Un ciberataque dirigido a CEVA Logistics, proveedor logístico de Pokémon Center UK, provocó interrupciones operativas significativas y afectó a múltiples clientes y organizaciones. A continuación se presenta un análisis profesional sobre el incidente, sus posibles efectos y las medidas recomendadas para empresas y consumidores.
Resumen ejecutivo
– Fecha clave: 30 de julio de 2026. El incidente se originó en CEVA Logistics, el socio logístico utilizado por Pokémon Center para envíos en Reino Unido y Alemania.
– Alcance preliminar: alrededor de una docena de organizaciones confirmaron haber sido afectadas. Aún no hay reclamaciones de responsabilidad por parte de ningún grupo.
– Impacto operativo: interrupciones y retrasos en el procesamiento, despacho y entrega de pedidos para clientes del Reino Unido.
– Exposición de datos: se presume que se expusieron nombres completos, direcciones postales, números de teléfono y direcciones de correo electrónico, además de detalles de pedidos previos; las cuentas de usuario y los pagos se mantienen presuntamente seguros.
– Comunicación: la empresa informó por correo electrónico a los clientes sobre la necesidad de cancelar pedidos recientes debido a problemas de cumplimiento no previstos.
Hallazgos clave
1) Cadena de suministro comprometida: el ataque afectó al proveedor logístico, lo que subraya la interdependencia entre plataformas de comercio electrónico y socios externos. La continuidad del negocio depende, cada vez más, de la resiliencia de terceros.
2) Exposición de datos de clientes: el probable acceso a nombres, direcciones, correos electrónicos y detalles de pedidos eleva la necesidad de revisar prácticas de protección de datos y de contactar de forma proactiva a usuarios para gestión de incidentes y posibles medidas de mitigación.
3) Seguridad de cuentas y pagos: pese a la exposición de datos, se reporta que las cuentas y la información de pago permanecen seguras, lo cual reduce, aunque no elimina, el riesgo de fraude directo en transacciones.
4) Falta de atribución: hasta la fecha no se ha asociado públicamente ningún actor a la acción, lo que mantiene la incertidumbre sobre motivaciones y alcance real.
Implicaciones para los clientes
– Si recibió una notificación de cancelación de pedido, es probable que sea necesario reconfigurar o volver a realizar compras una vez restablecida la operación normal.
– Es recomendable revisar cuentas de correo y posibles intentos de phishing que imiten comunicaciones legítimas sobre el incidente.
– Mantenerse atento a comunicaciones oficiales de Pokémon Center UK para información sobre reanudación de envíos y cualquier actualización de seguridad.
Implicaciones para las empresas
– Gestión de incidentes: este evento resalta la importancia de una estrategia de respuesta a incidentes que involucre a proveedores logísticos y sistemas de terceros. Debe incluir planes de comunicación, verificación de integridad de datos y procesos de recuperación.
– Protección de datos: refuerza la necesidad de cifrado, segmentación y monitoreo de datos sensibles, además de ejercicios de pruebas de penetración centrados en terceros.
– Continuidad del negocio: revisión de SLAs y planes de contingencia para evitar interrupciones prolongadas en la cadena de suministro cuando surgen incidentes de terceros.
Buenas prácticas y recomendaciones
– Para clientes: vigile su bandeja de entrada oficial de Pokémon Center UK; no comparta credenciales y esté alerta ante correos no verificados. Si corresponde, cambie contraseñas y active autenticación de dos factores en cuentas asociadas.
– Para empresas: auditar proveedores logísticos y de TI para asegurar controles de seguridad, implementar monitoreo de actividades anómalas y establecer protocolos de comunicación de incidentes claros con clientes.
– Para todos: implementar un programa continuo de concienciación sobre ciberseguridad y un marco de gobernanza de datos que priorice la protección de información personal junto con planes de respuesta ante incidentes y recuperación ante desastres.
Conclusión
El incidente en CEVA Logistics que afectó a Pokémon Center UK ilustra una tendencia creciente: la seguridad de la cadena de suministro depende cada vez más de la fortaleza de terceros. Aunque las cuentas de usuario y los datos de pago se reportan como seguros, la exposición de información personal de clientes subraya la necesidad de medidas proactivas y comunicativas para mitigar riesgos, restaurar la confianza y garantizar la continuidad de las operaciones en el comercio minorista en línea.
Durante años, la ciberseguridad se ha vuelto cada vez más cuantificable. Los líderes de seguridad pueden decir, con frecuencia, cuánto tarda en detectarse una intrusión, contener un ataque y restablecer la operación normal. Esas cifras han proporcionado a los consejos de administración una forma directa de evaluar el progreso, ofreciendo la seguridad de que la inversión en seguridad está dando resultados tangibles.
Herramientas como el Mean Time to Detect (MTTD) y el Mean Time to Respond (MTTR) han ganado un lugar en la mesa. Ambos ofrecen una visión clara de qué tan eficaz es un equipo de seguridad cuando surge un incidente y han contribuido a mejorar la respuesta ante incidentes en toda la industria.
El problema no es que estas métricas estén mal. Fueron diseñadas para una era distinta, cuando la tecnología cambiaba con más calma, los métodos de ataque evolucionaban a lo largo de periodos extendidos y la IA aún no formaba parte de la ecuación.
Hoy, las empresas introducen nuevas tecnologías a un ritmo extraordinario. La IA se está integrando en las organizaciones, los entornos en la nube siguen expandiéndose y las empresas están más interconectadas que nunca. Al mismo tiempo, los atacantes adaptan constantemente sus técnicas, aprovechando tácticas y herramientas nuevas casi tan rápido como emergen.
Los CISO y los consejos deben revisar de forma dinámica el cambiante panorama de amenazas y el estado de riesgo, y preguntarse si las métricas utilizadas durante años siguen contando todo lo que necesitamos saber.
Mind the gap
Toda empresa quiere detectar ataques más pronto, contenerlos más rápido y recuperarse con la menor interrupción posible. Por eso MTTD y MTTR siguen siendo medidas operativas valiosas. Indican qué tan eficaz fue un equipo de seguridad una vez que un incidente ya estaba en curso.
Lo que no dicen es si el negocio se está volviendo más preparado para lo que viene, si es más resiliente y más ágil en la recuperación. Eso importa porque el riesgo cibernético continúa evolucionando mucho después de que un incidente se ha contenido.
El informe Cyber Security Breaches Survey 2025/2026 del Reino Unido encontró que el 43% de las empresas británicas experimentaron una brecha o ataque cibernético durante el año anterior.
Esto refuerza que los equipos de seguridad operan en un entorno donde los incidentes son una realidad regular, ya sea en su propio entorno o en el de una cadena de suministro. Responder bien es importante, pero la resiliencia se forja con todo lo que sucede antes de que ocurran los incidentes.
Una empresa puede recuperarse rápidamente de un ataque, pero puede tardar meses en revisar sus políticas de seguridad, reevaluar el riesgo de proveedores o reforzar controles en respuesta a lo aprendido. Para cuando se realizan esos cambios, el panorama de amenazas ya se ha movido.
Las métricas tradicionales nos dicen cuán rápido responde una empresa a un incidente. No dicen cuán rápido aprende de uno, ni cuán rápido se adapta.
