
La exploración lunar está en un nuevo capítulo con el lanzamiento del Lunar Environment Monitoring Station (LEMS), un paquete de instrumentos diseñado para desplegarse en la superficie de la Luna y realizar monitoreo sísmico de forma continua y autónoma. Este avance, que llega tras la declaración de NASA de “wrenches down” en el primer payload completamente listo para Artemis, marca un paso clave hacia una ciencia lunar sostenida y una exploración más segura para las misiones futuras.
LEMS agrupa dos sismómetros altamente sensibles que medirán vibraciones del terreno provocadas por lunaquakes y impactos de meteoritos. Estas mediciones proporcionarán a la comunidad científica pistas sobre la estructura interior de la Luna y sobre los riesgos sísmicos que podrían enfrentar los astronautas en la superficie. Su diseño modular facilita la adaptación y la ampliación con instrumentos futuros, convirtiéndolo en una plataforma reutilizable que puede evolucionar con las prioridades científicas.
El instrumento, del tamaño de una maleta y con un peso aproximado de 11 libras en la gravedad lunar, está preparado para operar de forma independiente una vez desplegado. LEMS gestiona su propia generación de energía mediante una pequeña matriz solar flexible que se adapta a la forma del módulo y coordina sus actividades para garantizar la recopilación continua de datos, con transmisiones mensuales a la Tierra. Todo ello se hace manteniendo una temperatura interna estable, a pesar de las grandes oscilaciones de temperatura entre el día y la noche lunar en la región del Polo Sur.
La electrónica y la mecánica de LEMS se han sometido a rigurosas pruebas ambientales y de operación para garantizar que pueda soportar el lanzamiento, el viaje a la superficie lunar y las condiciones extremas del entorno lunar. Además, se ha verificado que el conjunto es seguro para manipulación por parte de astronautas. El payload se mantendrá en una sala limpia en Goddard Space Flight Center, en Maryland, hasta ser asignado a una misión Artemis para su despliegue en la superficie.
“Cuando concebimos LEMS, pensamos no solo en la próxima misión, sino en la siguiente generación de exploración lunar”, afirmó Mehdi Benna, líder del proyecto en la Universidad de Maryland Baltimore County. “Nuestra visión era crear una boya científica para la Luna: fácil de construir, adaptable a diferentes objetivos y capaz de operar de forma independiente durante años”.
Antes de que cualquier ciencia de superficie pueda comenzar, el equipo ha asegurado que LEMS pueda sobrevivir al viaje y al entorno hostil de la superficie lunar. En los últimos cinco meses, se han realizado pruebas ambientales y operativas que verifican la resistencia a las vibraciones de lanzamiento, el viaje hacia la Luna y la temperatura y radiación del entorno lunar. También se ha comprobado que el diseño mecánico y eléctrico es seguro para el manejo por parte de los astronautas.
LEMS está diseñado para operar durante la noche lunar, que dura dos semanas terrestres, sin necesidad de fuente de calor externa o energía adicional. En lugar de utilizar calentadores por radioisótopos, el diseño emplea materiales de aislamiento avanzados, cables de baja conductividad térmica y un regulador térmico que dirige el calor durante el día para evitar el sobrecalentamiento y conservar calor durante la noche. Estas innovaciones reducen masa y consumo energético, preparando el camino para instrumentos más ligeros y eficientes que podrán operar de manera continua en sitios de aterrizaje futuros de Artemis y en la base lunar liderada por NASA.
El equipo técnico de LEMS está liderado por la Universidad de Maryland Baltimore County y la Universidad de Maryland en College Park, con implementación técnica a cargo de Goddard. La Universidad de Arizona, en asociación con Silicon Audio, suministró los dos sismómetros de última generación, mientras que Morehead State University (Kentucky) proporcionó el sistema de telecomunicaciones y operará el instrumento en la superficie. Washington University in St. Louis gestionará el procesamiento y la difusión de los datos a la comunidad científica.
Esta iniciativa se apoya en una larga historia de vigilancia sísmica lunar, que comenzó con las misiones Apolo entre 1969 y 1972. Los sismómetros de aquella era registraron miles de vibraciones y marcaron el inicio de la comprensión de la estructura interior lunar. Con LEMS, la comunidad científica da otro paso importante: desplegar la primera red de sismómetros para futuras misiones humanas que escucharán vibraciones mínimas del terreno, recopilando nuevas pistas sobre la estructura de la Luna y su actividad sísmica continua. Los sensores de LEMS serán los más compactos, sensibles y energéticamente eficientes jamás construidos para la exploración planetaria.
En tamaño, LEMS es comparable al de una maleta pequeña y pesa alrededor de 11 libras en la gravedad lunar. Además de los sensores sísmicos, el conjunto contiene todo lo necesario para funcionar de forma autónoma tras su despliegue. Entre sus características, destaca un conjunto de generación de energía, una matriz solar ligera y flexible, y la capacidad de administrar sus propias operaciones para garantizar la recopilación de datos según un plan preestablecido, con transmisiones mensuales a la Tierra. Todo ello, en un entorno de temperaturas extremas, exige una gestión térmica precisa para mantener la estabilidad interna.
Este avance no solo representa un logro tecnológico, sino también un marco para un futuro más robusto de la exploración lunar. Con LEMS, NASA y sus socios están pavimentando el camino para una presencia humana sostenible en la Luna y abriendo la puerta a futuras bases lunares que integren ciencia y exploración de manera continua.
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