
Sabemos qué significa ser propietario de una vivienda, un automóvil, una participación en una empresa, una patente o una marca. En cada caso existe un marco jurídico que define el activo, determina quién lo posee y permite venderlo, transferirlo, financiarlo o protegerlo.
Los datos son más complejos. Una empresa puede haber dedicado décadas a crear un conjunto de datos valioso del que depende y que protege. Sin embargo, determinar con precisión qué constituye ese activo y qué derechos conlleva resulta mucho menos sencillo.
Esa incertidumbre tiene consecuencias comerciales. Puede dificultar la valoración, concesión de licencias o intercambio de datos con confianza. Así, las transacciones dependen en gran medida de contratos y de la confianza entre las partes, en lugar de una comprensión verificable e independiente de qué son los datos y cómo pueden utilizarse.
En la Isla de Man hemos estado explorando este desafío mediante el desarrollo del marco Data Asset Foundations, que establece una base legal para reconocer como activo los datos definidos y sujetos a gobernanza.
Ahora que el marco avanza hacia su implementación, queda una pregunta más amplia para las empresas: si queremos tratar los datos como un activo, ¿qué implica realmente?
## ¿Qué convierte a los datos en un activo?
Un activo de datos no puede ser simplemente cualquier conjunto de datos.
Para que un conjunto de información funcione como un activo diferenciado, es necesario responder cuatro preguntas fundamentales. ¿Qué es exactamente? No basta con decir «nuestros registros de clientes»: hay que delimitar con precisión qué información incluye, qué periodo abarca, de qué fuentes procede y, si se ha procesado, cómo se ha producido.
¿Quién puede utilizarlo? Hay que determinar qué está autorizado a hacer el titular y qué restricciones se aplicaban a los datos cuando se recopilaron. El registro no elimina esas limitaciones: estas siguen vinculadas al activo. Tampoco sustituye los derechos contractuales, de propiedad intelectual o de protección de datos que ya existan; las obligaciones correspondientes continúan vigentes.
¿Quién es responsable? Debe haber una parte identificada que responda de mantener el activo en buen estado y gestionar su gobernanza. ¿Cómo pueden confiar en él terceros? Es necesario contar con un mecanismo que permita comprobar que el activo ha sido evaluado de forma independiente y conocer su estado de verificación, sin tener que acceder directamente a los datos subyacentes.
Aunque las preguntas son sencillas, muchas organizaciones tendrían dificultades para responderlas de manera coherente respecto de todos los datos que poseen. Para hacerlo, deben ir más allá de descripciones generales e identificar conjuntos de información concretos, con límites, derechos, responsabilidades y usos potenciales definidos.
Esta distinción tiene un valor comercial práctico. Cuando existe más certeza sobre la naturaleza del activo y los derechos asociados, se crea una base más sólida para valorarlo, conceder licencias, compartirlo o, potencialmente, utilizarlo en operaciones de financiación.
## Por qué las reglas importan tanto como los datos
Uno de los aspectos más importantes de este cambio es reconocer que un activo de datos no se limita a la información que contiene: también importa cómo se gobierna. A menudo, las empresas almacenan los datos en un lugar y la información sobre las reglas que rigen su uso en otro.
La procedencia, los usos permitidos, los requisitos de calidad y las restricciones pueden estar repartidos entre políticas, contratos, hojas de cálculo y otros registros internos. Por ello, la relación entre los datos y las reglas depende en gran medida de la propia organización.
El marco Data Asset Foundations de la Isla de Man proporciona una base legal para reunir estos elementos. El Registro de Activos de Datos, que se está implementando como parte de los mecanismos operativos de apoyo al marco, recogerá información que defina el activo y su gobernanza, incluida su identidad, procedencia, derechos, permisos, responsabilidades y métodos de verificación.
Es importante destacar que el conjunto de datos subyacente no se almacenará en el Registro. La información inscrita ofrecerá, en cambio, una forma coherente de establecer qué es el activo y qué derechos y reglas de gobernanza se le aplican.
Puede establecerse una comparación útil con el registro de la propiedad. Un registro de terrenos no determina si una propiedad tiene valor o está bien gestionada. Aporta certeza sobre qué comprende, dónde están sus límites y quién es su titular, reduciendo así las fricciones en las transacciones relacionadas con ella.
El mismo principio puede tener relevancia comercial para los datos. Una mayor certeza no crea valor donde no lo hay, pero puede facilitar que el valor existente se reconozca y aproveche mediante licencias, intercambios, financiación o el desarrollo de nuevos productos basados en datos.
Para un posible inversor, prestamista o licenciatario, esto puede marcar una diferencia importante. Hoy, evaluar un conjunto de datos puede exigir reunir información sobre su procedencia, permisos y gobernanza a partir de contratos, políticas y sistemas internos. Un activo de datos definido y sujeto a gobernanza puede ofrecer un punto de partida probatorio más claro y reducir parte de las fricciones de esa evaluación, aunque no determina su valor ni garantiza un resultado comercial concreto.
## Convertir los datos en algo más que un activo de nombre
Durante años, las empresas han descrito los datos como uno de sus activos más valiosos. Pero reconocer que tienen valor no es lo mismo que crear las condiciones para aprovecharlo. Gran parte del desafío consiste en aportar certeza: saber qué es el activo, de dónde procede, qué derechos se le aplican y cómo pueden verificarse esas afirmaciones.
El marco Data Asset Foundations de la Isla de Man busca ofrecer mayor claridad. Al establecer una base común de comprensión, pretende que los datos que las organizaciones consideran uno de sus activos más valiosos puedan pasar de ser un recurso interno a convertirse en un activo definido, registrado y gobernable, con mejores condiciones para su valoración, financiación y uso comercial.
A medida que la inteligencia artificial aumenta tanto la demanda de datos de calidad como el escrutinio sobre su utilización, estarán mejor posicionadas las organizaciones capaces de demostrar no solo que poseen datos, sino también que saben qué son, de dónde proceden, qué derechos conllevan y cómo se gestionan. Aportar mayor certeza en torno a estas cuestiones es, en última instancia, el objetivo del marco Data Asset Foundations.
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