
Apple presentó hace 20 años el Mac Pro, etiquetándolo como “el sistema ideal para el usuario más exigente.” Fue la última transición de PowerPC a Intel y, para entonces, una declaración de intenciones.
El Mac Pro fue tan poderoso que dobló el rendimiento del Power Mac G5, lanzado menos de un año antes. El título de “Pro” tenía un respaldo contundente.
A lo largo de distintas iteraciones, una constante fue la posición de producto: un equipo para presupuestos elevados cuyo motor era la potencia. Parecía destinado a perdurar, como una máquina para los tiempos difíciles.
Pero no fue así. En marzo de 2026, Apple anunció la discontinuación del Mac Pro y afirmó que no había planes para futuros modelos, cerrando de golpe lo que muchos consideraban la máquina más potente de la historia de la marca.
La naturaleza del Mac Pro lo hacía vulnerable. Esa vulnerabilidad, combinada con condiciones de mercado que hoy también afectan a gigantes como Apple, se convirtió en un cóctel mortal. Al revisar por qué el Mac Pro (casi) logró cumplir 20 años, hay un factor claro: su nicho extremo.
Un producto peligrosamente nicho

Desde el inicio, el Mac Pro se diseñó para profesionales que priorizaban la potencia, apoyándose en los potentes chips Intel de la época para superar a la familia PowerPC.
Eso significó que el Mac Pro fue siempre un producto de nicho que mostraba su potencia bruta. Ese era el objetivo, y, aunque el público general bromeara con sus precios elevados (recordemos las ruedas de $400 en el modelo 2019), su audiencia no se asustaba. Si tu trabajo implica producciones cinematográficas de alto nivel, procesamiento de IA o tareas exigentes, los precios altos son parte del negocio.
Sin embargo, ese carácter nicho significaba que Apple no esperaba ventas al ritmo de MacBook Air o MacBook Pro. Apuestas calculadas para atender a un público pequeño pero fiel, que demandaba potencia y fiabilidad, y que continuaría existiendo a lo largo de los años.
El problema fue que la empresa a veces pareció dar por sentados a estos usuarios. El diseño circular del modelo de 2013, apodado “trash can”, pasó años sin actualizaciones debido a un “corral térmico” autoinfligido.
Sorprendentemente, la actualización llegó seis años después, con la última iteración del Mac Pro.
La llegada del Mac Studio también dañó al Mac Pro: su rendimiento era comparable o superior y venía en un formato más compacto y a menor precio. Muchos optaron por esa alternativa.
Con la transición a Apple Silicon, accesorios como la Apple Afterburner Card dejaron de ser viables, lo que limitó las ventajas del Mac Pro a opciones de expansión PCIe. A $6,999 como precio base, esas mejoras ya no justificaban la inversión frente a un Mac Studio moderno.
Apple había mantenido una delgada línea entre actualizaciones poco frecuentes y abandono, pero el Mac Studio llegó para demostrar que la demanda podía ser satisfecha con menos complicaciones.
Enterrado en la oscuridad

El 26 de marzo de 2026, Apple anunció la discontinuación del Mac Pro y señaló que no había planes para nuevo hardware de Mac Pro. Muchos interpretaron ese comunicado como el símbolo de su definitivo cierre.
El momento pudo parecer sorpresivo, pero a la luz de la historia reciente, se entiende mejor. Apenas tres meses después, Apple anunció subidas de precio generalizadas que afectaron casi todos sus dispositivos.
La familia Mac recibió subidas considerables, especialmente el Mac Studio, con incrementos que lo acercaron a valores que hubieran parecido inconcebibles. El Mac Studio vio el mayor salto, aumentando alrededor de 1.300 dólares para la versión M3 Ultra, mientras que el MacBook Pro saltó 300 dólares.
Estas alzas no fueron arbitrarias; respondían a una crisis de componentes que golpea a la industria en su conjunto, impulsada por la demanda de centros de datos de IA. El CEO Tim Cook describió la situación como “insostenible” y las subidas como “ineludibles”.
Para usuarios profesionales, incluso un incremento del 33% en el precio de un producto de alto rendimiento como el Mac Pro hubiera sido inaceptable. Si la Mac Pro hubiera seguido en el catálogo, podría haber enfrentado ventas aún más bajas y una imagen pública menos favorable ante un incremento tan pronunciado.
En última instancia, Apple decidió no otorgar al Mac Pro un aniversario sentimental de 20 años. En medio de la crisis de memoria y sus efectos en toda la industria, no había espacio para ceremonias. El Mac Pro quedó enterrado en la oscuridad, antes de que su precio pudiera convertirse en un tema aún más polémico.
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