La Red de Comunicaciones para Marte: conectando misiones, datos y descubrimientos


En la frontera final, la comunicación fiable de alta capacidad no es solo una conveniencia; es la columna vertebral de toda misión planetary. NASA ha dado un paso decisivo al emitir una Solicitud de Propuesta para la Mars Telecommunications Network (Red de Telecomunicaciones para Marte), una iniciativa que busca colaboración con la industria para desplegar una red de orbitales de alto rendimiento que respalde futuros ejercicios de exploración en superficie, orbital y, eventualmente, humana.

La necesidad es clara: relatar datos científicos, imágenes en alta definición y información crítica de misión desde y hacia Marte de manera constante y eficiente. Este esfuerzo no se limita a una solución puntual; se enmarca dentro de la arquitectura espacial evolutiva de NASA, que extiende servicios de red desde la Tierra hacia la Luna y Marte. Con la Mars Telecommunications Network, la agencia avanza en la estrategia Moon to Mars del programa SCaN (Space Communications and Navigation), fortalecida por la orientación y el financiamiento que proporciona el Congreso a través de políticas de impulso a la investigación y la exploración.

El RFP está interesado en respuestas que cubran misiones operativas actuales y futuras, además de contemplar una capacidad de carga científica que será seleccionada por la Dirección de Misiones Científicas de NASA. Se invita a la industria a responder dentro de 30 días calendario desde la publicación, con un objetivo claro: que la red esté operativa en Marte a más tardar en 2030. Esta ventana temporal subraya la urgencia de una infraestructura de comunicaciones robusta, capaz de soportar desde observaciones científicas hasta la navegación y el control de misiones, todo ello en un entorno extremo y con retrasos de señal significativos.

Detrás de este esfuerzo se halla una visión integral: una red que no solo conecta a Marte con la Tierra, sino que también complementa el tránsito de datos entre módulos de exploración y posibles instalaciones humanas. El desarrollo de esta red se alinea con las prioridades de la agencia para ampliar la presencia humana y robótica en el sistema solar, manteniendo un flujo constante de datos críticos para la toma de decisiones en tiempo real y para el análisis científico a largo plazo.

Para comprender el alcance y las implicaciones de la Mars Telecommunications Network, conviene revisar su relación con la estructura de SCaN y el programa Moon to Mars, así como las posibles sinergias con futuras misiones y plataformas de observación. Este esfuerzo también se sitúa en el marco de la seguridad y la resiliencia de las comunicaciones espaciales, donde cada enlace debe estar diseñado para resistir las condiciones de un entorno interplanetario, con redundancias y capacidades de reconfiguración ante contingencias.

Si le interesa profundizar en la exploración de las profundidades del espacio profundo, NASA mantiene recursos y referencias que destacan cómo estas redes de comunicaciones facilitan un ecosistema de misiones cada vez más ambicioso. Más allá de la Mars Telecommunications Network, las iniciativas de NASA en este campo buscan asegurar que la información científica fluya de manera continua, permitiendo que científicos de todo el mundo accedan a datos de Marte y de las misiones asociadas en el menor tiempo posible.

Para obtener más información sobre las labores de exploración de espacio profundo de NASA, puede consultar el portal oficial y las secciones dedicadas a SCaN y Moon to Mars, que exploran tanto el desarrollo tecnológico como la gobernanza de estas redes. En particular, el programa y las noticias relacionadas ofrecen un panorama claro de cómo estas infraestructuras sostienen la visión de un sistema solar cada vez más interconectado.

En resumen, la Mars Telecommunications Network representa una pieza clave de una estrategia de conectividad espacial que facilita la transferencia de datos científicos, imágenes y comunicaciones críticas entre Marte y la Tierra. Su implementación, prevista para antes de 2030, no sólo ampliará la capacidad de las misiones actuales, sino que también abrirá la puerta a nuevas oportunidades para la exploración y la presencia humana en otros mundos.
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Picturing Earth in a New Light: Nuevas Perspectivas sobre la Luz Nocturna y su Significado Global

Maps can show more than just where things are—they can also show how things change. New maps of artificial light reveal a planet that has been reshaping its nights through patterns of brightening and dimming.

Este análisis se apoya en el conjunto de datos Black Marble de NASA, que muestra que la iluminación artificial nocturna no aumenta de forma uniforme a nivel mundial. En lugar de una subida constante durante casi una década, las dinámicas nocturnas son complejas: zonas de crecimiento rápido, contracciones de iluminación en otras áreas y cambios impulsados por políticas públicas, migraciones urbanas y mejoras en eficiencia energética.

La tecnología de observación VIIRS (Visible Infrared Imaging Radiometer Suite) a bordo de los satélites Suomi-NPP, NOAA-20 y NOAA-21 permite generar registros de luces nocturnas a escalas diarias, mensuales y anuales. El canal diurno-nocturno detecta la luz en un rango de longitudes de onda que abarca desde verde hasta cercano al infrarrojo cercano, aplicando filtros para distinguir señales como luces de ciudad, luz de la luna y auroras.

El mapa principal muestra cambios de brillo en la mayor parte del mundo habitado (de 60° S a 70° N). Las zonas en amarillo y oro indican mayor iluminación en el periodo 2014–2022, mientras que las áreas en púrpura señalan dimisiones de brillo. Una visualización adicional aplica la misma base de datos al Hemisferio Oriental, e incorpora toques artísticos como simulaciones de luz solar y sombras. Este enfoque combina rigor científico con una narrativa visual que facilita la comprensión de tendencias complejas a gran escala.