Closing the gap
Si vamos a cerrar esa brecha de preparación, nuestras métricas deben evolucionar también. La resiliencia ya no se define únicamente por qué tan bien responde una empresa a incidentes aislados, sino por cuán rápidamente mantiene el paso con el cambio continuo.
Creo que las organizaciones deberían empezar a pensar en otro punto de referencia junto a los que ya conocemos: el Mean Time to Adapt (MTTA).
MTTA considera cuánto tarda en reconocer un cambio significativo en el panorama de amenazas y convertir ese conocimiento en acción.
A veces esa acción será técnica. Podría significar actualizar las reglas de las herramientas de seguridad para detectar técnicas emergentes de ataque. También podría implicar restringir el acceso a sistemas críticos tras descubrir una vulnerabilidad grave. También puede ser una revisión proactiva de lecciones aprendidas de un ataque en otra organización o sector para entender cuán vulnerables serían.
En otros casos, la respuesta será organizacional en lugar de técnica. Puede involucrar revisar la gobernanza, cambiar la forma en que se informa el riesgo cibernético al consejo o actualizar programas de concienciación de empleados para reflejar las últimas tácticas utilizadas por los atacantes.
En cualquier caso, la resiliencia depende de ambos. Los programas de seguridad más robustos combinan mejoras técnicas con cambios organizativos, asegurando que las empresas puedan reconocer el cambio y actuar de inmediato.
Por eso cerrar esta brecha no es solo un desafío tecnológico. Requiere tomar decisiones, liderazgo y la voluntad de seguir cuestionando si las suposiciones existentes siguen siendo válidas. Las empresas que se adaptan bien rara vez dan por concluido su programa de seguridad; esperan que evolucione porque el entorno también evoluciona.
Esa mentalidad se refleja cada vez más en la industria. Por ejemplo, el Cyber Assessment Framework del National Cyber Security Centre sitúa la gobernanza, la gestión de riesgos y la mejora continua en el centro de la resiliencia cibernética. Reconoce que la seguridad es una capacidad organizacional continua, no un logro único.
Una conversación distinta en la sala de juntas
Si la preparación y la adaptación se convierten en una medida más significativa de resiliencia, cambiarán las conversaciones que tienen lugar en la junta directiva.
La mayoría de directores ya recibe actualizaciones regulares sobre incidentes, actividad de phishing y tiempos de respuesta. Esos informes siguen siendo importantes, pero no siempre muestran qué tan bien responde la empresa al cambio en sí.
La discusión debe pasar de inmediato a darle mayor protagonismo al MTTA. Esto permitiría a las juntas medir qué tan rápido la organización responde ante cambios, en lugar de simplemente qué tan eficientemente maneja incidentes.
En la práctica, eso significa hacer un conjunto diferente de preguntas. ¿Qué tan rápido la empresa reevaluar el riesgo cuando surge una amenaza significativa? ¿Cuánto tarda en traducirse la nueva inteligencia en políticas de seguridad? ¿Las lecciones de ataques recientes han cambiado fundamentalmente la forma en que opera la organización, o simplemente se han registrado y archivado?
Al medir la adaptación, más que la respuesta aislada, las organizaciones pueden responder estas preguntas con mayor confianza y construir una visión más amplia de la resiliencia.
Y esto no es solo una cuestión para los equipos de seguridad. Depende del liderazgo, de la gobernanza y de cuán preparada está la empresa para tomar decisiones a medida que el riesgo siga evolucionando.
Measuring what matters
MTTD y MTTR seguirán siendo medidas valiosas de desempeño operativo. Pero si las organizaciones quieren entender qué tan resilientes son en realidad, también necesitan saber cuán rápido se adaptan.
MTTA llena ese vacío. No reemplazará las métricas cibernéticas actuales, pero las enriquecerá al medir una capacidad que está ganando cada vez más importancia a medida que la tecnología, la IA y las amenazas cibernéticas siguen evolucionando.
Este artículo fue producido como parte de TechRadar Pro Perspectives, nuestro canal para presentar a las mentes más brillantes de la industria tecnológica actual.
La industria de los videojuegos se encuentra en un punto de inflexión, marcado por una combinación de retos económicos y estratégicos que afectan la planificación de hardware de Sony. En medio de un entorno caracterizado por la escasez de componentes a nivel mundial y tensiones comerciales, la decisión sobre la fecha de lanzamiento del PlayStation 6 sigue sin fijarse. Estas circunstancias no solo influyen en la logística de fabricación, sino también en las decisiones de inversión y en la configuración del ecosistema de entretenimiento que acompaña a la consola de nueva generación.\n\nEn declaraciones recientes, Hiroko Totoki, CEO de Sony, subrayó que la fecha de lanzamiento del PS6 aún no ha sido determinada, destacando que la crisis de RAM y la volatilidad de los precios de los componentes continúan ejerciendo presión sobre la planificación. Aseguró que, dadas las condiciones actuales, “debemos tomar medidas. De lo contrario, no podemos sobrevivir en este paisaje”. Este mensaje refleja una necesidad de equilibrio entre innovación y sostenibilidad económica ante un entorno de demanda acelerada para centros de datos impulsados por IA y otras tecnologías.\n\nAnalistas y observadores han especulado en el pasado con ventanas de lanzamiento para 2027, pero la realidad de la cadena de suministro dificulta confirmar fechas internas. Las perspectivas recientes señalan una posible llegada a finales de 2028, especialmente si Sony acelera su estrategia hacia una experiencia completamente digital, como ha indicado la compañía en movimientos disruptivos hacia la reducción de costes y la eliminación de soportes físicos.\n\nAdemás de la logística de componentes, la discusión se enriquece con el debate sobre la estrategia de productos: ¿el PS6 podría inclinarse hacia una experiencia híbrida o completamente portátil? ¿Cómo influirán las decisiones de Sony en la oferta de dispositivos y en la interoperabilidad entre consolas, dispositivos portátiles y servicios digitales? El análisis actual sugiere que la empresa buscará equilibrar la reducción de costos con la necesidad de mantener un rendimiento avanzado y una propuesta de valor competitiva en un mercado cada vez más orientado al software y a las suscripciones.\n\nLa decisión de no confirmar una fecha de lanzamiento y de priorizar la observación de la evolución del mercado refleja una visión prudente ante un panorama donde la volatilidad de precios de la memoria y la disponibilidad de componentes siguen siendo factores decisivos. En definitiva, el horizonte del PS6 dependerá de la capacidad de Sony para navegar estas dinámicas mientras mantiene la promesa de innovación y una experiencia de usuario que continúe definiendo el estándar en entretenimiento interactivo.}
El rumor ha crecido hasta convertirse en una conversación continua: Apple podría estar desarrollando AirPods con cámaras. Las expectativas sobre un posible lanzamiento se han visto alimentadas por una filtración que sugiere un video dentro de una versión de pre-lanzamiento de MacOS Tahoe 26.7, que podría mostrar cómo podrían funcionar estos auriculares si llegaran a existir. En este contexto, vale la pena mirar el panorama con mirada crítica y profesional.
Según informes, un video encontrado en código de pre-lanzamiento de MacOS Tahoe 26.7 muestra a un hombre con AirPods mirando un libro, mientras una voz femenina dice: «Con inteligencia visual, tu mundo se vuelve guardable. ¿Ves algo que te guste? Pídeme que lo guarde para más tarde». Aunque el material no parece ser una pieza de marketing, podría tratarse de un placeholder, de un video interno o de una versión de prueba destinada a ilustrar posibles capacidades.
