
La seguridad y la protección de la propiedad intelectual vuelven a situar a las gafas inteligentes en el centro del debate público. En Reino Unido, los cines podrían ser uno de los espacios donde se prohíban estas tecnologías, citando preocupaciones que van desde la privacidad hasta la piratería. Este tema se suma a una tendencia creciente: las prohibiciones privadas que restringen el uso de dispositivos tecnológicos en espacios cada vez más controlados.
La polémica alrededor de las gafas con cámara —como las desarrolladas por Meta junto a Ray-Ban y Oakley— se debe a la posibilidad de grabar de forma relativamente oculta. Este riesgo es problemático tanto para el público en general, que no siempre sabe cuándo está siendo grabado, como para recintos como cines y teatros, donde una grabación sutil podría capturar películas y espectáculos en vivo.
Con una conexión a Internet estable, incluso podría haber transmisión en vivo de lo que se ve a través de la lente.
Aún no se ha implementado la prohibición, pero su consideración representa otro golpe para los fabricantes y usuarios de gafas inteligentes, que se enfrentan a una creciente dificultad para usar estas piezas cuando sus capacidades de grabación pueden ser consideradas intrusivas.
Meta sostiene que grabar no es encubierto; hay una luz que se enciende y permanece activa mientras se graba. Además, la empresa ha tomado numerosos pasos para desactivar la capacidad de grabación si se manipula esa luz —ya sea cubriéndola o manipulando el hardware.
Sin embargo, los críticos argumentan que la luz puede pasar inadvertida si no se sabe buscarla, especialmente al aire libre o en lugares iluminados. En un cine oscuro, la luz de grabación podría resultar mucho más perceptible, aunque la prohibición propuesta reduciría el riesgo de grabaciones clandestinas y abordaría las preocupaciones de privacidad de otros espectadores, al mismo tiempo que restringe el uso de lentes que permiten grabación más encubierta.
Quien lidera la conversación no es sólo Meta: hay otros fabricantes de gafas que no abordan de la misma forma a quienes modifican sus dispositivos para desactivar el indicador de grabación, o que hacen que el indicador sea menos visible o no viene instalado de fábrica.
¿Se va a ir todo?
Gobiernos de distintos países han considerado medidas contra las gafas inteligentes; aún así, no hemos visto prohibiciones generalizadas. A este paso, podría no ser necesario que lleguen a aprobarse de forma amplia para que el consumo y el uso social de estas tecnologías cambie significativamente.
La opinión pública ha emitido un veredicto mayoritariamente negativo sobre estas gafas. La preocupación por la privacidad de quienes las llevan y de los transeúntes que no consintieron ser captados por cámaras inteligentes es palpable.
Incluso defensores históricos de la tecnología, como algunos periodistas que las han probado, han dejado de usarlas en espacios abiertos para cubrirse de posibles confrontaciones. Además, la imposibilidad de usar estas gafas con lentes graduadas en entornos donde la prohibición se aplica las vuelve poco prácticas para muchos usuarios, lo que podría desincentivar su adopción incluso cuando son útiles para personas con deficiencias visuales.
¿Será este el fin de las gafas inteligentes? Un giro de percepción significativo podría ayudar, aunque no está claro cómo lograrlo sin cambios de software o hardware de gran alcance, como eliminar la cámara por completo. En mi experiencia, las versiones sin cámara no resultan tan atractivas como las que sí la incorporan, por lo que sería una pérdida importante para la utilidad de estas tecnologías.
En definitiva, parece ser una situación de ganar-ganar para nadie: una prohibición podría resolver problemas de privacidad, pero a costa de la utilidad y del acceso para personas que realmente se benefician de estas gafas. Se extraña una visión equilibrada que permita innovar sin invadir la intimidad de los demás.
Seguiremos atentos a la evolución, esperando que el camino hacia una coexistencia entre tecnología, derechos y experiencias en espacios públicos sea más claro para todos. Mientras tanto, el futuro de las gafas inteligentes continúa en una senda compleja y con altibajos, especialmente en entornos críticos como el ocio cinematográfico.
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