emoción de la exploración. Su trayectoria como ingeniera de sistemas y su experiencia en NASA le han permitido convertir esa curiosidad infantil en una contribución concreta a Artemis: preparar misiones para el lanzamiento y la operación diaria, coordinar con socios internacionales y garantizar que la red de comunicaciones esté lista para cada lanzamiento y cada circunstancia operativa.

Las palabras de Harmon resuenan con la idea de que el progreso espacial depende de sistemas que, a simple vista, pueden parecer infraestructuras técnicas, pero que, en realidad, son los nervios y el latido de una misión. “Si estás en un coche y vas a un lugar y no tienes GPS o teléfono celular, podrías perderte o no poder decirle a alguien que estás perdido. La red proporciona ese lazo de vida a las naves a través del sistema solar y más allá, permitiendo que envíen datos científicos asombrosos, imágenes y videos desde rovers en Marte, telescopios espaciales y otras plataformas”, dice Harmon. Este testimonio subraya que la conectividad no es solo un lujo, sino una necesidad crítica para la seguridad, la navegación y el éxito de cada misión científica.

A lo largo de su carrera, Harmon ha apoyado misiones que van desde Juno hasta Voyager. Sin embargo, su contribución a Artemis II ofrece una narrativa poderosa: la exploración humana está entrelazada con la capacidad tecnológica de comunicarse a escala planetaria. Su experiencia demuestra que la columna vertebral de los esfuerzos de exploración no es únicamente la ingeniería de las naves, sino la manera en que esas naves pueden comunicarse con la Tierra para que el conocimiento pueda traducirse en descubrimientos verificables y avances para la humanidad.

La historia de Harmon también ofrece una visión inspiradora para las futuras generaciones. “Fui una niña muy pequeña cuando ocurrieron las misiones Apolo; Apolo fue mi primer recuerdo”, confiesa. Este vínculo emocional entre memoria histórica y aspiración futura es un recordatorio de que la curiosidad y el compromiso humano son motores centrales de la exploración espacial. En este tiempo de renovación de la exploración lunar y de planes para misiones interplanetarias, su experiencia demuestra que la conexión entre la gente en tierra y las máquinas en el espacio es lo que permitirá continuar abriendo fronteras.

Explorar más allá de la Luna requiere de historias y liderazgo que den sentido a los datos que llegan de las naves. Kathleen Harmon personifica esa intersección entre rigor técnico y visión humana, recordándonos que cada avance en la frontera espacial es posible gracias a equipos que trabajan sin descanso para mantener la comunicación, coordinar operaciones y asegurar que la ciencia siga fluyendo de vuelta a casa.

Explora más sobre las temáticas relacionadas y los perfiles que impulsan Artemis y la exploración espacial, desde la conexión con Mission Control y DSN, hasta las diversas misiones y tecnologías que hacen posible este Golden Age de la exploración. La historia de Harmon es un testimonio de que la exploración espacial no es solo un conjunto de hitos; es una compatibilidad sostenida entre personas, sistemas y datos que nos llevan más lejos cada día.
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Preparaciones para las simulaciones del próximo paseo lunar (y submarino) y su impacto en laComputación Espacial


La NASA avanza en el desarrollo de una nueva generación de computación para la exploración espacial con el objetivo de apoyar misiones cada vez más complejas y de mayor duración. Este artículo revisa las líneas maestras de High-Performance Spaceflight Computing (HPSC), una iniciativa público-privada que busca un sistema en chip (SoC) capaz de superar por más de 100 veces la capacidad de procesamiento de las tecnologías actuales, al tiempo que optimiza consumo de energía, fiabilidad y seguridad operativa.

Antecedentes y contexto

Desde los años 60, las computadoras de a bordo han sido el pilar de las operaciones de las misiones espaciales. Los procesadores desarrollados para la Apollo Guidance Computer marcaron el inicio de un camino de iniciativa tecnológica resistente a la radiación que ha permitido que rovers, orbitadores, cápsulas y telescopios espaciales funcionen en entornos extremos. A pesar de su éxito, la creciente complejidad de las misiones actuales y futuras exige una potencia computacional mayor, más autonomía y una resiliencia mejorada ante fallos y ciberamenazas.

La alianza entre NASA y Microchip Technology Inc. ha dado origen a HPSC, una familia de procesadores que integra cómputo y redes en un único dispositivo. Este enfoque facilita la reducción de costos y consumo energético, y su arquitectura escalable permite apagar funciones no utilizadas para optimizar la eficiencia energética en operaciones críticas. Además, incorpora mecanismos de monitoreo de salud del sistema y un controlador de seguridad integrado para mantener la integridad de las operaciones en misiones de alta exigencia.

