La Aurora Boreal como Puente entre Ciencia y Sociedad


La aurora boreal es mucho más que un espectáculo visual: es una ventana hacia la interacción entre el Sol, la magnetosfera y la atmósfera terrestre. En este artículo, exploramos cómo las observaciones satelitales y las misiones de campo se combinan para revelar la dinámica de las tormentas geomagnéticas y sus efectos en tecnología, clima espacial y la vida cotidiana de las comunidades situadas en altos latitudes.

La entrada de datos de satélites como VIIRS, en particular, ha permitido observar la day-night band que detecta la luz nocturna en un rango amplio de longitudes de onda. Aunque las imágenes se muestran en escala de grises, las auroras se manifestan en colores visibles para los observadores en tierra. Este cruce entre tecnología avanzada y experiencia humana subraya el valor de las fuentes de datos abiertas para el público y la investigación científica.

Entre febrero y marzo de 2026, las observaciones registraron una tormenta geomagnética de clase G1 a G2, con indicios de que una agujero coronario y una corriente de viento solar de alta velocidad pudieron intensificar la exhibición auroral, llegando incluso a zonas tan al sur como Nueva York o Idaho en ocasiones. Este patrón refuerza la idea de que el clima espacial no solo se ve desde el polo; sus efectos pueden sentirse a mayor latitud de lo esperado.

Aprovechando la experiencia previa, la comunidad científica utiliza misiones como GNEISS para realizar reconstrucciones tridimensionales de las corrientes eléctricas que fluyen desde la aurora. Estas investigaciones, coordinadas con observaciones terrestres y, en ocasiones, con datos desde el espacio, permiten entender mejor el sistema que impulsa el espacio cercano a la Tierra y que, a su vez, afecta a redes eléctricas, satélites y comunicaciones.

El relato se apoya en la narración de NASA Earth Observatory, con imágenes tomadas durante la madrugada del 16 de febrero de 2026 y acompañadas de explicaciones sobre la diversidad de colores en las auroras y su origen. Este tipo de contenido no solo informa, también inspira a futuras investigaciones y a un mayor interés público en la ciencia empírica y la exploración espacial.

Descubrimientos clave:
– Las imágenes VIIRS ayudan a mapear la luz nocturna y las auroras, destacando la capacidad de observar procesos geofísicos desde el espacio.
– Las tormentas geomagnéticas pueden alterar la magnetosfera y, de forma ocasional, generar impactos menores en redes eléctricas y satélites.
– Las misiones de campo y las observaciones desde múltiples plataformas permiten una reconstrucción más completa de las dinámicas de la electricidad ionosférica durante eventos lumínicos intensos.

Referencias y recursos para profundizar:
– NASA Science: Electrojet Zeeman Imaging Explorer (EZIE)
– Aurorasaurus: participación ciudadana en datos aurorales
– NASA Wallops: co-gestión de misiones y estudios de electricidad auroral
– NOAA Space Weather Prediction Center: advertencias y escalas de tormentas geomagnéticas
– University of Alaska Fairbanks: lanzamientos y misiones de investigación en Poker Flat

Con este acercamiento, el lector puede comprender con mayor claridad cómo la observación de un fenómeno tan bello como la aurora se transforma en conocimiento práctico sobre el espacio cercano a la Tierra y sus impactos en nuestra vida diaria. Este contenido, producido con imágenes y datos de VIIRS, busca fomentar una curiosidad informada y un compromiso con la ciencia abierta y colaborativa.
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Lecciones desde Gezani: cómo los ciclones prueban la resiliencia de Madagascar y la observación satelital


En las últimas semanas, Madagascar ha vivido un episodio meteorológico que ofrece una mirada clara a la intersección entre climatología, desarrollo humano y tecnología de observación de la Tierra. A través de la cobertura de Gezani y el contexto de eventos previos como Fytia, este artículo explora cómo una batería de datos satelitales y herramientas de monitoreo permite comprender la magnitud de la devastación, evaluar impactos y fortalecer la respuesta humanitaria y la planificación a futuro.

Cuando Gezani tocó tierra cerca de Toamasina como un huracán de categoría 3, las imágenes proporcionadas por MODIS en el satélite Aqua, junto con datos de IMERG y Landsat, mostraron un cuadro claro: lluvia intensa y crecidas súbitas que inundaron miles de viviendas y extensas áreas agrícolas. Este tipo de información es crucial para priorizar esfuerzos de socorro, asignar recursos y coordinar evacuaciones en función de la evolución de la tormenta y de las condiciones en tierra.