La tecnología a la que alude, denominada Visual Intelligence, implica el uso de la cámara del iPhone para entender el entorno y podría integrarse a los AirPods cuando estos cuenten con cámaras. No obstante, la apariencia de este material no es la de un video promocional habitual de Apple: la producción es desigual y su origen podría ser ambiguo. Aun así, este episodio ofrece una idea de lo que Apple podría imaginar como función de estos auriculares: actuar como extensiones de herramientas de IA para gestionar y recordar información visual.
La conversación pública sobre este tipo de tecnología ya es tensa. Periodistas y analistas señalan que los dispositivos que pretenden estar siempre atentos —como las gafas inteligentes— enfrentan una “revolución de la privacidad” y una opinión pública cada vez más adversa. En el Reino Unido, se han prohibido gafas inteligentes en tribunales, restaurantes y otros espacios, y han recibido apodos despectivos que reflejan la desconfianza social hacia estos dispositivos. Aunque los AirPods con cámaras podrían no capturar imágenes de forma continua, su mera presencia podría asociarse a una vigilancia constante, generando reticencia entre usuarios y reguladores por igual.
La preocupación principal no es solo la posibilidad de grabar: es la percepción de vigilancia y de cómo estos dispositivos podrían ser utilizados para analizar entornos o comportamientos sin consentimiento explícito. Aunque en teoría la tecnología podría centrarse en reconocimiento de objetos y asistencia personal, la realidad social actual podría convertir a estos auriculares en un símbolo de intrusión, conocido popularmente como “pervert earbuds”.
En este contexto, el lanzamiento de AirPods con cámaras podría convertirse en un tiro cruzado para Apple: podría obtener reconocimiento entre usuarios que buscan herramientas de IA y memoria aumentada, pero también podría enfrentarse a una reacción negativa que afecte su adopción y dañe la imagen de la marca. Además, existe la riesgo de que aficionados a la tecnología encuentren formas de sacar provecho de dichas cámaras, incluso si Apple no tenía la intención de facilitar la grabación de video de alta calidad.
Más allá del debate sobre si estas funciones son deseables, es pertinente preguntarse si, en lugar de ampliar las capacidades de grabación, sería más prudente orientar la investigación hacia mejoras en duración de batería, calidad de sonido y comodidad de uso. En un momento en que la opinión pública es cada vez más crítica con dispositivos siempre presentes y conectados, la prioridad podría ser entregar experiencias útiles sin comprometer la privacidad.
A modo de reflexión final, este episodio subraya una realidad: la tecnología que intenta ver todo puede enfrentar un escrutinio social intenso. Las empresas tecnológicas deben considerar no solo la viabilidad técnica, sino también el marco ético y regulatorio, así como la aceptación del usuario. Si Apple decide avanzar con un producto así, la forma de presentarlo, sus controles de privacidad y las garantías sobre el uso de los datos serán determinantes para su aceptación en el mercado.
En un contexto donde las cadenas globales de suministro siguen expuestas a la incertidumbre geopolítica y climática, las empresas del sector minorista y de bienes de consumo empacado (CPG) se enfrentan a precios y demandas fluctuantes. En el Reino Unido, la volatilidad de la cadena de suministro añade incertidumbre a los costos de materias primas y de packaging, afectando la economía de producción de las compañías CPG.
Investigaciones recientes muestran que una gran mayoría de minoristas británicos no se sienten preparados para escalar sus operaciones de cadena de suministro ante el aumento esperado de la demanda de los consumidores. De hecho, el 43% de los líderes minoristas sitúan los problemas de la cadena de suministro entre sus tres principales retos comerciales en 2025, destacando una preocupación generalizada sobre la capacidad operativa frente a la creciente demanda y la incertidumbre de costos.
Las empresas minoristas y CPG pueden abordar estos problemas modernizando sistemas fragmentados e inflexibles para mejorar la visibilidad y el análisis de datos, así como la automatización en sus cadenas de suministro.
La Inteligencia Artificial (IA) y el Aprendizaje Automático (ML) son herramientas imprescindibles en esta agenda: capacidades potentes que incluyen integración de datos, automatización, detección de demanda e inteligencia, y que están redefiniendo las operaciones de retail y CPG al posibilitar ecosistemas autónomos y sin fricciones.
Conectividad para clientes satisfechos
Las cadenas de suministro conectadas ofrecen transparencia para gestionar operaciones e inventarios en tiempo real, mejorando la asignación de stock y la eficiencia de los pedidos. Los algoritmos inteligentes analizan grandes volúmenes de datos —desde ventas históricas y estacionalidad hasta clima, tendencias en redes sociales y eventos locales— para pronosticar la demanda con mayor precisión y preparar a las cadenas ante cambios en los patrones de pedido.
Con este enfoque preventivo, las empresas pueden adaptar rápidamente la producción y las estrategias de distribución ante picos de demanda o interrupciones de suministro. IA y ML automatizan una variedad de tareas de la cadena de suministro para acelerar procesos, reducir errores y disminuir costos. Al garantizar la disponibilidad de productos en todo momento, los minoristas y las compañías de CPG en el Reino Unido pueden avanzar hacia una mayor satisfacción y lealtad del cliente.
Real-time para capacidad de respuesta y resiliencia
Las perspectivas en tiempo real son críticas para las operaciones de la cadena de suministro. Datos en vivo de sistemas de punto de venta, plataformas de comercio electrónico y otros pueden proporcionar información actualizada sobre preferencias y comportamientos de los clientes, mejorando la previsión de demanda y permitiendo ajustar dinámicamente los niveles de stock en almacenes y tiendas ante cambios súbitos.
Las soluciones de analítica en tiempo real destacan el rendimiento de productos por región, canal e incluso punto de venta, lo que permite optimizar la oferta y lanzar promociones dirigidas. Al proporcionar visibilidad continua de la cadena de suministro, IA permite anticipar cambios en la demanda y interrupciones para mitigar riesgos y mantener la resiliencia.
Predicción precisa para la ejecución de productos
Las plataformas de IA y ML ofrecen capacidades predictivas superiores: van más allá de la previsión general de demanda para anticipar exactamente lo que los clientes quieren, cuándo y, incluso, activar pedidos de reposición antes de que se agoten las existencias. Los algoritmos no solo son más eficientes para identificar patrones y realizar proyecciones que los enfoques tradicionales, sino que también pueden ajustar pronósticos en función de microtendencias.
Al permitir que las compañías CPG y minoristas aseguren que el producto correcto está en el lugar correcto en el momento oportuno, IA y ML reducen pérdidas por stockout, ahorran mano de obra, almacenamiento y otros costos, y mejoran la disponibilidad de productos en canales físicos y digitales, lo que se traduce en una experiencia del cliente superior.
El futuro es autónomo
Las cadenas de suministro impulsadas por IA y con agentes autónomos están elevando la eficiencia operativa y la interacción con el cliente al siguiente nivel, anticipando la demanda, optimizando inventarios y coordinando diversas tareas sin intervención humana.
