
Un administrador de investigación de la Universidad de Kentucky ya no está obligado a utilizar herramientas de inteligencia artificial en su trabajo, después de que la institución aceptara su solicitud de exención por motivos religiosos. El caso, que la Asociación Humanista Estadounidense (AHA, por sus siglas en inglés) describe como el primero de este tipo, plantea nuevas preguntas sobre el uso obligatorio de la IA en el lugar de trabajo y la libertad de conciencia de los empleados.
David Durman expresó su preocupación cuando su empleador comenzó a pedir al personal que incorporara herramientas de IA en sus tareas cotidianas. Para él, delegar parte del proceso de pensamiento a una máquina entraba en conflicto con sus convicciones humanistas.
«El proceso y el trabajo que implica reflexionar sobre las situaciones, mi trabajo, mi ética y la manera en que trato a otras personas son fundamentales para desarrollarme como una persona moral», dijo Durman a Religion News Service. En su opinión, delegar ese esfuerzo —sin importar lo exigente que sea— puede debilitar su capacidad de actuar moralmente.
Durman también sostiene que el uso de la IA puede perjudicar a la sociedad. Explicó que cree en promover el bienestar humano, pero considera que, a nivel social, estas tecnologías pueden ir en contra de ese objetivo.
## Una exención basada en la libertad de conciencia
Durman presentó su solicitud con el apoyo de la AHA. Su abogada, Alexandria Huiskens, afirmó que se trata de un precedente inédito para la organización y para el humanismo: una exención destinada a proteger a quienes consideran que utilizar IA vulnera su libertad de conciencia.
El argumento se apoyó en el Título VII de la Ley de Derechos Civiles de Estados Unidos, que exige a los empleadores ofrecer ajustes razonables cuando una obligación laboral entra en conflicto con las creencias religiosas sinceras de un trabajador. Aunque el humanismo suele considerarse una postura no religiosa, los tribunales federales han reconocido que, en determinadas circunstancias, puede recibir protección bajo esa ley.
La Universidad de Kentucky aceptó la solicitud de Durman. Como resultado, ya no tiene que utilizar herramientas de IA en su puesto, aunque sí debe relacionarse y colaborar con compañeros que las empleen.
## La sinceridad de las creencias es clave
El caso no significa que cualquier empleado pueda evitar el uso de IA con solo presentar una objeción. Para obtener una exención bajo el Título VII, las creencias alegadas deben ser sinceras. El profesor emérito de Derecho Douglas Laycock ha señalado que no basta con escoger una religión o invocar una doctrina de manera oportunista: la convicción debe formar parte genuina de la vida de la persona.
La decisión podría servir de referencia para otros trabajadores cuyas creencias religiosas o convicciones protegidas entren en conflicto con políticas laborales sobre inteligencia artificial. Sin embargo, cada solicitud dependerá de sus circunstancias y de la evaluación del empleador. El caso de Durman abre una conversación más amplia sobre cómo equilibrar la adopción de nuevas tecnologías con la autonomía, la ética y la libertad de conciencia en el trabajo.
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