El poder de la observación satelital reside en su capacidad de ofrecer una visión integrada antes, durante y después de la emergencia. En el caso de Gezani, las imágenes de antes y después permitieron visualizar la magnitud del impacto en ríos como Rongaronga y Rianila, así como en zonas agrícolas donde cultivos como arroz y especias son parte clave de la economía local. Este enfoque no solo documenta daños; también ayuda a identificar patrones que podrían repetirse ante tormentas futuras y a evaluar la vulnerabilidad de infraestructuras y comunidades.

Desde una perspectiva climática, Madagascar se ubica entre las regiones más propensas a ciclones en África. El historial de actividad ciclónica, junto con condiciones oceánicas y atmosféricas favorables para la intensificación, subraya la necesidad de estrategias de adaptación que integren ciencia, planificación urbana y apoyo humanitario. En este contexto, la tecnología de observación de la Tierra alimenta tres pilares esenciales:

– Monitoreo temprano y respuestas rápidas: la capacidad de detectar señales de fortalecimiento en fases tempranas facilita alertas oportunas y la movilización de equipos de emergencia.
– Evaluación de daños y recuperación: imágenes y métricas de precipitaciones y caudales permiten estimar pérdidas y diseñar repuestas eficientes, desde vivienda temporal hasta reconstrucción de infraestructura.
– Planificación a largo plazo: datasets históricos y actuales informan políticas de uso del suelo, manejo de cuencas y resiliencia de comunidades ante futuros ciclones.

Este enfoque también destaca la importancia de la colaboración entre agencias, investigadores y comunidades locales. La información publicada por agencias como NASA Earth Observatory, la cooperación con agencias de gestión de riesgos y la transparencia en las comunicaciones juegan un papel clave para mantener a las poblaciones informadas y preparadas.

A medida que el clima cambia y la frecuencia de eventos extremos podría aumentar, trazar un mapa de vulnerabilidad y respuesta basada en evidencia se vuelve una prioridad. Las historias de Gezani y Fytia recuerdan que detrás de cada dato hay personas cuyas vidas se ven afectadas, y que la acción coordinada puede marcar la diferencia entre la vulnerabilidad y la resiliencia. Este momento invita a fortalecer inversiones en monitoreo satelital, capacidades de respuesta rápida y esfuerzos de desarrollo sostenible que reduzcan la exposición de comunidades a futuros ciclones.

Referencias y recursos:
– NASA Earth Observatory y datos MODIS/IMERG/Landsat para monitoreo de ciclones y drenaje.
– Informes de agencias de gestión de desastres y cobertura periodística sobre el impacto humano y las respuestas en Madagascar.
– Estudio de vulnerabilidad y exposición en contextos tropicales para apoyar políticas de planificación y adaptación.

Este artículo ofrece un marco para entender cómo la observación de la Tierra se traduce en acciones reales en comunidades vulnerables, y cómo la ciencia puede guiar decisiones que salvan vidas y fortalecen la resiliencia ante futuros fenómenos extremos.
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Nieve y resiliencia: Japón en el invierno 2026 a través de la NASA Earth Observatory


El invierno de 2026 dejó una huella notable en el norte de Japón, con tormentas intensas que afectaron la vida cotidiana y pusieron a prueba la infraestructura regional. En un escenario de nevadas persistentes y condiciones frías extremas, Hokkaido se convirtió en un estudio de caso sobre cómo las comunidades y los ecosistemas afrontan eventos climáticos severos. Este contexto es clave para entender los beneficios de la observación satelital y la forma en que las imágenes de la NASA pueden contar estas historias con precisión y claridad.

Una imagen capturada por MODIS, a bordo del satélite Terra, ilustra la magnitud de la nieve que cubrió paisajes enteros de Hokkaido. En el mosaico obtenido se pueden apreciar múltiples volcanes activos y al menos cinco lagos de caldera visibles, rodeados por una combinación de bosques, llanuras y áreas costeras. Estas características geográficas destacan la complejidad de una región marcada tanto por su actividad volcánica como por su variabilidad climática estacional. Las imágenes y metadatos de EOSDIS LANCE y Worldview permiten a científicos y público seguir estas dinámicas en tiempo casi real y a diferentes escalas espaciales.

El análisis de la escena revela además la interacción entre la nieve y el mar, en particular en el Mar de Okhotsk, donde el hielo marino forma un componente clave del paisaje invernal. A lo largo de la costa oriental de Hokkaido, la presencia de hielo de mar se acompaña de patrones climáticos que influyen en la temperatura, la salinidad superficial y la productividad marina. Un conjunto de observaciones a largo plazo señala que la extensión máxima de hielo en el Mar de Okhotsk ha mostrado una caída continua desde la década de 1970, con una disminución de aproximadamente 3.4 por ciento por década. Estos cambios pueden repercutir en los ecosistemas marinos, incluyendo floraciones de fitoplancton que sostienen redes tróficas regionales y migraciones de fauna.