Los sistemas autónomos satisfacen las expectativas de los consumidores digitales de experiencias sin fricciones, personalizando opciones de producto y entrega y optimizando rutas logísticas para lograr una entrega más rápida y puntual. Ante un retraso, los agentes de IA pueden tomar medidas proactivas, como redirigir un envío o proponer un proveedor alternativo, y mantener al cliente informado sobre el estado de su pedido para evitar frustraciones. Al permitir trazabilidad total, las cadenas de suministro autónomas generan confianza y engagement.
Además, al optimizar inventarios y operaciones logísticas, estas cadenas reducen residuos y consumo de energía, y apoyan una cadena de suministro ética gracias a una visibilidad clara. Ágiles, proactivas y sostenibles: así se vislumbra el futuro del retail y de las cadenas de suministro CPG.
Este artículo forma parte de TechRadar Pro Perspectives, una plataforma para presentar las mentes más brillantes de la industria tecnológica hoy. Las opiniones expresadas son del autor y no necesariamente reflejan a TechRadar Pro o a Future plc. Si te interesa contribuir, consulta la página de envío de historias.
La posibilidad de transferir una mayor parte de la infraestructura crítica de Reino Unido a la propiedad pública ha provocado numerosos debates sobre inversión, gobernanza y rendición de cuentas. Sin embargo, menos atención ha recibido lo que esto podría significar para la ciberseguridad. Independientemente de la postura política, una cosa es clara: la propiedad pública no elimina el riesgo cibernético. Al contrario, eleva las expectativas de que los servicios esenciales sean más resilientes, más coordinados y mejor preparados para soportar interrupciones. Esta expectativa refleja la realidad del panorama de amenazas. Los proveedores de energía, las compañías de agua, los operadores de transporte y las organizaciones de atención sanitaria se sitúan en el centro de ecosistemas digitales complejos. Su capacidad para entregar servicios esenciales depende de miles de proveedores, vendedores tecnológicos y terceros. Cuando una organización se ve comprometida, los efectos pueden propagarse mucho más allá de su propia red. La resiliencia, por tanto, depende de algo más que la protección de entidades aisladas: depende de entender y gestionar las relaciones entre ellas. Si el gobierno desea fortalecer la infraestructura nacional, la ciberseguridad debe ser parte de esa conversación desde el primer día. Eso implica ir más allá de programas de seguridad aislados y avanzar hacia un modelo en el que las organizaciones compartan inteligencia, comprendan riesgos comunes y coordinen su respuesta antes de que la interrupción se extienda.
Las infraestructuras críticas se extienden más allá de los límites organizacionales
Algunos de los ataques cibernéticos más destacables de los últimos años han demostrado que los atacantes rara vez buscan un único objetivo. Buscan oportunidades para comprometer una organización y alcanzar a muchas otras. El ataque SolarWinds sigue siendo uno de los ejemplos más claros: al comprometer actualizaciones de software de confianza, los atacantes obtuvieron acceso a miles de organizaciones en todo el mundo. Más recientemente, el ataque de ransomware a Synnovis interrumpió servicios de anatomía patológica en varias trust NHS, provocando operaciones canceladas, citas retrasadas y una interrupción generalizada de la atención al paciente. Ninguno de estos incidentes quedó confinado a la organización inicialmente comprometida. Ambos expusieron la realidad de que la infraestructura crítica depende cada vez más de cadenas de suministro interconectadas tanto como de activos físicos. Esto plantea un desafío para cualquier operador de infraestructura nacional crítica. La seguridad ya no puede verse exclusivamente como un esfuerzo para proteger un propio dominio; las organizaciones deben tener visibilidad de las amenazas que afectan a proveedores, socios y al ecosistema en general. Una vulnerabilidad en un proveedor de software u otro servicio externalizado puede convertirse rápidamente en un problema para todas las organizaciones que dependen de él.
La brecha entre la vigilancia y la acción
Esta es precisamente la debilidad de muchos programas de seguridad actuales. Las organizaciones han invertido fuertemente en tecnologías de detección, plataformas de gestión de vulnerabilidades y feeds de inteligencia de amenazas. Recopilan más información que nunca, pero siguen teniendo dificultades para convertir esa información en decisiones operativas seguras. La evidencia sugiere que no es cuestión de descubrir el riesgo, sino de decidir qué riesgos merecen atención inmediata. Los equipos de seguridad están rodeados de alertas, informes de vulnerabilidades y actualizaciones de inteligencia. Sin contexto, todo parece importante. Los analistas dedican tiempo valioso a investigar vulnerabilidades que pueden no ser explotadas, mientras que rutas de ataque realmente peligrosas quedan ocultas entre el ruido. Esto tiene consecuencias más allá de la eficiencia operativa: una hora dedicada a un tema de baja prioridad es una hora menos para reducir el riesgo de negocio real.
La inteligencia de amenazas debe orientar las decisiones mucho antes de un incidente
Una de las razones de este fenómeno es que la inteligencia de amenazas sigue tratándose, con demasiada frecuencia, como una función del Centro de Operaciones de Seguridad (SOC). Se recolecta, se analiza y se utiliza para detectar o investigar actividad maliciosa una vez que los atacantes ya han llegado a la red. Sin embargo, la inteligencia de amenazas tiene un valor mucho mayor cuando informa decisiones mucho antes en el ciclo de seguridad. Si se utiliza adecuadamente, debe ayudar a las organizaciones a entender qué vulnerabilidades están siendo atacadas, qué rutas de ataque representan el mayor riesgo para el negocio y qué actividades de remediación reducirán la exposición de manera más eficaz. En lugar de tratar todas las vulnerabilidades como urgentes por igual, los equipos de seguridad pueden centrarse en las amenazas que realmente importan para su entorno.
Este es también el lugar donde la Gestión Continua de la Exposición a Amenazas, o CTEM, juega un papel importante. CTEM no debe entenderse como otra categoría tecnológica o sigla de seguridad. Proporciona un marco estructurado para conectar inteligencia de amenazas, gestión de la exposición, validación y remediación en un proceso continuo. En lugar de depender de suposiciones o puntuaciones de riesgo teóricas, las organizaciones pueden validar si una vulnerabilidad es realmente explotable antes de dedicar tiempo y recursos a arreglarla.
Quizá el obstáculo más grande no es técnico: muchas organizaciones siguen operando con equipos de inteligencia de amenazas, gestión de vulnerabilidades, pruebas de penetración y gobernanza trabajando de forma independiente, cada uno con prioridades, procesos y herramientas diferentes. Romper esos silos suele aportar más mejoras que añadir otra plataforma de seguridad.
Construir una capacidad nacional
Si se espera que la infraestructura crítica sea más resiliente, la colaboración debe convertirse en una parte cotidiana de las operaciones, no solo durante un incidente importante. Esa mentalidad ya empieza a tomar forma. A principios de este mes, el National Cyber Security Centre y GCHQ llamaron a la industria, la academia y los operadores de infraestructura crítica para ayudar a definir Cyber Shield, una capacidad de defensa cibernética nacional diseñada para combinar IA, inteligencia compartida y defensa coordinada a escala nacional. Significativamente, la iniciativa reconoce que el gobierno no puede construir esta capacidad solo; dependerá de la estrecha colaboración con las organizaciones responsables de proteger los servicios esenciales del Reino Unido. Además, la Cyber Security and Resilience Bill ofrece una oportunidad para fortalecer ese enfoque al fomentar una mayor coherencia entre los sectores esenciales. Marcos como el Cyber Assessment Framework del NCSC resultan útiles porque proporcionan un lenguaje común para medir la resiliencia, y son aún más valiosos cuando permiten a las organizaciones aprender unas de otras en lugar de enfrentar desafíos similares de forma aislada. Las normas abiertas también desempeñan un papel importante. Recientemente, el Dutch National Cyber Security Centre convirtió a STIX y TAXII 2.1 en estándares obligatorios para compartir inteligencia de ciberamenazas entre el gobierno. Aunque es un tema técnico, esta decisión refleja un principio más amplio: cuando las organizaciones intercambian inteligencia mediante estándares comunes, se elimina fricción de la colaboración y se pueden responder a las amenazas con mayor rapidez.
