Reconocimiento facial en el Reino Unido: la confianza debe acompañar a la tecnología



La tecnología de reconocimiento facial (TRF) se está incorporando rápidamente a la vida cotidiana en el Reino Unido. Aunque el debate público se ha centrado sobre todo en su uso policial, también crece su presencia en el sector privado, especialmente en comercios. Esa expansión plantea una cuestión fundamental: ¿cómo aprovechar sus posibles beneficios sin comprometer la privacidad ni la confianza de las personas?

## La aceptación depende de quién utiliza la tecnología

La opinión pública sobre el reconocimiento facial no depende únicamente de cómo funciona. También influyen el lugar donde se utiliza, la finalidad y, sobre todo, quién está detrás del sistema.

No es lo mismo utilizar la tecnología para ayudar a la policía a localizar a una persona sospechosa de delitos graves que emplearla en una tienda para identificar a alguien sospechoso de hurto. En ambos casos deben examinarse la precisión, la privacidad y el tratamiento de los datos biométricos, pero el contexto y el propósito son distintos.

Una encuesta independiente encargada por Face Int a 2.000 adultos del Reino Unido encontró que el 73 % apoya el uso policial del reconocimiento facial, frente al 54 % que respalda su utilización en comercios. Estas cifras no significan que el uso policial deba quedar exento de supervisión ni que el despliegue privado sea necesariamente rechazado. Sí indican que la aceptación está estrechamente ligada a las circunstancias y a la organización responsable.

En las operaciones policiales de reconocimiento facial en directo, la presencia de la tecnología suele anunciarse mediante vehículos identificados, señalización y comunicaciones previas sobre dónde y cuándo se utilizará. En los comercios, en cambio, su presencia puede ser menos evidente. Además, las personas quizá no sepan qué ocurre con sus datos. La preocupación es significativa: en la misma encuesta, el 57 % afirmó estar inquieto por la forma en que se almacenan las imágenes faciales.

## La precisión no basta

Reducir los errores de identificación y someter los sistemas a pruebas rigurosas es imprescindible. Sin embargo, la precisión por sí sola no garantiza la confianza pública. También importa cómo se recopilan, procesan y conservan los datos, y qué controles existen durante todo el proceso.

El 43 % de las personas encuestadas en el Reino Unido señaló que unas leyes claras aumentarían su confianza en esta tecnología. Actualmente, su uso se rige por un conjunto de normas que incluye la legislación sobre protección de datos y derechos humanos. La necesidad de interpretar distintos marcos puede contribuir a que los criterios varíen entre organizaciones y sectores.

La Ley de Inteligencia Artificial de la Unión Europea establece requisitos específicos para ciertos usos de identificación biométrica, con obligaciones adicionales previstas para diciembre de 2027. En el Reino Unido, el Gobierno también ha consultado sobre un nuevo marco para el uso policial del reconocimiento facial, aunque esa iniciativa no abarca directamente los despliegues del sector privado.

La Oficina del Comisionado de Información del Reino Unido (ICO) ha examinado el uso policial de esta tecnología y trabaja con fuerzas y organismos de supervisión para fortalecer la gobernanza y la confianza pública. Un análisis igualmente riguroso del uso privado podría ayudar a identificar buenas prácticas y riesgos, y a orientar nuevas directrices.

## Cómo se ve un uso responsable

Una mayor supervisión no implica necesariamente prohibir la tecnología. Puede, en cambio, aclarar qué se espera de las organizaciones que recopilan y utilizan datos biométricos.

En primer lugar, las organizaciones deben explicar de forma comprensible cuándo y por qué utilizan reconocimiento facial, qué ocurre con los datos y quién es responsable de ellos. Esa información debe estar disponible antes de que se recopilen los datos, no después.

La privacidad también debe incorporarse desde el diseño. Las técnicas de protección de plantillas biométricas, como el uso de métodos criptográficos, pueden reducir la necesidad de conservar imágenes faciales identificables. Este enfoque de privacidad desde el diseño debería ser una expectativa básica para cualquier organización que invierta en estos sistemas.

Las empresas deben limitar la recopilación y conservación a lo estrictamente necesario. Los datos de quienes no coincidan con una lista de vigilancia legítima no deberían conservarse, y la información que sí deba almacenarse debe tener un plazo de retención claramente definido.

La seguridad es igualmente esencial. El acceso a los datos debe estar restringido y quedar registrado, indicando quién accedió, cuándo y por qué. Toda persona que gestione información biométrica necesita formación adecuada, y las organizaciones deben contar con procedimientos para responder a las brechas de seguridad con rapidez y transparencia.

Por último, la tecnología debe apoyar la toma de decisiones humanas, no sustituirla. Una coincidencia del sistema debe tratarse como una alerta que requiere revisión por parte de una persona, no como una conclusión definitiva.

## Una oportunidad para una respuesta coordinada

El reconocimiento facial afecta a ámbitos que van mucho más allá de la tecnología: la actividad policial, el comercio, la protección de datos, la seguridad y el crecimiento económico. Por ello, la respuesta del Gobierno británico debe ser coherente y contar con la participación de distintos departamentos, reguladores y organizaciones privadas.

El examen de la ICO sobre el uso policial puede servir como referencia para evaluar las aplicaciones comerciales. Una revisión de este tipo permitiría conocer qué prácticas funcionan, dónde existen riesgos y qué orientación o regulación adicional se necesita.

Las empresas que utilizan la tecnología de forma responsable deberían acoger favorablemente una supervisión clara. Los estándares comunes ofrecen mayor certidumbre sobre cómo desplegar los sistemas y ayudan a que el público confíe en que sus datos biométricos se tratarán adecuadamente.

El debate no debería reducirse a elegir entre adoptar el reconocimiento facial sin reservas o rechazarlo por completo. El reto es obtener sus posibles beneficios garantizando que su uso sea transparente, proporcionado, preciso y seguro.

La aplicación policial seguirá siendo parte esencial de la conversación. Pero, a medida que el reconocimiento facial se extiende al sector privado, la supervisión debe avanzar también. La confianza pública dependerá no solo de lo que la tecnología puede hacer, sino de que las personas comprendan cómo se utiliza y tengan motivos para confiar en la protección de sus datos.

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