La imagen también permite apreciar elementos regionales de adaptación, como macizos de viento y bosques actúan como cortavientos que, entre otras funciones, ayudan a modular el microclima local y a proteger áreas habitadas y agrícolas. En la región de Nakashibetsu, por ejemplo, los patrones enrejados de cortavientos ilustran una estrategia de mitigación que se ha utilizado históricamente para gestionar los efectos del viento y la nieve, una evidencia visual de cómo la relación entre la geografía y la climatología da forma a las comunidades.

A partir de estas observaciones, es posible extraer lecciones importantes para el público general y para la comunidad científica. Las imágenes y los datos de la NASA Earth Observatory no solo documentan condiciones invernales específicas, sino que también proporcionan un marco para estudiar cambios a largo plazo en hielo marino, nieve y ecosistemas costeros. La accesibilidad de plataformas como Worldview facilita la educación cívica y la alfabetización climática, al tiempo que apoya a investigadores en la evaluación de tendencias regionales y en la simulación de escenarios futuros.

Referentes y recursos para entender estas dinámicas son múltiples. El sitio de Earth Observatory ofrece contextos históricos y contemporáneos; MODIS y EOSDIS LANCE proporcionan las capas de datos necesarias para análisis detallados; y Worldview permite visualizar estas capas de manera interactiva. Para lectores interesados en el vínculo entre clima, hielo marino y productividad oceánica, las observaciones de Okhotsk y sus impactos ecológicos son un punto de partida claro y accesible.

En resumen, el episodio invernal en Japón durante 2026 ilustra no solo la severidad de las nevadas, sino también el valor de la observación satelital para comprender la compleja interacción entre nieve, hielo marino, volcanismo y ecosistemas. Las imágenes y análisis de NASA Earth Observatory ayudan a traducir estos fenómenos en una narrativa informada que puede orientar políticas públicas, estrategias de resiliencia y educación ambiental. Si deseas explorar estas imágenes y datos con más detalle, puedes acceder a las herramientas y recursos mencionados, y seguir las actualizaciones que la NASA genera sobre la dinámica del clima en la región Asia-Pacífico.

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Una manta invernal sobre Carolina del Norte: observaciones satelitales y la historia detrás de la tormenta


Una manta invernal cubrió Carolina del Norte a finales de enero de 2026, dejando impactos en carreteras y comunidades. El NASA Earth Observatory documentó el fenómeno a través de imágenes satelitales y análisis de datos de observación de la Tierra. En particular, una imagen tomada el 2 de febrero de 2026 por MODIS a bordo del satélite Terra revela una manta casi continua de nieve que se extiende desde ciudades de montaña en el oeste hasta localidades costeras en el este.

Según la North Carolina State Climate Office, la nieve fue medible en todos los 100 condados por primera vez en más de una década. En la región occidental, las acumulaciones superaron el pie en varias zonas montañosas; Asheville registró cantidades menores, Greenville recibió 14 pulgadas, aproximadamente 35 centímetros.

En la región de Piedmont, Charlotte recibió cerca de un pie de nieve, y Raleigh tuvo alrededor de 2.8 pulgadas (unos 7 centímetros). Este conjunto de valores ilustra cuán atípica fue la tormenta para un estado acostumbrado a inviernos variables, pero no a nevadas generalizadas de este alcance.

La observación desde el espacio contrasta con los riesgos en el terreno. Las condiciones de carretera se volvieron peligrosas, con reportes de colisiones y congestión en varias comunidades, mientras la costa de Outer Banks sufrió sobrepasos de playa y vientos fuertes. En algunos puntos, la nieve y la creciente marea cambiaron el paisaje, y se reportaron daños en infraestructuras costeras.

Las imágenes de NASA Earth Observatory, producidas por Michala Garrison y basadas en datos MODIS, permiten ver la magnitud de la tormenta y entender cómo un sistema de baja presión interactúa con el aire frío. Los datos MODIS provienen de EOSDIS LANCE y se visualizan también a través de GIBS/Worldview, lo que facilita el seguimiento y el análisis histórico para docentes, periodistas y científicos.

Este episodio ofrece una oportunidad para reflexionar sobre la comunicación de riesgos y la utilidad de la observación de la Tierra para las comunidades locales. Las notas de NASA EO sobre este evento, y la cobertura de medios, subrayan la importancia de convertir imágenes y datos en información útil para autoridades, escuelas y público en general que estudia clima e impactos.

Créditos: imágenes por Michala Garrison, con datos MODIS de EOSDIS LANCE y visualización a través de Worldview. Historia por Kathryn Hansen.

