
Microsoft ha reconocido un movimiento poco habitual: la instalación automática de una aplicación llamada OneDrive Photos en equipos con Windows 11, dirigida tanto a usuarios domésticos como a entornos empresariales. Este despliegue involucra una app separada de OneDrive, centrada en la visualización y organización de fotos, con funciones de edición ligera. La decisión ha sido recibida con escepticismo: aunque la función de reconocimiento de rostros puede estar disponible solo si el usuario la activa, la presencia de la app llega incluso si el usuario no desea OneDrive ni ha iniciado sesión con una cuenta de Microsoft en el PC.
Lo más llamativo es que la app, marcada como beta, aparece en PCs de empresa, lo que claramente no debería ocurrir, ya que está pensada para cuentas personales. Tras semanas de silencio, Microsoft ha confirmado la instalación en Windows 11, aunque aún no ofrece una explicación clara sobre por qué el despliegue afectó también a dispositivos empresariales. Fuentes como Windows Latest señalan que la distribución a PCs de empresa no fue intencional, sugiriendo que se trata de un error que la compañía estaría corrigiendo.
En cuanto a la función de IA y reconocimiento facial, Microsoft asegura que, si se habilita, el agrupamiento de rostros se realiza únicamente en la nube con las fotos de OneDrive y que los datos recogidos se eliminan 30 días después de desactivarlo. Además, afirman que no se usan datos de fotos para entrenar modelos de IA sobre rostros. Aun así, la controversia persiste entre usuarios, sobre todo por la experiencia de usuario y la posible erosión de la confianza cuando se instala software adicional sin consentimiento claro.
El debate se ha intensificado en comunidades en línea, con usuarios empresariales y particulares buscando soluciones para eliminar la aplicación sin necesidad de desinstalar OneDrive por completo. Informes recientes indican que Microsoft está preparando una actualización para facilitar la eliminación de OneDrive Photos sin eliminar OneDrive, una mejora esperada que podría restablecer el control del usuario sobre su propio ecosistema.
Este episodio ilumina una tensión mayor en la estrategia de Microsoft: por un lado, esfuerzos para mejorar Windows 11 con nuevas características y mejoras; por otro, movimientos que muchos perciben como intrusivos o anti-consumidor. La coexistencia de iniciativas bien recibidas con medidas que generan fricción subraya la necesidad de una coordinación más afinada entre las diferentes ramas de la empresa y una comunicación más clara hacia usuarios y administradores de TI.
En definitiva, la experiencia hasta ahora sugiere que Microsoft debe actuar con mayor cautela y transparencia en despliegues de software, especialmente cuando afectan a usuarios empresariales. El objetivo debe ser mejorar Windows 11 sin restar confianza ni sorprender a los usuarios con instalaciones forzadas que compliquen la experiencia cotidiana. Si la compañía logra convertir este episodio en una mejora tangible para la gestión de aplicaciones y la seguridad, podría convertir una situación negativa en una oportunidad para demostrar compromiso con la experiencia del usuario.
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