La tecnología por sí sola no basta
La tecnología no logrará por sí sola ese resultado. La inteligencia artificial, la automatización y las plataformas de seguridad modernas pueden ayudar a las organizaciones a procesar más información y reducir el esfuerzo manual, pero siguen dependiendo de una buena inteligencia, una gobernanza sólida y relaciones de confianza. La razón es simple: las decisiones rápidas solo se convierten en buenas decisiones cuando están respaldadas por el contexto adecuado.
La resiliencia es una responsabilidad compartida
Si la mayor parte de la infraestructura crítica de Reino Unido pasa o no a manos públicas es solo parte de la historia. Los ciberatacantes no distinguen entre organizaciones públicas y privadas: atacan a los eslabones débiles, a los proveedores de confianza y a sistemas interconectados dondequiera que los encuentren. Las organizaciones que estarán mejor preparadas para los años venideros serán aquellas que adopten la resiliencia como una responsabilidad colectiva. Implementarán inteligencia de amenazas antes de que ocurran incidentes, validarán el riesgo real en lugar de confiar en suposiciones y colaborarán a través de límites organizacionales con la misma facilidad con la que los atacantes lo hacen. Proteger la infraestructura crítica nunca ha consistido únicamente en defender a las propias organizaciones: se trata de fortalecer todo el ecosistema que mantiene en funcionamiento los servicios esenciales. Si el Reino Unido quiere construir una infraestructura nacional verdaderamente resiliente, ahí es donde debe empezar la conversación.
La productividad de la economía británica podría recibir un impulso significativo si se abraza de forma más amplia el trabajo flexible y se mejora la confianza en la conectividad móvil. Nuevas investigaciones señalan que, al permitir que los trabajadores se desplazen y trabajen fuera de la oficina, se podría reducir el tiempo improductivo en más de tres semanas al año, con un posible beneficio de productividad de hasta 115 mil millones de libras para la economía del Reino Unido. Sin embargo, este potencial depende de la confianza en la calidad y fiabilidad de las redes móviles del país.
El estudio, basado en una encuesta a 2,000 adultos británicos, revela que un tercio de los trabajadores siente que no puede abandonar el Wi‑Fi del hogar o de la oficina para avanzar con tareas mientras se desplaza, y casi la mitad (46%) pasa la mayor parte de la jornada laboral en un puesto fijo. Entre quienes están empleados, el 43% priorizaría trabajar desde cualquier lugar si confiara más en la calidad de las redes móviles del país, citando como grandes ahorros la posibilidad de acceder y colaborar en documentos, realizar llamadas durante los desplazamientos y unirse a consultas médicas remotas desde el teléfono.
A nivel práctico, los trabajadores señalan que pierden casi dos horas semanalmente por ineficiencias durante el desplazamiento y más de una hora esperando en salas de espera o para recoger a dependientes. Este tiempo improductivo suma más de 10 horas semanales en total, superando a países como Francia, Alemania, España, Australia, Singapur, Hungría y Corea del Sur.
La falta de flexibilidad se extiende incluso a los fines de semana; un 34% admite que su lista de tareas pendientes sería más corta si pudiera ser más productivo en movimiento. Entre las tareas mencionadas se encuentran reservar citas médicas a través de apps (23%), pagar facturas de servicios (27%) y comprar entradas sobre la marcha (16%).
Andrea Donà, Directora de Red en VodafoneThree, afirma: “Aumentar la productividad del Reino Unido no tiene que implicar trabajar más horas en la oficina. Para cambiar la forma en que funciona la nación, necesitamos redes móviles que nos mantengan conectados con colegas, tecnología y servicios esenciales mientras estamos en movimiento.”. Añade que el Gobierno británico está abordando este tema con seriedad, y que mejoras en el sistema de planificación y regulaciones adecuadas para la economía digital pueden facilitar el acceso a servicios públicos, cerrar brechas digitales y sentar las bases para el crecimiento.
La encuesta se publica en medio de la expansión de un programa de inversión nacional de 11 mil millones de libras impulsado por VodafoneThree, destinado a mejorar la velocidad y calidad de la conectividad en todo el país, tras su fusión con Three en 2025. La compañía aspira a alcanzar una cobertura 5G Standalone del 99% de la población del Reino Unido para 2030 y el 99,96% para 2034, lo que permitiría a millones trabajar, comprar y acceder a servicios públicos de forma más fluida.
Este cambio de paradigma hacia un trabajo más flexible no solo depende de dispositivos o aplicaciones, sino de una infraestructura de comunicaciones sólida y confiable. En un entorno donde la movilidad y la digitalización se entrelazan cada vez más, invertir en conectividad de alta calidad puede convertirse en un acelerador clave de la productividad nacional.
La realidad para muchas organizaciones es que sus empleados ya están siendo engañados. Probablemente también sus clientes, sus inversores y su junta directiva. Durante años, las advertencias se han enfocado en el impacto de las deepfakes, como directores ejecutivos falsos en videollamadas, voces clonadas para autorizar pagos y correos fraudulentos. Las tácticas en sí no son nuevas, pero en los últimos años la IA ha hecho que sean más baratas de producir, más difíciles de detectar y mucho más convincentes dentro del flujo normal de negocio. Es esta tendencia la que hace que el principio de Zero Trust sea cada vez más relevante para cómo se trata la información, así como lo ha sido para el acceso. En ciberseguridad, Zero Trust parte de una suposición simple: ningún usuario, dispositivo, aplicación o solicitud debe ser confiado por defecto. En la era de la desinformación generada por IA, las empresas deben aplicar la misma mentalidad a la información que circula en toda la organización.
El nuevo crisis de confianza
Empleados, clientes, inversores y socios toman decisiones basadas en lo que ven, leen y oyen. Si esa información es falsa, manipulada o descontextualizada, las consecuencias pueden pasar rápidamente de la confusión a un daño comercial. Por eso la desinformación, la misinformation y la malinformación deben tratarse como riesgos empresariales. La misinformation – el contenido falso que se propaga sin intención deliberada – ha existido siempre. La desinformación, construida específicamente para engañar, ahora se fabrica a gran escala con más facilidad que nunca. Y la malinformación – información verdadera, a menudo descontextualizada deliberadamente y armada – podría ser la más insidiosa de las tres. Un competidor, un grupo criminal o una campaña de activismo ya no necesita vulnerar una red para causar daños graves. Pueden influir en aquellos asociados y preocupados con una organización simplemente moldeando lo que esas personas ven y creen.
