Entre la digitalización y la regulación: los límites del papel del Estado ante la IA y los datos


En un panorama político cada vez más marcado por la velocidad de la innovación tecnológica, los programas de los candidatos coinciden en tres pilares: impulsar la digitalización, desarrollar infraestructuras de datos y promover la inteligencia artificial (IA) como motor de productividad y bienestar. Sin embargo, cuando se analizan con mayor detalle, emergen diferencias significativas sobre el papel que debe desempeñar el Estado frente a la regulación tecnológica, así como sobre el equilibrio entre incentivos públicos y libertades individuales.

La ruta hacia la digitalización es, para ambos, una prioridad innegociable. La conectividad, la simplificación administrativa a través de soluciones digitales y la modernización de servicios públicos constituyen no solo una promesa de eficiencia, sino una condición para que la economía crezca con sostenibilidad. En este marco, los programas coinciden en invertir en redes de alta capacidad, interoperabilidad de sistemas y plataformas que faciliten el uso de servicios digitales por parte de empresas y ciudadanos. La visión compartida establece que la digitalización no debe quedarse en la mera automatización de procesos, sino que debe traducirse en mejores experiencias para los usuarios y en una mayor inclusión digital.

En lo relativo a los centros de datos y la gestión de datos, hay un acuerdo explícito sobre la necesidad de fortalecer una infraestructura que soporte la complejidad de la información generada en la economía contemporánea. Se reconocen beneficios en términos de eficiencia operativa, capacidad de análisis y resiliencia ante incidentes. No obstante, existen debates sobre la gobernanza de estos activos: dónde situar la soberanía de los datos, cómo asegurar la seguridad y la protección de la privacidad, y qué grado de control debe ejercer el Estado frente a actores privados y a plataformas globales.

La inteligencia artificial ocupa la primera línea de la agenda tecnológica: la promesa de IA para diagnóstico, eficiencia operativa, innovación en servicios y generación de empleo exige marcos de actuación claros. Los programas, en muchos aspectos, comparten metas como la inversión en I+D, la creación de ecosistemas de talento y la adopción responsable de tecnologías de aprendizaje automático. Sin embargo, el desacuerdo central recae en el alcance y las modalidades de regulación.

Uno de los ejes de discrepancia es la defensa de la libertad de innovación frente a la necesidad de salvaguardar derechos fundamentales. Para algunos planteamientos, la regulación debe ser proactiva y anticipatoria, estableciendo estándares de transparencia, trazabilidad y auditoría de sistemas algorítmicos; para otros, una regulación demasiado prescriptiva podría ahogar la innovación, aumentar costos y desplazar inversiones a jurisdicciones con marcos más laxos. Este choque entre seguridad y dinamismo tecnológico genera una tensión legítima entre proteger a la ciudadanía y facilitar el crecimiento económico.

Otro tema central es la gobernanza de la IA y la seguridad de datos. Los programas difieren en cuánto deben participar las entidades estatales en la definición de normas técnicas, en la supervisión de plataformas y en la exigencia de responsabilidades sobre impactos adversos. Mientras algunos enfoques sostienen que un marco regulatorio claro, con supervisión independiente y mecanismos de rendición de cuentas, es indispensable para la confianza pública, otros defienden un modelo más flexible, orientado a la autorregulación del sector y a incentivos para la innovación, con reglas que se ajusten con rapidez a las nuevas realidades tecnológicas.

La coordinación entre niveles de gobierno y la cooperación con la comunidad tecnológica internacionales también constituyen una frontera de discusión. En un ámbito móvil y global como la IA y la gestión de datos, la compatibilidad de normas, la interoperabilidad de estándares y la colaboración en investigación trasnacional se presentan como ventajas competitivas. Sin embargo, la alineación de políticas entre niveles federal/estatal y la adaptación a marcos multilaterales requieren procesos de consulta amplia, evaluaciones de impacto y transparencia en la toma de decisiones.

En la práctica, lo que está en juego es un marco que equilibre tres dimensiones: competitividad, confianza y equidad. La competitividad exige una agenda tecnológica que impulse la inversión, la formación y la adopción de soluciones avanzadas. La confianza se sustenta en la claridad regulatoria, la protección de datos y la gestión responsable de riesgos. La equidad implica garantizar que los beneficios de la digitalización lleguen a todas las comunidades, evitando exclusiones y sesgos algorítmicos que puedan ampliar desigualdades.

En conclusión, los programas de los candidatos convergen en la necesidad de digitalizar la sociedad, ampliar la infraestructura de datos y promover la IA como motor de progreso. La divergencia, sin embargo, reside en la forma en que se concibe el papel del Estado frente a la regulación tecnológica: desde enfoques más intervencionistas y reguladores hasta visiones que priorizan la flexibilidad, la competencia y la autorregulación. El reto real es construir un marco regulatorio que, sin frenar la innovación, establezca los principios de seguridad, responsabilidad y derechos individuales que sostienen la legitimidad y la sostenibilidad de una economía digital.
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Probamos los nuevos Pixel 11 durante varias semanas: estas son las funciones que realmente valen la pena y las que aún necesitan mejorar


Tras varias semanas de uso intensivo, llega el momento de compartir un veredicto claro y práctico sobre los nuevos Pixel 11. Este análisis se centra en la experiencia real, las funciones que marcan la diferencia en el día a día y aquellas que, si bien prometen, aún requieren ajustes para brillar por completo.

