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From record cleaners to slip mats, these extras are for budding enthusiasts and die-hard collectors alike.
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Google ha lanzado el sistema operativo Chrome OS Flex, que no va destinado a los Chromebooks como la edición Chrome OS, sino que también podrá instalarse en cualquier otro PC, incluidos los Mac. Este sistema operativo es totalmente gratuito, está basado en Linux, y puede sustituir a Windows y macOS en equipos que tengan hasta 13 años. Como sabrás, estos equipos cada vez tienen más impedimentos para seguir usando los sistemas de Apple y Microsoft, y ante eso tienes la opción de Linux.
Chrome OS Flex no es exactamente igual que Chrome OS, hay algunas diferencias, también algunas similitudes. Pero en el caso de Flex no podrás instalar apps de Android como lo harías en un Chromebook, pero sí que podrás instalar software de Linux, y eso incluye WINE para poder instalar software de Windows. Además, Flex lo que ofrece es una gestión basada en la nube, lo que permite un sistema local más liviano, con un arranque muy rápido, y con actualizaciones que se realizan en segundo plano.
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Para poder instalar Chrome OS Flex en un equipo, los requisitos que necesitarás son:
En principio, podría funcionar en todos los equipos lanzados a partir de 2010.
Para instalar Chrome OS Flex en tu equipo, solo hay que seguir unos sencillos pasos:
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*No se recomienda usar ChromeOS Flex para la empresa por el momento, ya que aún está en una fase temprana de desarrollo y podría ser algo inestable.
Después, si tienes varios equipos en tu empresa, podrás implementar ChromeOS Flex a través del mismo USB o por instalación en red.
Chrome OS Flex ofrece una serie de características interesantes si quieres reducir la e-waste y darle una segunda vida a tu equipo antiguo:
Más información – Sitio oficial
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Las suites ofimáticas son la columna vertebral de la informática profesional. Eso es cierto hasta tal punto que Microsoft debe una enorme parte del éxito de Windows a Microsoft Office. Durante mucho tiempo, los usuarios de Linux no tuvimos una alternativa de calidad profesional y, por suerte eso fue cambiando.
Normalmente, no acostumbro a utilizar la palabra mejor cuando hago comparaciones entre programas. Suele ser un tema subjetivo. Sin embargo, comparando LibreOffice y OpenOffice resulta claro cuál es el ganador. Pero, no voy a decirlo en el segundo párrafo, tendrán que leer el artículo y, lo más recomendable, probar ambos.
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Esta comparación se está haciendo con LibreOffice 7.2.5.2 que es la preinstalada en Ubuntu Studio 22.04 (todavía en desarrollo). La última versión de la web es la 7.3.0. En el caso de OpenOffice se utilizó la versión 4.1.11 descargada desde su web e instalada manualmente en Linux Mint 20.3 escritorio Cinnamon. Dado que se trata de una comparación de prestaciones y no una de rendimiento no se necesita la instalación en condiciones similares.
Los orígenes de OpenOffice y LibreOffice se remontan a la década del ochenta. Ambas son descendientes de StarWriter, un procesador de textos para la plataforma CP/M. Con el correr de los años incorpora nuevos programas y se porta a otras plataformas bajo el nombre de StarOffice.
En 1998, un año antes de ser adquirida por Sun Microsystem, la empresa desarrolladora comienza a ofrecer StarOffice en forma gratuita. Un año después de la adquisición, Sun libera el código fuente y de esta forma nace OpenOffice en el año 2002.
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Sun era el principal apoyo del desarrollo comunitario de OpenOffice, usando su código fuente más componentes privativos para construir las siguientes versiones de StarOffice.
OpenOffice nunca alcanzó a ser realmente competitiva con Microsoft Office. Según muchos desarrolladores que colaboraron en el proyecto en aquella época, Sun demoraba la aprobación de contribuciones externas para preservar sus derechos para cerrar el código y venderlo. Es por eso por lo que la empresa Novell comenzó un proyecto derivado conocido como Go-oo o Go-OpenOffice.
Go-OO, al incorporar las mejoras que Sun no aceptaba, ofrecía una mejor compatibilidad con los formatos de Microsoft Office y venía instalada por defecto en distribuciones populares como Debian y Ubuntu.
En el año 2010, bajo un acuerdo con Sun, IBM desarrollo su propia suite ofimática llamada Lotus Symphony. Basada en el código fuente de Apache OpenOffice 3.0. Lotus Symphony incluía una interfaz de usuario mejorada con una barra de herramienta lateral y soporte para macros en Visual Basic y tecnologías OLE. Como dato curioso, además de las aplicaciones habituales incluía un navegador.
