
Durante años, los jugadores podían contar con que las consolas bajarían de precio a medida que avanzaba su ciclo de vida. En 2026, esa expectativa parece haber quedado atrás. PlayStation 5 y Xbox Series X, lanzadas hace seis años, cuestan ahora 150 y 300 dólares más que en su estreno, respectivamente. Nintendo Switch 2, que llegó al mercado en 2025, ya cuesta 50 dólares más.
El contraste con generaciones anteriores es evidente. PlayStation 4 debutó en 2013 por 400 dólares y, tres años después, la versión PS4 Slim salió a la venta por 300. Las rebajas y los modelos más económicos eran una parte habitual —y fundamental— del ciclo de vida de una consola. Ahora, en cambio, los precios suben en distintas regiones del mundo, justo cuando también aumentan muchos otros gastos de los hogares.
Para entender por qué ocurre este cambio y si los precios volverán a bajar, consultamos a cuatro analistas del sector: Rhys Elliott, de Alinea Analytics; James McWhirter, de Omdia; Piers Harding-Rolls, de Ampere Analysis; y Mat Piscatella, de Circana.
## ¿Qué pasó con las rebajas de precio?
Tradicionalmente, los fabricantes lanzaban sus consolas con márgenes reducidos e incluso, en ocasiones, aceptaban pérdidas iniciales. La estrategia consistía en recuperar ese dinero con la venta de juegos y otros gastos de los usuarios.
Con el tiempo, las mejoras en la fabricación y el abaratamiento de componentes como los chips y la memoria reducían el coste de producir cada unidad. Eso permitía lanzar modelos más delgados o rebajar el precio de la consola para atraer a nuevos compradores y ampliar las ventas de juegos.
«Los jugadores más entusiastas pagaban el precio completo en el lanzamiento», explica Elliott. «Las familias, los niños, quienes volvían a jugar y los compradores con presupuestos más ajustados llegaban después, cuando el precio era menor».
En 2026, sin embargo, resulta más difícil conseguir las reducciones de costes que sostenían ese modelo. Fabricar chips avanzados es cada vez más caro y los precios de la memoria han aumentado considerablemente. Además, los fabricantes parecen menos dispuestos a asumir pérdidas para mantener bajo el precio del hardware. Según Harding-Rolls, Sony y Microsoft se han mostrado más reticentes a subsidiar sus consolas de forma significativa durante esta generación.
El resultado es una ruptura con la lógica tradicional: que una consola envejezca ya no significa necesariamente que cueste menos producirla ni que su precio de venta vaya a bajar.
## No es solo una cuestión de memoria
PS5 y Xbox Series X llegaron al mercado en medio de las alteraciones provocadas por la pandemia de COVID-19. Las dificultades de suministro persistieron durante buena parte de sus primeros años. Desde entonces, han surgido nuevas presiones: inflación, mayores costes energéticos, fluctuaciones monetarias —incluida la debilidad del yen— y aranceles estadounidenses.
«Esta generación de consolas ha estado marcada por la inestabilidad macroeconómica», afirma McWhirter.
A esos factores se suma el auge de la infraestructura de inteligencia artificial, que demanda enormes cantidades de memoria. Esto incentiva a los fabricantes de chips a priorizar productos para servidores, potencialmente más rentables, y reduce la capacidad disponible para la electrónica de consumo.
Las consolas necesitan memoria DRAM para funcionar y almacenamiento NAND flash. Según estimaciones de TrendForce, la memoria representa ahora entre el 23 % y el 42 % del coste de los componentes de una consola, frente a aproximadamente el 15 % en el pasado.
Elliott señala que los fabricantes suelen acordar precios y volúmenes de memoria con meses de antelación. Por eso, el impacto de un aumento puede tardar entre dos y cuatro trimestres en reflejarse en el coste de producción. «La consola que esté en las tiendas estas Navidades podría incluir memoria cuyo precio se fijó casi un año antes», explica.
## Una misma presión, distintas estrategias
Sony, Microsoft y Nintendo se enfrentan a problemas similares, pero sus prioridades no son idénticas.
PS5 es una plataforma madura, con una base de usuarios consolidada. Sony se centra cada vez más en obtener ingresos de sus clientes actuales mediante juegos, servicios y suscripciones como PlayStation Plus. En los resultados del segundo trimestre publicados el 5 de noviembre, los envíos de PS5 bajaron de cuatro millones a 2,6 millones interanuales, mientras que los ingresos de la división de videojuegos crecieron un 9 %, impulsados en buena medida por la debilidad del yen.
«Hoy, Sony considera el hardware una puerta de entrada que preferiría no subsidiar», afirma Elliott.
Microsoft atraviesa una situación comparable, aunque su estrategia de videojuegos se extiende cada vez más a otras plataformas. Sus títulos aparecen también en PlayStation y PC, por lo que, en palabras de Elliott, «la consola es una puerta de entrada entre varias». Aceptar precios más altos puede reflejar que el hardware tiene un papel distinto dentro del negocio general de Xbox, aunque vender menos consolas también podría dificultar la llegada de nuevos jugadores.
Nintendo tiene otro desafío. Switch 2 todavía está al comienzo de su ciclo, así que la empresa necesita ampliar su audiencia sin que el precio aleje a los compradores. McWhirter sostiene que Nintendo está aceptando parte de la presión sobre sus beneficios a corto plazo en vez de trasladar al consumidor todo el aumento del coste de los componentes.