1) Rendimiento y experiencia de uso
El Pixel 11 se mueve con soltura gracias a su procesador optimizado y a una versión de Android que se siente como en casa en el hardware de Google. La transición entre apps es fluida, la multitarea funciona sin tirones y las animaciones, cuando están activadas, aportan una sensación premium sin afectar la autonomía. En escenarios de uso mixto, la respuesta táctil y la rapidez del sistema se mantienen consistentes, incluso cuando la carga de trabajo aumenta.

2) Cámara y procesamiento de imágenes
La cámara sigue siendo uno de los grandes sellos distintivos de la gama Pixel. Entre sus mejoras clave está la capacidad de capturar imágenes con un rango dinámico más amplio y un mejor rendimiento en condiciones de poca luz. Las funciones de IA, como el procesamiento de retratos y la optimización de imágenes nocturnas, entregan resultados destacables y consistentes, especialmente en escenas de alto contraste. Sin embargo, en escenarios con movimiento rápido o sujetos en acción, los resultados pueden variar y requieren un pulso más estable para evitar desenfoques no deseados.

3) Funciones destacadas que valen la pena
– Asistente de Google y controles por voz: respuestas rápidas, integraciones útiles con apps y un flujo de trabajo eficiente para gestos y comandos sin tocar el teléfono.
– Mejora en la duración de la batería: la optimización del sistema y la eficiencia del procesador permiten completar el día con uso moderado a intenso sin mayores sobresaltos.
– Actualizaciones de seguridad y software: Google mantiene una cadencia sólida de parches y mejoras, lo que se traduce en una mayor tranquilidad a lo largo del ciclo de vida del dispositivo.
– Experiencia de cámara con software dedicado: modos nocturnos, retrato y HDR+ están afinados para obtener resultados destacables en la mayoría de escenarios cotidianos.

4) Funciones que aún necesitan mejorar
– Velocidad de carga y gestión de energía en escenarios extremos: los tiempos de carga, especialmente con cargadores de terceros, pueden ser más lentos de lo deseable y la batería podría beneficiarse de una optimización adicional en picos de uso.
– Estabilización en video de alta resolución: aunque mejora, el rendimiento al grabar en 4K a veces muestra variaciones de histogramas de exposición y estabilización no siempre predecible.
– Modo Pro de cámara para usuarios avanzados: algunas configuraciones manuales siguen siendo limitadas o poco intuitivas para fotografía profesional móvil, lo que deja a los usuarios más exigentes buscando mayor control.
– Gestión del almacenamiento en modo fotos/fotos RAW: la integración de RAW + almacenamiento eficiente podría mejorarse para evitar sorpresas al cambiar de modo fotográfico.

5) Experiencia de software y ecosistema
El compromiso con una experiencia limpia y predecible es notable. Las actualizaciones llegan de forma regular y, en conjunto con el ecosistema de Google, facilitan compartir contenido entre dispositivos y servicios. Si ya estás inmerso en el ecosistema de Google, la transición y la integración resultan más naturales, con beneficios tangibles en productividad y eficiencia.

6) Conclusión práctica
El Pixel 11 destaca como un teléfono que entrega resultados consistentes en fotografía, rendimiento y experiencia diaria. Sus puntos fuertes lo convierten en una elección sólida para usuarios que valoran la cámara, las búsquedas y las experiencias de software pulidas. Las áreas de mejora identificadas son razonables y previsibles para una iteración futura: con refinamientos en carga, control manual de cámara avanzada y estabilidad de video, podría consolidarse como un referente aún más completo.

En resumen, el Pixel 11 ofrece una propuesta sólida para quienes buscan un teléfono que funcione bien desde el primer uso, con capacidades fotográficas destacables y un sistema que prioriza la eficiencia. Con ciertas mejoras, podría elevar su valor para usuarios más exigentes y profesionales móviles.
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La carrera por la carga ultrarrápida: EVgo y las tensiones entre 750 kW y megavatios en China



La infraestructura de carga de vehículos eléctricos (EV) está evolucionando a un ritmo acelerado, con innovaciones que prometen reducir significativamente los tiempos de recarga y ampliar la experiencia del usuario en todo el mundo. En este contexto, EVgo ha revelado avances importantes en su próxima generación de equipos que pueden entregar hasta 750 kW de potencia. Si bien ninguna berlina o SUV eléctrico en el mercado actual admite la carga a pleno rendimiento de 750 kW, este umbral abre la puerta a recargas en torno a diez minutos para algunos de los vehículos más rápidos que existen hoy, y promete ampliar esa capacidad a futuro a medida que los fabricantes desarrollen baterías y sistemas de gestión de energía compatibles con tasas de carga aún mayores.