Referencias y recursos para ampliar la lectura incluyen materiales de la North Carolina Climate Office, informes del Servicio Meteorológico Nacional y reportajes de prensa que documentan el alcance de la tormenta y sus impactos. NASA Earth Observatory mantiene archivos de imágenes y artículos relacionados que pueden descargarse o enlazarse para usos educativos o de investigación.
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Libera: Manteniendo la continuidad del registro global del presupuesto de radiación de la Tierra


Libera, el instrumento diseñado para mantener el registro global del presupuesto de radiación de la Tierra, ha completado con éxito una batería de pruebas ambientales. Estas pruebas, entre ellas ensayos de vacío térmico, simulan las condiciones espaciales que enfrentará la nave durante su misión. Esta etapa crítica marca un hito importante en la preparación del sistema para JPSS-4.

Libera volará a bordo del Joint Polar Satellite System-4, como parte de una colaboración entre la NASA y la Administración Nacional de Oceanografía y Atmósfera (NOAA). El lanzamiento está previsto para 2027 y la nave llevará el nombre NOAA-22 una vez en órbita.

El laboratorio LASP de la Universidad de Colorado Boulder desarrolló y construyó Libera tras ser seleccionada como la primera misión Earth Venture Continuity. Su objetivo principal es mantener la continuidad de las mediciones del presupuesto de radiación terrestre, continuando la línea de instrumentos CERES que han viajado desde la misión Tropical Rainfall Measuring Mission en 1997 y que posteriormente se implantaron en las misiones Terra, Aqua, Suomi NPP y NOAA-20. Libera debe su nombre a la hija de Ceres en la mitología romana, en reconocimiento a sus predecesoras.

La NASA ha estado monitorizando el flujo de energía radiante en el sistema Tierra-atmósfera durante más de medio siglo. Estos flujos impulsan los movimientos de la atmósfera y los océanos, alimentan la fotosíntesis, sostienen la capa de ozono y sostienen la vida. Comprender estas dinámicas informa pronósticos meteorológicos, planificación agrícola y evaluación de tendencias globales para la toma de decisiones por parte del gobierno y de industrias.

Libera será el quinto y último instrumento entregado a Northrop Grumman en Gilbert, Arizona, para su instalación en el satélite JPSS-4. Los otros instrumentos a bordo son: Visible Infrared Imaging Radiometer Suite (VIIRS), Cross-track Infrared Sounder (CrIS), Advanced Technology Microwave Sounder (ATMS) y Ozone Mapping and Profiler Suite (OMPS).

La oficina del Earth System Science Pathfinder Program Office de NASA, con sede en el Langley Research Center, gestiona la misión Libera. El satélite JPSS-4 es gestionado mediante una colaboración entre NOAA y el Goddard Space Flight Center de NASA.

Para obtener más información sobre Libera, visite: https://ift.tt/vnuobp0
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La red que escucha al cosmos: el Deep Space Network y las misiones Artemis


El velo de la comunicación espacial se revela gracias a una red de antenas gigantes: el Deep Space Network de la NASA. Con tres complejos distribuidos alrededor del mundo, esta red sostiene la comunicación con las naves que viajan entre planetas y con las misiones que orbitan la Tierra. A través de estas estaciones es posible enviar comandos y recibir datos científicos que alimentan nuestra comprensión del sistema solar y más allá.\n\nLa imagen de este artículo muestra Deep Space Station 15, una de las antenas de 112 pies que forma parte del Goldstone Deep Space Communications Complex, cerca de Barstow, California. En septiembre de 2025, esta instalación apuntaba al cielo estrellado para mantener la conexión con las misiones que exploran el espacio profundo. Crédito de la imagen: NASA/JPL-Caltech.\n\nAdemás de la comunicación, la DSN realiza observaciones de radar y radioastronomía que mejoran nuestro conocimiento del sistema solar y del universo. Las antenas gigantes no solo envían órdenes; también escuchan señales sutiles que revelan objetos lejanos y fenómenos cósmicos.\n\nEn el marco del programa Artemis, la NASA busca una presencia sostenida en el espacio y la exploración de más de la Luna de lo que se ha intentado antes. Para lograrlo, Artemis depende de dos redes clave: el Deep Space Network y la Near Space Network. Estas redes, supervisadas por la oficina del programa Space Communications and Navigation (SCaN), aprovechan infraestructuras globales y satélites de retransmisión para garantizar comunicaciones y seguimiento durante los lanzamientos de Orion, sus maniobras en órbita terrestre y sus viajes hacia la Luna y de regreso a casa.\n\nEn resumen, cada mensaje que llega desde una nave en el espacio es posible gracias a un esfuerzo coordinado entre tecnología, operaciones y cooperación internacional. Detrás de la cobertura de Artemis y de cada descubrimiento científico hay una red que escucha, procesa y comparte conocimiento con el mundo.\n\nCrédito de la imagen: NASA/JPL-Caltech.
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C-PICA: Protección Térmica que impulsa la colaboración NASA-Industria y la Reentrada Segura


En la frontera de la exploración espacial, la protección térmica no solo salva misiones; también actúa como puente entre la innovación en órbita y beneficios tangibles para la Tierra. El material C-PICA (Conformal Phenolic Impregnated Carbon Ablator), desarrollado en el NASA Ames Research Center, ha marcado un hito al ser licenciada a una empresa privada para su fabricación y aplicación. Este avance ofrece una protección más fuerte, menos costosa y más eficiente para cápsulas que regresan a la Tierra, permitiendo que valiosos experimentos y contenidos de alto valor regresen de forma segura.