Los hallazgos clave revelan que, a nivel global, la radiancia aumentó un 34% durante el periodo estudiado, pero este incremento masivo oculta extensas zonas de disminución. Este fenómeno de “cambios bidireccionales” ocurre a la vez en distintas regiones: por ejemplo, algunas ciudades de la Costa Oeste de Estados Unidos se volvieron más brillantes por crecimiento poblacional, mientras que partes de la Costa Este mostraron atenuación, atribuible a una mayor adopción de LEDs eficientes y a reestructuraciones económicas regionales.

En términos internacionales, el estudio identifica aumentos de iluminación en China y el norte de India asociados al desarrollo urbano, mientras que países como Francia, el Reino Unido y los Países Bajos experimentaron reducciones significativas de iluminación nocturna, en parte gracias a políticas de eficiencia energética y cambios estructurales. Durante la crisis energética europea de 2022, la iluminación nocturna en Europa también mostró una caída notable.

Versiones ampliadas de los mapas están disponibles para descarga, y animaciones que muestran cambios anuales pueden obtenerse desde el Scientific Visualization Studio de NASA. El estudio y sus visualizaciones han sido destacados en publicaciones científicas, reforzando la capacidad de las imágenes nocturnas para ilustrar la dinámica humana sobre la faz de la Tierra.

En síntesis, las imágenes nocturnas no solo nos dicen dónde estamos, sino cómo estamos cambiando. La capacidad de observar la luz de la noche a lo largo de casi una década revela una Tierra que evoluciona con ritmos variables, impulsados tanto por el progreso económico como por respuestas políticas y tecnológicas a los retos energéticos y ambientales.

Referencias y recursos incluyen publicaciones en Nature, informes de NASA y materiales de Visualización Científica de NASA. Estas fuentes respaldan una lectura informada de la relación entre iluminación nocturna y desarrollo humano, ofreciendo una ventana única para entender la transición energética global.

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Preparaciones para Simulaciones de la Próxima Caminata Lunar (y Subacuática)


Una exploración de cómo se están preparando las simulaciones de una futura caminata lunar, y qué aporta la tecnología de impresión 3D para hacer que estas pruebas sean más eficientes y seguras. Este artículo examina el papel de Branch Technology en la fase de prototipo, con su enfoque Freeform 3D Printing, y cómo sus estructuras de celosía ligeras pero resistentes se utilizan para crear elementos modulares como paneles de pared y revestimientos. Además, se analiza cómo estas innovaciones permiten reducir el material desperdiciado y adaptar diseños para interiores que serán ocupados por humanos.

Branch Technology, con sede en Chattanooga, Tennessee, desarrolló un proceso que evita la impresión sólida completa, reduciendo costos y peso al crear geometrías complejas mediante estructuras de celosía. David Goodloe, líder del equipo de Conceptos Avanzados de Branch, explica que este enfoque complementa las piezas tradicionales para interfaces de montaje y soporte en paneles, facilitando diseños interiores novedosos para hábitats exteriores de misiones.

En 2017, Branch ganó la Fase II del 3D-Printed Habitat Challenge de NASA, un concurso público orientado a construir una vivienda para la exploración de espacios lejanos. Posteriormente, Tracie Prater, gerente técnica de la Habitación Systems Development en el Marshall Space Flight Center, trabajó como experta en el desafío y colaboró con Branch en un acuerdo cooperativo. Prater señala que la atención inicial del desafío estaba en edificar una gran estructura habitacional en una superficie planetaria; sin embargo, una vez presurizada, ¿cómo se equipa dicha estructura con sistemas y suministros? Esa es precisamente la pregunta que Branch abordó mediante la fabricación a demanda y diseños interiores innovadores.

NASA estableció parámetros que impulsaron a Branch a desarrollar boquillas para extruir estructuras de celosía únicas, además de capas más tradicionales. Esta doble capacidad se aplica con frecuencia en paneles de pared donde las secciones impresas proporcionan sustratos sólidos para anclajes. Los materiales utilizados por Branch se derivaron de investigaciones de ciencia de materiales para el desafío, que propuso materiales similares a los escombros y rocas de la superficie marciana y reciclables de misiones. Eso llevó al desarrollo de una resina plástica reforzada con fibra de basalto y, a partir de ese trabajo, a una formulación óptima para sus “tintas” terrestres.

Estas innovaciones ejemplifican el propósito del programa de Transferencia de Tecnología (Technology Transfer) de NASA, que utiliza soluciones basadas en el espacio para mejorar la vida en la Tierra. Durante 50 años NASA ha documentado los beneficios cotidianos de la tecnología espacial a través de su publicación Spinoff. Este trabajo destaca cómo la colaboración entre agencias y empresas puede traducirse en aplicaciones prácticas en entornos terrestres, desde la construcción eficiente hasta nuevas metodologías de fabricación.

Lecturas recomendadas y recursos relacionados:
– Tecnología Transfer y Spinoffs de NASA
– 3D-Printed Habitat Challenge y sus resultados
– Spinoffs y beneficios de la tecnología espacial para la construcción en la Tierra

Si te interesa ampliar sobre el tema, consulta el enlace Read More que acompaña este artículo para profundizar en el impacto de las lattices y las técnicas de impresión libre en hábitats lunares y estructuras análogas en la Tierra.

Detalles de actualización:
– Última actualización: 13 de mayo de 2026
– Temas relacionados: Transferencia de Tecnología, Spinoffs, Tecnología de Impresión 3D, Hábitats Espaciales, Innovación en Materiales

Notas sobre exploración relacionada:
– Explora más sobre conceptos de exploración lunar y tecnología de Habitat en iniciativas de NASA y sus colaboraciones con la industria.