Omdia calcula que el valor de mercado de la memoria de 12 GB y el almacenamiento de 256 GB de Switch 2 aumentó 162 dólares entre el segundo trimestre de 2025 y el mismo periodo de 2026. El dato no equivale necesariamente al precio que paga Nintendo a sus proveedores, pero ilustra la magnitud del encarecimiento. La empresa ha dicho que no tiene planes de volver a subir el precio; la incógnita, como apunta McWhirter, es cuánto tiempo podrá sostener esa decisión.
En todos los casos, la pregunta es la misma: ¿cuánto más pueden pagar los consumidores antes de renunciar a comprar una consola?
Elliott señala que los fabricantes también parecen más centrados en proteger sus márgenes y que los clientes más fieles han tolerado las subidas hasta ahora. «Cada aumento de precio de esta generación ha sido una prueba, y el público principal la ha superado; al menos en PlayStation y Nintendo», afirma.
## ¿Se está excluyendo a los jugadores?
Piscatella ha observado un patrón tras recientes subidas: las ventas aumentan antes de que entre en vigor el nuevo precio, luego caen y finalmente se estabilizan en un nivel distinto. Según el analista, ese comportamiento se ha visto en PlayStation, Xbox y Switch 2, y no debe confundirse con la desaceleración normal que se produce cuando una consola envejece.
Antes, las rebajas en etapas posteriores del ciclo ayudaban a que las consolas fueran más accesibles para familias y jugadores jóvenes. Esa posibilidad se está reduciendo. «Los compradores con menos presupuesto siempre podían recurrir a consolas usadas y juegos de segunda mano baratos», dice Elliott. El avance de la distribución digital complica esa alternativa, porque limita la compra y reventa económica de juegos físicos.
Aun así, hay otras opciones. Piscatella señala que los jugadores jóvenes o con menos recursos pueden recurrir a móviles y PC de menor potencia, donde títulos gratuitos como Roblox y Fortnite tienen una presencia amplia. El juego en la nube también podría ganar atractivo si las consolas siguen encareciéndose; los servicios de suscripción, por su parte, permiten acceder a catálogos extensos mediante un pago mensual.
El riesgo es que las consolas terminen dirigidas principalmente a un público adulto con mayor poder adquisitivo, aunque los videojuegos sigan siendo populares entre personas de todas las edades. «Las consolas se hicieron populares por su facilidad de uso, comodidad y precio asequible frente a otras opciones», afirma Piscatella. «Todo lo que reduzca esas ventajas las hace menos atractivas».
## La pregunta de los 1.000 dólares
El auge de la inteligencia artificial podría mantener la presión sobre el coste de los componentes y, por extensión, sobre los precios de las consolas. Aunque el precio de la memoria podría estabilizarse, Elliott y Harding-Rolls no esperan que vuelva el patrón de reducciones constantes de generaciones anteriores.
Es probable que los precios se mantengan elevados por los costes de fabricación y la renuencia de los fabricantes a absorberlos. Elliott prevé más promociones temporales, pero no necesariamente rebajas permanentes.
¿Podría una futura consola costar 1.000 dólares? Harding-Rolls considera que Sony y Microsoft quizá tengan que subsidiar más de lo que desearían para mantener accesible la próxima generación. Un análisis de Ampere planteó un escenario en el que PS6 y la próxima Xbox, con mejoras graduales, se lanzaran en 2028 a ese precio. En ese caso, las ventas conjuntas durante sus primeros cinco años podrían ser hasta un 38 % inferiores a las de las consolas actuales durante un periodo equivalente.
Ante ese riesgo, los fabricantes podrían replantear sus prioridades. Harding-Rolls sugiere que tendrán que moderar la búsqueda de más potencia y gráficos cada vez más realistas. McWhirter contempla una mayor variedad de modelos y niveles de precio, además de paquetes que aporten valor sin reducir formalmente el precio de la consola.
También es posible que se retrasen los próximos lanzamientos mientras las empresas esperan a que mejoren los costes de los componentes. Sin embargo, las perspectivas de algunos fabricantes de memoria son poco alentadoras: SK Hynix, por ejemplo, ha indicado que buena parte de su capacidad de producción ya está comprometida hasta 2028.
Por ello, las generaciones más largas podrían convertirse en la norma. Elliott espera que PS5 siga teniendo presencia mucho después del lanzamiento de su sucesora y que los juegos disponibles en varias generaciones permitan a algunos usuarios posponer la actualización. «La próxima generación no sustituirá tanto a la actual como se sumará a ella», afirma.
Las opciones de financiación, los programas de intercambio y el hardware reacondicionado podrían reducir el desembolso inicial. Sin embargo, ninguna de ellas resuelve por sí sola el problema de fondo: el acceso a las consolas es cada vez más caro.
## Una nueva era de pago por jugar
De cara a 2027 y los años siguientes, el desafío para los fabricantes es evitar que sus consolas se conviertan en productos exclusivos para aficionados con altos ingresos. El hardware que antes se abarataba con el tiempo ahora puede encarecerse, mientras muchos hogares ya afrontan un coste de vida mayor.
Los componentes podrían dejar de subir, pero los cambios en los modelos de negocio hacen menos probables las rebajas permanentes. Piscatella advierte que, si se reduce demasiado el grupo de compradores potenciales, el propio modelo de negocio de las consolas podría verse amenazado.
«La pregunta es en qué momento el mercado potencial para una nueva consola se vuelve tan pequeño que deja de ser viable», afirma. «Aún no hemos llegado a ese punto, pero el riesgo existe».
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