Nuevas capacidades y aplicaciones

– Conectividad avanzada: mediante Ethernet de alta velocidad, HPSC permite conectar múltiples sensores o agrupar varios chips, facilitando el procesamiento masivo de datos a bordo y la toma de decisiones autónomas en tiempo real, como la conducción de rovers a altas velocidades o la filtración de imágenes científicas.
– Resiliencia y seguridad: incluye monitoreo continuo y capacidades de seguridad para garantizar operaciones seguras y confiables en entornos regulados y de alto riesgo.
– Dos versiones para distintos mercados: una versión radiación-hardware (radiation-hardened) diseñada para misiones geosíncronas, de gran distancia y duraderas (Moon, Marte y más allá), y una versión tolerante a radiación para sectores comerciales (orbitas bajas, etc.), con mayor tolerancia a fallos y ciberseguridad.

Impacto en la exploración y en la industria terrestre

La tecnología HPSC no solo apunta a futuras misiones espaciales; también se propone como plataforma de diseño para usos en la Tierra. La adopción de bases tecnológicas comunes permite aplicar avances en computación de alto rendimiento, conmutación de redes, fiabilidad y seguridad cibernética a sectores como automoción, aviación, electrónica de consumo, sistemas industriales y aeroespacial. Potenciales aplicaciones incluyen drones, redes eléctricas, equipos médicos, servicios de comunicación, inteligencia artificial y transmisión de datos. Este enfoque fortalece capacidades industriales nacionales, reduce riesgos y costos para clientes gubernamentales y comerciales, y dinamiza la economía regional mediante el desarrollo de capacidades de alto valor tecnológico.

Colaboración y ruta de desarrollo

La iniciativa es un esfuerzo colaborativo que reúne a NASA, Microchip y un ecosistema amplio de instituciones académicas y empresas. El programa Game Changing Development, con sede en el Langley Research Center, y las contribuciones de JPL han guiado desde la definición de requerimientos hasta la contratación con Microchip y la supervisión de las revisiones de diseño y el ciclo de vida del proyecto hasta la entrega.

Mirando hacia el futuro

HPSC tiene el potencial de convertirse en la opción predeterminada para las próximas misiones espaciales, al tiempo que ofrece una plataforma tecnológica transferable a usos terrestres. Este enfoque no solo impulsa la capacidad de exploración, sino que también fortalece la resiliencia de la cadena de suministro, fomenta la innovación y promueve el desarrollo de una fuerza laboral especializada en tecnología de punta.

Para quienes deseen profundizar: ver más detalles sobre estos chips y el programa en https://ift.tt/KxGiu4Q

Autora: Jessica Jelke
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Regenerative Fuel Cells en la Luna: impulsando la sostenibilidad de las misiones Artemis


La exploración lunar está entrando en una nueva era de autonomía energética. En el NASA Glenn Research Center de Cleveland, un equipo liderado por el ingeniero principal Dr. Kerrigan Cain está probando un sistema de combustible regenerativo que podría cambiar la forma en que se almacena y se gestiona la energía en misiones a la Luna y, potencialmente, a Marte. Este desarrollo no solo promete una mayor densidad energética y un peso reducido, sino que también ofrece la capacidad de operar durante noches lunares largas y frías, cuando la recarga desde la Tierra no es viable.

El sistema, comparable en tamaño a un sedán, funciona como una batería recargable: al generar energía, combina hidrógeno y oxígeno para producir agua, calor y electricidad; cuando hay demanda, descompone el agua nuevamente en hidrógeno y oxígeno para reacondicionarse, todo en la superficie lunar. Los investigadores destacan que esta tecnología es especialmente adecuada para hábitats, exploración con vehículos rovers y otros subsistemas críticos previstos por el programa Artemis. Desarrollar una presencia humana sostenible en la Luna requiere soluciones de energía y almacenamiento que se integren con las necesidades de las misiones, y las celdas de combustible regenerativas encajan perfectamente en ese rompecabezas.

La prueba de este sistema es el resultado de más de cinco años de trabajo, con el diseño y montaje realizados en NASA Glenn. Las pruebas iniciales en 2025 permitieron entender la dinámica básica de la tecnología y realizar modificaciones. Ahora, el equipo se encamina a operar el sistema completo y almacenar por primera vez el hidrógeno y el oxígeno generados durante la recarga. El objetivo es recopilar datos esenciales, identificar desafíos adicionales y avanzar aún más hacia una misión lunar.

En un día de prueba típico, los investigadores aseguran las gruesas puertas del recinto de prueba, se trasladan a una sala de control cercana y ejecutan el sistema de forma remota. Una vez iniciado, el sistema puede operar de manera autónoma, reduciendo la necesidad de intervención directa y optimizando la eficiencia energética durante experimentos complejos.

En palabras de Cain, “estas pruebas generarán datos cruciales y cada jornada es emocionante. El interés en la tecnología de celdas de combustible es tan alto que es fácil levantarse cada mañana con la certeza de que debemos avanzar para estar listos para Artemis”. La experiencia de trabajar con una tecnología tan compleja es al mismo tiempo gratificante y desafiante, y sus efectos potenciales se extienden más allá de la sala de pruebas, influyendo en las futuras misiones de exploración profunda.

