
Muchas empresas apostaron por el regreso a la oficina con la expectativa de impulsar la productividad y facilitar la colaboración. Sin embargo, los datos indican que la experiencia diaria de muchos trabajadores todavía se parece bastante al trabajo remoto: abundan las reuniones virtuales y la asistencia real queda por debajo de lo que exigen las políticas corporativas.
Un informe de la Reserva Federal de Nueva York señala que casi la mitad de los empleados que se desplazan a una oficina no participa exclusivamente en reuniones presenciales. Además, más de un tercio afirma haber asistido al menos a una reunión completamente virtual incluso cuando todos sus compañeros estaban en la oficina. Esto sugiere que las herramientas digitales se han convertido en la opción predeterminada, independientemente del lugar desde el que se trabaje.
## ¿Qué valor aporta trabajar desde la oficina?
Una práctica conocida como «One Zoom, All Zoom» ayuda a explicar parte de esta dinámica: si una sola persona no puede asistir en persona, toda la reunión se traslada a una plataforma virtual, aunque el resto del equipo esté reunido en el mismo espacio.
El resultado puede ser una jornada con poca interacción presencial significativa. Según el informe, los trabajadores pasan una media de 6,3 horas al día trabajando en presencia de colegas, frente a las 7,1 horas registradas antes de la pandemia. Incluso en empleos que no pueden realizarse a distancia, el tiempo que se pasa trabajando en solitario aumentó de 1,5 a 2,4 horas diarias.
Estos datos no demuestran que la oficina carezca de utilidad, pero sí plantean una pregunta importante: ¿se está aprovechando el desplazamiento para actividades que realmente se benefician del contacto presencial?
## La asistencia real no alcanza los objetivos
Las políticas de regreso a la oficina suelen exigir entre tres y cinco días de asistencia semanal. El promedio establecido por las empresas es de 3,74 días, pero los empleados declaran acudir solo 2,59 días. La diferencia supera un día por semana.
En una empresa de la lista Fortune 500 analizada en el informe, únicamente el 63,6 % de los trabajadores cumplía una política obligatoria de cuatro días presenciales. La distancia entre las normas y la asistencia efectiva apunta a un problema que no se resuelve simplemente fijando más días: también importa que las personas comprendan el propósito de estar allí.
## Una estrategia presencial con objetivos claros
Las empresas pueden sacar más partido a los días presenciales si los reservan para tareas que ganan valor con la interacción directa: sesiones de planificación, resolución conjunta de problemas, formación y conversaciones que requieren una colaboración estrecha. Coordinar los horarios del equipo también puede ayudar a evitar desplazamientos cuando los compañeros clave no estarán presentes.
Conviene, además, revisar cómo se organizan las reuniones. Cuando sea posible, las reuniones presenciales deberían ser realmente presenciales, en lugar de trasladarse automáticamente a una plataforma virtual. Reducir las distracciones digitales y adaptar los espacios a distintas formas de colaboración también puede contribuir a que la oficina resulte más funcional.
La clave no está necesariamente en aumentar el número de días obligatorios, sino en hacer que cada jornada presencial tenga un motivo claro. Si la oficina ofrece oportunidades de colaboración que no se reproducen fácilmente a distancia, el desplazamiento puede convertirse en una inversión más útil tanto para los empleados como para las empresas.
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