En la era de la IA, la seguridad de identidades sigue siendo la prioridad


La inteligencia artificial agéntica está acelerando las operaciones y creando nuevas superficies de ataque. Algunos proveedores afirman que sus modelos más avanzados pueden escapar de entornos aislados e incluso vulnerar organizaciones. Sea cual sea el grado de realidad o de exageración de esas afirmaciones, los responsables de seguridad deben mantener el foco en los fundamentos: proteger las identidades y controlar los accesos.

Los CISO deben anticiparse a los cambios, pero no a costa de descuidar las medidas esenciales. Muchas brechas, incluso en empresas sofisticadas, siguen aprovechando credenciales expuestas, permisos excesivos y accesos que deberían haberse revocado. La novedad puede estar en la herramienta utilizada; la debilidad subyacente suele ser conocida.

También es necesario distinguir los riesgos concretos del ruido. El llamado «lavado de IA» —exagerar el papel de la inteligencia artificial en un producto o una estrategia— existe. Para tomar buenas decisiones, los líderes necesitan explicaciones precisas sobre las amenazas y sus consecuencias, no más confusión alrededor de la tecnología de moda.

El desafío de las identidades

Presentar cada incidente relacionado con agentes como un problema de «seguridad de la IA» puede resultar comprensible, pero no siempre ayuda a decidir qué hacer. Para reducir el riesgo de manera práctica, conviene plantear una pregunta más específica: quién o qué tiene acceso a cada sistema, con qué permisos y durante cuánto tiempo.

La gestión de identidades ya es compleja en organizaciones con plantillas cambiantes. Además de empleados, muchas empresas conceden acceso a consultores, proveedores, auditores, contratistas y personal temporal. Si esas cuentas no se revisan ni se eliminan cuando dejan de ser necesarias, se convierten en accesos huérfanos y sobreprivilegiados.

Ese problema también afecta a las identidades no humanas (NHI, por sus siglas en inglés), como cuentas de servicio, aplicaciones y agentes de IA. La brecha de Hugging Face ilustra el riesgo: una identidad no humana con permisos excesivos y sin supervisión permitió obtener acceso de administrador a clústeres en dos entornos. El ataque pudo ser novedoso; la falla de control no lo era. Se concedió acceso, pero nadie lo revisó ni lo revocó.

Una responsabilidad que no puede quedar entre equipos

La gestión de accesos implica a distintas áreas. ¿Quién es responsable de una identidad de IA: el CIO, el CISO, Recursos Humanos, el equipo de riesgos o el área que implementó el agente? Si la respuesta no está clara, las tareas pueden quedar desatendidas. Y un proceso de incorporación riguroso no basta si nadie se ocupa de retirar permisos cuando una persona o un sistema deja de necesitarlos.

Los datos de Verizon en su informe DBIR de 2026 señalan que la explotación de vulnerabilidades superó por primera vez en 19 años al robo de credenciales como principal vector inicial de acceso. Sin embargo, las credenciales siguen desempeñando un papel importante en la escalada de privilegios y el movimiento lateral. Una vulnerabilidad puede abrir la puerta; una identidad sin control permite desplazarse por la organización.

Los agentes de IA pueden ayudar a descubrir fallas con una velocidad extraordinaria. Pero, incluso cuando se explota una vulnerabilidad, el acceso de mínimo privilegio, los permisos temporales y una gobernanza adecuada de las identidades no humanas pueden limitar el alcance del incidente. No se puede resolver un problema de identidad únicamente instalando parches.

Aprender de las olas tecnológicas anteriores

La expansión de la computación en la nube ofrece una comparación útil. La brecha de Capital One de 2019, en la que quedaron expuestos datos de más de 100 millones de personas a través de un rol de AWS mal configurado, mostró cómo la expansión de permisos en la nube podía superar la capacidad de las organizaciones para gobernarlos. De esa experiencia surgieron prácticas y herramientas de gestión de derechos de infraestructura en la nube (CIEM) para aplicar el principio de mínimo privilegio a gran escala.

La IA presenta un patrón parecido. Los agentes reciben permisos amplios, se incorporan credenciales a flujos de trabajo sin rotación ni alcance limitado, y a veces no está claro quién debe supervisar esos accesos. La respuesta no tiene por qué consistir en inventar un nuevo acrónimo. Se trata de aplicar con rigor principios conocidos —mínimo privilegio, acceso justo a tiempo y revisión continua de derechos— y adaptarlos a los sistemas de IA.

La tecnología cambia, pero la pregunta central permanece: quién —persona o máquina— puede acceder a qué recursos, bajo qué condiciones y durante cuánto tiempo. Las organizaciones deben asignar claramente las responsabilidades, compartir conocimientos entre equipos y establecer planes de transición para cuando alguien cambie de función o deje la empresa.

Más herramientas para crear también significa más riesgo

La IA ha simplificado la creación de aplicaciones y agentes. Hoy, personas sin experiencia tradicional en programación pueden construir herramientas capaces de gestionar credenciales, consultar API e interactuar con sistemas de producción. Esa capacidad es transformadora, pero amplía la superficie de ataque, especialmente cuando el software se desarrolla y despliega sin controles de identidad adecuados.

Las credenciales estáticas almacenadas en texto sin formato, los permisos excesivos y las cuentas sin propietario siguen siendo riesgos evitables. Los principios de confianza cero y mínimo privilegio pueden reducir tanto la probabilidad de un acceso indebido como el impacto de una brecha. Las herramientas existen; el reto consiste en aplicarlas de forma coherente.

La atención a los agentes que actúan de manera autónoma está justificada. Pero los atacantes seguirán aprovechando las oportunidades que encuentren, como siempre lo han hecho. La prioridad para los líderes de seguridad no es perseguir cada nueva narrativa tecnológica, sino garantizar que cada identidad —humana o no— tenga solo los permisos necesarios, durante el tiempo necesario, bajo una responsabilidad claramente asignada.

Las organizaciones que extiendan esa disciplina a la gobernanza de las identidades no humanas estarán mejor preparadas para la próxima ola tecnológica. Poner los fundamentos en orden no impide innovar: permite hacerlo con menos riesgo.

from Latest from TechRadar https://ift.tt/nv5O6o3
via IFTTT IA