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Preparaciones para Simulaciones de la Próxima Caminata Lunar y Operaciones Subacuáticas


En los últimos años, la exploración lunar ha dejado de ser una promesa para convertirse en una serie de pruebas prácticas que preparan a la humanidad para misiones más ambiciosas. Un área clave de estas preparaciones es el desarrollo de plataformas de computación a bordo capaces de soportar entornos extremos, gestionar grandes volúmenes de datos y tomar decisiones autónomas cuando la señal desde la Tierra es limitada o intermitente. En este artículo se analizan los avances recientes en computación para vuelos espaciales y la relevancia de las pruebas de resiliencia en escenarios de simulación avanzados, incluyendo entornos sumergidos que imitan condiciones de inmersión y operación en presencia de agua, como parte de un enfoque integral de validación de tecnologías para la Luna y más allá.

La iniciativa de High Performance Spaceflight Computing (HPSC) busca incrementar de forma sustancial la potencia de cálculo disponible en naves espaciales, sin comprometer la robustez necesaria ante radiación, variaciones térmicas y otros retos del entorno espacial. La misión es clara: habilitar procesadores multicore fault-tolerant y de alto rendimiento que permitan analizar datos en tiempo real, ejecutar inteligencia artificial a bordo y reducir la dependencia de comunicaciones con la superficie terrestre. Este salto tecnológico no solo acelera la ciencia a bordo, sino que también facilita la autonomía de los sistemas de misión y el soporte a los astronautas durante las operaciones en la Luna y en misiones futuras a Marte.

El núcleo del proyecto es un procesador de alto rendimiento, endurecido frente a la radiación, diseñado para entregar hasta cien veces la capacidad de cómputo de los sistemas actuales de la aeronáutica espacial, manteniendo su desempeño en un entorno hostil. En las pruebas realizadas por el Jet Propulsion Laboratory (JPL) se someten los chips a radiación, ensayos térmicos y choques, al tiempo que se evalúa su rendimiento mediante campañas de pruebas funcionales rigurosas. El objetivo es garantizar que estos sistemas puedan soportar la complejidad de sensores de aterrizaje y de navegación en escenarios realistas, donde la energía y la confiabilidad son críticas.

Entre los desafíos inherentes a las misiones espaciales se encuentran las perturbaciones electromagnéticas y las oscilaciones extremas de temperatura, que pueden degradar la electrónica y provocar errores que obliguen a que la nave entre en un modo seguro. La simulación de escenarios de aterrizaje de alta fidelidad permite validar el desempeño de estos procesadores cuando procesan grandes volúmenes de datos de sensores, reproduciendo condiciones que normalmente requerirían hardware intensivo para su procesamiento. Este enfoque de pruebas es un paso crucial para convertir la tecnología en capacidades operativas para futuras misiones:

– Soporte a la autonomía de las naves: los sistemas basados en IA pueden responder en tiempo real ante situaciones complejas, reduciendo la dependencia de decisiones a distancia.
– Aceleración de descubrimientos científicos: con mayor capacidad de procesamiento, la recolección, el almacenamiento y la transmisión de datos se optimizan, permitiendo un mayor retorno científico.
– Aplicaciones terrestres: una vez certificada para el espacio, la tecnología puede adaptarse a sectores como la aviación y la automoción, impulsando innovaciones fuera del ámbito espacial.

El procesador, desarrollado como un SoC (system-on-a-chip), integra todos los componentes clave de una computadora en un formato compacto y eficiente. Su capacidad de sobrevivir a años de servicio a millones de millas de reparación potencial lo distingue de las arquitecturas comerciales. La colaboración entre Microchip Technology e JPL ha sido fundamental para convertir esta visión en un producto con potencial transformador, no solo para la exploración espacial sino también para industrias terrestres que exigen rendimiento, fiabilidad y eficiencia energética.

La fase de pruebas, iniciada a principios de año, continuará durante varios meses. Los indicios iniciales son alentadores: el procesador está funcionando como se esperaba, con señales de un rendimiento hasta 500 veces superior al de chips endurecidos actualmente en uso para misiones espaciales. Un detalle simbólico de este proceso de validación fue el correo electrónico de inicio de pruebas con el asunto “Hello Universe”, homenajeando las primeras etapas de desarrollo de la informática.

Implicaciones y próximos pasos

– Implementación en futuras misiones: una vez certificado, el chip se integrará en hardware de cómputo para orbitales terrestres, rovers en superficies planetarias y hábitats espaciales, alimentando la inteligencia necesaria para misiones de presencia humana en la Luna y más allá.
– Beneficios para la industria terrestre: Microchip trabajará en la adaptación de la tecnología para sectores como aviación y automoción, promoviendo transferencias de tecnología que impulsarán capacidades críticas en la Tierra.
– Expansión de capacidades autónomas: la arquitectura de SoC facilita la reducción de consumo de energía y el desarrollo de soluciones más compactas y resilientes para entornos extremos.

En conjunto, el proyecto de High Performance Spaceflight Computing ejemplifica cómo la investigación en el espacio puede catalizar avances tecnológicos con impacto directo en múltiples dominios. La combinación de pruebas rigurosas, alianzas público-privadas y un enfoque en la robustez frente a condiciones adversas coloca a la NASA y a sus socios en una trayectoria que permitirá explorar y operar en entornos cada vez más desafiantes, desde la superficie de la Luna hasta las profundidades del océano en misiones simuladas que reflejan las realidades de misiones futuras.

Fuentes y contactos relevantes

– NASA/JPL-Caltech: detalles técnicos y avances del proyecto HPSC.
– Microchip Technology: desarrollo del procesador y pruebas de rendimiento.
– Enlaces y noticias oficiales para seguimiento de avances y publicaciones técnicas.