La transferencia de tecnología detrás de C-PICA a Varda Space Industries ha permitido que la compañía fabrique de forma interna su propio recubrimiento de protección térmica para la cápsula W-5, llevando el proceso de manufactura y las pruebas de vuelo a un nuevo nivel de autonomía. El regreso exitoso de la cápsula W-5, protegido por C-PICA, representa un logro concreto que subraya la viabilidad de un ecosistema espacial más diverso y autosuficiente.

La cápsula W-5 de Varda Space Industries despegó hacia la órbita terrestre baja el 28 de noviembre de 2025, cargada de experimentos científicos y tecnológicos de la industria y agencias gubernamentales. Su regreso al planeta, previsto para fines de enero de 2026, se llevó a cabo con la protección de un escudo térmico fabricado en casa, demostrando la madurez de una tecnología que cruza la línea entre laboratorio y planta de manufactura.

“Los escudos térmicos permiten traer los beneficios del trabajo realizado en el espacio, incluida la investigación médica, el desarrollo tecnológico y el descubrimiento científico, a la Tierra para mejorar nuestra vida cotidiana”, afirmó Greg Stover, administrador asociado interino de la NASA en la Space Technology Mission Directorate. “Al licenciar la tecnología de protección térmica para su fabricación por parte de un socio comercial, la NASA fomenta que este material pueda producirse de forma independiente, facilitando que haya más disponibilidad de materiales de entrada para el sector espacial”.

Desarrollado originalmente en el Ames Research Center, C-PICA establece un estándar en protección térmica por su rendimiento y por la vía de transferencia tecnológica que facilita la entrada de nuevas empresas al ecosistema espacial. Este enfoque de transferencia de tecnología no solo beneficia a Varda; también abre la puerta a que otras compañías adopten y adapten el material, ampliando la disponibilidad de soluciones de protección en la industria.

La colaboración entre NASA y Varda se enmarca dentro de un programa más amplio de oportunidades de vuelo y emprendimiento tecnológico. Danielle McCulloch, ejecutiva del programa Flight Opportunities de NASA, destacó que este tipo de vuelos demuestra lo posible cuando la NASA y sus socios comerciales invierten en aprender juntos. “No solo avanza la industria espacial de EE. UU., sino que también eleva a otros sectores —como la farmacéutica— con beneficios que se extienden a la sociedad”, señaló.

La historia de C-PICA también ilustra un exitoso caso de transferencia tecnológica: la protección creada por NASA fue la primera en licenciarse a una empresa y, desde entonces, ha sido licenciada a varias entidades. Además, NASA continúa apoyando a la industria con orientación técnica y pruebas, fortaleciendo el crecimiento de la manufactura en el espacio y la capacidad de traer productos y experimentos de regreso a la Tierra con mayor seguridad.

Este progreso se enmarca, además, en el programa de Flight Opportunities y en la visión de ampliar el uso de la tecnología a sectores más amplios, incluidos aquellos que operan fuera del ámbito espacial. En conjunto, la inversión en materiales como C-PICA demuestra que la seguridad, la innovación y la colaboración pueden acelerar la llegada de beneficios científicos y tecnológicos a la vida cotidiana de las personas.

Para aquellos interesados en profundizar, se puede explorar más sobre estas pruebas de vuelo a través de los recursos de la NASA y las publicaciones asociadas, que explican cómo la tecnología de protección térmica está abriendo nuevas oportunidades en la manufactura en el espacio y en el procesamiento de muestras en microgravedad. Este es un claro ejemplo de que la frontera entre investigación y industria está cada vez más integrada, con resultados que ya se traducen en avances tangibles para la ciencia y la sociedad.
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El Tango Magnético de las Estrellas de Neutrones: Lo que Revelan las Simulaciones sobre la Fusión


Introducción
En las últimas investigaciones, los científicos exploran el entorno extremo de dos estrellas de neutrones que se acercan para fusionarse. A través de complejas simulaciones ejecutadas en un supercomputador de la NASA, los investigadores estudian las magnetosferas: regiones densamente magnetizadas y cargadas de plasma que rodean cada estrella y que empiezan a entrelazarse en las etapas finales de la órbita.

