
Si los rumores son ciertos, la próxima semana Apple podría presentar los primeros MacBook con pantalla táctil. La idea habría parecido improbable durante años: Steve Jobs rechazó públicamente este concepto y defendió que las pantallas táctiles funcionan mejor en posición horizontal, como las de un iPad, y no en la pantalla vertical de un portátil.
En 2010, Jobs explicó que tocar una pantalla de portátil podía resultar incómodo y provocar fatiga en el brazo. Apple mantuvo esa postura durante más de una década. Incluso cuando introdujo la Touch Bar en el MacBook Pro de 2016, sus directivos sostuvieron que una pantalla táctil completa no era la solución adecuada para la línea Mac.
Pero los tiempos cambian. Los equipos convertibles de Windows, cuyas pantallas pueden plegarse o separarse para usarse como tabletas, han demostrado que existe un público interesado en ordenadores con interacción táctil. Si Apple presenta un MacBook Pro táctil, no necesariamente significará que sus antiguos argumentos fueran absurdos: quizá la tecnología, el diseño y las expectativas de los usuarios hayan evolucionado.
## ¿Qué pensaría Steve Jobs?
Algunos seguidores de Apple podrían interpretar el cambio como una renuncia a los principios de Jobs. Sin embargo, esa lectura pasa por alto una característica importante de su trayectoria: estaba dispuesto a revisar sus opiniones cuando aparecía una idea capaz de cambiar las posibilidades de un producto.
Jobs expresó reservas sobre la posibilidad de que Apple fabricara un teléfono, sobre las aplicaciones de terceros y sobre el vídeo en el iPod. La compañía terminó apostando por esas propuestas cuando la tecnología y la oportunidad estaban a la altura. Su visión no consistía necesariamente en aferrarse para siempre a una postura, sino en buscar productos que ofrecieran una experiencia convincente.
En una entrevista con *Playboy* en 1985, Jobs dijo que, para vivir de forma creativa, hay que estar dispuesto a dejar atrás lo que uno ha hecho y quién ha sido. Esa idea ayuda a entender por qué sus declaraciones de una época no tienen por qué ser una prohibición eterna para Apple.
La ergonomía seguirá siendo una cuestión legítima: una pantalla táctil vertical puede no resultar cómoda para todas las tareas ni para todos los usuarios. El reto de Apple será integrar el tacto sin restar valor al teclado, al trackpad y a la experiencia tradicional del Mac. Si lo consigue, el nuevo formato podría ampliar las formas de trabajar con un portátil.
Por eso, si Apple presenta un MacBook Pro táctil, no hace falta lamentar que se abandone una supuesta regla inmutable de Jobs. Es posible que él hubiera cuestionado la idea en su momento y, ante una implementación bien resuelta, hubiera cambiado de opinión. En Apple, la innovación no siempre consiste en mantener las respuestas de ayer, sino en encontrar una mejor para las necesidades de hoy.
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