
En un entorno de simulación progresiva y con el objetivo de aumentar la confianza operativa, unidades de la Marina de los Estados Unidos han llevado a cabo ejercicios centrados en la respuesta ante ataques con drones mediante el uso de armamento ligero. El enfoque, que forma parte de un programa de entrenamiento de C-sUAS (counter-small Unmanned Aerial Systems), busca dotar a los marines de las habilidades necesarias para detectar y neutralizar drones de tamaño consumidor que podrían emplearse para reconocimiento o para entregar cargas dañinas.
El ejercicio, de tres días, se llevó a cabo en Twentynine Palms, California, e involucró a operativos de la 1ª y la 2ª Divisiones de Marina. Se evaluó la capacidad de usar armas de uso común —incluyendo rifles automáticos, escopetas y lanzagranadas— para anular amenazas drones simuladas cuando no había disponibilidad de contramedidas electrónicas avanzadas. Drones de prácticas procedentes de grupos como el Tactical Training and Exercise Control Group (TTECG), la 7ª Regimiento de Marine y la 3ª Brigada de Reconocimiento Blindado Ligero formaron parte del escenario de entrenamiento.
Las armas empleadas incluyeron rifles M27 de 5.56 mm, escopetas M1014 y lanzagranadas M32A1 y M320, equipadas con munición de 40 mm antipersonal. Los drones simulados volaban a velocidades superiores a 90 mph y llevaban acercamientos de ataque a tan solo 20 metros de las tropas, lo que exigía una respuesta precisa y eficaz. Aunque existían contramedidas electrónicas disponibles, el componente dinámico de estas pruebas se centró en la capacidad de neutralizar la amenaza con armamento ligero, frente a pilotos de drones bien entrenados y con objetivos realistas.
Según varias autoridades militares presentes, la simulación buscaba reflejar un escenario de batalla real: la necesidad de decidir con rapidez y aptitud, sin depender exclusivamente de contramedidas electrónicas. El capitán Faith Richardson, comandante de pelotón con TTECG, destacó la calidad de los pilotos de drones y la importancia de ofrecer a los participantes una experiencia verosímil de amenaza. Sus palabras resaltan que la amenaza de sUAS ha evolucionado por ser más accesible y económica, lo que incrementa su presencia en el campo de batalla moderno.
El proyecto enfatiza la construcción de confianza en la capacidad para detectar y derrotar sUAS, complementándose con ejercicios urbanos y evaluaciones en tiempo real sobre detección y neutralización. El sargento de marina Kevin Jares, instructor del TTECG, afirmó que la proliferación de sUAS en conflictos contemporáneos requiere soluciones que permitan a las escuadras defenderse con sus armas orgánicas ante un entorno de combate cada vez más complejo.
Los organizadores señalan que la evaluación resultó positiva, y que los resultados obtenidos se integrarán en futuras simulaciones y ejercicios de nivel de servicio, incorporando sesiones teóricas y prácticas sobre respuestas tácticas ante sUAS y C-sUAS. Este enfoque refleja una tendencia continua a adaptar la formación de las fuerzas terrestres para responder a amenazas cada vez más diversas y tecnológicamente sofisticadas, manteniendo la preparación y la resolución necesarias en escenarios de alto riesgo.
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