Qué son las magnetosferas
Las magnetosferas son envoltorios magnéticos y de plasma conectados a las superficies estelares. A medida que las estrellas se acercan, las líneas de campo magnético pueden conectarse entre sí, romperse y reconectarse, generando corrientes intensas que aceleran partículas a energías extraordinarias. En estas condiciones, campos magnéticos inmensos pueden transformar la radiación, y las dinámicas de estas magnetosferas se comportan casi como un circuito que se reconfigura a cada giro de la órbita.

El experimento computacional
Con el objetivo de entender cómo diferentes configuraciones de campo magnético influyen en la energía electromagnética que abandona el sistema binario, el equipo ejecutó más de 100 simulaciones. Dos estrellas de neutrones, cada una con 1,4 masas solares, fueron modeladas en un sistema orbital. Las simulaciones se centraron principalmente en los últimos 7,7 milisegundos antes de la fusión, momento en el que las interacciones magnéticas alcanzan su mayor complejidad y pueden dejar señales visibles para observatorios futuros.

Hallazgos clave
– La emisión de luz no es uniforme: la cantidad y la dirección de la energía electromagnética varían significativamente según la orientación relativa de los campos magnéticos de cada estrella y la geometría de observación. Esto implica que una misma fusión podría verse muy diferente desde distintas ubicaciones en el cosmos.
– A medida que las estrellas se acercan, las emisiones se fortalecen; la proximidad cambia la intensidad de las regiones emisoras y su capacidad para generar fotones de alta energía.
– Las regiones de mayor energía se originan en zonas donde las líneas de campo se tensan y reconfiguran. Estas áreas pueden producir rayos gamma con energías extremadamente altas. Sin embargo, muchos de estos fotones de alta energía se agotan rápidamente en presencia de campos magnéticos intensos, al transformarse en pares de partículas, lo que dificulta su escape hacia el espacio.
– A energías gamma más bajas, sí es factible que ciertos fotones salgan del sistema en fusión. Las partículas resultantes pueden luego emitir a través de energías aún más bajas, incluida la radiación en rayos X. Este comportamiento sugiere que la detección de señales previas a la fusión podría realizarse con telescopios gamma y X de rango medio, siempre que haya alertas oportunas de ondas gravitacionales.
– Los resultados resaltan que la observabilidad de estas señales depende no solo de la cercanía del evento, sino también de la geometría del sistema y de la dinámica de la reconexión magnética que acompaña a la fusión.

Implicaciones para la observación multimessenger
La investigación subraya el valor de la astronomía multimessenger: combinar señales de luz con ondas gravitacionales para entender mejor estas fusiones extremas. Las simulaciones muestran posibles regiones emisoras y trayectorias de radiación que podrían detectarse con observatorios del futuro, especialmente aquellos orientados a rayos gamma de energía media y a rayos X, con campos de visión amplios. En paralelo, las alertas de detectores de ondas gravitacionales como LIGO y Virgo, y, en el largo plazo, observatorios en el espacio como LISA, podrían permitir una respuesta rápida y coordinada para captar estas emisiones previas a la fusión.

El papel de la colaboración y la tecnología
Las simulaciones fueron posibles gracias al uso de potentes recursos de cómputo, como el super computador Pleiades en el Centro de Investigación Ames y otras infraestructuras de la NASA. El enfoque permitió explorar escenarios con diferentes configuraciones del campo magnético y estudiar cómo la energía electromagnética se distribuye y se propaga en las últimas etapas de la órbita. Este trabajo también ayuda a anticipar qué tipo de señales podrían dejar rastros detectables en futuros telescopios, ayudando a planificar programas de observación y a optimizar la coordinación entre equipos que estudian luz y ondas gravitacionales.

Contribuciones y perspectivas futuras
El estudio aporta una visión detallada de cómo la magnetosfera de cada estrella de neutrones se comporta como un circuito dinámico. Las personas a cargo de estas investigaciones señalan que la evolución no lineal de estos campos, observada a alta resolución gracias a la capacidad de cómputo, es clave para entender la complejidad de la señal electromagnética que acompaña a la fusión. Además, se identifica que la interacción magnética podría dejar una huella en las señales gravitatorias que veremos con las próximas generaciones de detectores, abriendo nuevas vías para interpretar el espectro de ondas y fotones asociados a estos eventos extremos.