Este artículo sintetiza un momento clave en la evolución de la computación espacial, destacando cómo las mejoras en la potencia de procesamiento, la tolerancia a fallos y la eficiencia operativa se traducen en capacidades que habilitan exploraciones más ambiciosas y seguras para la humanidad.
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I Am Artemis: El Legado de Kathleen Harmon y la Conectividad que Impulsa la Exploración Espacial


La exploración espacial es un esfuerzo colectivo que combina ciencia, ingeniería y una visión compartida del futuro. En el corazón de Artemis II late la historia de Kathleen Harmon, una figura clave cuya labor trasciende el salón de control para sostener la red de comunicaciones que permite que las misiones naveguen con certeza por el sistema solar.

Kathleen Harmon es la Artemis II Mission Interface Manager para el Deep Space Network (DSN), una red internacional de enormes antenas de radio estratégicamente ubicadas para comunicarse con naves espaciales. Operada por el Jet Propulsion Laboratory (JPL) en California, esta red es uno de los sistemas de telecomunicaciones científicas más grandes del mundo y apoya a más de 40 misiones explorando el espacio profundo. El DSN no es solo un conjunto de antenas; es un componente esencial para las misiones lunares y, en una visión más amplia, para las exploraciones Artemis que buscan retornar a la Luna y avanzar hacia la exploración humana más allá.

La labor de Harmon implica coordinación y colaboración entre socios internacionales. Sus esfuerzos aseguran que las misiones estén preparadas para el lanzamiento y la operación, gestionando la continuidad de la comunicación entre la nave y la Tierra a través de un sistema que funciona como un hilo conductor entre el equipo científico y las naves en ruta por el cosmos. En Artemis II, el DSN estuvo activo durante las 24 horas del día, los siete días de la semana, con dos antenas: una principal y otra de respaldo. Este enfoque garantiza que, sin importar la posición de la Tierra o el día en cada complejo, la nave pueda mantener una conexión estable para enviar datos, imágenes y videos capturados durante la misión.

El DSN opera con un principio práctico conocido entre la comunidad como “seguir al Sol”: tres complejos situados alrededor del mundo, de modo que, a medida que la Tierra rota, siempre haya una instalación en línea para comunicarse con las naves en cualquier lugar del sistema solar. Este modelo no solo sostiene Artemis II, sino que también mantiene vigilancia sobre la flota de naves robóticas y misiones en desarrollo, desde Juno y Voyager hasta proyectos futuros que extienden nuestra presencia más allá de la Luna.

La importancia del DSN va más allá de la mera transmisión de datos. Es el puente que traduce las complejidades de los sistemas de nave espacial en información tangible para los científicos en tierra. Harmon ilustra cómo, sin esta red, las misiones no podrían saber con precisión dónde se encuentran las naves ni recibir el flujo de datos que alimenta la investigación y la toma de decisiones en tiempo real. Esta infraestructura, gestionada por profesionales dedicados, representa un activo crítico que permite a los exploradores espaciales mantener el contacto con la Tierra incluso en espacios interplanetarios y, en última instancia, interestelares.

Desde sus primeros recuerdos de las misiones Apollo, Harmon ha estado conectada a la emoción de la exploración. Su trayectoria como ingeniera de sistemas y su experiencia en NASA le han permitido convertir esa curiosidad infantil en una contribución concreta a Artemis: preparar misiones para el lanzamiento y la operación diaria, coordinar con socios internacionales y garantizar que la red de comunicaciones esté lista para cada lanzamiento y cada circunstancia operativa.

Las palabras de Harmon resuenan con la idea de que el progreso espacial depende de sistemas que, a simple vista, pueden parecer infraestructuras técnicas, pero que, en realidad, son los nervios y el latido de una misión. “Si estás en un coche y vas a un lugar y no tienes GPS o teléfono celular, podrías perderte o no poder decirle a alguien que estás perdido. La red proporciona ese lazo de vida a las naves a través del sistema solar y más allá, permitiendo que envíen datos científicos asombrosos, imágenes y videos desde rovers en Marte, telescopios espaciales y otras plataformas”, dice Harmon. Este testimonio subraya que la conectividad no es solo un lujo, sino una necesidad crítica para la seguridad, la navegación y el éxito de cada misión científica.

A lo largo de su carrera, Harmon ha apoyado misiones que van desde Juno hasta Voyager. Sin embargo, su contribución a Artemis II ofrece una narrativa poderosa: la exploración humana está entrelazada con la capacidad tecnológica de comunicarse a escala planetaria. Su experiencia demuestra que la columna vertebral de los esfuerzos de exploración no es únicamente la ingeniería de las naves, sino la manera en que esas naves pueden comunicarse con la Tierra para que el conocimiento pueda traducirse en descubrimientos verificables y avances para la humanidad.

La historia de Harmon también ofrece una visión inspiradora para las futuras generaciones. “Fui una niña muy pequeña cuando ocurrieron las misiones Apolo; Apolo fue mi primer recuerdo”, confiesa. Este vínculo emocional entre memoria histórica y aspiración futura es un recordatorio de que la curiosidad y el compromiso humano son motores centrales de la exploración espacial. En este tiempo de renovación de la exploración lunar y de planes para misiones interplanetarias, su experiencia demuestra que la conexión entre la gente en tierra y las máquinas en el espacio es lo que permitirá continuar abriendo fronteras.

Explorar más allá de la Luna requiere de historias y liderazgo que den sentido a los datos que llegan de las naves. Kathleen Harmon personifica esa intersección entre rigor técnico y visión humana, recordándonos que cada avance en la frontera espacial es posible gracias a equipos que trabajan sin descanso para mantener la comunicación, coordinar operaciones y asegurar que la ciencia siga fluyendo de vuelta a casa.