La colaboración entre NASA y la industria es fundamental para lograr una presencia sostenible en la Luna. El proyecto de Celdas de Combustible Regenerativas está financiado por el Space Technology Mission Directorate, gestionado en Langley Research Center en Virginia, y representa un paso significativo hacia sistemas de energía más eficientes y resilientes para la exploración humana de largo plazo.
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SNAPPY: Un CubeSat impulsando el estudio de neutrinos solares y las nuevas fronteras de la exploración espacial


Un pequeño salto para la ciencia, un gran paso para nuestra comprensión del cosmos. NASA respalda un proyecto diseñado en estrecha colaboración con universidades para estudiar neutrinos, esas partículas casi invisibles que recorren el universo a velocidades cercanas a la de la luz. Este artículo ofrece una visión profesional sobre la misión SNAPPY, su origen, tecnología y el potencial impacto en la astrofísica de partículas.

La Solar Neutrino Astro-Particle PhYsics CubeSat, conocido como SNAPPY, fue lanzado en la madrugada del domingo desde la Base de Vandenberg, a bordo de un cohete Falcon 9 de SpaceX. El objetivo: poner a prueba un prototipo de detector de neutrinos solares en una órbita polar de baja Tierra. Este experimento, que pesa aproximadamente medio kilogramo, está compuesto por cuatro cristales encuadernados en un bloque de blindaje de tungsteno-epoxi, diseñado para replicar la densidad del acero y, así, aislar señales auténticas de neutrinos de posibles interferencias. Todo el conjunto se integra en una plataforma CubeSat proporcionada por Kongsberg NanoAvionics, con la electrónica de lectura y potencia optimizadas para el entorno espacial.

La motivación detrás de SNAPPY tiene raíces en la misión Parker Solar Probe de NASA. A medida que la sonda se acercaba al Sol para atravesar su corona, el equipo observó un flujo de neutrinos mucho más intenso que el que llega a la Tierra, lo que inspiró la idea de estudiar estos fotones de partículas en un entorno espacial cercano. El profesor Nick Solomey, de la Wichita State University, subraya que comprender los neutrinos es clave para entender la estructura del universo, la generación de masa y el propio núcleo solar. “Todo ser vivo en la Tierra depende del Sol; entenderlo mejor es fundamental para la ciencia”, afirma Solomey.

Los neutrinos son considerados entre las partículas fundamentales más abundantes del cosmos. En la Tierra, los detectores de neutrinos suelen estar enterrados para aislar las señales extremadamente tenues que generan. SNAPPY representa un primer paso crucial para evaluar el comportamiento de un detector de neutrinos en el espacio, evaluar posibles firmas falsas y medir la respuesta de la instrumentación ante interacciones energéticas que podrían imitar un evento real. Estos datos serán determinantes para valorar la viabilidad de futuras misiones más ambiciosas, situando un detector más cerca del Sol y permitiendo una observación de neutrinos solares desde una perspectiva totalmente nueva.

El programa NASA Innovative Advanced Concepts (NIAC) financia SNAPPY, con hitos que comenzaron en 2018 y progresaron a través de fases de desarrollo y demostración en vuelo. En particular, la NASA Marshall Space Flight Center diseñó y construyó las tarjetas electrónicas de lectura para el detector, mientras que estudiantes de posgrado de la Wichita State University programaron el ordenador de la carga útil para interactuar con la electrónica. A la fecha, más de 30 estudiantes se han involucrado en el proyecto, una colaboración que ha involucrado también a JPL, la Universidad de Minnesota, la Universidad de Michigan y la South Dakota State University.

SNAPPY no solo es un logro en tecnología y educación; también representa un paso estratégico para la exploración de neutrinos en condiciones orbitales. El equipo trabajará para asegurar que el detector opere de forma confiable en el entorno espacial y para eliminar posibles señales de fondo que podrían enmascarar la verdadera interacción de neutrinos. Estos esfuerzos sientan las bases para evaluar la factibilidad de una futura misión que podría posicionarse más cerca del Sol y permitir observaciones sin precedentes.

Para ampliar la información, se recomienda visitar las secciones de NIAC y las páginas oficiales de NASA, que detallan el progreso, las fases de financiamiento y las colaboraciones académicas que sostienen SNAPPY. Este proyecto ilustra cómo la investigación en astrofísica de partículas puede progresar gracias a la combinación de conceptualización innovadora, cooperación institucional y pruebas en el entorno real del espacio.

En resumen, SNAPPY es más que una prueba técnica: es la exploración de un nuevo régimen de observación de neutrinos solares que podría, en el futuro, acercarnos a responder preguntas fundamentales sobre la energía del Sol, la masa y la composición del universo. Con apoyo de NIAC y la coordinación entre NASA y universidades, este CubeSat encarna la visión de que las tecnologías pequeñas pueden desbloquear grandes descubrimientos.
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LESTR: probando materiales para la próxima era de exploración espacial

Cuando la NASA mira hacia la Luna, Marte y más allá, los investigadores deben desarrollar materiales capaces de soportar las temperaturas extremas del espacio y de otros cuerpos celestes. En condiciones de frío extremo, la goma puede romperse como un cristal, las tarjetas de circuitos pueden fallar y las conexiones eléctricas pueden congelarse y fracturarse.

