Nucleares que Ganan Velocidad: El giro de Estados Unidos hacia plantas reactivadas para alimentar a la era de la IA



En el marco de un esfuerzo sostenido por consolidar a Estados Unidos como una potencia global de inteligencia artificial, emergen señales de que el país podría reactivar tres plantas nucleares previamente cerradas. El objetivo es aumentar la oferta eléctrica para sostener la creciente demanda de centros de datos y operaciones impulsadas por IA, lo que podría traducirse en un incremento de unos 2,25 GW de potencia eléctrica, suficiente para abastecer a aproximadamente dos millones de hogares y empresas.

El respaldo del Departamento de Energía (DOE) juega un papel clave en este plan, con una línea de financiamiento de hasta 4,4 mil millones de dólares en préstamos federales. Este apoyo público-privado subraya un cambio estratégico: priorizar una fuente de energía confiable y de bajas emisiones para sostener un ecosistema tecnológico intensivo en consumo energético.

Entre los tres candidatos para la reactivación destacan la Planta Nuclear Palisades, en Michigan, cerrada en 2022; Crane Clean Energy Center, en Pensilvania; y Duane Arnold Energy Center, en Iowa. Las proyecciones de retorno al servicio apuntan a fechas cercanas: 2027 para Palisades y Crane, y 2029 para Duane Arnold. En el caso de Palisades, las obligaciones de suministro requieren su reinicio para marzo de 2027, marcando un plazo exigente para la operación y la seguridad.

Empresas tecnológicas de alto consumo energético ya han mostrado interés en comprar electricidad de estas plantas. Microsoft y Google firmaron acuerdos de compra de energía eléctrica asociada a estos sitios, lo que indica una tendencia de integración entre capacidad nuclear y demanda de datos a gran escala. Este desarrollo no solo responde a la necesidad de una red eléctrica estable y nada volátil, sino también a la exigencia de fuentes bajas en carbono para respaldar una economía digital cada vez más intensiva en energía.

La conversación se sitúa además en el marco de una visión política más amplia. En mayo de 2025, una orden ejecutiva ligada a reformas de la Comisión Reguladora Nuclear sentó bases para ampliar la capacidad de generación nuclear estadounidense de aproximadamente 100 GW en 2024 a 400 GW para 2050. Esta aspiración, defendida por la administración y apoyada por actores del sector, busca posicionar a la nación como un referente en seguridad energética y competitividad tecnológica.

Sin embargo, la iniciativa no está exenta de críticas. Entre los debates se encuentran la seguridad y el manejo de centrales envejecidas, especialmente en un contexto de mayores tensiones geopolíticas y de eventos naturales cada vez más impredecibles. La pregunta que persiste es si la reactivación de plantas con años de operación reducida puede sostenerse ante los retos de confiabilidad, costos y regulación.

En palabras del experto en ingeniería nuclear Todd Allen, “para quien persigue cero emisiones, la nuclear ofrece esa opción”. En el marco político, esta afirmación cobra relevancia al alinear objetivos de descarbonización con la necesidad de una economía impulsada por la IA. El camino hacia 400 GW de capacidad nuclear podría redefinir la matriz eléctrica y la seguridad energética de Estados Unidos, al tiempo que plantea desafíos de implementación, financiamiento y gestión de riesgos.

En síntesis, la reactivación de estas plantas representa una intersección entre tecnología, política y sostenibilidad. Si continúa la tendencia de acuerdos de compra de energía con grandes usuarios, y si las autoridades logran equilibrar seguridad, costos y ritmo de implementación, estas iniciativas podrían convertirse en un pilar de la infraestructura tecnológica del país. No obstante, conocer y gestionar las implicaciones de seguridad y resiliencia será tan crucial como la promesa de un suministro energético más limpio y estable para la era de la IA.

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