Uno de los retos prácticos de estas tecnologías es la compatibilidad entre vehículos y equipos. EVgo propone un concepto de “dinamic power sharing” que permite que múltiples usuarios que comparten una misma estación reciban una carga más estable y rápida. En la práctica, esto significa que un coche capaz de 350 kW podría recargar junto a otro con menor capacidad, optimizando el uso del mismo punto de alta potencia. Aun así, la pregunta clave que suele inspirar debate es: ¿qué sucede cuando dos vehículos de alta potencia están conectados a un solo puesto? Si la distribución se mantiene equitativa, podría esperarse una división de la potencia, por ejemplo 350 kW para cada uno, lo que sigue siendo una mejora significativa respecto a soluciones de menor potencia.

La cronología de implementación no es menor: EVgo tenía previsto lanzar la próxima generación este año, pero el diseño final del cargador se espera para 2027, con la adopción de una nueva arquitectura que podría transformar la experiencia de recarga en la práctica. Estas inversiones llegan en un momento de competencia intensa en el ámbito global.

Análisis: China acelera (de nuevo)

La velocidad en la recarga está aumentando en todo el mundo, pero China continúa marcando el paso con una red extensa de cargadores de megavatio. Informes recientes señalan que BYD y otros actores ya demuestran capacidades que permiten completar sesiones de carga rápidas en cuestión de minutos. En particular, Geely ha anunciado cargadores de hasta 2.2 MW, y ya ha desplegado equipos en varias ciudades, con planes para miles de estaciones adicionales. Además, tecnologías como una arquitectura de 1000 V en desarrollo sugieren que las recargas del 10-80% podrían lograrse en aproximadamente cinco minutos y medio en próximas generaciones.

Aunque actualmente esa potencia de 2.2 MW no puede ser explotada por la mayoría de los EV disponibles, la estrategia china parece centrarse en asegurar una red preparada para la adopción masiva de vehículos con baterías y sistemas de gestión de energía de alto rendimiento. Este enfoque no sólo reduce el tiempo de recarga, sino que contribuye a tranquilizar a los usuarios sobre la disponibilidad de puestos de alta potencia ante una demanda creciente.

Conclusión: el terreno de la recarga ultrarrápida se está aclarando, pero aún hay terreno por recorrer. Mientras EVgo avanza hacia una arquitectura que optimiza la experiencia de usuario con potencia dinámica, la aceleración de China en megavatios impulsa una competencia que podría redefinir el estándar global de tiempos de recarga y expansión de la infraestructura. En este marco, la colaboración entre fabricantes de baterías, proveedores de infraestructura y reguladores será clave para convertir estas capacidades en una experiencia consistente, segura y ampliamente disponible para los conductores de EV en los próximos años.

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Meta y la clasificación de centros de datos IA: implicaciones fiscales y perspectivas para la innovación estadounidense


El escrutinio sobre cómo las grandes corporaciones clasifican sus inversiones en tecnología avanzada tiene un impacto directo en la economía y en la forma en que se impulsa la innovación. Recientemente, Meta ha sido objeto de debate en relación con la designación de ciertos centros de datos dedicados a inteligencia artificial como instalaciones experimentales, una estrategia que, según informes, ha permitido aprovechar créditos fiscales significativos. Este análisis examina el contexto, las implicaciones fiscales y las consideraciones para la gobernanza corporativa en torno a estas prácticas.

La clasificación de instalaciones como experimentales, cuando está diseñada para apoyar proyectos de alto riesgo o prototipos, está regulada para evitar abusos que favorezcan créditos fiscales destinados a la innovación real. En el caso de Meta, los centros de IA habrían sido etiquetados como "modelos piloto" u otros términos similares, lo que habría facilitado la aplicación de créditos sobre chips y equipos específicos para IA. Aunque la finalidad de estos incentivos es impulsar la investigación y el desarrollo, los expertos señalan la necesidad de claridad y consistencia para evitar distorsiones en la competencia y en la recaudación fiscal.

Meta: centros de datos IA como modelos piloto

De acuerdo con reportes, Meta distingue entre sus centros de datos regulares, orientados a servicios en la nube y almacenamiento, y aquellos dedicados a IA. A estos últimos se les habría asignado una clasificación interna de "modelos piloto", con una distribución distinta de chips y equipamiento en comparación con los centros convencionales. Este marco podría haber permitido reducir la carga tributaria asociada a la adquisición de tecnología para IA durante un periodo específico.

Se ha informado que la adopción de esta designación de créditos fiscales comenzó hace aproximadamente dos años, con supuestos ahorros significativos en 2024 y 2025. Informes de prensa señalan que Meta es uno de los mayores reclamantes de este crédito específico y que la firma de auditoría EY habría aprobado la estrategia, sugiriendo, en algunos círculos, que otras empresas podrían considerar enfoques similares para apoyar inversiones de gran escala en investigación y desarrollo.