Conclusión
Las simulaciones de la NASA ofrecen una ventana sin precedentes al magnesio del cosmos, revelando cómo las magnetosferas entrelazadas de estrellas de neutrones pueden preparar señales pre fusion observables en el rango de gamma y rayos X. Este conocimiento orienta la estrategia de futuras misiones y la colaboración entre observatorios de ondas gravitacionales y telescopios electromagnéticos. En conjunto, estas investigaciones nos acercan un paso más a entender uno de los fenómenos más potentes del universo: las fusiones de estrellas de neutrones y las radiaciones que generan en sus momentos finales.
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Sequía de nieve en el Oeste de Estados Unidos: lecciones de 2026 desde NASA Earth Observatory


En el inicio de 2026, las Montañas del Oeste de Estados Unidos muestran una capa de nieve notablemente más delgada de lo habitual. Aunque algunas regiones experimentaron lluvias suficientes en otoño y principios de invierno, las temperaturas más cálidas concentraron la mayor parte de esa precipitación en forma de lluvia. El resultado es una sequía de nieve marcada para esta época del año, con una cobertura que, según las observaciones tomadas por el instrumento MODIS a bordo de la misión Terra de la NASA, alcanzó cifras históricamente bajas para la fecha, y muy por debajo de la mediana de referencia. En particular, las observaciones de enero mostraron que la cobertura de nieve se situaba alrededor de 142,700 millas cuadradas (369,700 kilómetros cuadrados) sobre el oeste, la cifra más baja para esa fecha en el registro MODIS que data de 2001; sin embargo, para el 26 de enero se observó un leve aumento.

La nieve no es solo un bonito paisaje: es un almacén de agua que alimenta cuencas, riega cultivos y mantiene hidrólogos y planificadores de recursos hídricos alerta ante posibles déficits estivales. En este marco, el SWE (Snow Water Equivalent), que mide la cantidad de agua almacenada en la nieve, se utiliza como un indicador clave de las condiciones de invierno. A principios de enero, el Sistema Nacional Integrado de Información sobre Sequías (NIDIS) informó que la sequía por nieve—definida como SWE por debajo del percentil 20 para una fecha dada—fue especialmente aguda en estados como Washington, Oregón, Colorado, Utah, Arizona y Nuevo México. En al menos una estación de monitoreo en cada gran cuenca occidental, se registró el SWE más bajo en al menos 20 años para el 26 de enero, según datos publicados por el USDA.

Este patrón general de invierno templado y húmedo, seguido de una cantidad de precipitación que llegó más como lluvia que como nieve, tiene implicaciones profundas para la dinámica de almacenamiento de agua. Si bien el año hídrico que comenzó el 1 de octubre de 2025 registró precipitaciones por debajo de lo normal en la cuenca del Pacífico, la temperaturas elevadas favorecieron pérdidas de escorrentía y redujeron la recarga de embalses y acuíferos. En términos regionales, la región del Pacífico Noroeste y gran parte de la cuenca del río Colorado ya enfrenta condiciones de sequía, y la nieve existente puede no ser suficiente para compensar déficits acumulados en meses posteriores.

Una lectura más detallada revela matices importantes. En la Sierra Sur y las Cordilleras del Norte, más precipitaciones han caído como nieve que como lluvia en algunos picos elevados; sin embargo, esos beneficios elevacionales no se trasladaron de forma uniforme hacia abajo. En palabras de Daniel Swain, científico climático de la California Institute for Water Resources, este déficit de nieve es “clásico” en el contexto del cambio climático: se trata de un desequilibrio impulsado por la temperatura que se manifiesta de manera variable según la elevación. Esa elevación diferencial es crucial, porque la nieve de alta montaña puede actuar como una reserva lenta que alimenta ríos y embalses durante la descongelación, mientras que la nieve ausente o insuficiente en áreas bajas reduce la recarga de recursos hídricos locales.

El cambio en la distribución de la precipitación también altera la forma en que el suministro de agua llega a las comunidades y a la agricultura. La precipitación que cae como lluvia tiende a escurrirse y no recargar de manera tan efectiva embalses y acuíferos como lo haría la nieve que se derrite de forma sostenida durante la primavera. En consecuencia, incluso con un invierno que aún guarda meses de posibilidades para la nieve, los déficits existentes pueden persistir y, en algunas áreas, transformarse en sequía tradicional durante el año hidrológico.

La observación de NASA Earth Observatory y sus acompañantes—MODIS/TERa (EOSDIS), NSIDC Snow Today y el seguimiento de condiciones a través de NRCS—subraya la importancia de la vigilancia continua. Entre las lecciones más relevantes está la necesidad de comprender la variabilidad espacial: la nieve de alta montaña puede ocultar déficits en regiones más bajas, y el SWE por debajo del umbral recomendado aumenta el riesgo de escasez de agua durante la primavera y el verano. Además, eventos de transporte de humedad provenientes de “atmospheric rivers” en diciembre de 2025 ilustra cómo condiciones cálidas pueden intensificar las lluvias invernales, pero a la vez reducir la acumulación de nieve en áreas críticas para la temporada de derretimiento.