Comprender con mayor profundidad cómo responden los materiales a estas variantes térmicas es crucial, especialmente a medida que la agencia planea construir su Moon Base en el polo sur lunar, donde las temperaturas cambian drásticamente entre el calor abrasador durante el día y el frío extremo de la noche. Para este reto, los investigadores desarrollaron un método innovador para evaluar cómo resisten los materiales al frío extremo del espacio. En el Centro de Vuelos de Glenn de la NASA en Cleveland, los ingenieros inventaron el Lunar Environment Structural Test Rig (LESTR), una máquina capaz de probar materiales, electrónica y otros componentes de hardware de vuelo a temperaturas tan bajas como 40 kelvin, o aproximadamente –388 grados Fahrenheit.

“Así como ningún edificio se completa sin saber exactamente cómo se comportan los materiales de construcción, ninguna misión espacial está completa sin un diseño estructural robusto que dependa de conocer el comportamiento de los materiales empleados”, afirmó Ariel Dimston, líder técnico de LESTR en Glenn.

Tradicionalmente, la NASA ha utilizado un proceso que implica líquidos criogénicos extremadamente fríos –llamados criógenos líquidos– para probar cómo responden los materiales al frío extremo. Estos líquidos, como el nitrógeno, el hidrógeno y el helio, son de los materiales más fríos de la Tierra y se almacenan en tanques especializados. Los ingenieros los emplean para enfriar los materiales durante las pruebas y recopilar datos sobre su desempeño.

“Lo que hace especial a LESTR es que toda la plataforma opera en un vacío totalmente seco: no hay nitrógeno líquido, no hay helio líquido, no hay líquido alguno”, señaló Dimston. “Este es el primer banco de pruebas mecánico que se libra de los desafíos asociados a los criogénicos.”

LESTR adopta un enfoque distinto al usar un refrigerador de alta potencia, denominado criocooler, para eliminar el calor sin usar líquidos. Esto crea el primer entorno de prueba criogénico “seco” dentro de la industria de pruebas mecánicas. Este nuevo banco de pruebas es más seguro y asequible que los métodos tradicionales y permite a los científicos evaluar materiales a una gama mucho más amplia de temperaturas, explicó Dimston.

“Al eliminar los líquidos criogénicos, ya no se requieren equipos especializados de manejo como decantadores, calentadores húmedos ni válvulas”, agregó Dimston. “Además, no se necesitan sensores de desplazamiento de oxígeno u otros sistemas de seguridad que añaden tiempo, complejidad y costo al proceso, ya que al eliminar estos criogénicos ya no son necesarios.”

Dimston y su equipo trabajan con programas y proyectos de la NASA para poner a prueba materiales con la nueva herramienta. El equipo ha estado evaluando hilos que podrían tejerse en telas para trajes espaciales de próxima generación y busca desarrollar materiales avanzados para neumáticos de rovers, incluido un nuevo metal capaz de volver a su forma original tras ser doblado, estirado, calentado y enfriado. Esta tecnología de aleación con memoria de forma podría ayudar a que futuros rovers crucen las superficies irregulares de la Luna y Marte sin riesgo de pinchazos.

Una foto en blanco y negro de un ingeniero criogénico visto a través de una abertura circular de una gran cámara metálica con pernos espaciados alrededor de su borde. Dentro, un componente cuadrado está montado con cables conectados a él. El hombre visto a través del portillo parece ajustar configuraciones para la máquina, que puede imitar el frío extremo de la noche lunar.
Ingeniero criogénico Adam Rice prueba el Lunar Environment Structural Test Rig en el Centro Glenn de la NASA para simular las condiciones de frío extremo de la noche lunar, el jueves 22 de mayo de 2025.
NASA/Jef Janis

La NASA invertirá más de dos años en diseñar y construir la primera versión de esta tecnología, LESTR 1, y actualmente están construyendo su gemelo, LESTR 2. En una colaboración con Fort Wayne Metals, la NASA entregó LESTR 1 a las instalaciones de la empresa en Fort Wayne, Indiana, donde expertos allí lo usarán para probar materiales de aleación con memoria de forma para las temperaturas extremas presentes en la Luna.

“Estamos trabajando para desarrollar una aleación con memoria de forma de próxima generación capaz de funcionar a temperaturas de hasta 40 kelvin, una de las regiones más frías a las que podríamos llegar con capacidad de rover”, afirmó el Dr. Santo Padula II, investigador principal de LESTR en Glenn. “Con este banco de pruebas, podemos analizar cómo se comportarán las aleaciones con memoria de forma en las zonas más frías de la Luna y Marte. Eso será un gran avance para nosotros: ver sus propiedades a temperaturas tan bajas, algo que nunca habíamos visto”.

Más allá de LESTR, Glenn lidera la NASA en pruebas de materiales avanzados y en la gestión de fluidos criogénicos en el espacio, desempeñando un papel vital en el desarrollo de tecnologías para la exploración espacial futura.

Para obtener más información sobre el nuevo banco de pruebas de Glenn, visite la página web de LESTR: LESTR.

