
Si te atraen las vibras estéticas del gothic colonial en historias de horror, como Jamaica Inn o Wide Sargasso Sea, la nueva serie de Sky TV, Possession, promete capturar tu atención. Pero conviene avisar: la historia toca nervios mucho más modernos y tangibles.
Seguimos a Claudia (Gugu Mbatha-Raw), una abogada bi-racial ambiciosa que viaja a Jamaica para cuestionar un reclamo de herencia presentado por un hombre local contra un aristócrata blanco adinerado. A su llegada, sin embargo, descubre que la finca disputada es una antigua plantación que ha acechado sus sueños durante años. Así comienzan una serie de flashbacks al siglo XIX, maldiciones y una conexión espiritual que se malinterpreta o se malinterpreta por muchos.
A nivel superficial, es comprensible entender por qué el miedo puede ser tan intenso: la serie no se limita a mantener la tensión mediante sustos, sino que a menudo es brutal en su compromiso con lo grotesco y lo gore, evocando, entre otros referentes, Evil Dead en su actitud frente al horror sobrenatural.
Pero hay una segunda capa de incomodidad que emerge al analizar el papel que distintos países han desempeñado en la historia del colonialismo y la esclavitud. Cultural y históricamente sabemos lo atroces que fueron los comportamientos de Occidente durante el comercio transatlántico de esclavos, y aquí se observa también cuán frecuentemente se malinterpretaban o castigaban las creencias espirituales de tus antepasados.
Con un giro distintivo para 2026, Possession me dejó impresionantemente desconcertado, en la dirección contraria a lo que esperaba. Sin embargo, según la propia estrella Gugu Mbatha-Raw, no es tarea del reparto y del equipo hacer que lo incómodo sea cómodo.
“No creo que sea nuestro trabajo hacer que la audiencia se sienta a gusto… Creo que tal vez nuestro trabajo es llevarte en un viaje,” comentó Mbatha-Raw cuando le pregunté si es posible hacer lo incómodo más soportable. “Claudia emprende un viaje enorme y es una búsqueda de identidad. Lucha con la justicia y el legado. Aunque hay temas pesados sobre el legado del colonialismo y la complejidad de la reparación, esa es la potencia del drama: plantear temas elevados, pero de una forma más accesible.”
“No sé si la palabra es ‘confortable’. Creo que celebramos la incomodidad en este género, y está bien. Es aceptable mantener conversaciones difíciles y no esquivar temas incómodos. Hay un lugar para ello en el drama y en la sociedad.”
Continúa: “Las buenas historias abren el camino al descubrimiento, y queremos que la audiencia se incline y piense: ‘wow, qué mundo tan rico, intenso y vibrante’. Una vez dentro, se enfrentan a verdades duras.”
Es una forma adecuada de describir el viaje de visionado intenso que se despliega a lo largo de diez episodios condensados en cinco entregas, cada una con menos de una hora. Possession es el tipo de espectáculo que permanece contigo durante días y semanas, dejando una conversación interna que deshilacha lo que creíste saber.
Eso implica un reto para cualquier espectador que buscaba desconectar al final de la jornada. Pero ¿qué es el arte si no nos desafía? Mi consejo: Possession merece la pena verla; y si te quedas con inquietud, eso es, en muchos sentidos, la recompensa más adecuada.
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