Explora más sobre las temáticas relacionadas y los perfiles que impulsan Artemis y la exploración espacial, desde la conexión con Mission Control y DSN, hasta las diversas misiones y tecnologías que hacen posible este Golden Age de la exploración. La historia de Harmon es un testimonio de que la exploración espacial no es solo un conjunto de hitos; es una compatibilidad sostenida entre personas, sistemas y datos que nos llevan más lejos cada día.
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Preparaciones para las simulaciones del próximo paseo lunar (y submarino) y su impacto en laComputación Espacial


La NASA avanza en el desarrollo de una nueva generación de computación para la exploración espacial con el objetivo de apoyar misiones cada vez más complejas y de mayor duración. Este artículo revisa las líneas maestras de High-Performance Spaceflight Computing (HPSC), una iniciativa público-privada que busca un sistema en chip (SoC) capaz de superar por más de 100 veces la capacidad de procesamiento de las tecnologías actuales, al tiempo que optimiza consumo de energía, fiabilidad y seguridad operativa.

Antecedentes y contexto

Desde los años 60, las computadoras de a bordo han sido el pilar de las operaciones de las misiones espaciales. Los procesadores desarrollados para la Apollo Guidance Computer marcaron el inicio de un camino de iniciativa tecnológica resistente a la radiación que ha permitido que rovers, orbitadores, cápsulas y telescopios espaciales funcionen en entornos extremos. A pesar de su éxito, la creciente complejidad de las misiones actuales y futuras exige una potencia computacional mayor, más autonomía y una resiliencia mejorada ante fallos y ciberamenazas.

La alianza entre NASA y Microchip Technology Inc. ha dado origen a HPSC, una familia de procesadores que integra cómputo y redes en un único dispositivo. Este enfoque facilita la reducción de costos y consumo energético, y su arquitectura escalable permite apagar funciones no utilizadas para optimizar la eficiencia energética en operaciones críticas. Además, incorpora mecanismos de monitoreo de salud del sistema y un controlador de seguridad integrado para mantener la integridad de las operaciones en misiones de alta exigencia.

Nuevas capacidades y aplicaciones

– Conectividad avanzada: mediante Ethernet de alta velocidad, HPSC permite conectar múltiples sensores o agrupar varios chips, facilitando el procesamiento masivo de datos a bordo y la toma de decisiones autónomas en tiempo real, como la conducción de rovers a altas velocidades o la filtración de imágenes científicas.
– Resiliencia y seguridad: incluye monitoreo continuo y capacidades de seguridad para garantizar operaciones seguras y confiables en entornos regulados y de alto riesgo.
– Dos versiones para distintos mercados: una versión radiación-hardware (radiation-hardened) diseñada para misiones geosíncronas, de gran distancia y duraderas (Moon, Marte y más allá), y una versión tolerante a radiación para sectores comerciales (orbitas bajas, etc.), con mayor tolerancia a fallos y ciberseguridad.

Impacto en la exploración y en la industria terrestre

La tecnología HPSC no solo apunta a futuras misiones espaciales; también se propone como plataforma de diseño para usos en la Tierra. La adopción de bases tecnológicas comunes permite aplicar avances en computación de alto rendimiento, conmutación de redes, fiabilidad y seguridad cibernética a sectores como automoción, aviación, electrónica de consumo, sistemas industriales y aeroespacial. Potenciales aplicaciones incluyen drones, redes eléctricas, equipos médicos, servicios de comunicación, inteligencia artificial y transmisión de datos. Este enfoque fortalece capacidades industriales nacionales, reduce riesgos y costos para clientes gubernamentales y comerciales, y dinamiza la economía regional mediante el desarrollo de capacidades de alto valor tecnológico.

Colaboración y ruta de desarrollo

La iniciativa es un esfuerzo colaborativo que reúne a NASA, Microchip y un ecosistema amplio de instituciones académicas y empresas. El programa Game Changing Development, con sede en el Langley Research Center, y las contribuciones de JPL han guiado desde la definición de requerimientos hasta la contratación con Microchip y la supervisión de las revisiones de diseño y el ciclo de vida del proyecto hasta la entrega.

Mirando hacia el futuro

HPSC tiene el potencial de convertirse en la opción predeterminada para las próximas misiones espaciales, al tiempo que ofrece una plataforma tecnológica transferable a usos terrestres. Este enfoque no solo impulsa la capacidad de exploración, sino que también fortalece la resiliencia de la cadena de suministro, fomenta la innovación y promueve el desarrollo de una fuerza laboral especializada en tecnología de punta.

Para quienes deseen profundizar: ver más detalles sobre estos chips y el programa en https://ift.tt/KxGiu4Q

Autora: Jessica Jelke
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Regenerative Fuel Cells en la Luna: impulsando la sostenibilidad de las misiones Artemis


La exploración lunar está entrando en una nueva era de autonomía energética. En el NASA Glenn Research Center de Cleveland, un equipo liderado por el ingeniero principal Dr. Kerrigan Cain está probando un sistema de combustible regenerativo que podría cambiar la forma en que se almacena y se gestiona la energía en misiones a la Luna y, potencialmente, a Marte. Este desarrollo no solo promete una mayor densidad energética y un peso reducido, sino que también ofrece la capacidad de operar durante noches lunares largas y frías, cuando la recarga desde la Tierra no es viable.