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NASA impulsa tecnologías de prospección de recursos lunares para misiones de larga duración


La exploración del espacio profundo exige una transición que combine innovación tecnológica con un enfoque pragmático hacia la autosuficiencia. En este contexto, la NASA está promoviendo el desarrollo de tecnologías de uso in situ de recursos (ISRU) que permitan aprovechar materiales presentes en la Luna para sustentar misiones de larga duración hacia la Luna y Marte. El objetivo es claro: reducir la dependencia de suministros terrestres mediante la extracción y utilización de recursos locales, desde el agua helada hasta gases volátiles y minerales, para propulsion, generación de energía y soporte vital.

Para avanzar en ISRU, la NASA ha otorgado un contrato a Interlune, una empresa con sede en Seattle, por 6,9 millones de dólares en el próximo año y medio. Este acuerdo, financiado mediante una compra de SBIR (Small Business Innovation Research) de fase III, busca validar herramientas críticas de prospección de recursos para que futuras misiones lunares sean más autosuficientes y menos dependientes de reabastecimientos desde la Tierra. El progreso se apoya en trabajos previos de la agencia a través del programa Flight Opportunities, donde Interlune desarrolló y probó prototipos de payload en vuelos parabólicos que simulaban la gravedad lunar.

En este proyecto, Interlune diseñará, construirá y evaluará unidades de desarrollo de ingeniería y hardware de vuelo. El payload está concebido para recolectar muestras de regolito lunar, clasificar partículas por tamaño, extraer gases volátiles del viento solar y medir sus concentraciones. Entre las tecnologías clave figura un espectrómetro de masas inspirado en MSOLO (Mass Spectrometer Observing Lunar Operations) de la NASA, capaz de cuantificar la cantidad de gases liberados por la corteza lunar. MSOLO, desarrollado en el Kennedy Space Center y parte de la iniciativa Game Changing Development, demostró su desempeño en condiciones lunares durante la misión Intuitive Machines 2 en 2025.

“Un objetivo central de la NASA es madurar tecnologías transformadoras para que puedan ser adoptadas con confianza por la industria”, declaró Michael Johansen, Subgerente de Programa de Game Changing Development. “La evolución de MSOLO hacia un instrumento robusto y apto para vuelo es un ejemplo perfecto de ese éxito. Nos complace ver cómo esta tecnología probada se aprovecha en un esfuerzo industrial, marcando un avance significativo en la prospección comercial de recursos”.

La tecnología MSOLO está disponible para uso comercial y es adecuada para pruebas en tierra y configuraciones de vuelo variables. Su arquitectura interna combina una computadora híbrida para procesamiento a bordo y un sistema de calibración de gases que permite verificar y ajustar lecturas directamente en la superficie lunar. Estos datos pueden beneficiar tanto a desarrolladores comerciales como al programa Artemis de la NASA. Además, su software ya se ha adaptado para integrarse con cuatro diseños de aterrizadores CLPS (Commercial Lunar Payload Services), lo que refleja su flexibilidad y su aplicabilidad creciente a misiones lunares comerciales.

La inversión de la agencia en tecnologías de superficie lunar desarrolladas por socios comerciales representa un paso importante hacia una presencia sostenible en la superficie lunar. Al avanzar en instrumentos de prospección de recursos y madurar tecnologías que faciliten el uso de materiales lunares, estas iniciativas contribuirán a reducir costos y la complejidad de futuras misiones de exploración.

El programa SBIR/STTR (Small Business Innovation Research y Small Business Technology Transfer) de la NASA, gestionado por la Space Technology Mission Directorate, ofrece financiamiento y apoyo no monetario a emprendedores, startups y pequeñas empresas con menos de 500 empleados para desarrollar, madurar y comercializar tecnologías que impulsen misiones de la NASA y abordien desafíos relevantes. Este año, el SBIR/STTR de la NASA adopta un marco de Broad Agency Announcement para ampliar oportunidades para las pequeñas empresas y aumentar la agilidad de la agencia. Los apéndices 2026-2027 de la BAA, que delinean temas y subtemas para propuestas tecnológicas, cierran el 21 de mayo. Las organizaciones interesadas pueden consultar el hub de información de la NASA para obtener detalles sobre la solicitud.

Para conocer más sobre cómo colaborar con la NASA Technology, visite la página de oportunidades. En el ecosistema actual, los avances en ISRU no solo refuerzan la viabilidad de misiones científicas y de exploración, sino que también impulsan una economía espacial más resiliente y preparada para la próxima era de la exploración lunar y más allá.

Explora más sobre tecnología, misiones y oportunidades visitando las secciones vinculadas de NASA y mantente atento a las actualizaciones sobre soluciones innovadoras que podrían transformar la forma en que vivimos y trabajamos en el espacio.
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Impulso eléctrico para la exploración espacial: probando un motor MPD con litio en JPL


En un hito reciente de la exploración espacial, la NASA y el Jet Propulsion Laboratory (JPL) llevaron a cabo pruebas de un prototipo de motor eléctrico que funciona con vapor de litio. Este avance, realizado en el Electric Propulsion Lab de JPL, podría allanar el camino para sistemas de propulsión eléctrica de megavatios y apoyar misiones humanas a Marte, además de misiones robóticas a lo largo del sistema solar.