En términos de gestión de riesgos, las empresas suelen reservar fondos para respaldar posiciones fiscales que podrían disputarse ante las autoridades. En los últimos años, el tramo de reserva de Meta ha mostrado un aumento importante, lo que refleja la volatilidad y la incertidumbre asociadas a estas reclamaciones. Business y analistas destacan la necesidad de transparencia en la evaluación de riesgos y de una gobernanza sólida para equilibrar la innovación con la responsabilidad fiscal.

Las declaraciones de la empresa insisten en que estas inversiones y créditos están orientados a fomentar inversiones domésticas de gran escala. No obstante, las autoridades fiscales han señalado preceptos y límites claros sobre el uso de créditos experimentales, y el escrutinio adicional continúa mientras se revisan casos fiscales relevantes y posibles resoluciones legales.

En conjunto, este asunto subraya dos tendencias clave para el entorno corporativo moderno: la presión por innovar mediante inversiones en IA y hardware de vanguardia, y la necesidad de marcos regulatorios robustos que midan correctamente los incentivos fiscales para evitar desequilibrios competitivos y asegurar la recaudación necesaria para apoyar políticas públicas. A medida que las grandes corporaciones siguen expandiendo sus capacidades en IA, la claridad en la definición de proyectos experimentales, así como la supervisión independiente y la transparencia, serán factores decisivos para mantener un ecosistema de innovación sostenible.

Para las empresas que navegan este panorama, la lección es doble: invertir en I+D impulsará la competitividad y el progreso tecnológico, pero hacerlo dentro de un marco claro y verificado por reguladores y auditores reduce el riesgo de disputas fiscales y de reputación. En este contexto, la evaluación continua de las prácticas de clasificación y la comunicación responsable con inversores y autoridades son fundamentales.

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Claudia Sheinbaum anuncia grupo de trabajo para exigir a plataformas digitales la detección y eliminación oportuna de publicaciones de agresión y acoso


En un esfuerzo por fortalecer la seguridad en el entorno digital y reducir la incidencia de agresiones y acoso en las redes, la jefa de gobierno Claudia Sheinbaum presentó la creación de un grupo de trabajo encargado de diseñar mecanismos que exijan a las plataformas digitales una respuesta más rápida y eficaz ante contenidos que promuevan la violencia, el hostigamiento y la discriminación. Este anuncio marca un paso relevante en la incidencia de políticas públicas que buscan equilibrar la libertad de expresión con la protección de los derechos de los usuarios, especialmente de quienes son vulnerables ante conductas hostiles en línea.

El grupo de trabajo, que reunirá a representantes gubernamentales, expertos en tecnología, derecho y sociedad civil, tendrá como objetivo establecer criterios claros para la detección de publicaciones que inciten al daño, así como procedimientos para su revisión, eliminación o desmonetización cuando corresponda. Entre las metas señaladas figuran:
– Definir estándares de seguridad digital que sean compatibles con marcos legales y con las normativas internacionales sobre derechos humanos.
– Desarrollar herramientas de detección que permitan a las plataformas identificar de forma automatizada y humana publicaciones que promuevan el acoso, la intimidación o la violencia.
– Asegurar que los procesos de revisión sean transparentes, con plazos razonables y mecanismos de apelación para los usuarios afectados.
– Fomentar la cooperación entre el sector público y privado para ampliar la capacidad de respuesta sin afectar la libertad de expresión.

La iniciativa reconoce la responsabilidad compartida entre autoridades y empresas tecnológicas para crear un entorno digital más seguro. Sin embargo, también plantea retos relevantes, como la necesidad de salvaguardar derechos fundamentales, evitar sesgos en los algoritmos de moderación y garantizar que las medidas implementadas no se conviertan en herramientas de censura inapropiada. En este sentido, el grupo de trabajo deberá establecer salvaguardas claras, incluir criterios de proporcionalidad y establecer mecanismos de revisión independiente.

Experts y analistas señalan que la efectividad de estas medidas dependerá, entre otros factores, de la claridad de las definiciones legales de lo que constituye acoso y agresión, la capacidad de las plataformas para adaptar sus políticas de moderación a diferentes contextos culturales y lingüísticos, y la capacidad de la autoridad para supervisar el cumplimiento sin obstaculizar la innovación tecnológica.

En los próximos meses se espera la publicación de un plan marco que detalle el cronograma de implementación, los roles de cada actor y los indicadores de desempeño. Este plan podría incluir pruebas piloto en comunidades específicas, informes de impacto y un espacio de consulta pública para recoger aportes de la ciudadanía y de los actores de la sociedad civil.

La apuesta por una cooperación más estrecha entre gobierno y plataformas digitales refleja una tendencia global de abordar los desafíos de seguridad digital mediante marcos normativos y colaborativos. Si se ejecuta con responsabilidad, transparencia y participación, podría traducirse en una reducción tangible de la violencia en línea y en una mayor confianza de los usuarios en un ecosistema digital más seguro y respetuoso.
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La autocrítica como motor de responsabilidad: reflexiones sobre la autorregulación de la IA


En un ecosistema tecnológico cada vez más acelerado, la tentación de buscar soluciones fáciles aparece con frecuencia. Una de las discusiones centrales hoy es si las empresas que desarrollan inteligencia artificial deben autorregularse. En este ensayo, se cuestiona la efectividad de esa estrategia y se propone un marco más sólido para entender sus límites y oportunidades.

