La carrera por la IA también se gana con energía



La competencia por liderar la inteligencia artificial suele centrarse en los chips, los modelos y el talento. Sin embargo, detrás de cada algoritmo, consulta y avance hay un recurso imprescindible: la electricidad.

A medida que la IA llega a hogares, oficinas y fábricas, disponer de energía fiable y conectar los centros de datos a la red en plazos razonables se ha convertido en un factor decisivo. La llamada «conexión a la energía» —o *time to power*— influye tanto en dónde se construyen estas instalaciones como en quién obtiene sus beneficios económicos.

Para los inversores ya no basta con que un país prometa abundante electricidad en el futuro. La energía debe estar disponible, tener un precio competitivo y ofrecer previsibilidad en un calendario que acompañe el ritmo del mercado. Una conexión que se retrasa varios años puede hacer que un proyecto pierda todo un ciclo tecnológico.

## Tres factores que orientan la inversión en IA

Los operadores de centros de datos suelen evaluar tres aspectos fundamentales: el entorno regulatorio, la disponibilidad de energía y su precio. Cada vez más, también buscan certidumbre: saber que los permisos se aprobarán, que la conexión a la red llegará a tiempo y que la electricidad seguirá siendo asequible.

China y Estados Unidos concentran gran parte de la capacidad mundial, aunque avanzan por caminos distintos. China está invirtiendo alrededor de 295.000 millones de dólares en una red nacional de computación para IA, junto con infraestructura energética y energías renovables. En Estados Unidos, el aumento de la demanda eléctrica y la incertidumbre sobre los plazos de conexión impulsan el interés por la generación local y el almacenamiento.

Europa ofrece un panorama más desigual. Algunos mercados disponen de capacidad y condiciones atractivas para la inversión; otros afrontan largas listas de espera para conectarse a la red y procesos de permisos complejos. Aun así, la región cuenta con elementos favorables: una combinación de energía nuclear y renovable, infraestructura consolidada y una amplia experiencia industrial.

Europa quizá no haya captado buena parte de la primera ola de construcción de centros de datos de IA, pero todavía puede beneficiarse de la siguiente. Para lograrlo, los países deberán combinar inversión específica con políticas energéticas más ágiles. Estas son algunas de las medidas que pueden marcar la diferencia.

## 1. En la economía de la IA, la velocidad es poder

Los sistemas eléctricos de todo el mundo tienen dificultades para responder al rápido crecimiento de la demanda. Muchas redes no se diseñaron para gestionar una combinación tan diversa de fuentes de energía ni una demanda tan intensa y concentrada. Se estima que, a escala mundial, unos 2.500 GW de capacidad de generación esperan en las colas de conexión.

En los principales centros europeos de datos —Fráncfort, Londres, Ámsterdam, París y Dublín, conocidos como FLAP-D—, algunos proyectos pueden esperar hasta diez años para conectarse a la red, aunque construir una instalación puede llevar solo cuatro.

Los gobiernos y los operadores de red deben acelerar los permisos y las conexiones, además de comunicar con mayor transparencia los plazos previstos. Los hitos verificables y los informes periódicos permitirían a desarrolladores e inversores planificar con más confianza. También conviene sustituir el criterio de «primero en llegar, primero en ser atendido» por uno que priorice los proyectos preparados y viables, y que puedan contribuir a la estabilidad de la red.

Las iniciativas del Reino Unido para retirar proyectos especulativos o inactivos de las listas de espera muestran cómo reformar las colas puede reducir demoras y mejorar la confianza de los inversores. En algunos casos, los plazos de espera llegaban a los 15 años.

## 2. La flexibilidad es la forma más rápida de liberar capacidad

Modernizar la red es esencial, pero las grandes ampliaciones pueden tardar hasta 15 años. Mientras avanzan esas obras, la flexibilidad puede ayudar a aprovechar antes la capacidad existente.

El reto no siempre consiste en generar más electricidad, sino en disponer de ella en el lugar y el momento adecuados. Las tecnologías de gestión energética permiten supervisar y optimizar el consumo de edificios, sistemas de transporte e industrias. Por ejemplo, pueden trasladar usos no esenciales —como la calefacción, la refrigeración o la carga de vehículos eléctricos— fuera de las horas punta.

El almacenamiento en baterías complementa estas medidas: permite guardar electricidad excedente o de menor coste para utilizarla cuando la demanda aumenta. Con una coordinación más amplia, estas herramientas pueden aportar capacidad, fiabilidad y flexibilidad a la red.

Los propios centros de datos también pueden convertirse en recursos activos para el sistema eléctrico. Si los centros de datos europeos ofrecieran tan solo 30 horas de flexibilidad al año, la capacidad de red disponible para ellos podría más que duplicarse. Para hacerlo ya existen tecnologías como los sistemas digitales de gestión energética, las baterías y las microrredes.

Un ejemplo es el trabajo de Compass Data Centers, que ha recibido alrededor de 150 soluciones modulares prefabricadas de centros de datos. Además, el mantenimiento conectado y basado en condiciones ha contribuido a reducir un 40 % las intervenciones manuales en las instalaciones y un 20 % los gastos operativos. La implementación de controles de microrred en su campus de Phoenix ilustra cómo estas herramientas pueden facilitar una expansión más previsible y una gestión dinámica de la energía cuando la red está sometida a presión.

Para ampliar estas prácticas, los países necesitan incentivos y mecanismos de mercado que recompensen la flexibilidad y hagan rentable la participación.

## 3. Convertir la flexibilidad en la vía hacia una energía más barata

La tecnología puede flexibilizar el consumo, pero será la economía la que determine si estas soluciones se adoptan a gran escala. En regiones como Francia, Alemania, Italia y los países nórdicos, hogares y empresas pueden recibir incentivos por consumir electricidad cuando hay abundancia de energía renovable y reducir la demanda durante las horas punta.

En un centro de datos, la flexibilidad podría traducirse en tarifas más bajas o conexiones por etapas más rápidas a cambio de instalar baterías, automatizar la respuesta a la demanda y participar en mercados de flexibilidad. La monitorización en tiempo real y los controles automatizados pueden gestionar esos ajustes sin comprometer el rendimiento.

Una de las mayores reservas de capacidad aún sin aprovechar quizá no sea una nueva central eléctrica, sino los millones de activos conectados que ya existen en hogares, edificios, redes de transporte e instalaciones industriales.

## 4. La verdadera carrera por abastecer la IA

La infraestructura de IA se instalará donde la energía sea accesible, asequible y resiliente. Un informe reciente de Reuters señala que algunos promotores europeos de centros de datos se están alejando de las grandes ciudades para buscar electricidad más barata y conexiones más rápidas.

Los países que no puedan ofrecer esas condiciones corren el riesgo de perder algo más que centros de datos: también podrían dejar escapar inversiones, empleos, ecosistemas industriales e innovación.

Para aprovechar el auge de la IA, los países deben dar prioridad a la electricidad. Esto implica ampliar la generación limpia, reforzar y digitalizar las redes, ofrecer mayor claridad regulatoria y desbloquear la flexibilidad disponible en hogares, edificios, transporte e industria.

El futuro de la IA dependerá de los centros de datos, pero la ventaja competitiva se definirá allí donde la energía sea abundante, fiable y asequible. En la era de la inteligencia artificial, el acceso a la electricidad es también acceso a una oportunidad económica.

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