
En un momento en el que los gobiernos comienzan a mirar más allá de la verificación de edad y se preguntan por las herramientas que las personas emplean para eludirla, surge una tensión entre seguridad, privacidad y funcionalidad. En Australia, documentos de libertad de información recientes revelaron que la comisión de eSafety quiere que las empresas tecnológicas detecten y bloqueen activaciones de VPN utilizadas para sortear controles de edad. En el Reino Unido, la Secretaria de Tecnología ha señalado la posibilidad de replantear restricciones sobre las VPN. A primera vista, estos planteamientos pueden parecer acotados; vistos en conjunto, muestran que las VPNs empiezan a ser tratadas como parte del problema de cumplimiento, cuando en realidad son parte de la infraestructura de seguridad de empresas, periodistas, trabajadores remotos y millones de usuarios comunes que confían en ellas cada día. En Estados Unidos, por ejemplo, la mitad de los trabajadores remotos utiliza VPN.
Las leyes de verificación de edad surgieron con el objetivo de dificultar que menores accedan a contenidos dañinos, pero han generado consecuencias involuntarias. En varios mercados, un número creciente de usuarios recurre a las VPN porque no quieren subir identificaciones gubernamentales o escaneos faciales a sitios que no confían ni visitan con regularidad.
Integrar las VPNs dentro del marco regulatorio confunde el síntoma con el problema. Prohibir o restringir las VPN rara vez detiene el comportamiento subyacente; empuja a los usuarios hacia soluciones menos reguladas y otorga a los gobiernos una nueva herramienta para controlar el acceso de los ciudadanos a la red. Después de años construyendo un navegador orientado a la privacidad, he aprendido que los usuarios de Internet se adaptan mucho más rápido que la regulación.
You can’t regulate intent (No se puede regular la intención)
Toda propuesta para restringir el uso de VPN se topa con el mismo problema técnico: una conexión VPN no explica por qué alguien la usa. Un periodista protegiendo fuentes, un empleado remoto en una red de hotel y alguien eludiendo una verificación de edad pueden parecer idénticos desde el punto de vista de la red, y la aplicación de la ley no puede distinguir entre ellos. Cualquier mecanismo de puesta en marcha para detectar eludir verificación de edad debe basarse en ese mismo tráfico y no tiene forma de separar a un menor que evita contenido dañino de un profesional que presenta un informe desde una red hotelera.
Respecto a la solución, la estigmatización de las VPNs no modifica la demanda subyacente. Las personas no dejan de desear privacidad porque una herramienta es menos socialmente aceptada; encuentran otra manera de obtener privacidad y seguridad, a menudo a través de canales con menos transparencia que los que se restringen.
The precedent is important (El precedente es importante)
La preocupación es más aguda cuando estas leyes nacen en mercados de alta visibilidad y luego se convierten en modelos para otros gobiernos. Si las herramientas de privacidad deben identificar a los usuarios para funcionar, esa expectativa podría extenderse a la mensajería cifrada, al almacenamiento en la nube y a otras tecnologías de uso diario en las empresas. Una empresa que admite verificaciones de identidad para su tráfico VPN hoy podría encontrarse ante la misma lógica aplicada a su plataforma de mensajería cifrada o su proveedor de almacenamiento en el futuro. La infraestructura que se debate bajo el paraguas de la seguridad infantil es la misma infraestructura que mantiene las comunicaciones corporativas y la protección de datos.
Privacy tools are not the problem (Las herramientas de privacidad no son el problema)
Se estima que 1.7 mil millones de personas en todo el mundo usan VPNs, una cifra que debería hacer reflexionar a los legisladores antes de tratarlas principalmente como un medio para eludir la verificación de edad. Para la mayoría de los usuarios, las VPN forman parte de la seguridad cotidiana de Internet, protegiendo comunicaciones y conexiones en redes Wi‑Fi públicas.
Las oleadas de uso de VPN siguen un patrón claro: los picos más grandes suelen ocurrir ante disturbios políticos o cuando una plataforma es bloqueada, como ocurrió cuando Turquía restringió Wikipedia durante años. Las leyes vinculadas a la verificación de edad también generan nuevos registros de usuarios, aunque sea en menor medida, en su mayoría personas que no quieren subir una identificación o un escaneo facial para acceder a un sitio que preferirían no visitar.
Not all verification is equal (No toda verificación es igual)
Conviene distinguir entre dos situaciones distintas. Verificar la edad en una red social, donde alguien ya tiene identidad y un motivo para ser reconocido, difiere de verificar la edad en un sitio para adultos, donde precisamente el objetivo es no ser identificado. La primera es razonable; en la segunda, es difícil justificar entregar una identificación o un escaneo facial dado el riesgo de filtración y uso indebido.
The technology already exists, with limits (La tecnología ya existe, con límites)
La verificación de edad con preservación de la privacidad es real, y existen versiones que funcionan, aunque los límites deben ser comprendidos con claridad. Demostrar algo sin dejar rastro alguno es extremadamente difícil; la confianza debe ubicarse en algún lugar. Un modelo viable separa a la parte que confirma la edad de la parte que visita el servicio. Un intermediario de confianza verifica la elegibilidad una vez y emite un token a cambio. Ese token no es una moneda, no está ligado a una cartera ni a una cuenta; es una prueba criptográfica que no puede rastrearse hasta la persona original. Es como una tarjeta de identidad de la que se eliminan la foto, el nombre y el número, dejando solo la respuesta sí/no a una pregunta. Ese token reside en el dispositivo de la persona y la entidad que confirma la elegibilidad nunca lo posee.
Privacy and verification can coexist (La privacidad y la verificación pueden coexistir)
Proteger a los menores es un objetivo de política pública legítimo, y rechazar el enfoque actual no equivale a rechazar la verificación de edad en su totalidad. La pregunta es cómo lograrlo sin exigir a millones de adultos entregar más información personal de la necesaria. Los padres están en la mejor posición para decidir qué pueden ver sus hijos, con herramientas que ya existen. Las políticas públicas deben apoyar ese rol.
Los gobiernos deberían promover sistemas de verificación de edad que recojan la mínima información necesaria para confirmar la elegibilidad, permitiendo que las herramientas de privacidad hagan su trabajo. El verdadero desafío es construir una verificación de edad en la que la gente pueda confiar sin renunciar a su privacidad. Regular las VPNs no nos llevará a ese objetivo.
[Nota de cierre editorial: la discusión permanece en evolución, y la implementación de tecnologías de verificación de edad debe equilibrar seguridad, derechos individuales y innovación tecnológica.]
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