Para las administraciones y comunidades, estas observaciones conducen a reflexiones sobre gestión del agua, planificación de embalses y estrategias de adaptación al clima. Es fundamental combinar ciencia de datos, monitoreo en tiempo real y proyecciones climáticas para asegurar que las decisiones de riego, uso urbano y conservación de ecosistemas estén respaldadas por evidencia actualizada. La información de SWE, cobertura de nieve y mapas de descenso de nieve debe integrarse en planes de resiliencia, para evitar que la primavera traiga sorpresas y reducir la vulnerabilidad frente a futuros inviernos atípicos.

Mirando hacia el futuro inmediato, aún queda invierno por delante y febreros y marzo pueden traer nevadas significativas. No obstante, la experiencia de 2026 sugiere que no siempre es posible recuperar déficits acumulados en un solo periodo invernal. En zonas ya afectadas por condiciones de sequía, como el Pacífico Noroeste y la Cuenca del Río Colorado, la nieve podría no ser suficiente para revertir la tendencia. Esto incide en la necesidad de inversión en monitoreo, investigación y gestión más eficiente del agua, así como en la comunicación de riesgos y en la preparación de comunidades para diferentes escenarios climáticos.

Referencias y créditos de NASA Earth Observatory destacan que estas observaciones son el reflejo de un sistema complejo, en el que la interacción entre temperatura, elevación y patrones de precipitación define el estado de la nieve y, por ende, la disponibilidad de agua. Las imágenes y gráficos de MODIS, las series de SWE y los informes de NIDIS y NSIDC proporcionan una base sólida para comprender por qué 2026 está marcando un hito en la narrativa de la sequía de nieve en el Oeste y por qué es crucial seguir atento a las señales del paisaje nevado en los meses restantes del invierno.
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Conectando Artemis II: redes y tecnologías que sostienen la misión lunar


Artemis II representa un hito en la exploración humana. Para mantener la misión conectada, NASA depende de dos redes principales: la Near Space Network NSN y la Deep Space Network DSN. La NSN gestiona, bajo la supervisión de Goddard Space Flight Center, servicios de comunicaciones y navegación durante las fases cercanas a la Tierra, integrando estaciones terrestres y satélites de relé para garantizar enlaces estables entre Orion y los centros de control. Por su parte, la DSN, operada por el Jet Propulsion Laboratory en California, dispone de una flota de antenas gigantes ubicadas en California, España y Australia, que permiten una conexión casi continua con Orion cuando la nave se aleja de la Tierra y se acerca a la Luna.

El programa SCaN, con su oficina central, supervisa estas redes y garantiza interoperabilidad y resiliencia ante fallas, creando un ecosistema de comunicaciones para misiones en tránsito interplanetario y en distancias cercanas a la Tierra.

Durante la misión, se producirán transiciones entre NSN y DSN a medida que Orion se desplaza desde la órbita terrestre hacia la órbita lunar y, posteriormente, regresa a casa. En cada etapa, equipos en tierra coordinan handoffs entre estaciones y relés para mantener enlaces constantes que transporten voz, telemetría, video y datos científicos.

Una pieza destacada es el Orion Artemis II Optical Communications System, un terminal de comunicaciones por láser que permite transmitir datos de alta capacidad a velocidades mucho mayores que las radiofreencias tradicionales. Este sistema abre la puerta a enviar imágenes, video y datos de investigación con mayor eficiencia, sentando las bases para futuras misiones que exigirán ancho de banda elevado a grandes distancias.

Para gestionar grandes volúmenes de información, la misión también emplea técnicas de compresión de datos y priorización de comunicaciones críticas. Esto protege la salud de la tripulación y asegura las comunicaciones de seguridad y operación de la nave.

Aunque se espera que Orion entre en una región de oscuridad durante ciertos momentos de la trayectoria, las redes DSN y NSN están diseñadas para reconectar rápidamente una vez que la nave reaparece. Este periodo de blackout es una característica histórica de las misiones lunares y se gestiona mediante handoffs entre redes y estrategias de reacceso.

Mirando hacia el futuro, el proyecto Lunar Communications Relay and Navigation Systems propone desplegar una red de satélites de relé alrededor de la Luna para ofrecer comunicaciones y navegación continuas sobre y alrededor de la superficie lunar. En 2024 se seleccionó a Intuitive Machines para desarrollar los primeros relés lunares para demostración durante la misión Artemis III. Estas mejoras permitirán reducir significativamente o eliminar los periodos de blackout y sostener operaciones de exploración más ambiciosas.

En resumen, desde el despegue hasta el retorno, las redes de Artemis II evolucionan para garantizar que la tripulación permanezca conectada con la Tierra, con la misión y con la ciencia que impulsa la exploración humana. Este ecosistema de redes no solo soporta la misión actual, sino que también allana el camino para misiones futuras a la Luna y más allá.
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