El camino hacia el 6G: decisiones de hoy para conectar el futuro



La llegada del 6G no será un cambio instantáneo. Se prevé que para 2040 haya más de cinco mil millones de conexiones 6G, pero la nueva tecnología no superaría al 5G hasta aproximadamente 2035–2037. Durante buena parte de la década de 2030, ambas generaciones coexistirán.

Las decisiones que se tomen ahora sobre espectro, estándares e inversión influirán en la capacidad de las redes móviles y en quién podrá acceder a ellas. Una planificación que fomente la inversión y la armonización internacional puede ayudar a ampliar la cobertura, mejorar la calidad del servicio y reducir los costes de los dispositivos.

## El trabajo empieza mucho antes del lanzamiento

Cada generación móvil requiere años de coordinación antes de llegar a usuarios y empresas a gran escala. La regulación, los estándares técnicos y la asignación de espectro deben avanzar con tiempo y, en la medida de lo posible, de forma armonizada. Esto no exige que todos los países adopten exactamente las mismas políticas, sino que acuerden parámetros comunes que faciliten la interoperabilidad y las economías de escala.

Entre las prioridades figura el acceso a bandas capaces de ofrecer canales de entre 200 y 400 MHz, adecuados para alcanzar velocidades mayores y mejorar la eficiencia de las redes. También será fundamental completar el trabajo de 3GPP para definir estándares globales y establecer políticas públicas que impulsen la infraestructura digital y la inversión.

## La evolución del 5G sigue siendo clave

En la actualidad hay alrededor de 350 redes 5G. Aunque esta tecnología se lanzó en 2018, su etapa de mayor predominio aún está por llegar: se espera que las conexiones 5G superen a las 4G durante esta década.

Ofrecer una experiencia consistente ha requerido tiempo e inversión. A medida que las redes maduran, su calidad mejora y el consumo de datos aumenta. Para sostener ese avance, muchos mercados deberán seguir invirtiendo en 5G autónomo y, posteriormente, en 5G-Advanced.

Ambas evoluciones pueden impulsar la productividad y habilitar nuevos servicios, pero sus beneficios dependen de que haya suficiente espectro. Si la disponibilidad se mantiene en los niveles actuales, algunas ciudades podrían afrontar limitaciones de capacidad antes de 2030. El valor del 5G no reside necesariamente en una única aplicación revolucionaria, sino también en mantener las redes al ritmo de una demanda de datos creciente.

## Capacidad para más conexiones y más dispositivos

El 6G también tendrá que responder a una demanda de capacidad cada vez mayor. Cuando las redes son más rápidas y receptivas, las personas tienden a consumir más datos y se vuelven viables aplicaciones más exigentes.

Además, el número de conexiones crecerá más deprisa que el de usuarios. Hoy se estiman unos 8.800 millones de conexiones móviles frente a 5.800 millones de suscriptores únicos. En el futuro, personas, vehículos, máquinas y sensores podrían intercambiar información de forma continua, ampliando aún más esa diferencia.

Por eso, la política de espectro no debe centrarse solo en alcanzar velocidades máximas. También debe ofrecer capacidad allí donde más se necesita —especialmente en zonas urbanas— y mantener una cobertura amplia y una calidad de servicio adecuada. Las bandas medias pueden aportar capacidad, mientras que las bandas bajas son importantes para extender la cobertura y reducir las diferencias entre zonas urbanas y rurales.

## Qué necesita el 6G para despegar

Un primer requisito es que las políticas públicas favorezcan la inversión. Para ello, el espectro debe asignarse a tiempo, sin restricciones artificiales ni precios de reserva excesivos. La experiencia de generaciones anteriores muestra que el valor del espectro no se mide únicamente por lo recaudado en una subasta, sino también por los beneficios económicos y sociales que generan las redes construidas sobre él.

Las subastas de 3G pusieron de manifiesto los riesgos de priorizar los ingresos inmediatos frente al despliegue. Más tarde, algunas asignaciones de espectro para 5G, en particular en la banda de 3,5 GHz, evidenciaron la importancia de contar con una hoja de ruta clara y de facilitar bloques contiguos adecuados para las redes.

El segundo requisito es planificar de acuerdo con las necesidades técnicas del sector. El 6G podría requerir canales de 200 a 400 MHz por operador y una cantidad total de espectro de banda media de aproximadamente 2 a 2,5 GHz por mercado entre 2035 y 2040. En mercados de mayor demanda, las necesidades podrían situarse en torno a 2,4–3,3 GHz.

No es necesario liberar todo ese espectro de una sola vez. Una hoja de ruta creíble permitirá a los operadores planificar inversiones a largo plazo. A su vez, una mayor armonización internacional puede facilitar la producción a escala y contribuir a que los dispositivos sean más asequibles.

## Preparar una transición amplia y sostenible

El 6G convivirá con el 5G durante años, y su alcance dependerá de las decisiones que se tomen mucho antes de que la tecnología llegue al mercado. Una planificación adecuada del espectro, los estándares y la infraestructura puede impulsar la innovación y la productividad. También puede ayudar a que sus beneficios no se concentren únicamente en las zonas o los grupos con mayor capacidad de acceso.

Construir un entorno 6G sostenible y equitativo exige, por tanto, mirar más allá de las velocidades máximas: se trata de crear redes con capacidad suficiente, cobertura extensa y condiciones que hagan posible compartir sus beneficios.

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