La autorregulación implica que las propias empresas definan estándares, políticas y mecanismos de supervisión para sus productos y prácticas. En teoría, este enfoque podría acelerar la innovación, reducir costos de cumplimiento y evitar una regulación externa que podría parecer punitiva o desalineada con las realidades del mercado. Sin embargo, cuando se toma como sustituto de reglas claras, la autorregulación corre el riesgo de convertirse en una formalidad sin dientes, diseñada para aparentar responsabilidad sin responder a consecuencias tangibles.

Una crítica fundamental es la asimetría de poder y conocimiento entre las compañías y el público afectado por sus sistemas. Las empresas controlan gran parte de la data, los criterios de evaluación y las métricas de éxito, lo que dificulta una supervisión efectiva y perceptible por actores externos. Sin mecanismos de rendición de cuentas independientes, la autorregulación puede priorizar la eficiencia económica sobre la seguridad, la equidad y la transparencia. En estos casos, funcionan como camuflaje político: una promesa de autocontrol que no transforma verdaderamente las prácticas internas.

La responsabilidad social y ética no debería verse como un obstáculo, sino como un componente estratégico de la viabilidad a largo plazo. La autorregulación, cuando se diseña con transparencia, contrapesos y participación de la sociedad civil, puede ser una etapa valiosa dentro de un marco más amplio, pero no debe presentarse como la solución definitiva. Es crucial distinguir entre compromisos voluntarios y obligaciones normativas verificables, con mecanismos de auditoría independientes, métricas claras y consecuencias reales en caso de incumplimiento.

A la hora de evaluar la efectividad de la autorregulación, pueden considerarse varios criterios: claridad de estándares, alcance del alcance, posibilidad de auditoría independiente, trazabilidad de decisiones algorítmicas, y responsabilidad ante impactos sociales y laborales. Si alguno de estos elementos está débil, la promesa de autorregulación corre el riesgo de volverse superficial. El equilibrio entre innovación y protección de derechos requiere estructuras de gobernanza que obliguen a las empresas a rendir cuentas, incluso cuando el costo de cumplir sea elevado.

La reflexión no implica descartar la autorregulación por completo. En lugar de ello, propone un enfoque mixto: avances técnicos acompañados de normativas claras y supervisión independiente. La autorregulación significativa nace de la colaboración entre actores diversos: reguladores, investigadores, organizaciones de la sociedad civil, comunidades afectadas y, por supuesto, las propias empresas. Solo así puede transformarse en una palanca de responsabilidad que acompañe la velocidad de la innovación sin sacrificar la seguridad, la equidad y la confianza pública.

En última instancia, la pregunta no es si las empresas deben autorregularse, sino qué tipo de autorregulación merece el marco regulatorio de una era de IA generalizada. La respuesta no debe ser una simple declaración de buenas intenciones, sino la construcción de estructuras verificables, con métricas universalmente entendibles y consecuencias tangibles ante desviaciones. Solo así la conversación sobre autorregulación dejará de ser una simulación y se convertirá en un pilar real de responsabilidad tecnológica.
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Cámaras y sensores en los vehículos autónomos: enfocados tanto en la seguridad como en la experiencia del pasajero


La industria de los vehículos autónomos ha hecho grandes avances en los últimos años, y una de las piezas clave de este progreso es la inversión en una vida de sensores y cámaras que permiten percibir el entorno con mayor precisión y redundancia. En modelos de referencia de Waymo, Zoox y Tesla, se observa una arquitectura sensorial que no solo busca detectar obstáculos en la carretera, sino también optimizar la experiencia de quienes viajan en el interior del vehículo.

Los sensores visibles en el exterior —cámaras de alta resolución, sensores LiDAR cuando están presentes, además de radares— trabajan en conjunto para construir un modelo del entorno en tiempo real. Este modelo no solo es crucial para la navegación y la toma de decisiones autónomas, sino que también vela por la seguridad de los pasajeros, que son parte interesada del sistema de conducción. En muchos casos, la redundancia es la regla: varias cámaras en diferentes ángulos, sensores distribuidos en distintos puntos del chasis y sistemas de respaldo que pueden asumir el control si alguno de los elementos falla. Esta redundancia se traduce en una mayor resiliencia ante condiciones adversas como lluvia, niebla o iluminación variable.

Un aspecto destacado en estas plataformas es la orientación de ciertos sensores hacia el interior del habitáculo. Este enfoque busca dos objetivos interdependientes: proteger a los ocupantes y mejorar la experiencia de viaje. Primero, la monitorización interna puede ayudar a detectar comportamientos inusuales, personas con movilidad reducida o emergencias médicas. En segundos planos, también aporta datos para ajustar la postura, la temperatura y la iluminación del interior, creando un ambiente más cómodo y adaptado a las necesidades de cada pasajero.