La prueba, efectuada el 24 de febrero, alcanzó niveles de potencia sin precedentes en Estados Unidos para un motor de este tipo, con disparos que dejaron ver un plenum de plasma a alta temperatura y un fulgor característico en la salida del derramador. En cinco igniciones, el electrodo tungsteno del eje central se encendió en un tono blanco brillante, alcanzando temperaturas superiores a los 2.800 °C. Este rendimiento se realizó dentro de la cámara de vacío de CoMeT (Propulsión de Metal Condensable), una instalación nacional que permite ensayos seguros de motores que emplean propulante en vapor de metal a potencias de megavatios.

El equipo está desarrollando un motor magnetoplasmadinámico (MPD) alimentado por litio, una tecnología estudiada desde los años sesenta que nunca había volado en operación regular. A diferencia de los cohetes químicos de alto impulso, los motores eléctricos proporcionan empuje continuo con un consumo de propulsante mucho menor. Los MPD permiten acelerar el plasma litio mediante corrientes elevadas y un campo magnético, logrando así fuerzas específicas superiores y un rango de operación más eficiente para misiones prolongadas.

El directorio de este esfuerzo, coordinado por JPL en colaboración con Princeton University y NASA Glenn Research Center, está financiado por el Space Nuclear Propulsion de NASA. El objetivo inmediato es efectuar una serie de pruebas para entender la escalabilidad de la tecnología y, a medio plazo, acercarse a potencias entre 500 kilovatios y 1 megavatio por unidad. Para misiones humanas a Marte, podría requerirse entre 2 y 4 megavatios de potencia, lo que implicaría un conjunto de motores MPD trabajando en conjunto y operando durante miles de horas.

La prueba también destaca la función de JPL como laboratorio de referencia para motores de propulsión eléctrica de alto rendimiento. James Polk, científico sénior en JPL, señala que este hito no solo demuestra que el motor funciona, sino que también confirma la viabilidad de un banco de pruebas sólido para abordar los desafíos de escalado. En el entorno de vacío, el motor Liberty se enciende con una salida visible de llamas rojas y un flujo de plasma que ilustra la dinámica de la conversión de energía.

Ventajas y próximos pasos
– Eficiencia propulsiva: la propulsión eléctrica utiliza menos propulsante que la propulsión química para lograr un empuje equivalente, lo que podría reducir la masa de lanzamiento y aumentar la capacidad de carga útil.
– Potencia a gran escala: la investigación apunta hacia rangos de potencia que permitirían configuraciones multi-motor para misiones interestelares y de exploración avanzada.
– Desafíos técnicos: mantener la integridad de componentes a altas temperaturas durante largas horas de prueba y garantizar la fiabilidad en ambientes de espacio profundo son focos prioritarios.

El progreso de MPD litio-fuente y su eventual integración con fuentes de energía nuclear eléctrica podría reconfigurar los requisitos de misión para Marte, reduciendo cargas útiles y abriendo la posibilidad de tripulaciones permanentes en objetivos más lejanos. Este trabajo, que reúne a JPL, Princeton y Glenn, representa un paso importante en la evolución de la propulsión eléctrica de alta potencia y su aplicación práctica en la exploración humana del sistema solar.

Para quienes deseen profundizar en el tema, NASA mantiene recursos y actualizaciones sobre estas iniciativas en su portal dedicado a la propulsión eléctrica y nuclear, así como en comunicados de prensa de JPL.

Contacto de prensa
– Melissa Pamer, Jet Propulsion Laboratory, Pasadena, CA
– melissa.pamer@jpl.nasa.gov

2026-026
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La Nueva Frontera de las Comunicaciones Espaciales: Láseres que Transforman Artemis II

El mundo fue testigo de la histórica misión Artemis II, una travesía de 10 días alrededor de la Luna que llevó a la historia a un nuevo umbral: astronautas Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y el astronauta de la CSA, Jeremy Hansen, se adentraron más allá de lo que la humanidad había alcanzado hasta ahora. Una de las claves para que millones de personas pudiera seguir el viaje en alta definición fue la implementación de comunicaciones láser.

Las tecnologías láser, o de comunicaciones ópticas, emplean luz infrarroja invisible para transmitir una cantidad de datos mucho mayor en una única descarga que los sistemas de radiofrecuencia tradicionales. Durante Artemis II, la NASA probó un sistema óptico llamado Optical Communications System (O2O) para demostrar los beneficios que estas comunicaciones pueden aportar a futuras misiones de exploración humana a la Luna.

El terminal óptico, una carga útil acoplada al exterior de la nave Orion, marcó la primera vez que la comunicación láser respaldó una misión tripulada a distancia lunar. Este terminal recogió y transmitió video en alta definición, procedimientos de vuelo, fotografías, datos de ingeniería y ciencia, y comunicaciones de voz a la Tierra mediante señales láser cuando la nave tenía línea de vista con las terminales en tierra.

