La seguridad empresarial también depende de proteger las comunicaciones



¿Y si la próxima brecha de seguridad de su empresa se produjera durante una conversación? Durante años, las organizaciones han centrado sus esfuerzos en proteger servidores, dispositivos y redes. Sin embargo, en un entorno hiperconectado y marcado por la inteligencia artificial, las amenazas también se abren paso por los canales de uso diario: mensajería, videoconferencias, llamadas y herramientas de colaboración.

Las medidas de seguridad tradicionales siguen siendo indispensables, pero ya no bastan por sí solas. Una parte cada vez mayor de la información sensible circula por espacios de comunicación donde los riesgos pueden pasar inadvertidos.

El Centro Nacional de Ciberseguridad del Reino Unido (NCSC) advirtió recientemente sobre actores vinculados a Rusia que tenían como objetivo aplicaciones de mensajería. Además, la ingeniería social se extiende más allá del correo electrónico. El informe «Cyber Security Longitudinal Survey – Wave Five», publicado en febrero, señaló que las estafas de suplantación de directivos también se producen en WhatsApp y otros canales.

La conclusión es clara: las empresas deben proteger sus comunicaciones con el mismo rigor que sus redes y dispositivos.

## Comunicarse también implica riesgos

Los canales de comunicación son hoy parte esencial del funcionamiento cotidiano de las organizaciones. Herramientas como Teams o Slack han dejado de ser simples aplicaciones de productividad: sostienen la colaboración entre personas y equipos y, en muchos casos, el desarrollo de las operaciones diarias.

El desafío no consiste únicamente en el volumen de mensajes. En una organización hiperconectada, los intercambios son continuos y atraviesan distintas plataformas, a veces sin que los equipos de seguridad puedan seguirlos. Una conversación iniciada en una herramienta corporativa puede trasladarse rápidamente a WhatsApp o a una llamada. Esa fragmentación crea puntos ciegos y vulnerabilidades que no se resuelven protegiendo únicamente los sistemas informáticos.

## Los ataques se desplazan hacia las interacciones humanas

El cambio en los hábitos de comunicación también modifica el panorama de amenazas. El phishing, una técnica conocida pero todavía eficaz, encuentra nuevas oportunidades en entornos de intercambio permanente. Según la encuesta británica *Cyber Security Breaches Survey 2025/26*, el 38 % de las empresas del Reino Unido sufrió ataques de phishing durante los 12 meses anteriores. Entre las grandes empresas, la proporción alcanzó el 63 %.

La inteligencia artificial está elevando la velocidad y el nivel de sofisticación de estos ataques. Los mensajes pueden automatizarse, personalizarse y parecer convincentes; además, pueden llegar por mensajería instantánea, llamadas o videoconferencias, no solo por correo electrónico.

En enero de 2024, la empresa Arup, con sede en Hong Kong, fue víctima de un fraude en una videoconferencia en la que se suplantó al director financiero mediante tecnología deepfake. El incidente ocasionó pérdidas de alrededor de 20 millones de libras. Es un recordatorio contundente de que la identidad de una persona ya no puede darse por confirmada solo porque aparezca en una llamada.

## El impacto financiero de los ataques a las comunicaciones

Un ciberataque exitoso puede tener un coste enorme para empresas de cualquier tamaño. Las grandes organizaciones quizá dispongan de más recursos para absorber el impacto, pero para una pequeña empresa un incidente grave puede poner en peligro su continuidad e incluso impedir su recuperación.

La combinación de inteligencia artificial e hiperconectividad amplifica estos riesgos. La pérdida de control sobre la información, la dependencia de herramientas externas y la exposición de datos sensibles amplían la superficie de ataque más allá del ámbito técnico. Estos incidentes pueden interrumpir las operaciones y poner en cuestión la capacidad de una organización para gestionar sus datos y mantener su autonomía digital.

## Las comunicaciones, una cuestión de soberanía digital

Las empresas deben empezar a considerar las aplicaciones de mensajería, las plataformas de videoconferencia y los sistemas de llamadas como infraestructuras críticas, al mismo nivel que sus servidores y bases de datos. No hacerlo puede dejar una brecha importante en su seguridad y en su capacidad para controlar la información.

Para avanzar, las organizaciones pueden centrarse en tres prioridades:

1. **Simplificar y unificar las herramientas.** Reducir la fragmentación limita los puntos de entrada y facilita la detección de comportamientos sospechosos.
2. **Elegir soluciones seguras desde el diseño.** La protección debe formar parte de las herramientas desde el principio, en lugar de añadirse como una capa posterior.
3. **Gobernar los datos y sus flujos.** Definir dónde se alojan los datos, cómo circulan y quién puede acceder a ellos ayuda a preservar el control y cumplir los requisitos de gobernanza.

Este enfoque va más allá de la protección técnica. Implica tratar las comunicaciones como un activo estratégico, al igual que la infraestructura y los datos. Invertir en supervisión y control contribuye a proteger la continuidad del negocio y a reducir la dependencia de servicios externos.

En un mundo donde gran parte del trabajo se realiza a través de conversaciones digitales, la resiliencia empresarial también se decide en esos espacios. Proteger los intercambios, controlar los datos y mantener la capacidad de elección tecnológica se ha vuelto tan importante como proteger los sistemas informáticos.

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