El MacBook Pro táctil de Apple todavía no justifica su razón de ser



Apple presentó esta semana el MacBook Pro con pantalla táctil, una novedad que llevaba meses anticipándose. La compañía llama a su panel «PROLED XDR Display» y asegura que ofrece a los profesionales «una nueva forma de interactuar con su contenido».

La pantalla OLED resulta atractiva, pero la incorporación de controles táctiles me genera dudas. Desde hace tiempo me cuesta ver qué aportan las pantallas táctiles a los portátiles: muchas de sus interacciones parecen innecesarias y, cuando se prolongan, pueden resultar incómodas. Si una función apenas se utiliza o acaba causando fatiga, no es evidente que deba formar parte del producto.

Es cierto que casi todos los fabricantes de portátiles con Windows ofrecen modelos táctiles. Ahora Apple también se suma a esa tendencia. Quizá consiga perfeccionar la experiencia, como ha hecho en otras ocasiones. Sin embargo, por ahora no ha explicado de forma convincente por qué alguien debería elegir un MacBook Pro táctil, especialmente teniendo en cuenta su precio: parte de 2.899 dólares y alcanza los 14.549 dólares en su configuración máxima.

## ¿Una pantalla para trabajar de otra manera?

Apple presenta varios posibles usos. Según la compañía, los diseñadores gráficos podrán utilizar toda la pantalla como lienzo, sin limitarse al espacio del trackpad, y los músicos podrán tocar instrumentos virtuales directamente sobre el panel.

La pregunta es cuánto tiempo resulta cómodo hacerlo. Tocar un teclado con los brazos extendidos y en una superficie vertical o inclinada no parece una postura adecuada para una sesión prolongada. En un portátil, unos cuantos toques pueden ser prácticos; mantener los brazos levantados durante mucho tiempo, en cambio, puede terminar provocando cansancio.

Tal vez Apple imagine la pantalla táctil como un complemento para acciones breves, tras las cuales el usuario vuelve al teclado y al trackpad. Pero si ese uso se limita a unos segundos de vez en cuando, ¿justifica pagar 400 dólares más que por un MacBook Pro convencional?

La respuesta dependerá de cada comprador. El panel OLED, por sí solo, puede hacer que el sobreprecio resulte razonable para algunas personas. Pero una función que se presenta como una de las grandes novedades del equipo debería aportar un beneficio claro, sobre todo en un producto de gama alta. En este caso, la pantalla táctil parece acompañar al panel OLED más que definir una nueva manera de trabajar.

Apple ha transformado categorías enteras, desde los reproductores de música portátiles hasta los teléfonos y las tabletas. Por eso cabe esperar algo más que una función que podría resultar útil en momentos puntuales, pero cuya comodidad a largo plazo sigue en duda. Apple suele defender la idea de no ser la primera, sino la mejor. La cuestión es si esta pantalla táctil establece un nuevo estándar o si simplemente añade una opción que ya ofrecen otros fabricantes.

## Una función sin una propuesta clara

Algunas personas que han probado el portátil en demostraciones han descrito la experiencia como natural y agradable. No pongo en duda que tocar la pantalla pueda resultar convincente durante los primeros minutos. Pero esa impresión inicial no elimina las dudas sobre el uso prolongado.

Steve Jobs expresó hace años su preocupación por la fatiga que puede producir una pantalla táctil en un portátil: mantener el brazo levantado durante mucho tiempo termina pasando factura. La tecnología ha avanzado, pero la ergonomía humana no ha cambiado. Usar una pantalla táctil puede sentirse bien al principio y resultar cansado después.

Por eso esperaba que Apple presentara una función decisiva que explicara por qué el Mac necesitaba una pantalla táctil. En cambio, la explicación de su director ejecutivo, John Ternus, se centró en que añadir la función no hacía que el producto fuera más pesado ni más grueso y en que coincidía con la llegada de la mejor pantalla que Apple ha instalado en un Mac. En sus palabras, el equipo tiene una pantalla táctil «también».

Esa explicación puede ser técnicamente razonable, pero no transmite una visión especialmente ambiciosa. Sugiere que Apple añadió el tacto porque ya podía hacerlo sin perjudicar el diseño, no porque hubiera encontrado una forma nueva y convincente de trabajar con un MacBook Pro.

La diferencia importa. Una innovación destacada no debería sentirse como una casilla más en la lista de características, sino como una mejora que cambia de manera significativa la experiencia. Si Apple quería demostrar que el tacto pertenece al Mac, necesitaba explicar mejor qué permite hacer y por qué es más útil que el teclado, el trackpad o una tableta.

Quizá el MacBook Pro táctil termine convenciendo a quienes prefieren interactuar directamente con la pantalla. También es posible que la pantalla OLED sea, para muchos, la razón más sólida para considerar el equipo. Pero, con la información disponible, el argumento a favor del tacto todavía no está claro. Por ahora, la gran novedad parece menos una idea transformadora que una función añadida porque, finalmente, era posible incluirla.

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