¿Qué cambiará con Kamala para las grandes empresas tecnológicas?

¿Qué cambiará con Kamala?

Cuando George Bush (h) ganó las elecciones en los Estados Unidos en el año 1998, se puso en marcha una serie de acontecimientos que cambiaría profundamente la industria de la tecnología. Bush dio marcha atrás con el proceso antimonopolio que iba a obligar a Microsoft a dividirse. Algunos creen que de haberse producido la separación, la empresa hubiera prestado mayor atención al naciente mercado de los dispositivos móviles.

Lo de Bush no era ideológico. Microsoft fue un generoso aportante a su campaña. Lo mismo que las grandes tecnológicas con la de la vicepresidente electa Kamala Harris

Varias veces comentamos en Linux Adictos como tanto en Estados Unidos como en la Unión Europea las grandes empresas tecnológicas son investigadas por sus prácticas anticompetitivas. Tanto el subcomité antimonopolio de la Cámara de Representantes como la Comisión Federal de Comercio tienen baja la lupa las acciones de Apple, Amazon, Facebook y Google. Por su parte, el Departamento de Justicia ya presentó una demanda contra esta última empresa.

Silicon Valley ama a Kamala

Joe Biden anunció que Kamala Harris sería su candidata a vicepresidente en agosto. Tan solo en octubre, empleados de Google, Apple y Facebook donaron un millón y medio de dólares a la campaña. Biden solo había conseguido de ellos cuatrocientos cincuenta mil, mientras que Trump tuvo que arreglárselas con ciento seis mil dólares.

Se cree que el nombramiento de Kamala Harris aportó cuarenta millones de dólares para la campaña. Entre los principales aportantes figuran empleados de Alphabet (la compañía matriz de Google) Microsoft, Apple y Amazon.

La habilidad de hacer que se abran las billeteras del Valle del Silicio vienen de largo tiempo atrás. Durante sus campaña para ser fiscal general de California y senadora, Kamala Harris consiguió aportes de importantes ejecutivos de Apple como Jony Ive, Mark Benioff de Salesforce y la Jefa de Operaciones de Facebook Sheryl Sandberg.

Sus relaciones con Silicon Valley no se limitan a recibir dinero, ha dado charlas en Google y Facebook además de ser amiga de Laurene Powell Jobs, la viuda del cofundador de Apple Steve Jobs, asistió a la boda de Sean Parker, cofundador de Napster y primer presidente de Facebook. POr no mencionar que algunos ex-ayudantes de Harris ahora trabajan en compañías de tecnología, incluyendo Google, Amazon y Airbnb.

Y si necesitamos algo más para sumar a la paranoia, el cofundador de LinkedIn, Reid Hoffman, y el capitalista de riesgo John Doerr recaudaron dinero para su candidatura presidencial.

¿Qué cambiará con Kamala?

Aunque oficialmente no se conoce la postura del nuevo gobierno, los analistas coinciden en que Kamala Harris no será la «empleada del mes» de las tecnológicas.

Algunos recuerdan que en el 2018, durante una audiencia en que se investigaba a Facebook por el escándalo de Cambridge Analytica, le dio un rapapolvo a Mark Zuckerberg.

Luego de preguntarle si había participado de una reunión en la que se decidió no informar a los usuarios de la fuga de datos, le manifestó claramente sus dudas sobre la preocupación de Facebook por la transparencia y la confianza.

Consultada por un medio periodístico, la nueva vicepresidente declaró:

Creo que las empresas de tecnología deben ser reguladas. Mi primera prioridad va a ser que aseguremos que la privacidad es algo que está intacto y que los consumidores tienen el poder de tomar decisiones sobre lo que pasa con su información personal

Durante su trabajo como legisladora, Kamala Harris fue una decidida partidaria de leyes de preservación de la privacidad digital, de protección contra el acoso en línea y de aumento de los derechos de los trabajadores de aplicaciones.

Según Dean Lacy, profesor de gobierno en el Dartmouth College, las empresas tecnológicas ven a Harris como menos reguladora que el ala izquierda del Partido Demócrata y menos hostil a la tecnología que el ala Trumpista del Partido Republicano. Según Lacy, el objetivo de las donaciones es asegurarse ser escuchados.

El consenso entre los analistas es que la industria apostó por el mal menor. Saben que van a tener que hacer frente a regulaciones más estrictas. Pero, al menos hay alguien en el gobierno que conoce el mundo de la tecnología. Con Trump temían una cirugía realizada sin anestesia y con cuchillo de carnicero.

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