Orion y el sistema O2O
La cápsula Orion con el sistema de Comunicaciones Ópticas Artemis II (O2O). Desarrollado por MIT Lincoln Laboratory.
NASA

“El acceso a imágenes de alta resolución y a otros datos científicos durante fases dinámicas de la misión es un cambio radical”, afirmó la Dra. Kelsey Young, líder científica lunar de Artemis II. “Significa obtener conclusiones más rápidas, tomar decisiones científicas mejores y apoyar a la tripulación durante la exploración. Fue como estar junto a la tripulación, maximizando el impacto científico de la misión al permitir una conferencia de ciencia a bordo más productiva la mañana siguiente al sobrevuelo.”

Acceso a imágenes de alta resolución y otros datos científicos durante fases dinámicas de la misión es un cambio de juego.

Dr. Kelsey Young

Dr. Kelsey Young

Artemis II Lunar Science Lead

Durante aproximadamente 10 días de viaje, el sistema láser intercambió 484 gigabytes de datos entre Orion y la Tierra, aproximadamente lo equivalente a unas 100 películas en alta definición. Las imágenes nítidas de la Tierra vistas desde la ventana lunar y otras imágenes de misión fueron recibidas y descargadas en tiempos reducidos, gracias a la capacidad del enlace óptico frente a la radiofrecuencia tradicional.

En tierra, las estaciones de la NASA en el Jet Propulsion Laboratory (California) y White Sands (Nuevo México) se seleccionaron por sus entornos elevados y secos para garantizar una conexión fuerte entre la Tierra y el terminal óptico a bordo de Orion. Estas estaciones captaron la mayor parte de las señales ópticas, logrando un récord de 26 gigabytes de datos recibidos, descargados y transmitidos a control de misión en menos de una hora, superando la velocidad de transferencia de la gran mayoría de conexiones de internet domésticas.

Este video de la transmisión de la NASA muestra la conmutación del enlace de radiofrecuencia al óptico y el cambio de claridad.

Además de las dos estaciones terrestres principales, Orion también descargó datos a un sitio recién desarrollado en la Australian National University Quantum Optical Ground Station, en Mount Stromlo, Canberra. Tras varios años de apoyo técnico, expertos de NASA desde el Glenn Research Center y Goddard Space Flight Center trabajaron con la universidad para construir y demostrar un telescopio óptico lunar que utiliza componentes comerciales de costo reducido.

A lo largo de la misión, el sitio australiano logró video en doble flujo con Orion durante más de 15.5 horas, contribuyendo a la transmisión en vivo de Orion y permitiendo a millones de espectadores seguir los hitos de Artemis II. La estación terrestre consiguió la tasa de datos más alta posible de 260 megabits por segundo, demostrando que componentes comerciales pueden disminuir costos, tiempos y la dificultad de montar estaciones terrestres ópticas.

QOGS en Mount Stromlo
Quantum Optical Ground Station (QOGS) en Mount Stromlo, Canberra.
ANU/Nic Vevers

Durante la misión, el sitio australiano mantuvo video en doble flujo con Orion por más de 15.5 horas, formando parte de la iniciativa de NASA para ofrecer una vista en vivo de los hitos de Artemis II. La estación terrestre descargó la mayor tasa de datos posible de 260 megabits por segundo, demostrando que se pueden emplear componentes comerciales para reducir costos, tiempos y complejidad en la construcción de amplias redes de estaciones ópticas.

En resumen, el uso exitoso de la comunicación láser mostró una transferencia de datos más rápida, ofreciendo visiones y voces de la tripulación casi en tiempo real, lo que podría orientar futuras misiones de agencia. Bajo Artemis, NASA tiene la intención de enviar astronautas a misiones cada vez más desafiantes para explorar más de la Luna y sentar bases para los primeros vuelos tripulados a Marte.

Para conocer más sobre la misión Artemis II, visita: https://www.nasa.gov/artemis-ii

Este contenido ofrece una visión integral sobre cómo la tecnología láser está redefiniendo la forma en que las misiones espaciales comunican datos, imágenes y voces de la tripulación, aportando claridad, rapidez y conectividad en distancias lunares y, en última instancia, impulsando el progreso hacia misiones a Marte.

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I Am Artemis: Un vistazo al liderazgo técnico detrás de Artemis II


En un mundo donde la exploración espacial exige avances rápidos y confiables, la historia de Peter Rossoni y su equipo en la misión Artemis II ofrece una ventana profunda a las complejidades de las comunicaciones láser en el espacio profundo. Este artículo explora cómo la visión, la ingeniería y la colaboración entre equipos de NASA y socios internacionales están empujando los límites de la conectividad entre la Tierra y una nave en órbita lunar.

