
En un esfuerzo por fortalecer las capacidades asimétricas frente a amenazas marítimas de bajo costo, el Pentágono ha lanzado una convocatoria formal para una embarcación de superficie no tripulada capaz de desplegar drones de ataque directamente en el mar. Este paso se enmarca dentro de un proyecto denominado SWAP-USV (Suitable Warfighting Adaptive Payloads for Uncrewed Surface Vessels), cuya finalidad es ampliar las capacidades operativas en entornos disputados y aguas contiguas.
La iniciativa se presenta como una competencia de gran envergadura, respaldada por aproximadamente 100 millones de dólares en premios totales, con la posibilidad de acceder a contratos de adquisiciones valorados en hasta 200 millones de dólares. El programa se desarrollará a lo largo de varias fases y pruebas, distribuidas en tres sprints de evaluación que definirán la viabilidad técnica y operativa de las soluciones postuladas.
Año de competencia con financiamiento sustancial
El concurso se inicia con un marco de año completo, dividido en tres sprints de pruebas, cada uno con requisitos técnicos definidos y recompensas propias. Las empresas que completen satisfactoriamente cada fase pasarán a ser elegibles para contratos de adquisición financiados adicionalmente. Se prevén las siguientes fases:
- Sprint 1: pruebas en agua durante el otoño de 2026, con despliegue en campo completo dentro de los 120 días posteriores.
- Sprint 2: inicio en 2027, centrado en la ampliación de la capacidad de carga de las unidades que superen las etapas iniciales.
- Sprint 3: verano de 2027, fase final de evaluación decisiva para la adjudicación.
El Departamento de Defensa invita a la participación a fabricantes marítimos, desarrolladores de autonomía, especialistas en sensores y compañías consolidadas del sector de drones. Las empresas pueden optar por ingresar en cualquiera de las fases que mejor se ajusten a sus capacidades técnicas y al cronograma de desarrollo existente.
Requisitos técnicos estrictos para la embarcación ganadora
La embarcación no tripulada debe operar de forma fiable en entornos de aguas abiertas, litorales y otros escenarios marítimos variados sin necesidad de supervisión humana constante. Entre sus capacidades se incluyen sensores a bordo para detectar y rastrear objetivos en la superficie, así como navegación autónoma hacia puntos de interés o waypoint asignados.
Requisitos mínimos de desempeño: alcance operativo de al menos 200 millas náuticas (aproximadamente 370 kilómetros o 230 millas) y velocidades de crucero sostenidas de hasta 10 nudos (unos 19 km/h). La plataforma deberá desplegar drones de costo eficiente directamente desde sistemas de lanzamiento a bordo, ampliando su perfil de misión en el mar.
Estos sistemas aéreos también respaldarán misiones secundarias como operaciones de guerra electrónica y retransmisión de comunicaciones en entornos disputados o negados. La convocatoria subraya que se busca un hardware maduro y ya disponible en el mercado, más que tecnología experimental que requiera años de desarrollo.
En notas de contexto, los drones marinos ya han mostrado utilidad en entornos de conflicto. Por ejemplo, se ha informado sobre situaciones en las que embarcaciones no tripuladas han desempeñado papeles clave en rescates y operaciones relacionadas. La experiencia internacional, incluyendo trabajos en el Reino Unido y esfuerzos de Ucrania, ha acelerado la innovación en este ámbito. Este contexto refuerza la justificación de invertir en tecnología de drones marinos y plataformas autónomas.
La iniciativa ha sido documentada y analizada por diferentes medios especializados en defensa y tecnología, como referencia para comprender el ecosistema de la robótica marina y la evolución de las capacidades de respuesta rápida ante amenazas contemporáneas.
Para mayor información y actualizaciones, consultar las fuentes oficiales y los análisis especializados citados en la cobertura respectiva.
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