
Morrisons está retirando su prueba de carritos inteligentes, una iniciativa que permitía a los clientes registrar sus compras mientras recorrían la tienda. La decisión llega después de que Instacart, socio tecnológico del proyecto, anunciara que dejará de desarrollar sus carritos Caper.
Instacart señaló que la adopción por parte de los minoristas no había crecido lo suficiente como para justificar nuevas inversiones. La tecnología también se retirará de tiendas de Estados Unidos, donde se utilizaba en establecimientos como Schnucks y Wegmans.
La prueba de Morrisons se llevó a cabo en una sola tienda, en Ashton-on-Ribble, Preston. Los carritos incorporaban cámaras y básculas para identificar y registrar los productos; una pantalla táctil mostraba el contenido de la compra. Al finalizar, los clientes podían pagar en una caja habilitada para escanear el código de barras del carrito.
La compañía afirmó que el ensayo le permitió conocer mejor cómo evolucionan los hábitos de compra y que seguirá probando soluciones para responder a las necesidades de sus clientes. Sin embargo, la retirada plantea una cuestión importante: ¿hasta qué punto quieren los compradores cambiar una experiencia tan cotidiana como hacer la compra?
### La innovación debe resolver problemas reales
Un carrito que calcula el total en tiempo real puede parecer una forma sencilla de agilizar la compra. Pero también exige que los clientes se familiaricen con un sistema distinto y confíen en que cada producto se haya reconocido correctamente. Para muchos, el método habitual —elegir los artículos y pagarlos al final— puede resultar más cómodo y suficientemente rápido.
La experiencia sugiere que una tecnología novedosa no necesariamente mejora la compra desde la perspectiva del cliente. Para que una innovación se consolide, debe ofrecer una ventaja clara y funcionar de manera fiable, sin añadir pasos ni generar incertidumbre.
### La IA también puede aportar valor entre bastidores
El fin de esta prueba no significa que la inteligencia artificial tenga poco que ofrecer a los supermercados. Su aplicación puede ser más eficaz cuando ayuda a resolver tareas operativas sin exigir que los clientes cambien sus hábitos.
En Morrisons, por ejemplo, se han utilizado cámaras con IA para vigilar las existencias en los estantes, detectar productos que escasean y avisar al personal para que pueda actuar. También existen herramientas que ayudan a prever la demanda, reducir la falta de productos y evitar el desperdicio de alimentos.
Para los compradores, el beneficio de estas aplicaciones es concreto: encontrar lo que necesitan y disponer de una experiencia de compra fluida. A veces, la tecnología más útil no es la que se ve en el carrito, sino la que ayuda a que los productos estén en su sitio cuando llegan a la tienda.
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