Desde sus primeras curiosidades en un laboratorio óptico del MIT Lincoln Laboratory hasta convertirse en el responsable de comunicaciones ópticas de la misión Orion Artemis II, Rossoni personifica la transición de la investigación a la operación en tiempo real. La capacidad de transmitir datos a velocidades mucho mayores que las tecnologías radiofrecuentes tradicionales cambia radicalmente la forma en que las tripulaciones interactúan con el control de misión, gestionan procedimientos y acceden a datos científicos en tiempo casi real.

La tecnología de comunicaciones láser utiliza luz infrarroja visible para encapsular grandes volúmenes de información en una única transmisión. Con velocidades de descarga de hasta 260 megabits por segundo, el sistema óptico demostró que es posible enviar un video en 4K desde la Luna a la Tierra en minutos. Esta capacidad no solo mejora la experiencia de la tripulación al recibir datos operativos y científicos con mayor rapidez, sino que también libera canales de radio para flujos de datos más sensibles y críticos.

El reto fue integrar una ruta de comunicaciones láser paralela a la radio tradicional, en la que ambas coexisten dentro de la misma red de control de misión y en la nave Orion. El equipo desarrolló soluciones para que estas tecnologías trabajen sinérgicamente a las velocidades superiores que ofrece la comunicación láser, manteniendo la redundancia y seguridad necesarias para una misión de exploración humana.

Durante los preparativos previos al despegue, Rossoni y los equipos de vuelo y terreno realizaron exhaustivas pruebas que simularon operaciones de equipo y facilidades, revisiones de preparación operativa y aseguraron que las unidades terminales y los segmentos terrestres funcionaran coordinadamente. El resultado fue un sistema de comunicaciones con una capacidad hasta 100 veces mayor, fortaleciendo la conexión entre los astronautas y sus equipos de apoyo y permitiendo que las transmisiones de datos científicos, procedimientos de vuelo y comunicaciones de la tripulación circularan de manera más eficiente.

Las palabras de Rossoni, recogidas durante la misión, reflejan la filosofía detrás de este avance: la comunicación es una pieza clave de la exploración. “Estamos avanzando hacia la exploración profunda del espacio durante períodos más largos, y necesitamos ese vínculo vital con la base. Las comunicaciones láser demostraron su viabilidad operativa, y Artemis II mostró lo que puede lograr en un entorno real”.

La experiencia de Artemis II destaca la interdependencia entre infraestructura existente y sistemas de próxima generación. Mientras la ruta láser opera en paralelo a la radio, ambas se integran en las redes de control de misión y en la nave para lograr mayores tasas de transferencia. El equipo ideó soluciones para que estas vías se complementen, manteniendo la robustez necesaria ante las condiciones desafiantes del espacio profundo.

Para prepararse para el lanzamiento, Rossoni y los equipos de vuelo y tierra apoyaron pruebas extensivas que incluyeron simulaciones de operaciones de equipo y de instalación, revisiones de preparación operativa y aseguramiento de que las operaciones entre equipos y centro de control funcionaran sin contratiempos. El resultado fue un sistema de comunicaciones capaz de gestionar hasta 100 veces la capacidad de las redes convencionales, lo que facilita una conexión más ágil entre la tripulación y el personal de apoyo, sin sacrificar la seguridad ni la calidad de los datos críticos.

La observación de un veterano de Goddard resuena en esta historia: la comunicación es el “salseo secreto” detrás de cada misión de NASA. En Artemis II, con la seguridad y el éxito de los objetivos como prioridad, la robustez de las comunicaciones se convirtió en un factor crucial para optimizar la exploración y abordar cualquier eventualidad en un entorno exigente.

Sobre el Autor:
– Kendall Murphy es redactora técnica para la oficina del programa Space Communications and Navigation. Especializada en comunicación interna y externa, su labor consiste en acercar a las audiencias los avances en tecnologías de comunicaciones y navegación espacial.

Detalles y contexto adicional:
– El terminal óptico viajó a bordo del módulo Orion junto a la tripulación de NASA compuesta por Reid Wiseman, Victor Glover y Christina Koch, y al astronauta de la CSA Jeremy Hansen. Mediante este sistema, los enlaces láser transmitieron video, fotografías, datos de ingeniería y ciencia, procedimientos de vuelo y comunicaciones de la tripulación a la Tierra desde la vecindad lunar, alcanzando transferencias de datos superiores a 450 gigabytes.
– Durante la misión de aproximadamente 10 días, Rossoni colaboró con el equipo de control de misión para asegurar que el flujo de datos entre Orion y el Centro de Control de la misión en Johnson Space Center permaneciera estable y confiable.

Reflexión final:
La intersección entre innovación tecnológica y operación en tiempo real es donde se definen las misiones modernas. Artemis II demuestra que la inversión en capacidades de comunicaciones, junto con el talento humano y la coordinación entre equipos, es lo que permite a la humanidad avanzar con seguridad hacia el espacio profundo. Como señala Rossoni, la infraestructura de comunicaciones de alto rendimiento no solo facilita la exploración, sino que también sienta las bases para misiones futuras más ambiciosas.

Explora más sobre Artemis y las tecnologías de comunicación en el portal de NASA y en las secciones de “I Am Artemis” para conocer otros perfiles y avances de esta serie.
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