
El deterioro de las relaciones entre Washington y Ottawa ha llevado a Canadá a explorar nuevas rutas para sus conexiones internacionales de datos. Una de las propuestas más ambiciosas es Leif Erikson, un cable submarino impulsado por la empresa noruega Bulk que conectaría Europa con Canadá sin atravesar territorio estadounidense.
El proyecto contempla una ruta de aproximadamente 2.800 millas (4.500 kilómetros), desde el sur de Noruega hasta Terranova y Labrador. Desde allí, la conexión llegaría a Happy Valley-Goose Bay y continuaría por tierra a través de Quebec hasta Montreal. La inversión estimada supera los 620 millones de dólares.
## Una ruta transatlántica alternativa
Bulk presenta Leif Erikson como una posible pieza de una red de comunicaciones canadiense más soberana, con acceso directo a infraestructuras europeas. Según la información compartida con potenciales inversores, el sistema ofrecería capacidad para transferencias de datos de gran volumen relacionadas con inteligencia artificial, telecomunicaciones y computación a gran escala.
El cofundador de Bulk, Peder Nærbø, ha puesto en duda la resiliencia de las conexiones internacionales actuales de Canadá y ha señalado que una mayor diversificación podría reducir la exposición a interrupciones. La compañía lleva cerca de cinco años intentando sacar adelante la iniciativa, pero todavía debe resolver importantes desafíos financieros, regulatorios y de coordinación.
Bulk afirma haber instalado más de 6.200 millas de cable en rutas terrestres y submarinas. La empresa también sostiene que su estrategia busca vincular la infraestructura digital con el suministro de electricidad renovable de los países nórdicos, en un contexto de creciente demanda energética por parte de los centros de datos y otras actividades de computación intensiva.
## Financiación, permisos y colaboración local
Para avanzar, Bulk busca un socio canadiense mayoritario que contribuya a financiar y desarrollar el proyecto. Aunque la empresa cuenta con vínculos financieros en Canadá —el 65 % pertenece a una filial inmobiliaria de Sun Life Financial y también participan fondos de pensiones canadienses—, esas relaciones no sustituyen la necesidad de conseguir un socio con un papel principal en la iniciativa.
La propuesta también requiere inversión adicional, autorizaciones regulatorias y coordinación entre Canadá y las autoridades europeas sobre el trazado. El tramo subterráneo previsto dentro de Canadá cubriría alrededor de 1.180 millas y necesitaría la colaboración de comunidades indígenas situadas a lo largo de la ruta.
La ministra de Industria canadiense, Melanie Joly, se reunió con Nærbø a principios de año. Su departamento no hizo comentarios específicos sobre Leif Erikson, pero indicó, según Bloomberg, que la seguridad y la resiliencia de las infraestructuras siguen siendo prioridades para el Gobierno de Mark Carney.
Canadá dispone de relativamente pocas conexiones internacionales por cable submarino que no pasen por Estados Unidos, y ninguna pertenece a una empresa canadiense. Entre las alternativas existentes está Topaz, que conecta Canadá con Japón y es propiedad de Alphabet, matriz de Google.
Canadá y la Unión Europea aún deben coordinar y aprobar la ruta antes de que pueda avanzar la construcción. Ambos también tienen previsto respaldar en Montreal, el 29 de octubre de 2026, una declaración sobre la mejora de las conexiones digitales entre Europa, Canadá y Asia.
Si consigue financiación, permisos y apoyo local, Leif Erikson podría ofrecer a Canadá una nueva conexión transatlántica independiente de las rutas estadounidenses. Por ahora, sin embargo, sigue siendo una propuesta cuya ejecución depende de superar varios obstáculos importantes.
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