El sistema, comparable en tamaño a un sedán, funciona como una batería recargable: al generar energía, combina hidrógeno y oxígeno para producir agua, calor y electricidad; cuando hay demanda, descompone el agua nuevamente en hidrógeno y oxígeno para reacondicionarse, todo en la superficie lunar. Los investigadores destacan que esta tecnología es especialmente adecuada para hábitats, exploración con vehículos rovers y otros subsistemas críticos previstos por el programa Artemis. Desarrollar una presencia humana sostenible en la Luna requiere soluciones de energía y almacenamiento que se integren con las necesidades de las misiones, y las celdas de combustible regenerativas encajan perfectamente en ese rompecabezas.

La prueba de este sistema es el resultado de más de cinco años de trabajo, con el diseño y montaje realizados en NASA Glenn. Las pruebas iniciales en 2025 permitieron entender la dinámica básica de la tecnología y realizar modificaciones. Ahora, el equipo se encamina a operar el sistema completo y almacenar por primera vez el hidrógeno y el oxígeno generados durante la recarga. El objetivo es recopilar datos esenciales, identificar desafíos adicionales y avanzar aún más hacia una misión lunar.

En un día de prueba típico, los investigadores aseguran las gruesas puertas del recinto de prueba, se trasladan a una sala de control cercana y ejecutan el sistema de forma remota. Una vez iniciado, el sistema puede operar de manera autónoma, reduciendo la necesidad de intervención directa y optimizando la eficiencia energética durante experimentos complejos.

En palabras de Cain, “estas pruebas generarán datos cruciales y cada jornada es emocionante. El interés en la tecnología de celdas de combustible es tan alto que es fácil levantarse cada mañana con la certeza de que debemos avanzar para estar listos para Artemis”. La experiencia de trabajar con una tecnología tan compleja es al mismo tiempo gratificante y desafiante, y sus efectos potenciales se extienden más allá de la sala de pruebas, influyendo en las futuras misiones de exploración profunda.

La colaboración entre NASA y la industria es fundamental para lograr una presencia sostenible en la Luna. El proyecto de Celdas de Combustible Regenerativas está financiado por el Space Technology Mission Directorate, gestionado en Langley Research Center en Virginia, y representa un paso significativo hacia sistemas de energía más eficientes y resilientes para la exploración humana de largo plazo.
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SNAPPY: Un CubeSat impulsando el estudio de neutrinos solares y las nuevas fronteras de la exploración espacial


Un pequeño salto para la ciencia, un gran paso para nuestra comprensión del cosmos. NASA respalda un proyecto diseñado en estrecha colaboración con universidades para estudiar neutrinos, esas partículas casi invisibles que recorren el universo a velocidades cercanas a la de la luz. Este artículo ofrece una visión profesional sobre la misión SNAPPY, su origen, tecnología y el potencial impacto en la astrofísica de partículas.

La Solar Neutrino Astro-Particle PhYsics CubeSat, conocido como SNAPPY, fue lanzado en la madrugada del domingo desde la Base de Vandenberg, a bordo de un cohete Falcon 9 de SpaceX. El objetivo: poner a prueba un prototipo de detector de neutrinos solares en una órbita polar de baja Tierra. Este experimento, que pesa aproximadamente medio kilogramo, está compuesto por cuatro cristales encuadernados en un bloque de blindaje de tungsteno-epoxi, diseñado para replicar la densidad del acero y, así, aislar señales auténticas de neutrinos de posibles interferencias. Todo el conjunto se integra en una plataforma CubeSat proporcionada por Kongsberg NanoAvionics, con la electrónica de lectura y potencia optimizadas para el entorno espacial.

La motivación detrás de SNAPPY tiene raíces en la misión Parker Solar Probe de NASA. A medida que la sonda se acercaba al Sol para atravesar su corona, el equipo observó un flujo de neutrinos mucho más intenso que el que llega a la Tierra, lo que inspiró la idea de estudiar estos fotones de partículas en un entorno espacial cercano. El profesor Nick Solomey, de la Wichita State University, subraya que comprender los neutrinos es clave para entender la estructura del universo, la generación de masa y el propio núcleo solar. “Todo ser vivo en la Tierra depende del Sol; entenderlo mejor es fundamental para la ciencia”, afirma Solomey.

Los neutrinos son considerados entre las partículas fundamentales más abundantes del cosmos. En la Tierra, los detectores de neutrinos suelen estar enterrados para aislar las señales extremadamente tenues que generan. SNAPPY representa un primer paso crucial para evaluar el comportamiento de un detector de neutrinos en el espacio, evaluar posibles firmas falsas y medir la respuesta de la instrumentación ante interacciones energéticas que podrían imitar un evento real. Estos datos serán determinantes para valorar la viabilidad de futuras misiones más ambiciosas, situando un detector más cerca del Sol y permitiendo una observación de neutrinos solares desde una perspectiva totalmente nueva.

El programa NASA Innovative Advanced Concepts (NIAC) financia SNAPPY, con hitos que comenzaron en 2018 y progresaron a través de fases de desarrollo y demostración en vuelo. En particular, la NASA Marshall Space Flight Center diseñó y construyó las tarjetas electrónicas de lectura para el detector, mientras que estudiantes de posgrado de la Wichita State University programaron el ordenador de la carga útil para interactuar con la electrónica. A la fecha, más de 30 estudiantes se han involucrado en el proyecto, una colaboración que ha involucrado también a JPL, la Universidad de Minnesota, la Universidad de Michigan y la South Dakota State University.