Otra dimensión relevante es la recopilación de datos para la mejora continua del sistema. Los vehículos autónomos generan información que, analizada de forma responsable y cumpliendo con las normativas de privacidad, permite refinar los algoritmos de percepción y toma de decisiones. Esto se traduce en trayectos más suaves, una mejor detección de peatones y ciclistas, y una mayor previsibilidad del comportamiento del vehículo ante escenarios complejos.

No obstante, este enfoque conlleva desafíos de ética y seguridad de la información. Es fundamental contar con salvaguardas que protejan la privacidad de los pasajeros y garanticen que los datos recopilados se usan exclusivamente para fines de operación y seguridad. Las empresas deben comunicar de manera transparente qué datos se recogen, cómo se almacenan y con qué terceros pueden compartirse, siempre en un marco de consentimiento informado y control del usuario.

En cuanto al rendimiento, la distribución de sensores hacia el exterior y el interior se acompaña de avances en procesamiento en tiempo real y en capacidades de aprendizaje automático. Los sistemas deben poder interpretar simultáneamente señales de múltiples sensores, gestionar la influencia de factores ambientales y mantener un comportamiento predecible incluso ante fallos parciales. Este escenario exige una arquitectura de software robusta, pruebas rigurosas y una vigilancia constante para garantizar que las mejoras no comprometan la seguridad.

En resumen, los vehículos autónomos de Waymo, Zoox y Tesla destacan por una estrategia sensorial amplia que combina percepción externa de alta fidelidad con vigilancia interior orientada a la seguridad y al confort. Este conjunto de sensores, gestionado con rigor técnico y responsabilidad en el manejo de datos, configura no solo rutas más seguras sino experiencias de viaje más intuitivas y adaptadas a cada persona a bordo.
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Hinomi H2 Pro vs H2 Classic: ¿qué silla ergonómica conviene para jornadas frente al escritorio?


Si pasas la mayor parte de tu jornada laboral sentado en un escritorio, elegir la silla de oficina adecuada puede ser costoso y complicado. Hinomi presenta dos modelos H2 en su venta propia de Prime Day que abordan la comodidad desde enfoques diferentes: la H2 Pro, muy ajustable y basada en malla, y la más asequible H2 Classic con asiento acolchado.

• Mejor para: Profesionales en casa u oficina que debaten entre dos sillas ergonómicas altamente ajustables y se preguntan si vale la pena gastar más por una mayor personalización y soporte lumbar avanzado.

• La oferta: La Hinomi H2 Pro ahora cuesta $599 (antes $759), mientras que la Hinomi H2 Classic con reposacabezas bajó a $469 (antes $599).

• Por qué importa: Ambos modelos ofrecen una amplia capacidad de ajuste, pero la H2 Pro es nuestra opción preferida. Por los $130 extra, obtienes 19 puntos de ajuste, soporte lumbar independiente en 3D, reposabrazos Bi-Pivot, asiento y respaldo inclinables y malla híbrida transpirable.

H2 Pro Ergonomic Office Chair: was $759 now $599
Hinomi’s H2 Pro ofrece 19 puntos de ajuste, soporte lumbar independiente, reposabrazos Bi-Pivot, respaldo y asiento inclinables, y malla híbrida transpirable, mientras que la H2 Classic combina acolchado de látex, soporte lumbar ajustable, reposabrazos 4D y reclinación sincronizada.Ver oferta

H2 Classic With Headrest: was $599 now $469
La H2 Classic combina asiento de látex y espuma moldeada con un respaldo contorneado, reposabrazos 4D, reposacabezas 3D y una inclinación sincronizada de 100–140 grados con cinco ajustes de límite.Ver oferta

Cuál compraríamos

La H2 Pro (la sucesora de la H1 Pro) es la más sofisticada de las dos sillas que se comparan aquí. Ofrece 19 puntos de ajuste, desde 16, incluyendo un soporte lumbar 3D independiente pensado para que puedas adaptar el apoyo a tu espalda.

Cuenta con el sistema de reposabrazos Bi-Pivot, respaldo y asiento inclinables, y una malla híbrida transpirable hecha de chenille, TPEE y poliéster. El marco y la base son de aleación de aluminio, y la silla soporta hasta 330 lb.

En su reseña de 4 estrellas, nuestro experto en sillas Collin comentó: “La Hinomi H2 Pro es una contendiente poderosa en el mercado de sillas ergonómicas de gama media-alta. Presenta un soporte lumbar sustancial y ajustable, ofrece una gran capacidad de ajuste ergonómico, y aún puede plegarse a la mitad, una característica que rara vez veo. Puede que no sea la silla para todos, pero quienes aprecian este estilo la amarán”.

