Incendios y humo cubren Nueva Guinea durante una intensa sequía


Una imagen satelital captada el 11 de octubre de 2026 muestra densas columnas de humo extendiéndose por el sur de Nueva Guinea. La escena revela el alcance de los incendios que afectaron la isla durante septiembre y octubre, en medio de una sequía asociada a un fuerte episodio de El Niño.

Nueva Guinea, la segunda isla más grande del mundo, alberga una extraordinaria diversidad de ecosistemas: desde sabanas estacionalmente secas hasta selvas tropicales y bosques pantanosos. Sin embargo, la falta prolongada de lluvias dejó numerosas zonas vulnerables al fuego. En partes de la región de Trans-Fly, en el extremo sur de Papúa Nueva Guinea, pasaron más de 90 días consecutivos sin precipitaciones. Desde agosto, algunas áreas recibieron apenas entre el 5 y el 10 % de la lluvia habitual.

## Una crisis que se ve desde el espacio

El instrumento VIIRS, a bordo del satélite NOAA-20, registró el humo que cubría buena parte del sur de la isla. Aunque las imágenes satelitales permiten observar la extensión del fenómeno, sus efectos se sienten en tierra: la contaminación del aire interrumpió vuelos, provocó cierres de escuelas y llevó a las autoridades a recomendar el uso de mascarillas, especialmente para niños y personas mayores.

El humo puede permanecer cerca de la superficie y deteriorar la calidad del aire. En algunos casos, las tormentas lo elevan a capas altas de la atmósfera o la lluvia lo elimina, pero esos procesos no impiden que las comunidades cercanas enfrenten riesgos durante periodos prolongados.

## Emisiones récord y condiciones extremas

Los datos de la Global Fire Emissions Database indican que, para el 19 de octubre, los incendios en Papúa Nueva Guinea habían liberado cerca de 32 millones de toneladas de carbono, una cifra superior a la registrada en cualquier otro año para esa fecha. En la parte indonesia de la isla, las emisiones superaron los 35 millones de toneladas, el tercer nivel más alto observado, por detrás de 2015 y 1997, otros años marcados por El Niño y fuegos intensos.

El fenómeno climático altera los patrones de lluvia y puede prolongar las condiciones secas en la región. Cuando la vegetación pierde humedad, aumenta su capacidad de arder y los fuegos pueden propagarse con mayor facilidad.

## La actividad humana también influye

Aunque la sequía crea condiciones propicias, investigadores señalan que la mayoría de los incendios en esta zona suele tener origen humano. Las quemas para preparar cultivos o pastizales, despejar terrenos, cazar o ampliar áreas agrícolas pueden salirse de control cuando el entorno está extremadamente seco.

En la provincia indonesia de Papúa, los cambios en el uso del suelo también forman parte del contexto. Durante las últimas dos décadas, distintas zonas se han despejado para plantaciones industriales, agricultura, expansión urbana y minería. Global Forest Watch registró la pérdida de 27.000 hectáreas de bosque primario en 2025, casi el doble que el año anterior y el nivel más alto desde 2017.

La intensidad de los incendios varía según la región y el uso de la tierra. En algunas zonas agrícolas, las brigadas privadas ayudan a proteger plantaciones; en cambio, los bosques primarios y sus bordes pueden quedar más expuestos cuando el fuego alcanza áreas sin vigilancia o de difícil acceso.

## Lo que viene

Los incendios podrían continuar hasta la llegada de las lluvias intensas de la temporada húmeda, que normalmente comienzan en el sur de Nueva Guinea a principios de noviembre. Mientras tanto, la sequía afecta no solo a los bosques: los reportes locales también señalan problemas en los cultivos, escasez de agua y alteraciones en la educación.

La observación satelital ayuda a seguir la evolución de los focos de fuego, el humo y las emisiones. Junto con los datos meteorológicos y la información sobre el uso del suelo, estas herramientas permiten comprender mejor cómo se combinan el clima y las actividades humanas en una temporada de incendios excepcional.

*Imagen satelital captada por VIIRS, instrumento del satélite NOAA-20, el 11 de octubre de 2026. La información sobre emisiones procede de la Global Fire Emissions Database.*
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