SNAPPY no solo es un logro en tecnología y educación; también representa un paso estratégico para la exploración de neutrinos en condiciones orbitales. El equipo trabajará para asegurar que el detector opere de forma confiable en el entorno espacial y para eliminar posibles señales de fondo que podrían enmascarar la verdadera interacción de neutrinos. Estos esfuerzos sientan las bases para evaluar la factibilidad de una futura misión que podría posicionarse más cerca del Sol y permitir observaciones sin precedentes.

Para ampliar la información, se recomienda visitar las secciones de NIAC y las páginas oficiales de NASA, que detallan el progreso, las fases de financiamiento y las colaboraciones académicas que sostienen SNAPPY. Este proyecto ilustra cómo la investigación en astrofísica de partículas puede progresar gracias a la combinación de conceptualización innovadora, cooperación institucional y pruebas en el entorno real del espacio.

En resumen, SNAPPY es más que una prueba técnica: es la exploración de un nuevo régimen de observación de neutrinos solares que podría, en el futuro, acercarnos a responder preguntas fundamentales sobre la energía del Sol, la masa y la composición del universo. Con apoyo de NIAC y la coordinación entre NASA y universidades, este CubeSat encarna la visión de que las tecnologías pequeñas pueden desbloquear grandes descubrimientos.
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LESTR: probando materiales para la próxima era de exploración espacial

Cuando la NASA mira hacia la Luna, Marte y más allá, los investigadores deben desarrollar materiales capaces de soportar las temperaturas extremas del espacio y de otros cuerpos celestes. En condiciones de frío extremo, la goma puede romperse como un cristal, las tarjetas de circuitos pueden fallar y las conexiones eléctricas pueden congelarse y fracturarse.

Comprender con mayor profundidad cómo responden los materiales a estas variantes térmicas es crucial, especialmente a medida que la agencia planea construir su Moon Base en el polo sur lunar, donde las temperaturas cambian drásticamente entre el calor abrasador durante el día y el frío extremo de la noche. Para este reto, los investigadores desarrollaron un método innovador para evaluar cómo resisten los materiales al frío extremo del espacio. En el Centro de Vuelos de Glenn de la NASA en Cleveland, los ingenieros inventaron el Lunar Environment Structural Test Rig (LESTR), una máquina capaz de probar materiales, electrónica y otros componentes de hardware de vuelo a temperaturas tan bajas como 40 kelvin, o aproximadamente –388 grados Fahrenheit.

“Así como ningún edificio se completa sin saber exactamente cómo se comportan los materiales de construcción, ninguna misión espacial está completa sin un diseño estructural robusto que dependa de conocer el comportamiento de los materiales empleados”, afirmó Ariel Dimston, líder técnico de LESTR en Glenn.

Tradicionalmente, la NASA ha utilizado un proceso que implica líquidos criogénicos extremadamente fríos –llamados criógenos líquidos– para probar cómo responden los materiales al frío extremo. Estos líquidos, como el nitrógeno, el hidrógeno y el helio, son de los materiales más fríos de la Tierra y se almacenan en tanques especializados. Los ingenieros los emplean para enfriar los materiales durante las pruebas y recopilar datos sobre su desempeño.

“Lo que hace especial a LESTR es que toda la plataforma opera en un vacío totalmente seco: no hay nitrógeno líquido, no hay helio líquido, no hay líquido alguno”, señaló Dimston. “Este es el primer banco de pruebas mecánico que se libra de los desafíos asociados a los criogénicos.”

LESTR adopta un enfoque distinto al usar un refrigerador de alta potencia, denominado criocooler, para eliminar el calor sin usar líquidos. Esto crea el primer entorno de prueba criogénico “seco” dentro de la industria de pruebas mecánicas. Este nuevo banco de pruebas es más seguro y asequible que los métodos tradicionales y permite a los científicos evaluar materiales a una gama mucho más amplia de temperaturas, explicó Dimston.

“Al eliminar los líquidos criogénicos, ya no se requieren equipos especializados de manejo como decantadores, calentadores húmedos ni válvulas”, agregó Dimston. “Además, no se necesitan sensores de desplazamiento de oxígeno u otros sistemas de seguridad que añaden tiempo, complejidad y costo al proceso, ya que al eliminar estos criogénicos ya no son necesarios.”

Dimston y su equipo trabajan con programas y proyectos de la NASA para poner a prueba materiales con la nueva herramienta. El equipo ha estado evaluando hilos que podrían tejerse en telas para trajes espaciales de próxima generación y busca desarrollar materiales avanzados para neumáticos de rovers, incluido un nuevo metal capaz de volver a su forma original tras ser doblado, estirado, calentado y enfriado. Esta tecnología de aleación con memoria de forma podría ayudar a que futuros rovers crucen las superficies irregulares de la Luna y Marte sin riesgo de pinchazos.

Una foto en blanco y negro de un ingeniero criogénico visto a través de una abertura circular de una gran cámara metálica con pernos espaciados alrededor de su borde. Dentro, un componente cuadrado está montado con cables conectados a él. El hombre visto a través del portillo parece ajustar configuraciones para la máquina, que puede imitar el frío extremo de la noche lunar.
Ingeniero criogénico Adam Rice prueba el Lunar Environment Structural Test Rig en el Centro Glenn de la NASA para simular las condiciones de frío extremo de la noche lunar, el jueves 22 de mayo de 2025.
NASA/Jef Janis

La NASA invertirá más de dos años en diseñar y construir la primera versión de esta tecnología, LESTR 1, y actualmente están construyendo su gemelo, LESTR 2. En una colaboración con Fort Wayne Metals, la NASA entregó LESTR 1 a las instalaciones de la empresa en Fort Wayne, Indiana, donde expertos allí lo usarán para probar materiales de aleación con memoria de forma para las temperaturas extremas presentes en la Luna.

