El enigma de la clase Trump: costos, capacidades y desafíos de construcción en la Marina



La propuesta de una nueva clase de buques de defensa de superficie, apodada la clase Trump, ha generado debates intensos sobre su factibilidad, costo y papel estratégico en la Armada de los Estados Unidos. Un reciente informe del Congressional Budget Office (CBO) estima que este programa podría requerir una inversión total de aproximadamente 275 mil millones de dólares, un volumen que sitúa la iniciativa entre las más ambiciosas y costosas en la historia naval estadounidense.

El primer buque de la clase podría alcanzar un precio de 23,4 mil millones de dólares, aproximadamente 6 mil millones por encima de la estimación inicial anunciada en diciembre de 2025. Oficiales y analistas describen este buque de 35.000 toneladas, impulsado por energía nuclear, como el buque de superficie más fuertemente armado que la Marina haya intentado construir. Entre las capacidades previstas se cuentan tecnologías como cañones de riel, láseres de alta potencia, misiles hipersónicos y misiles nucleares, además de sistemas de defensa y ataque anti-aire, anti-superficie y de largo alcance.

Ambicioso diseño y cronograma disparan los costos. El anuncio de la administración de 2025 anunció la intención de crear esta clase de grandes combatientes de superficie como un buque de guía de misiles. De acuerdo con el informe, si se construyera conforme a esas especificaciones, sería el mayor combatiente de superficie del mundo y superaría en tamaño a cualquier otra unidad naval construida desde la Segunda Guerra Mundial. Comparativamente, sería más de tres veces y media el tamaño del destructor armado con misiles guiados Arleigh Burke y más del doble que el destructor Zumwalt.

El plan contempla la construcción de 15 buques Trump entre 2028 y 2056, con un precio unitario de 18 mil millones de dólares para cada uno de los siguientes catorce buques. En contraste, el costo de construcción de un portaaviones de guerra nuclear reciente, el USS Gerald R. Ford, se situó alrededor de 13,3 mil millones. El informe del CBO señala que para cumplir el cronograma, las gradas necesitarían generar un 12% de tonelaje adicional para 2035 bajo la versión de 2027 frente a la de 2025. Para mantener el ritmo, la Armada podría verse obligada a producir aproximadamente un buque de batalla cada dos años entre 2028 y 2056, además de continuar fabricando dos destructores DDG-51 cada año sin interrupciones.

A largo plazo, para 2058, la tonelaje total de las grandes unidades de superficie tendría que crecer en un 60%, un ritmo que el informe describe como un desafío potencial para la industria.

Dudas sobre la capacidad de construcción. Las preocupaciones sobre la capacidad de construcción de la Marina no son nuevas. Un informe de la Government Accountability Office (GAO) de marzo anterior ya destacaba retrasos y dificultades continuas: muy pocos buques terminados, entregas que frecuentemente se retrasan y rendimientos que no cumplen con las expectativas. En varias ocasiones, algunos buques han llegado hasta tres años tarde.

Una de las conclusiones clave es que operamos prácticamente en un estado de triaje permanente, como señaló Shelby S. Oakley, directora de GAO. Oakley añadió ante el Comité Senado de Servicios Armados que supuestos poco realistas sobre costos y calendario han desviado recursos y han retrasado programas de construcción.

El informe también sugiere que la propulsión nuclear podría reducir costos operativos a largo plazo al eliminar la necesidad de combustibles. Sin embargo, el CBO no aportó una estimación específica de cuánto podría ahorrarse a lo largo de la vida del programa.

Fuentes y contexto: Defensa News ha documentado la discusión y los hallazgos relacionados con el costo total estimado del programa. La conversación sobre una clase Trump de buques de batalla continúa impulsando debates sobre la pertinencia estratégica frente a grandes inversiones en defensa, la capacidad industrial para sostener un programa tan intensivo y las alternativas tecnológicas que podrían ofrecer capacidades similares con menos riesgo presupuestario.

Este análisis busca presentar, de forma clara y estructurada, las tensiones entre ambición tecnológica, costos y capacidad industrial que rodean un proyecto que podría redefinir el papel de la Marina en el siglo XXI.

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