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Lotus Symphony no era de código abierto, aunque si gratuita y tenía una versión de Linux. Nunca alcanzó gran popularidad.
En el año 2010 Sun Microsystem fue comprada con Oracle. Los planes del nuevo propietario con respecto a los proyectos de código abierto; el sistema operativo OpenSolaris, el lenguaje de programación Java y por supuesto la suite ofimática OpenOffice, no estaban del todo claros, por lo que un grupo de desarrolladores claves de OpenOffice decidieron utilizar el código fuente para crear una nueva suite ofimática y ponerla bajo el control de una entidad sin fines de lucro. La primera versión de LibreOffice se basó en OpenOffice 3.3 y parches y compilación de software de Go-oo. El proyecto se puso bajo el paraguas de una entidad creada bajo las leyes alemanas denominada The Document Foundation.
Oracle no quiso continuar desarrollando OpenOffice por lo que, por sugerencia de IBM, se lo entregó a la Fundación Apache. Lo mismo hizo IBM con el código de Lotus Symphony. Ambos proyectos se fusionaron en Apache OpenOffice.
Comencemos diciendo que LibreOffice o bien viene incluida en la instalación por defecto de las principales distribuciones o puede descargarse desde sus repositorios utilizando los respectivos gestores de paquetes. Esto tiene la ventaja de que podemos tener de forma automática la integración con los menús y una interfaz consistente con el escritorio y el tema utilizado.
También puede instalarse desde los formatos de paquetes Flatpak, Snap, Appimage y Chocolatey (Windows).
Para instalar OpenOffice en Linux debemos descargar el paquete para nuestra distribución e instalarlo desde la terminal.
OpenOffice no está en los repositorios de la mayoría de las distribuciones Linux, salvo en ArchLinux. Se puede descargar e instalar desde la página web del proyecto en formato DEB y RPM. También hay una versión no oficial en formato Appimage y un repositorio no oficial para Debian que es posible utilizar con algunas modificaciones en Ubuntu si te animas con las instrucciones en portugués.
La instalación de los paquetes descargados de su web requiere el uso de la terminal. Aunque viene con un paquete para integrarlo al menú, a mí en Linux Mint con escritorio Cinnamon no me funcionó por lo que tuve que agregar las aplicaciones manualmente.
Los usuarios de suites ofimáticas se dividen en dos; los que aman la interfaz de cinta de Microsoft Office y los que la odian. LibreOffice empieza con una interfaz clásica con los menús y barras de herramientas tradicionales y la barra lateral oculta.
Otras opciones son:
La interfaz de OpenOffice no ofrece mayores posibilidades de opción y hay que conformarse con un estilo minimalista al estilo Google Docs con el agregado de una barra lateral que si resulta bastante útil e iconos más pequeños. Como dijimos no adapta el tema de escritorio del sistema operativo anfitrión por lo que debemos conformarnos con los menús grises.
LibreOffice permite crear seis tipos diferentes de documentos. En la captura la creación de base de datos está en otro tono porque la aplicación no fue instalada.
Las dos suites ofimáticas incluyen las mismas seis aplicaciones:
Algunas distribuciones Linux no instalan todas las aplicaciones de LibreOffice, pero pueden conseguirse desde el gestor de paquetes.
La lista de plantillas incluidas es mayor en LibreOffice, aunque ambas pueden usar la extensa colección online de OpenOffice con solo descargarla de la web. LibreOffice también tiene su propia página. de plantillas y complementos para ampliar funcionalidades.
De nuevo el hecho de venir preinstalado o en repositorios juega a favor de LibreOffice ya que el uso de los complementos no requiere la instalación de dependencias adicionales. OpenOffice puede necesitar la instalación de una máquina virtual de Java.
Ambas suites ofimáticas trabajan con los formatos de documentos más populares con una ventaja de LibreOffice si se trata de compatibilidad con suites ofimáticas privativas.
LibreOffice nos permite guardar en los siguientes formatos: ODF, Unified Office Format, Word 2007-365, Word 97-2003 y Rich Text. También podemos exportar documentos a PDF, EPUB o XHTML.
Las opciones de OpenOffice son en generar para formatos más antiguos en lo que se refiera a los privativos: ODF, Microsoft Word 97/2000/XP, Microsoft Word 95 y Rich Text. En cuanto a las posibilidades de exportación se limitan a PDF y XHTML.
The Document Foundation, la entidad detrás de LibreOffice también está detrás del Document Liberation Project que busca descifrar mediante ingeniería inversa formatos propietarios de documentos antiguos y actuales para hacerlos compatibles con LibreOffice y otros proyectos de código abierto por lo que es probable que la lista de formatos compatibles se siga ampliando.
