
Una nueva investigación en el Reino Unido pone en duda que los programas de seguimiento laboral permitan entender cómo trabajan realmente las personas. Aunque estas herramientas son cada vez más comunes, sus métricas pueden ofrecer una imagen incompleta de la productividad y, en algunos casos, incentivar comportamientos que distorsionan los datos.
Según el estudio de Owl Labs, el 59 % de los trabajadores británicos afirma que su empresa utiliza software de monitoreo. Entre las actividades registradas figuran los horarios de inicio y cierre de sesión (32 %), el número de reuniones a las que se asiste (22 %), el movimiento del ratón o la pantalla (17 %) y el uso del teclado (15 %).
La transparencia también es una preocupación central: el 82 % de los encuestados considera que los empleadores deberían informar a sus equipos cuando utilizan estas herramientas. Actualmente, según el informe, no existe una obligación legal general de comunicarlo.
## Las métricas de actividad no cuentan toda la historia
Contar conexiones o reuniones no necesariamente revela cuánto aporta una persona. De hecho, algunos trabajadores reconocen que adaptan su comportamiento para cumplir con las métricas. El 28 % de los encuestados admite haber recurrido a la llamada «asistencia fantasma»: figurar como presente en una reunión —o conectarse sin prestar atención— y ponerse al día más tarde mediante notas o resúmenes.
Esta práctica es más frecuente entre directivos: el 33 % afirma haberlo hecho, frente al 15 % de los trabajadores que no ocupan puestos de gestión. Además, el interés por los avatares de inteligencia artificial podría complicar aún más la interpretación de la asistencia. La mitad de los directivos y el 21 % de los demás trabajadores consideran utilizar un avatar para que participe en reuniones en su nombre.
Estos datos sugieren que la presencia registrada no es un indicador fiable de atención, colaboración ni resultados. Un sistema puede confirmar que alguien estuvo conectado, pero no necesariamente si la reunión fue útil o si el trabajo avanzó.
## El reto del trabajo híbrido podría estar en la tecnología
El informe también examina las dificultades del trabajo híbrido. Para muchos equipos, el problema no es que sus integrantes trabajen desde lugares distintos, sino las herramientas que necesitan para colaborar. El 73 % de los trabajadores británicos dice perder tiempo por problemas técnicos durante reuniones híbridas, con las dificultades de audio entre los obstáculos más habituales. De media, los equipos tardan seis minutos en poner en marcha una reunión híbrida.
En este contexto, mejorar los equipos audiovisuales y la experiencia de las reuniones puede ser una inversión más provechosa que ampliar la vigilancia de quién asiste. Una conexión fiable, un audio claro y herramientas que funcionen bien para quienes están en la sala y a distancia pueden reducir fricciones y facilitar la participación.
## Transparencia para construir confianza
Frank Weishaupt, director ejecutivo de Owl Labs, insta a las empresas a explicar con claridad qué información recopilan y con qué propósito. «Con el Gobierno revisando cómo debería regularse la monitorización en el trabajo, es el momento de que los empleadores sean transparentes sobre qué siguen y por qué», señaló. Añadió que la confianza y una tecnología fiable ayudan a mantener la productividad y a conservar a los empleados.
Para las organizaciones, el desafío consiste en evaluar el trabajo por sus resultados y no solo por señales de actividad digital. Comunicar abiertamente las prácticas de monitoreo, proteger la confianza de los equipos y mejorar la tecnología de colaboración son pasos concretos para crear un entorno híbrido más productivo.
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