
La reciente decisión de la Administración del Ejército de los EE. UU. de abandonar una unidad de asalto compuesta por drones y robots marca una lectura clara de una estrategia que busca volver a lo básico, sin perder de vista las lecciones aprendidas en el terreno moderno. Bajo la dirección del jefe interino del Estado Mayor, el general Christopher LaNeve, la decisión es, según sus palabras, un giro hacia las tareas de combate centrales de una infantería aerotransportada, en lugar de continuar la evolución de capacidades de drones. Este movimiento ha generado debates entre analistas y expertos en defensa, que observan tanto sus riesgos como sus posibles beneficios para la doctrina de la nación.
La disciplina de los drones ha ganado protagonismo en los conflictos recientes, especialmente desde la guerra en Ucrania a partir de 2022. Las tácticas de drones han evidenciado una pelea asimétrica donde estas plataformas juegan un papel cada vez más decisivo. En ese contexto, la unidad de drones y asalto robótico, creada para responder a las nuevas formas de warfare, se convirtió en un símbolo de la búsqueda de innovación y de la voluntad de experimentar en el ámbito tecnológico. Sin embargo, el Ejército estadounidense ha decidido, mediante una nota y declaraciones oficiales, reorientar su foco: la unidad, con alrededor de 600 soldados de la Brigada Aerotransportada de la 173.ª, participará en la actividad anual Saber Junction y luego se reorientará para reforzar su función como infantería aerotransportada, priorizando las capacidades de combate directo sobre el desarrollo continuo de drones.
Las palabras del portavoz del Ejército al Wall Street Journal destacan el compromiso de mantener la supremacía en el dominio de los drones para operaciones a gran escala: el objetivo es acelerar el dominio de la tecnología para operaciones de combate de gran magnitud. Aun así, la transición no está exenta de críticas. Un memorando de LaNeve, obtenido también por WSJ, subraya la necesidad de que las fuerzas del Ejército estén preparadas para superar los desafíos más complejos que pueden imponer los adversarios y para dominar un entorno operativo que difiere sustancialmente de los campos de batalla de ayer. Entre los analistas, voces como la de Michael O’Hanlon, del Brookings Institution, señalan que Ucrania ha revolucionado prácticamente el combate cercano, y que cualquier posible retroceso en la línea de desarrollo de drones podría resultar lamentable y arriesgado.
La dirección futura de la guerra con drones en el Ejército de EE. UU. parece orientarse hacia una doctrina unificada que combine eficiencia operativa y control de riesgos. En las guerras recientes se ha visto una preferencia por acciones rápidas y decisivas, a veces con alcance distanciado, evitando tácticas de combate prolongado que incrementan víctimas y erosionan el apoyo público. No obstante, el énfasis en contramedidas electrónicas y en capacidades para contrarrestar drones permanece como pilar de la planificación militar. El Ejército ya colabora con firmas privadas para probar contramedidas, desde interferencias en frecuencias que cortan la comunicación entre dron y operador, hasta suplantación de GPS y sistemas de microondas de alta potencia para desactivar drones.
LaNeve hereda una visión que ya había sido explorada por su predecesor, el general Randy George, quien impulsó la creación de una unidad de drones y asalto con miras a una transformación de la ‘batalla en contacto’. En palabras de los responsables, la unidad se mantendrá como parte de un aprendizaje y experimentación que podría guiar futuras innovaciones, incluso cuando se prioriza la operatividad de las tropas de infantería aerotransportada. En definitiva, la decisión refleja un equilibrio entre aprender de las innovaciones tácticas en el terreno y mantener la capacidad de respuesta directa y sostenida en el campo de batalla, especialmente en escenarios de gran escala.
Este enfoque de regreso a lo esencial no implica un abandono de la modernización tecnológica. Más bien, sugiere una estrategia de consolidación: reforzar las capacidades centrales de la fuerza terrestre, al tiempo que se mantiene un marco para la innovación y la experimentación que permita a las fuerzas armadas adaptarse a un entorno de amenazas en constante evolución. El resultado final podría verse en ejercicios como Saber Junction y en la forma en que se integren las lecciones aprendidas para guiar futuras pruebas y doctrinas, manteniendo a la vez la capacidad de responder con rapidez a conflictos que exijan tanto movilidad como precisión tecnológica.
from Latest from TechRadar https://ift.tt/S7dqTLI
via IFTTT IA