LibreOffice tiene dos versiones Community y Enterprise. La segunda es provista por asociados que dan soporte comercial. La versión Community podemos descargarla para las siguientes plataformas:
OpenOffice está disponible para las siguientes plataformas:
LibreOffice tiene una completa documentación gratuita, incluyendo libros en pdf y tarjetas de referencias. El material en español no está tan actualizado como la versión inglesa y esta no suele seguir el mismo ritmo de la liberación de versiones, pero ayuda bastante. Por supuesto que la aplicación tiene su propia documentación incorporada, aunque algunas distribuciones no la instalan en forma predeterminada por lo que debemos hacerlo desde repositorios.
OpenOffice también tiene documentación incorporada en el programa y puede consultarse online. Es posible descargar guías, pero corresponden a la rama anterior del proyecto.
LibreOffice tiene una mejor compatibilidad con los documentos d eMicrosoft Office
Debo haber sido uno de los primeros blogueros en probar LibreOffice. Como usuario de las versiones en desarrollo de Ubuntu, todavía recuerdo el día en que vi en la terminal el aviso de que se desinstalaba OpenOffice y se instalaba LibreOffice. Aunque no cambiaba mucho más que la pantalla de inicio era el primer paso de un camino que nos iba a llevar a los linuxeros a tener una suite ofimática de calidad profesional.
También seguí cubriendo los lanzamientos de OpenOffice bajo la Fundación Apache, hasta que en el último lanzamiento me encontré con que no tenía material para cubrir el mínimo de 300 palabras que requiere un post de blog.
OpenOffice te sirve para llevar en un pendrive o dispositivo móvil si necesitas un procesador de textos sin demasiadas complicaciones y no te interesa la compatibilidad con formatos privativos. Pero, poco más que eso. LibreOffice es mucho mejor en todos los rubros y lo es, porque tiene muchos más desarrolladores y recursos económicos. Todavía no tiene las prestaciones de Microsoft Office o, por nombrar una con versión Linux, Softmaker Office (Ambas de pago), pero sin dudas es mucho mejor si requieres una suite ofimática de calidad profesional.
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Ahora mismo, en mi día a día tengo que gestionar servidores FTP. Cuando estoy fuera de casa tengo que hacerlo desde Windows, y cuando uso mis ordenadores lo hago desde Linux. Windows ofrece una opción nativa en el gestor de archivos, pero sus opciones se limitan a copiar/pegar, poco más. De hecho, si metes un archivo con el nombre de otro que ya existe y le dices que lo sustituya, es más que probable que veas dos archivos con el mismo nombre hasta que, permitidme la expresión, le dé la gana.
Está claro que si en Windows todo fuera un problema nadie lo usaría, pero el gestor de archivos es más un problema que una solución si lo que queremos es gestionar el contenido de un servidor FTP. Por ese motivo, se recomienda usar un software especializado como Cyberduck o FileZilla. ¿Y cuáles son las mejores alternativas en Linux? Aunque FileZilla es una opción, en Linux nos basta con usar el gestor de archivos nativo.
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Pongamos un ejemplo: con la opción nativa de Windows, añadimos nuestro servidor FTP al gestor de archivos. Inmediatamente después vemos todos nuestros archivos allí. Bien, ¿no? Ahora hacemos clic derecho sobre un archivo .html, por ejemplo, e intentamos abrirlo con Visual Studio Code. No se puede. Las mejores soluciones pasan por usar el mencionado Cyberduck o instalar una extensión como ftp-simple, pero la segunda sólo nos vale desde Visual Studio Code y no es perfecta. Y si queremos usar Cyberduck y que los cambios se mantengan, tenemos que tener la aplicación abierta en segundo plano.
En Linux todo esto es más sencillo. Da igual que usemos GNOME (Nautilus), KDE/Plasma (Dolphin), Xfce (Thunar)… montar una «unidad» a partir de un servidor FTP es cuestión de segundos, y funciona como si de un disco externo se tratara, claro está, un poco más lento porque está conectado a internet. Podremos editar su contenido sin límites y no dependeremos de FileZilla, aunque no está de más tener una herramienta especializada en la gestión de servidores por lo que pudiera pasar. Yo sólo puedo decir que nunca las he necesitado en casa, sí fuera cuando trabajo con Windows.
Windows suele ser el sistema operativo que usar la mayoría porque, además de venir instalado por defecto, hay cosas que son sencillas de hacer. Esto de la gestión de servidores FTP u otros servidores de bases de datos no es una de ellas. Depender de herramientas de terceros no es la mejor de las opciones, y en este sentido Linux (y macOS) está muy por encima.
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