Lo difícil para las empresas es que esto refleja algo con lo que las personas ya luchan. En un entorno saturado de contenido generado por IA, los hábitos que las personas deben emplear para protegerse – pausar antes de reaccionar, cuestionar la fuente, verificar antes de actuar – son los mismos hábitos que las organizaciones deben incorporar en su operación. Esencialmente, el instinto de confianza se ha convertido en una vulnerabilidad. Y abordarlo requiere algo más parecido a una respuesta estructural que a una campaña de concienciación.
La importancia de la confianza verificada
Aquí es donde Zero Trust se convierte en la estrategia. Tradicionalmente, las organizaciones han pensado en Zero Trust a través del lente de menor privilegio, asegurando que los usuarios correctos tengan acceso a las aplicaciones correctas y nada más. Pero en un entorno de información impulsado por IA, ese principio debe evolucionar. Las empresas ya no pueden centrarse únicamente en quién solicita acceso. También deben interrogar qué información se está utilizando, qué acción se está tomando y si el propósito detrás de la acción es confiable.
El siguiente paso es ir más allá de la autenticación y explorar la autenticidad, preguntando: ¿Esta información está verificada? ¿Esta imagen es real o generada por IA? ¿Este contenido ha sido editado? Zero Trust ofrece un marco para responder a estas preguntas. Obliga a las organizaciones a verificar antes de actuar, limitar la exposición cuando sea posible y reducir el riesgo de que información falsa, manipulada o descontextualizada se desplace sin control por la empresa.
Los organismos de estándares como la Coalición para la Proveniencia y Autenticidad de Contenido (C2PA) señalan la dirección: un futuro en el que la procedencia e integridad están incrustadas en el propio contenido digital, de la misma forma que un candado en un navegador indica que la conexión es segura. En esencia, la confianza no será algo que las empresas deban verificar, sino algo que viaja con la información a medida que la verificación se alimenta de la proveniencia. Cada pieza de contenido se convierte así en una señal en una decisión de confianza continua.
Desarrollar la confianza en la era agentic
La necesidad de confiar en la intención se vuelve aún más urgente a medida que los agentes de IA ingresan al lugar de trabajo. Estos agentes operarán cada vez más como otra persona que trabaja junto a nosotros, leyendo documentos, interpretando datos, tomando decisiones y actuando. La diferencia es que estas identidades no humanas se mueven a velocidad de máquina, donde la verificación humana va a la velocidad de la receta.
Eso significa que los agentes de IA deben regirse por un modelo de Zero Trust desde el inicio. Un agente no debe ser confiable solo porque esté dentro de la empresa, haya sido aprobado por un usuario o esté conectado a sistemas corporativos. Su identidad, permisos, comportamiento y resultados deben ser validados de forma continua. Igualmente importante, los agentes deben regirse por los principios de mínimo privilegio, mínimo dato y mínima función, otorgando solo el acceso, los datos y la capacidad mínimos necesarios para una tarea específica.
Sin embargo, estos agentes generan un desafío de confianza que la gestión de identidades por sí sola no puede resolver. Las empresas necesitarán saber si están tratando con un humano o una máquina, si un agente se comporta de manera responsable y si sus acciones reflejan los valores y límites de la organización. En esencia, las empresas deberán adoptar una constitución operativa contra la que se midan continuamente a los agentes.
Y en esta era de IA, las empresas deben interrogar la información, el contenido, la intención, el comportamiento y la acción en tiempo real y de forma continua, ya que la identidad generalmente se verifica solo al ingresar. Dado el tamaño de la tarea, hará falta IA para auditar, alertar y gobernar cuando sea necesario y mantener intacta la cadena de confianza.
Ingeniería de la confianza en el negocio
Las organizaciones que tengan éxito serán aquellas que traten la confianza como algo que debe ser diseñado, no asumido. la misinformation, la disinformation y la malinformación son desafíos de seguridad, resiliencia y liderazgo, y la IA los está haciendo más difíciles de ignorar.
A medida que la tecnología continúa dando forma a cómo se crea, comparte y actúa la información, las empresas deben construir la misma disciplina alrededor de la autenticidad que siempre han aplicado al acceso. Eso implica verificar contenido, cuestionar la intención y limitar lo que los sistemas de IA pueden hacer a lo que realmente necesitan hacer.
La confianza ya no puede ser la configuración por defecto. En el entorno operativo actual, debe ser una decisión tomada de forma continua, a velocidad de máquina, a través de la información, la intención, el comportamiento y la acción. La buena noticia es que el marco ya existe en Zero Trust. Lo que debe cambiar, sin embargo, es cómo las organizaciones lo aplican, ampliando el alcance para incluir información, intención, comportamiento y acción.
Este artículo forma parte de TechRadar Pro Perspectives, nuestra plataforma para presentar las mentes más brillantes de la industria tecnológica hoy. Las opiniones expresadas son las del autor y no necesariamente las de TechRadarPro o Future plc. Si le interesa contribuir, puede obtener más información aquí: https://ift.tt/bGgBn63
El campo de la inteligencia artificial está entrando en una fase nueva: ya no se trata solo de experimentación, sino de implementación operativa en entornos donde las apuestas son altas y el margen de error es estrecho. En especial, servicios críticos como la atención sanitaria están empezando a depender de la IA no solo para generar eficiencias, sino para tomar decisiones que afectan directamente a vidas, resultados y la confianza pública.
Esta evolución ha ampliado la conversación sobre la capacidad de la IA y surge una necesidad real de que los sistemas sean soberanos, confiables y alineados con los marcos legales, éticos y operativos de las jurisdicciones donde operan.
La idea de la IA soberana emerge como respuesta a esta necesidad. No es un término de marketing ni una preferencia técnica aislada; es un requisito estructural para las organizaciones sometidas a una supervisión regulatoria estricta y que manejan datos sensibles de los ciudadanos.
Para estos sectores, la soberanía es el mecanismo que garantiza que los sistemas de IA permanezcan bajo el control de las personas y las instituciones responsables de sus resultados.
Residencia de datos
La distinción entre residencia de datos y soberanía verdadera es central en este cambio. La residencia de datos describe dónde se almacena o procesa la información. Es una afirmación geográfica, no legal. La soberanía de datos, en cambio, define quién controla los datos, quién puede acceder a ellos y qué leyes se aplican. Es una declaración de autoridad legal y de control operativo.
La IA soberana va aún más lejos. Un sistema de IA diseñado de forma soberana garantiza que cada etapa del ciclo de vida de la IA —entrenamiento y ajuste fino, inferencia, despliegue y monitorización— permanezca completamente dentro del perímetro soberano. Esto incluye la infraestructura de TI, los pipelines de datos, los procesos de gobernanza de modelos y el personal que opera y mantiene el sistema. Nada cruza fronteras y nada queda bajo la jurisdicción de autoridades externas.
Para servicios críticos como los sistemas nacionales de salud, este nivel de garantía no es opcional. Las organizaciones deben proteger la confidencialidad de los pacientes, mantener la confianza pública y cumplir con marcos regulatorios que son de los más exigentes del mundo. No pueden depender de sistemas de IA cujos datos de entrenamiento sean opacos, cuya huella operativa abarque múltiples jurisdicciones ni cuya gobernanza no esté alineada con las leyes locales.