En lugar de un asiento completamente de malla, la H2 Classic (que aún no hemos reseñado) combina espuma moldeada y acolchado de látex, lo que la convierte en la opción a considerar primero si prefieres un asiento más suave en lugar de una malla firme. Su respaldo contorneado tiene cuatro ajustes de altura, mientras que el reposacabezas 3D se ajusta en altura, ángulo de superficie y pivote. También obtienes reposabrazos 4D que se pueden mover en altura, anchura, profundidad y ángulo.

Aun siendo más cara, de las dos opciones, yo seguiría eligiendo la H2 Pro. Los $130 extra permiten un ajuste mucho mayor para adaptar la silla a tu cuerpo, lo que es perfecto para jornadas largas de trabajo.

Contexto de precios y valor histórico

La H2 Pro tiene un precio de $599 en lugar de $759, lo que representa un ahorro de $160. También hay una versión con reposapiés reducida de $799 a $639, que mantiene el mismo ahorro de $160. La silla está disponible para comprar en Amazon además de en Hinomi, pero a precio completo.

A $469 en lugar de $599, elegir la H2 Classic sobre la H2 Pro estándar te deja $130 en el bolsillo, pero no es tan cómoda.

Para más opciones de compra, échale un vistazo a nuestra recopilación de las mejores sillas de oficina.

¿Qué silla ergonómica deberías comprar?

✅ Compra la H2 Pro si…

La máxima ajustabilidad es la prioridad. Sus 19 puntos de ajuste, soporte lumbar independiente, reposabrazos Bi-Pivot, asiento y respaldo inclinables, y su malla transpirable te ofrecen mucho más margen para afinar tu posición de sentado.

✅ Compra la H2 Classic si…

Si prefieres un asiento acolchado o simplemente no necesitas un grado tan alto de ajuste. Aún obtienes una silla altamente configurable con respaldo de espalda ajustable, reposabrazos 4D, un reposacabezas 3D y un sistema de reclinación sincronizada.

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Riesgos de los agentes de IA con acceso de terceros: aprendizaje clave de un caso de inyección de prompts y ejecución de código


La seguridad de los agentes de inteligencia artificial (IA) que operan con acceso amplio a herramientas externas sigue siendo un desafío crítico. Un informe reciente de Salt Labs ilustra cómo las protecciones contra la inyección de prompts pueden verse sorteadas y cómo la ejecución de código puede ocurrir a través de técnicas de ofuscación como JSFuck, incluso cuando existen salvaguardas aparentes.

Investigadores de Salt Labs analizaron la integración de Manus con Gmail y demostraron que un correo electrónico con un prompt oculto podría ser identificado por un agente de IA como malicioso, pero logró transformarse en instrucciones ejecutables. Este hallazgo subraya una distinción crucial: la diferencia entre considerar el contenido como datos pasivos y tratarlo como comandos ejecutables dentro del entorno del agente. La capacidad de detectar una posible amenaza no siempre impide su ejecución si el entorno del agente permite operar sobre herramientas y servicios conectados.

Durante la prueba, los investigadores exploraron distintas enfoques para ocultar prompts, incluyendo la codificación en Base64 y la decodificación/ejecución con Python. El progreso culminó con el uso de JSFuck, una técnica de ofuscación de JavaScript que emplea un conjunto reducido de caracteres y que, en entornos modernos, es poco habitual. Al insertar un payload sencillo en JSFuck dentro de un correo, lograron que se ejecutara un código JavaScript arbitrario en un entorno del servidor, observando el resultado previsto. Este desarrollo marcó una violación clara de límites de seguridad: el contenido de un correo no confiable fue transformado en código ejecutable dentro del runtime del agente.

Es relevante señalar que Manus sí notificó al usuario tras la ejecucion del código, pero la alerta llegó tarde para evitar el daño potencial. Salt Labs comunicó sus hallazgos a través del programa de recompensas de Meta, y la situación se consideró ya resuelta, no siendo explotable actualmente.

Una lección clave emerge de este informe: los salvaguardas que inspeccionan prompts y el comportamiento del modelo son necesarios, pero no suficientes por sí solos. La seguridad debe extenderse a lo que un agente realmente hace a través de las herramientas, APIs y sistemas a los que tiene acceso. Este caso resalta la necesidad de un enfoque integral que cubra tanto la detección de entradas como la gestión de permisos y controles operativos en los entornos en los que los agentes actúan.

En un contexto donde cada vez más usuarios permiten a sus agentes el acceso a correo, navegadores, almacenamiento en la nube y calendarios, la exposición a vectores de ataque se mantiene vigente. Las organizaciones deben evaluar cuidadosamente los riesgos asociados a la ampliación de permisos y adoptar prácticas de seguridad que vayan más allá de la supervisión de prompts, incorporando controles en la cadena de ejecución y supervisión continua de las acciones de los agentes en todos los sistemas conectados.

Para quienes diseñan e implementan soluciones de IA, este episodio sirve como recordatorio de que la innovación debe ir acompañada de una gobernanza de seguridad rigurosa y dinámica, capaz de adaptarse a técnicas de ataque cada vez más sofisticadas y a la creciente interconexión entre herramientas y servicios.

