
Una nueva investigación sobre el impacto de las enfermedades en la fuerza laboral británica revela cifras contundentes sobre la pérdida financiera por cada trabajador y refuerza el argumento a favor de quedarse en casa cuando se está enfermo, en lugar de intentar “seguir trabajando a toda costa”. A continuación se presentan los hallazgos clave y las implicaciones para las empresas y la economía en general.
Según el estudio, la pérdida total para la economía del Reino Unido debido a la enfermedad en la plantilla asciende a 241 mil millones de libras al año, lo que equivale a aproximadamente 7.000 libras por trabajador y representa alrededor del 8% del PIB del país. Este impacto se agrava cuando los empleados asisten al trabajo estando enfermos, ya que no pueden rendir al máximo de su capacidad, aumentando la carga para la organización y la economía.
Distintos hallazgos subrayan la importancia de la salud mental y el bienestar en la productividad. Dentro del análisis, se observa que la distracción y la falta de enfoque, vinculadas a un riesgo alto de bienestar mental, pueden afectar negativamente la productividad, incluso sin una presencia física de enfermedad. Aunque el informe no aborda específicamente el papel de la inteligencia artificial, no sería sorprendente que los avances tecnológicos que demandan productividad basada en procesos influyan en este panorama.
Como señaló Neville Koopowitz, CEO Global de Vitality, la búsqueda de crecimiento económico puede verse favorecida si se presta mayor atención a uno de nuestros mayores desafíos de productividad: la salud y el bienestar de la plantilla. “No se trata solo de que las personas estén ausentes por enfermedad; se trata de personas en el trabajo que luchan con su salud y su bienestar, en organizaciones que no miden adecuadamente la salud, el bienestar y la productividad de su fuerza laboral”.
El informe también pone de manifiesto que, en la cohorte Gen Z, hay indicios de un malestar psicológico significativo: se estima que el 80% de los encuestados presenta estrés psicológico serio. Además, alrededor del 33% de las mujeres jóvenes reporta síntomas de depresión, y el deterioro de la salud mental en general se asocia con una pérdida estimada de 30 días de productividad por persona al año.
En cuanto a la atención y apoyo, los resultados señalan que menos de un tercio de los empleadores del Reino Unido ofrece asesoramiento o apoyo de salud mental. Aunque invertir en bienestar puede parecer costoso a corto plazo, las empresas que entienden las necesidades de salud de sus empleados y abordan estos retos tienden a ver retornos reales. La brecha entre las organizaciones que lo hacen bien y las que no lo hacen será cada vez más visible, con un coste de inacción ya estimado en 241 mil millones de libras al año.
Con aproximadamente 1 millón de jóvenes en el Reino Unido clasificados como NEET (no en educación, empleo o formación), el apoyo de salud mental y asesoramiento en el lugar de trabajo puede ayudar a que la experiencia laboral temprana sea más positiva y productiva. Dadas las cuestiones que añade la inteligencia artificial, la inacción no es una opción.
Conclusión: la salud y el bienestar de la fuerza laboral no son solo una cuestión de cuidado social; son un eje central de la productividad y la prosperidad económica. Las empresas que inviertan en medir, entender y mejorar la salud, el bienestar y la productividad de sus empleados estarán mejor posicionadas para afrontar los retos actuales y futuros.
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