La identidad como moneda en la era de la automatización: gestionando identidades no humanas


La identidad es la moneda fundamental en cualquier transacción tecnológica, por lo que debemos tratar los activos no humanos con el mismo cuidado que aplicamos a las personas. En un entorno donde las identidades no humanas (NHIs) superan con creces en número a las humanas, es imprescindible adoptar una visión de gestión integral que abarque estos activos digitales en todas sus formas.

Las NHIs incluyen máquinas, procesos, servicios, cuentas, cargas de trabajo virtualizadas y aplicaciones que reciben credenciales digitales. Pensemos, por ejemplo, en un chatbot de soporte en tu sitio web favorito. Su funcionamiento seguro depende de prácticas sólidas de autenticación, autorización y supervisión que hoy deben extenderse más allá de las identidades humanas.

La gestión de NHIs plantea un desafío para CIOs, expertos en identidad y CISOs: no es solo una cuestión de control, sino de comprender el contexto en el que operan estas entidades. Esto recuerda a una etapa previa de la gestión de acceso e identidad (IAM), pero ahora debemos ampliar el foco para abarcar no solo a las personas, sino a toda una economía de identidades digitales.

Hoy es necesario considerar la identidad no humana con el mismo rigor con que se gestiona la identidad humana. Al contratar, onboarding y gestionar personal, imponemos controles, hacemos seguimiento de permisos y, sobre todo, aseguramos la cultura organizacional y las políticas de seguridad. De igual modo, debemos aplicar controles contextuales y basados en tareas a las NHIs para entender quién o qué está accediendo a qué, cuándo y por qué.

Un caso urgente donde el contexto es rey

Sin este cambio, los CIOs y otros líderes carecerán de una base para entender de dónde provienen los riesgos y qué medidas deben tomar. Se necesita una plataforma central y visible para ver qué existe y qué está ocurriendo. El IAM tradicional, centrado en el cumplimiento y en modelos estáticos de permisos, ya no basta para ofrecer esa visibilidad.

El IAM clásico nació en un entorno regulatorio concreto y frente a escándalos de gobernanza, pero hoy las identidades son más diversas y dinámicas. No basta con auditar cada seis meses; hace falta una visión holística que abarque todos los tipos de identidad que coexisten en el ecosistema digital y su conexión con aplicaciones y datos.

Controlar el inventario humano y no humano significa garantizar que haya visibilidad sobre las NHIs y sus acciones. El contexto es rey. Se deben considerar constructos de NHI que puedan tocar cualquier elemento del ecosistema digital, especialmente datos y conectividad subyacente a aplicaciones. Es esencial reconocer la verdad de un lema contemporáneo: la identidad es la moneda fundamental en cualquier transacción tecnológica.

Todo debe cubrirse: bots, service principals, endpoints de IoT, cargas de trabajo abandonadas, agentes autónomos y agentes que se comunican con otros agentes. Comience planteándose una pregunta amplia: ¿estas NHIs utilizan una identidad humana cuando realizan tareas en nombre de esa persona, y es eso apropiado?

A partir de ahí, se pueden abordar áreas prácticas como la prevención del uso indebido de credenciales entre agentes, la mejora de la higiene digital y de identidad al detectar riesgos asociados a tokens que no expiran, y el análisis de los niveles de acceso a API de manera just-in-time.

La Gestión de Postura de Seguridad de Identidad (ISPM, por sus siglas en inglés) resulta útil para que las organizaciones sepan qué poseen y unan los constructos de identidad. Sin embargo, no debe verse como un proceso de descubrimiento único; es una trayectoria de CI/CD hacia una mejora continua.

En la era de la IA, un inventario tecnológico holístico no puede basarse en CMDB estático, sino que debe ser dinámico y estar basado en marcos de control de pipelines CI/CD que permitan visualizar y segmentar datos y activos según quién los usa y desde dónde.

Piénsalo como una oportunidad…

Es una tarea compleja y todos estamos ocupados. Sin embargo, debemos detenernos a pensar cómo este punto de inflexión puede transformarse en algo positivo. Es una oportunidad para que los equipos de seguridad e identidad cuestionen los constructos que pueden aplicarse a las identidades no humanas.

Deberían preguntarse qué debe añadirse a los marcos IAM heredados para tener éxito. Y la respuesta suele ser reemplazarlos por sistemas diseñados para la era actual, no para la anterior.

Al proporcionar estos nuevos controles, el equipo de identidad ganará reconocimiento y credibilidad. Los líderes de identidad obtendrán elogios por su capacidad de atribuir calificaciones de riesgo basadas en analíticas de comportamiento y función empresarial.

Al mostrar dónde se sitúan los datos, hacia dónde se mueven y cómo la identidad soporta ese flujo, los líderes de identidad pueden entregar análisis cualitativos y cuantitativos de procesos. En algunos casos de superación de prácticas recomendadas, también pueden contribuir a la mejora de procesos empresariales mediante una plataforma que informa sobre priorización y gestión presupuestaria.

Este artículo se enmarca en TechRadar Pro Perspectives, una iniciativa para presentar las ideas de las mentes más brillantes de la industria tecnológica.

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