
La posibilidad de instalar centros de datos en órbita ha pasado de la ciencia ficción a los primeros ensayos tecnológicos. Sin embargo, Amanda Peterson Corio, responsable global de energía para centros de datos de Google, ofreció una advertencia contundente: construir estas instalaciones en el espacio podría costar hasta 100 veces más que hacerlo en la Tierra.
Sus comentarios, realizados en la reciente cumbre WTF de The Information, llegan pocas semanas después de que Google pusiera en órbita el primer prototipo de su iniciativa Project Suncatcher. La coincidencia pone de relieve la tensión entre la experimentación tecnológica y las dudas sobre su viabilidad comercial.
## Un avance prometedor, todavía a escala de prueba
Google desarrolló el prototipo junto con la empresa satelital Planet y lo lanzó el 1 de octubre en una misión compartida de SpaceX. La compañía anunció después un hito experimental: un modelo Gemma 4 ejecutado en un procesador TPU en órbita generó un haiku, que fue transmitido a la Tierra durante el paso del satélite sobre Svalbard, Noruega.
Google describió el resultado como la primera respuesta de inteligencia artificial producida en órbita por una TPU de clase centro de datos. La precisión de esa afirmación importa: otras empresas también han llevado hardware avanzado al espacio. Starcloud, por ejemplo, puso en órbita una GPU Nvidia H100 y comenzó a ejecutar modelos de IA poco después.
La escala del prototipo de Google sigue siendo reducida. El satélite cuenta con cuatro TPU y genera alrededor de un kilovatio de energía solar, lo que limita su operación a un chip a la vez y a sesiones de unos 20 minutos, según informes publicados. En comparación, un campus de IA de un gigavatio consume aproximadamente un millón de veces más energía.
Google ha calificado Suncatcher como un proyecto “moonshot”. Su responsable, Travis Beals, también ha dicho que no espera que la computación orbital sea más barata que la terrestre en los próximos cinco años. Por ahora, el experimento demuestra una capacidad técnica, no un modelo de negocio listo para competir con centros de datos convencionales.
## El costo y la incógnita de la rentabilidad
La advertencia de Corio podría tener implicaciones importantes para las empresas que ven en la órbita una nueva frontera de infraestructura. El inversionista bajista Jim Chanos señaló que la diferencia entre esa estimación y las proyecciones optimistas de los defensores de la computación espacial debería llevar a los mercados a examinar con cautela los modelos financieros del sector.
Un análisis de TIKR puso el asunto en términos de recuperación de la inversión. Si construir capacidad en órbita costara hasta 100 veces más y los servicios se alquilaran a precios similares a los terrestres, el plazo para recuperar la inversión podría extenderse hasta un siglo. Incluso con un sobrecosto de diez veces, el periodo podría acercarse a una década, según ese cálculo.
La cuestión es relevante para SpaceX, cuya valoración y ambiciones incluyen planes de computación orbital. La empresa ha solicitado autorización para lanzar hasta un millón de satélites destinados a centros de datos, mientras Elon Musk ha sugerido que la capacidad computacional desplegada en el espacio podría superar a la terrestre hacia finales de 2028. Al mismo tiempo, documentos de la propia compañía han advertido sobre la complejidad técnica, las tecnologías aún no probadas y la posibilidad de que estos centros nunca sean comercialmente viables.
Otros líderes del sector también han expresado reservas. Sam Altman, de OpenAI, calificó la idea de “ridícula” bajo las condiciones actuales. En contraste, Nvidia ha presentado módulos diseñados para atender futuras aplicaciones de computación espacial. La industria, por tanto, está dividida entre quienes ven una oportunidad estratégica y quienes consideran que los costos y desafíos siguen siendo demasiado altos.
## En la Tierra, el problema puede ser el permiso
El argumento más llamativo de Corio no se refería a la energía disponible, sino a los obstáculos para construir en tierra. Según The Information, sostuvo que Estados Unidos cuenta con suficiente electricidad y que los principales cuellos de botella son los permisos y los estudios de interconexión a la red.
Google afirma que adelanta pagos para mejoras de la red durante periodos de 15 a 20 años en más de nueve estados, ofrece garantías para cubrir restauraciones y ha dejado de utilizar acuerdos de confidencialidad con gobiernos locales. Corio también atribuyó parte de la oposición comunitaria a desarrolladores nuevos y con menos experiencia, aunque no mencionó empresas concretas.
Esa explicación no resuelve por completo el problema. Compañías consolidadas, como Oracle, también han encontrado resistencia local, y las objeciones a nuevos centros de datos se han extendido por distintas regiones del país. Data Center Watch contabilizó 75 proyectos, valorados en unos 130.000 millones de dólares, retrasados o bloqueados durante el primer trimestre de 2026.
La oposición política ayuda a explicar por qué la computación orbital resulta atractiva para algunos de sus promotores: promete alejarse de disputas locales por el uso del suelo, la energía y el impacto ambiental. Pero trasladar la infraestructura al espacio no elimina la necesidad de permisos. Las propuestas de SpaceX y Blue Origin requieren autorización de la Comisión Federal de Comunicaciones de Estados Unidos, y las preocupaciones por los desechos espaciales y el espectro radioeléctrico podrían generar nuevas objeciones.
## Una apuesta que aún debe demostrar su valor
Google ocupa una posición particular en este debate. Alphabet ha revelado una participación significativa en SpaceX y, según informaciones publicadas, Google habría mantenido conversaciones con la compañía sobre futuros lanzamientos de hardware Suncatcher. Por ello, las dudas de la responsable energética de Google sobre el costo de la computación orbital contrastan con los intereses estratégicos que rodean tanto a su propio proyecto como a SpaceX.
Por ahora, no hay datos públicos suficientes para establecer cuánto más costará realmente operar centros de datos en órbita. La cifra podría ser tres, diez o hasta 100 veces superior a la terrestre; tanto la advertencia de Corio como los plazos optimistas de Musk siguen sin demostrarse a escala comercial.
La prueba decisiva no será un satélite capaz de generar una respuesta breve de inteligencia artificial, sino una instalación capaz de operar con suficiente potencia, continuidad y economía para justificar su despliegue. Hasta que las empresas publiquen costos verificables y demuestren capacidad a gran escala, los centros de datos espaciales seguirán siendo una apuesta tecnológica fascinante, pero financieramente incierta.
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