
Al comparar el nuevo MacBook Pro con pantalla táctil con los modelos anteriores y con el MacBook Air M5, queda claro que Apple ha cambiado la forma de entender su portátil profesional. El equipo pesa alrededor de 3 libras: apenas media libra menos que el Pro tradicional y solo 0,3 libras más que el Air de 13 pulgadas.
Un Pro más compacto
La diferencia de tamaño también es notable. El MacBook Pro de 14 pulgadas mide 0,59 pulgadas de alto, 12,24 de ancho y 8,52 de profundidad. El MacBook Air M5 de 13 pulgadas mide 0,44, 11,97 y 8,46 pulgadas, respectivamente. Aunque el Pro es ligeramente mayor en todas las dimensiones, ya no transmite la sensación de ser un equipo voluminoso difícil de llevar a diario.
Apple ha mantenido prácticamente intactos los puertos, el teclado, el trackpad y los altavoces. Una parte importante de la reducción se debe a la nueva pantalla OLED en tándem, más delgada que el panel mini-LED de la generación anterior. Su diseño también permite integrar una pantalla de 14,2 pulgadas en un chasis compacto.
Esta cercanía entre ambos modelos puede complicar la decisión de compra. El MacBook Air M5 de 13 pulgadas parte de 1.099 dólares e incluye 16 GB de memoria, una CPU de 10 núcleos, una GPU de 8 núcleos y 512 GB de almacenamiento. El MacBook Pro con pantalla PROLED XDR comienza en 2.899 dólares, con un chip M5 Pro, 24 GB de memoria y 1 TB de almacenamiento. El precio y la potencia siguen marcando una diferencia clara: el Pro está pensado para cargas de trabajo exigentes, mientras que el Air ofrece potencia más que suficiente para muchas tareas cotidianas.
¿Para qué sirve realmente la pantalla táctil?
La interacción táctil resulta atractiva, pero no siempre se integra de manera natural en el uso diario. Puede ser útil en aplicaciones creativas como ZBrush, donde los dedos permiten manipular modelos 3D, o para acciones puntuales como seleccionar un área al hacer una captura de pantalla. En otras situaciones, el trackpad sigue siendo más cómodo y preciso.
En juegos y tareas habituales, el control táctil tampoco siempre aporta ventajas. La experiencia depende mucho del programa y del flujo de trabajo: para algunas actividades especializadas puede ser una herramienta valiosa; para la mayoría de las personas, probablemente será una función ocasional.
La pantalla es la gran protagonista
El argumento más convincente del nuevo MacBook Pro puede no ser el tacto, sino su pantalla OLED en tándem. Frente al panel Liquid Retina XDR del modelo anterior, ofrece negros más profundos, colores más vivos y una imagen que conserva mejor su calidad al verla desde distintos ángulos. La relación de contraste anunciada de 10.000.000:1 y la frecuencia ProMotion de hasta 120 Hz contribuyen a una experiencia visual especialmente llamativa y fluida.
El equipo también incorpora un diseño renovado, con biseles más delgados y una Dynamic Island que sustituye la muesca. En las pruebas descritas, el M5 Pro superó al M5 estándar en tareas como la carga de juegos, además de ofrecer capacidad para afrontar trabajos profesionales intensivos.
Para quienes editan vídeo, producen música, trabajan con proyectos CAD o ejecutan modelos de inteligencia artificial localmente, esa potencia puede ser decisiva. Para el resto, quizá no sea necesaria. Sin embargo, cuesta imaginar a alguien que no aprecie una pantalla de este nivel.
El nuevo MacBook Pro reduce la distancia entre la portabilidad del Air y las prestaciones de la gama profesional. La pantalla táctil abre posibilidades, aunque su utilidad dependerá del uso de cada persona. La mejora visual, en cambio, es evidente. La pregunta ahora es cuándo llegará una pantalla similar a la línea MacBook Air y si ese futuro modelo podrá recuperar su ventaja como portátil ultraportátil.
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