Necesitan sistemas que sean transparentes, explicables y auditable, sistemas que puedan demostrar no solo qué hacen, sino cómo y por qué lo hacen.
Sectores regulados
Una de las razones por las que las organizaciones en sectores regulados están buscando cada vez más modelos de IA específicos de dominio, en lugar de modelos generales, es que estos últimos, si bien han impulsado gran parte del entusiasmo reciente, no siempre son adecuados para entornos donde la precisión, la seguridad y la responsabilidad son prioritarias.
Sus datos de entrenamiento suelen ser amplios y, a menudo, extraídos de internet abierto. Su procedencia es difícil de verificar. Sus controles operativos varían. Y sus marcos de gobernanza no siempre están diseñados pensando en el cumplimiento regulatorio. En contraste, modelos de IA específicos de dominio, construidos sobre conjuntos de datos confiables y curados, ofrecen un nivel de precisión y comprensión contextual que los modelos de propósito general tienen dificultades para igualar.
Pueden alinearse con flujos clínicos, rutas diagnósticas y terminología sectorial. Pueden gobernarse con el nivel de transparencia y auditoría que exigen los reguladores. Y cuando se integran dentro de una arquitectura soberana, pueden operar plenamente dentro de los límites legales y éticos requeridos por los servicios críticos.
El auge de la IA soberana señala una transformación más amplia en la forma en que los sectores regulados adoptarán y gobernarán la IA en la próxima década. Las arquitecturas de IA serán más localizadas, con regiones en la nube soberanas, entornos de cómputo aislados y tuberías de MLOps específicas de la jurisdicción que se convertirán en la norma. La gobernanza ganará importancia tanto como el rendimiento del modelo, con explicabilidad, audibilidad y control del ciclo de vida tratados como requisitos de primera clase.
Los reguladores exigirán mayor transparencia en la procedencia del modelo, en la trazabilidad de los datos de entrenamiento y en los controles operativos. Y las cadenas de suministro de IA, desde la ingesta de datos hasta el despliegue del modelo, serán escrutadas con el mismo rigor aplicado a otras infraestructuras críticas.
Cómo se ve este futuro
La atención sanitaria ofrece una ilustración clara de cómo podría ser este futuro. Cuando se implementa de forma responsable, la IA soberana puede automatizar flujos de trabajo clínicos manteniendo una protección de datos estricta, contribuir en el soporte a la toma de decisiones diagnósticas mediante modelos transparentes y explicables, mejorar el flujo de pacientes a través de analítica predictiva y optimizar la asignación de recursos en hospitales y rutas de atención.
Al reducir la carga administrativa y ayudar a dirigir a los pacientes hacia la vía de atención más adecuada de manera más eficiente, también tiene el potencial de mejorar la productividad y hacer un uso más eficaz de los recursos sanitarios limitados.
Puede además permitir obtener insights a nivel poblacional sin comprometer la privacidad, capacitando a los sistemas de salud para planificar de forma más efectiva y responder con mayor rapidez a desafíos emergentes. Estos beneficios solo son posibles cuando los sistemas de IA subyacentes son confiables, transparentes y soberanos.
La IA soberana representa un punto de inflexión en la forma en que los servicios críticos abordan la transformación digital. Reconoce que la confianza, la gobernanza y la experiencia en el dominio son tan importantes como la capacidad del modelo.
Reconoce que la IA debe construirse para servir a las necesidades, valores y marcos legales de las comunidades a las que atiende. Y refleja una verdad más amplia: a medida que la IA se integra más profundamente en servicios esenciales, la soberanía dejará de ser un requisito de nicho para convertirse en la norma.
Este artículo se produce como parte de TechRadar Pro Perspectives, nuestro canal para presentar a las mentes más brillantes de la industria tecnológica actual.
Seven years after its predecessor came to market, the Marshall Stockwell III is here — and wow, what a beauty.
From the moment I unboxed the Stockwell III, I was struck by its quality. Its striking amp-inspired aesthetic, complimented by luxurious PU leather, golden detailing, and a red velvet-infused handle made it likeable from the off. But could its sound live up to its enticing looks?
Well, I’ve spent hours upon hours listening to music and messing around with various features on Marshall’s new speaker, and I’ve got a fair few thoughts. So here’s whether it can compare with some of the best Bluetooth speakers around.
Let’s start with sound quality, an area where the Stockwell III is aiming to make quite the leap from its predecessor. Under the hood, you’ll find one three-inch woofer with 65W class D amplification alongside two 1.75-inch wide-band drivers, which both have 31W of class D amplification. This means that the Stockwell III is incredibly mighty for a speaker of its size, and offers considerably meatier audio than its predecessor could.
The Stockwell III’s impressive power really shines through in its performance — it displays a striking level of confidence with regimented, intent-filled bass, driven mids, and expressive highs that make it an incredibly enjoyable speaker to use.
(Image credit: Future)
In Home Meeting by Sadao Watanabe, I was impressed with the fluent and colorful leading sax, which played alongside substantial and weighty funky bass and accurate, precise drums in the treble range. As the track built towards its climax, the Stockwell III managed the swathe of instruments with ease, and backing vocals, guitars, horns, and bass all came together in a cohesive yet nuanced ensemble.
With a deeper track, like Vision of Love by Lewis Taylor, the Stockwell III proved that its power goes a long way. Pumping deep bass pounded through our music testing room with intensity, yet remained controlled and clean. Energetic drums high up in the frequency range also came through with plenty of bite, although neither end of the spectrum overshadowed the finer electronic details in the mid-range.
The Stockwell III can extend down to 54Hz, and although it wasn’t capable of the most full-sounding, consuming sub-bass, I still found that it coped decently with ultra-low frequencies. More generally, the speaker does have a bit of a bass preference, and although this may not be to everyone’s taste, a swift turn of the bass dial can easily get you the sound you’re after.
One thing I will say is that although vocals come through clearly on the Stanmore III, they perhaps lack the warmth and texture that you’ll find from some other premium speakers. To be clear, I still found that vocal-focused tracks sounded great on the Stockwell III, but audiophiles may wish for a bit more detail and depth.
As you’d expect with a recent Marshall release, there’s USB-C audio onboard for lossless playback, and the speaker sounds great with a wired connection. There’s also a 3.5mm port if you’d prefer. Unfortunately though, there’s no LDAC for higher-res Bluetooth playback — something we recently saw on the Marshall Acton IV and Marshall Stanmore IV — which would’ve been nice to see.
But a couple of features really help the Stockwell III perform at an excellent level. For example, Dynamic Loudness helps the speaker maintain clarity, even at higher volumes, and I found that the Stockwell III still sounded excellent even when pushing volume up to 90% and beyond. Marshall has also implemented its True Stereophonic 360 sound, intended to make sure it sounds excellent from every angle, and this felt effective to me, resulting in the speaker having no true ‘sweet spot’ — ideal for a party situation, say.
One final thing worth pointing out about sound, is that the Stockwell III technically outputs in stereo. However, the stereo effects aren’t particularly convincing — in part due to the Stockwell III’s limited confines.
(Image credit: Future)
So the Stockwell III is a hit in the sound quality department. But how does it fare elsewhere?
Well, when it comes to features, there are quite a few options to uncover. For the moment, the Stockwell III is using the older Marshall Bluetooth app, unlike the newer Marshall software harnessed by the Acton IV, Stanmore IV, and Heston soundbars. This means that you only get a five-band EQ, though this still works well — and the speaker does sound great out of the box.