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Spatial Capture de Insta360: transformando videos 360 en entornos 3D navegables


Insta360 ha lanzado Spatial Capture, una función gratuita que convierte un video de 360 grados en un modelo 3D detallado de un espacio real que puedes recorrer. Aunque todavía está en versión beta, ya está disponible para el Insta360 X6 mediante el firmware más reciente de la cámara y la app de Insta360. Y no se limita a las cámaras más nuevas: según la guía de usuario que Insta360 compartió, funciona con cualquiera de sus cámaras 360 capaces de grabar video 5.7K a 30fps o más, incluyendo el X4 Air y el X5.

Spatial Capture se basa en una técnica llamada Gaussian Splatting 3D (3DGS). El software analiza las imágenes para determinar dónde se encontraba la cámara en cada momento, y reconstruye la escena a partir de millones de diminutos blobs semitransparentes, cada uno dimensionado, coloreado y posicionado para recrear un fragmento del entorno.

El resultado es una escena 3D fotorrealista que se puede ver desde ángulos que la cámara nunca ocupó. Las cámaras 360 son herramientas ideales para esto, ya que registran un espacio desde todas las direcciones a la vez y dejan menos áreas ciegas para que el software las cubra.

He experimentado con la técnica de Gaussian splatting antes, usando una plataforma en la nube llamada Splatica para convertir mi sala de estar y un faro local en escenas 3D inmersivas con un Insta360 X5 y un dron Antigravity A1. Los resultados fueron lo suficientemente impresionantes como para entender por qué la técnica ha ganado tracción, e incluso es posible imprimir en 3D una “splat”, congelando un lugar real en resina como un insecto atrapado en ámbar.

La pega de Splatica es el costo. Es un servicio basado en suscripción, y su plan Básico más económico cuesta 49,95 USD al mes (con descuento a 34,95 USD durante los dos primeros meses). Eso equivale aproximadamente a £40 / AU$70 al mes (o £30 / AU$50 con el descuento) y ofrece 300 puntos, suficientes para procesar aproximadamente un video de cinco minutos.

Los planes Pro y Studio cuestan 149,95 USD/mes (aprox. £110 / AU$220) y 299,95 USD/mes (alrededor de £230 / AU$430) respectivamente, y los puntos extra cuestan entre 18 y 25 centavos cada uno, dependiendo del plan. Spatial Capture de Insta360, en contraste, ofrece cuatro generaciones gratuitas al mes, con la asignación que se restablece el primer día de cada mes.

La propia Insta360 admite las compensaciones. Según la compañía, Splatica genera resultados de mayor calidad y está más orientado a usuarios profesionales y empresariales, mientras que Spatial Capture está pensado para uso casual.

También señalan que Spatial Capture procesa un video de dos minutos en una a dos horas, frente a unas ocho horas para Splatica. Mis propias escenas de Splatica tardaron unas cuantas horas en procesarse (subí una por la tarde y volví a mirar a la mañana siguiente).

Cómo funciona

Crear una escena de Spatial Capture es, en teoría, sencillo. Graba un video de dos minutos o menos (Insta360 dice que levantará este límite en el futuro, aunque no ha dicho cuándo), conecta la cámara a la app de Insta360, abre la pestaña Spatial Capture, toca Crear Mi Espacio y selecciona tu clip.

El procesamiento ocurre en la nube. Insta360 recomienda grabar en 8K a 30fps para obtener los mejores resultados, ya sea en PureVideo o en modo de video estándar (el footage grabado con el perfil de color I-Log o con filtros aplicados no es compatible).

También recomienda grabar en interiores bien iluminados, mantener el número de personas en cuadro al mínimo y limitar la captura a 100 metros cuadrados (aprox. 1.076 pies cuadrados). A diferencia de Splatica, que maneja sin problemas tomas de drones y espacios abiertos, Spatial Capture parece estar diseñado para habitaciones o espacios cerrados en lugar de paisajes o ubicaciones al aire libre.

Una vez que se procesa la escena, puedes explorarla en la app de Insta360 o compartirla mediante un enlace. Cualquiera que abra el enlace puede ver la escena en su navegador web, sin necesidad de descargar la app. Actualmente no hay forma de exportar escenas como archivos, mientras que Splatica permite descargarlas en formato PLY para su uso en otros softwares 3D.

He tenido experiencias mixtas. Grabé un clip de prueba con mi X6, pero la carga falló dos veces. La app advierte que mi teléfono (un iPhone 15, poco antiguo) podría no estar a la altura, lo cual es desconcertante, ya que la mayor parte del procesamiento se hace en la nube y no en el dispositivo. Es un detalle a tener en cuenta si tu teléfono tiene unos años, aunque es el tipo de problema propio de una versión beta.

En cualquier caso, es una novedad bienvenida para los dueños de una cámara que ya calificaba con nota alta. En mi revisión del Insta360 X6, lo describí como la nueva cámara 360 que hay que superar, aunque con un precio bastante elevado. Una vía gratuita para la exploración en 3D añade valor por dinero.

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