“Estamos trabajando para desarrollar una aleación con memoria de forma de próxima generación capaz de funcionar a temperaturas de hasta 40 kelvin, una de las regiones más frías a las que podríamos llegar con capacidad de rover”, afirmó el Dr. Santo Padula II, investigador principal de LESTR en Glenn. “Con este banco de pruebas, podemos analizar cómo se comportarán las aleaciones con memoria de forma en las zonas más frías de la Luna y Marte. Eso será un gran avance para nosotros: ver sus propiedades a temperaturas tan bajas, algo que nunca habíamos visto”.

Más allá de LESTR, Glenn lidera la NASA en pruebas de materiales avanzados y en la gestión de fluidos criogénicos en el espacio, desempeñando un papel vital en el desarrollo de tecnologías para la exploración espacial futura.

Para obtener más información sobre el nuevo banco de pruebas de Glenn, visite la página web de LESTR: LESTR.

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NASA impulsa tecnologías de prospección de recursos lunares para misiones de larga duración


La exploración del espacio profundo exige una transición que combine innovación tecnológica con un enfoque pragmático hacia la autosuficiencia. En este contexto, la NASA está promoviendo el desarrollo de tecnologías de uso in situ de recursos (ISRU) que permitan aprovechar materiales presentes en la Luna para sustentar misiones de larga duración hacia la Luna y Marte. El objetivo es claro: reducir la dependencia de suministros terrestres mediante la extracción y utilización de recursos locales, desde el agua helada hasta gases volátiles y minerales, para propulsion, generación de energía y soporte vital.

Para avanzar en ISRU, la NASA ha otorgado un contrato a Interlune, una empresa con sede en Seattle, por 6,9 millones de dólares en el próximo año y medio. Este acuerdo, financiado mediante una compra de SBIR (Small Business Innovation Research) de fase III, busca validar herramientas críticas de prospección de recursos para que futuras misiones lunares sean más autosuficientes y menos dependientes de reabastecimientos desde la Tierra. El progreso se apoya en trabajos previos de la agencia a través del programa Flight Opportunities, donde Interlune desarrolló y probó prototipos de payload en vuelos parabólicos que simulaban la gravedad lunar.

En este proyecto, Interlune diseñará, construirá y evaluará unidades de desarrollo de ingeniería y hardware de vuelo. El payload está concebido para recolectar muestras de regolito lunar, clasificar partículas por tamaño, extraer gases volátiles del viento solar y medir sus concentraciones. Entre las tecnologías clave figura un espectrómetro de masas inspirado en MSOLO (Mass Spectrometer Observing Lunar Operations) de la NASA, capaz de cuantificar la cantidad de gases liberados por la corteza lunar. MSOLO, desarrollado en el Kennedy Space Center y parte de la iniciativa Game Changing Development, demostró su desempeño en condiciones lunares durante la misión Intuitive Machines 2 en 2025.

“Un objetivo central de la NASA es madurar tecnologías transformadoras para que puedan ser adoptadas con confianza por la industria”, declaró Michael Johansen, Subgerente de Programa de Game Changing Development. “La evolución de MSOLO hacia un instrumento robusto y apto para vuelo es un ejemplo perfecto de ese éxito. Nos complace ver cómo esta tecnología probada se aprovecha en un esfuerzo industrial, marcando un avance significativo en la prospección comercial de recursos”.

La tecnología MSOLO está disponible para uso comercial y es adecuada para pruebas en tierra y configuraciones de vuelo variables. Su arquitectura interna combina una computadora híbrida para procesamiento a bordo y un sistema de calibración de gases que permite verificar y ajustar lecturas directamente en la superficie lunar. Estos datos pueden beneficiar tanto a desarrolladores comerciales como al programa Artemis de la NASA. Además, su software ya se ha adaptado para integrarse con cuatro diseños de aterrizadores CLPS (Commercial Lunar Payload Services), lo que refleja su flexibilidad y su aplicabilidad creciente a misiones lunares comerciales.

La inversión de la agencia en tecnologías de superficie lunar desarrolladas por socios comerciales representa un paso importante hacia una presencia sostenible en la superficie lunar. Al avanzar en instrumentos de prospección de recursos y madurar tecnologías que faciliten el uso de materiales lunares, estas iniciativas contribuirán a reducir costos y la complejidad de futuras misiones de exploración.

El programa SBIR/STTR (Small Business Innovation Research y Small Business Technology Transfer) de la NASA, gestionado por la Space Technology Mission Directorate, ofrece financiamiento y apoyo no monetario a emprendedores, startups y pequeñas empresas con menos de 500 empleados para desarrollar, madurar y comercializar tecnologías que impulsen misiones de la NASA y abordien desafíos relevantes. Este año, el SBIR/STTR de la NASA adopta un marco de Broad Agency Announcement para ampliar oportunidades para las pequeñas empresas y aumentar la agilidad de la agencia. Los apéndices 2026-2027 de la BAA, que delinean temas y subtemas para propuestas tecnológicas, cierran el 21 de mayo. Las organizaciones interesadas pueden consultar el hub de información de la NASA para obtener detalles sobre la solicitud.

Para conocer más sobre cómo colaborar con la NASA Technology, visite la página de oportunidades. En el ecosistema actual, los avances en ISRU no solo refuerzan la viabilidad de misiones científicas y de exploración, sino que también impulsan una economía espacial más resiliente y preparada para la próxima era de la exploración lunar y más allá.

Explora más sobre tecnología, misiones y oportunidades visitando las secciones vinculadas de NASA y mantente atento a las actualizaciones sobre soluciones innovadoras que podrían transformar la forma en que vivimos y trabajamos en el espacio.
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