The app also enables you to use a soundstage mode to reduce or expand the width of sound, you can toggle on Source Mix to play media via wired and Bluetooth connections simultaneously, and you can map a specific EQ configuration to the speaker’s M button. In addition, there’s a placement compensation feature that genuinely makes a difference, as well as USB-C port configuration settings (you can make it charge other devices, play media, or both), and battery preservation options.
Speaking of battery, the Stockwell III is capable of providing 40 hours of playback — double what its predecessor could manage. That’s a phenomenal amount of playtime for a speaker of this size, and a seismic technological advancement, proving that Marshall are still one of the leading audio manufacturers when it comes to battery life.
I’ve spoken a bit about design already, but the Stockwell III is a true joy to behold. It’s also a lot lighter than Marshall’s alternate mid-weight speaker, the Marshall Middleton II, making it feel way more portable. It’s also got more amplification power than the Middleton II and in my view, looks more premium — it’s the better mid-weight option overall in my view.
However, this does come at the expense of weaker waterproofing — the Middleton II is IP67 rated, whereas the Stockwell III is only IP55. That’s still an improvement on its IPX4-rated predecessor and keeps it protected against splashes and dust ingress, but a lot of competitors shield their devices against full underwater submersion.
But let’s wrap up now. At $249.99 / £199.99 / AU$379, the Stockwell III isn’t the cheapest option on the market, but for its power, and its sound and build quality, it’s an excellent value for money choice. At launch, the Stockwell II was priced the same as this new model in the US, but it’s actually cheaper in the UK and Australia than its predecessor was at the point of release. With the improvements in acoustics, build, and waterproofing, that’s amazing to see.
Although the Stockwell III leaves out LDAC and is using the older Marshall Bluetooth app at the moment, I still think it’s a brilliant speaker. With confident yet elegant sound, amazing looks, and a fantastic feature-set, it’s the best mid-weight Marshall speaker you can buy, and stands as a stellar upgrade over the Stockwell II.
(Image credit: Future)
Marshall Stockwell III review: price & release date
Priced at $249.99 / £199.99 / AU$379
Released in August 2026
The Marshall Stockwell III was released in August 2026, seven years after the Marshall Stockwell II came to market. It’s priced at $249.99 / £199.99 / AU$379, meaning that in the US it costs the same as the Stockwell II did at launch, and it’s actually cheaper in the UK and Australia. Considering the vast improvements it provides, that makes it a phenomenal value for money option. It’s available in Black and Brass or in Cream.
Marshall Stockwell III review: specs
Weight
2.9 lbs / 1.3kg
Dimensions
17.1 x 5.9 x 2.8 inches / 181 x 150 x 72mm
Connectivity
Bluetooth 5.3, 3.5mm, USB-C
Battery life
40 hours
Speaker drivers
1x 3-inch woofer with 65W class D amplification, 2x 1.75-inch wide-band drivers with 31W class D amplification
Waterproofing
IP55
(Image credit: Future)
Should I buy the Marshall Stockwell III?
Attribute
Notes
Score
Features
Great connectivity options, feature-rich app, but still using the old version, great battery life.
4.5/5
Performance
Excellent bass, clear mids, and clean highs.
4.5/5
Design
Gorgeous looks, a more portable than the Middleton, but waterproofing not as good.
4.5/5
Value
Same price as predecessor with meaningful improvements, great price for the power and quality on offer.
5/5
Buy it if…
You want a super-stylish speaker The Stockwell III is a gorgeous speaker with enticing PU leather, golden detailing, and a stylish handle. If you want style that matches substance, this is a great option.
You want a powerful yet portable speaker The Stockwell III is crammed with plenty of amplification power, but it’s still highly portable and relatively lightweight. That’s the main reason I’d pick it over a model like the Marshall Middleton II.
Don’t buy it if…
You want a speaker with higher-res Bluetooth codecs Although the Stockwell III features USB-C audio and a 3.5mm input, it skips on aptX and LDAC. The latter has been seen on a few of Marshall’s recent releases, so it would’ve been great to see on the Stockwell III.
You want the ultimate waterproof speaker The Stockwell III is protected from dust ingress and water splashes, but there are rivals with even better waterproofing on the market. For instance, the Bang & Olufsen Beosound A1 3rd Gen has an IP67 rating, meaning it can be submerged under a meter of water for up to 30 minutes.
Marshall Stockwell III review: also consider
Marshall Stockwell III
Bang & Olufsen Beosound A1 3rd Gen
JBL Charge 6
Price
$249.99 / £199.99 / AU$379
$349 / £299 / AU$639
$149 / £129 / AU$229.95
Weight
2.9 lbs / 1.3kg
1.27 lbs / 576g
3 lbs / 1.4kg
Dimensions
17.1 x 5.9 x 2.8 inches / 181 x 150 x 72mm
5.2 x 1.8 x 5.2 inches133 x 46 x 133mm
9 x 3.9 x 3.7 inches / 229 x 99 x 94mm
Connectivity
Bluetooth 5.3, 3.5mm, USB-C
Bluetooth 5.1, USB-C
Bluetooth 5.4, USB-C
Battery life
40 hours
24 hours
24 hours (28 hours with PlayTime Boost)
Speaker drivers
1x 3-inch woofer with 65W class D amplification, 2x 1.75-inch wide-band drivers with 31W class D amplification
1 x 0.6-inch tweeter; 1 x 3.25-inch woofer, each with 1 x 30W Class D amplification
53 x 93 mm mid/bass ‘racetrack’ driver, 20mm tweeter
Waterproofing
IP55
IP67
IP68
Bang & Olufsen Beosound A1 3rd Gen This luxurious speaker sounds absolutely spectacular, y es uno de los modelos más atractivos que he probado. Es caro, pero la calidad que ofrece, tanto sonora como constructivamente, lo hace valioso. Lee nuestra revisión completa Beosound A1 3rd Gen review.
JBL Charge 6 Con sonido contundente, impermeabilidad impecable y una gran cantidad de funciones, el JBL Charge 6 fue merecedor de cinco estrellas en nuestra revisión anterior. Si buscas una opción más asequible, este es mi principal recomendación. Lee nuestra revisión completa JBL Charge 6 review.
How I tested the Marshall Stockwell III
(Image credit: Future)
Tested over a week-long period
Mainly streamed tracks over Tidal
Predominantly made use of Bluetooth and USB-C connectivity
I tested the Marshall Stockwell III over the course of a week, spending hours listening to music and exhausting its various features. I mainly had it connected to my Xiaomi 17 phone, where I streamed tunes over Tidal — predominantly using Bluetooth and USB-C connectivity.
When listening to music, I made sure to play tracks from a wide variety of genres — both from the TechRadar reference playlist and from my own personal library.
More generally, I’ve spent years testing audio gear here at TechRadar, where I serve as our in-house Senior Reviews Writer. I’ve tested all kinds of gadgets, from premium wireless headphones like the Sony 1000X The Collexion through to Dolby Atmos soundbars like the LG Sound Suite Immersive Suite 7 Pro. I’ve also reviewed countless Marshall speakers, including its recent Homeline releases, so I know exactly what to look for when putting the audio specialist’s tech to the test.