La paradoja de la IA en la universidad: casi todos la usan, pero muchos querrían prohibirla



La inteligencia artificial ya forma parte de la vida universitaria: según una nueva investigación de Fizz, el 96 % de los estudiantes encuestados utiliza herramientas de IA. Sin embargo, más de la mitad (56 %) afirma que las prohibiría de inmediato si pudiera. La aparente contradicción revela una relación compleja: los estudiantes dependen cada vez más de estas tecnologías, al tiempo que reconocen sus posibles consecuencias negativas.

## Cuanto más se usa, más difícil parece renunciar a ella

La dependencia aumenta junto con la frecuencia de uso. Entre quienes recurren a la IA varias veces al día, el 68 % cree que las tareas académicas serían más difíciles sin ella. La proporción desciende al 59 % entre los usuarios diarios, al 42 % entre quienes la usan semanalmente y al 9 % entre los que lo hacen menos de una vez al mes.

La influencia no se limita al trabajo académico. El 43 % de los usuarios más intensivos considera que prepararse para su carrera profesional sería más difícil sin IA, y dos de cada cinco creen que también les complicaría la vida cotidiana.

El estudio plantea además que estas herramientas están ocupando espacios que antes dependían de la conversación con otras personas. Entre los usuarios diarios, el 86 % afirma haber utilizado la IA para algo que anteriormente habría consultado con alguien: desde orientación profesional o personal hasta ayuda para responder un mensaje.

## Presión por adoptar la tecnología

Parte de esta dependencia podría estar relacionada con la percepción de que quedarse al margen supone una desventaja. Casi la mitad de los usuarios más intensivos siente presión para utilizar IA por temor a perder oportunidades en el mercado laboral. Al mismo tiempo, muchos reconocen que un uso excesivo podría perjudicar habilidades importantes para su futuro profesional.

La presión no procede únicamente de los propios estudiantes: el 64 % de las personas encuestadas dice sentir al menos cierta expectativa por parte de docentes o instituciones educativas para adoptar estas herramientas. En este contexto, el 27 % identifica la comunicación y las habilidades interpersonales como su principal prioridad, competencias cuyo desarrollo requiere práctica y contacto humano.

## Preocupación por los efectos y el medioambiente

Querer limitar la IA no significa que los estudiantes estén de acuerdo en cuál es su principal riesgo. El 35 % señala el daño medioambiental como su mayor preocupación, por encima de la dependencia y el posible deterioro de las capacidades cognitivas, mencionados por el 28 %.

Los resultados dibujan una tensión similar a la observada con otras tecnologías de uso extendido: las personas pueden reconocer sus costes y, aun así, seguir utilizándolas porque las consideran útiles, necesarias o difíciles de evitar. En el caso universitario, a esa tensión se suma el temor de que abandonar la IA mientras los demás la usan implique quedarse atrás.

La cuestión, por tanto, no es solo si la IA debe permitirse o prohibirse. También importa cómo integrarla en la educación sin debilitar el pensamiento crítico, la autonomía y las relaciones personales. Para estudiantes e instituciones, el desafío será aprovechar sus ventajas sin dejar de atender las inquietudes que ya expresan quienes más la utilizan.

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