Cómo entender y mitigar los riesgos de identidad y rutas de ataque en la seguridad IT



La seguridad de TI ha cambiado: ya no es suficiente mantener a los intrusos fuera; ahora el reto es impedir que se alimenten de las brechas una vez dentro y evitar que se muevan lateralmente por la red. Este cambio de enfoque exige entender profundamente las rutas de ataque y la gestión de identidades para cortar esas trayectorias antes de que se conviertan en pérdidas sustanciales.

En los últimos años, aunque la cantidad de vulnerabilidades de software ha aumentado, el mayor riesgo para muchas empresas no proviene de un hacker que logra entrar, sino de cuánto tiempo pueden permanecer dentro y cuán lejos pueden desplazarse dentro del ecosistema tecnológico. Un factor clave es la gestión de identidades: las credenciales que permiten el acceso también sirven para apoyar procesos de aprovisionamiento y despliegue de software. Incluso tokens simples pueden convertirse en vectores si se manejan con deficiencias de control de acceso.

Las empresas están tomando consciencia de esta amenaza. Investigaciones señalan que la inversión en gestión de identidades aumentará significativamente durante 2026, con un porcentaje de adopción mayor que en años anteriores. Pero, ¿cuáles son los problemas que deben resolverse y cuál es la forma más rápida de hacerlo?

Comprender las rutas de ataque y la identidad es esencial. Los atacantes buscan obtener beneficios económicos: robar datos, cifrar archivos para pedir rescate, etc. Alcanzan sus objetivos ingresando inicialmente por un punto débil —un endpoint sin parche o un correo phishing con malware— y luego se desplazan lateralmente hacia activos valiosos. Para los defensores, ese movimiento lateral representa una oportunidad para negar acceso y bloquear ataques. Los atacantes utilizan, de hecho, las mismas identidades que los empleados legítimos para acceder a activos.

Entender las rutas de ataque puede ser complejo. Al centrarse en activos valiosos como Propiedad Intelectual o aplicaciones críticas, es común representar estas rutas como trayectorias directas desde un punto de acceso inicial hasta los activos de alto valor. Sin embargo, los atacantes no siguen necesariamente la topología de la red: buscan lo que pueden acceder, lo que complica la visión del mapa de rutas.

Cada cuenta tiene diferentes niveles de acceso y múltiples cuentas pueden acceder a un mismo activo, lo que aumenta la complejidad a medida que la red crece. En una organización con alrededor de 1,000 empleados, puede haber más de 5 millones de rutas de ataque; una con 10,000 identidades podría gestionar unas 22 millones de trayectorias potenciales.

La combinación de IA y Identidades No Humanas agrava este problema: se espera que la relación de identidades por empleado se eleve a entre 20 y 40, con un crecimiento anual previsto del 20%. Ante este aumento, conviene recurrir a analogías para comprender el alcance: imagina un sistema de transporte urbano con millones de rutas posibles entre estaciones. No es práctico memorizar todas; en su lugar, se utilizan mapas para identificar rutas óptimas y puntos críticos.

Desde la defensa, identificar los nodos centrales y sus rutas de acceso facilita la priorización de medidas de seguridad. En una red de transporte, sería equivalente asegurar estaciones con mayor tránsito y mayor concentración de conexiones; en TI, asegurar “nodos” de mayor impacto facilita contener la propagación de un ataque. Una vez asegurados estos hubs, se pueden identificar y fortalecer otros puntos críticos.

El objetivo es avanzar hacia un futuro más seguro mediante la reducción de las rutas de ataque, no intentando gestionar cada una de forma aislada. Dado el volumen de rutas posibles, es más eficiente centralizar la gestión y endurecer entornos completos, lo que dificulta a los atacantes moverse y obliga a que hagan más ruido, facilitando su detección y retirada.

La realidad es que los ataques a IT se están acelerando, y no es viable corregir cada brecha de forma individual. Es necesario aceptar ciertas imperfecciones y gestionarlas de la mejor forma posible, priorizando riesgos de mayor impacto y mayor probabilidad. Al entender las rutas de ataque desde la perspectiva de la identidad, podemos enfocar esfuerzos en las áreas de mayor riesgo y aplicar controles que reduzcan significativamente el número de caminos que un atacante puede tomar.

Este enfoque no reemplaza la seguridad perimetral; la complementa al identificar rutas de mayor valor y asegurar las identidades y permisos que las sustentan. En resumen, comprender las rutas de ataque y la gestión de identidades permite priorizar acciones y fortalecer las defensas de manera más eficiente, reduciendo el riesgo de que una intrusión se convierta en una brecha catastrófica.

Texto generado con la intención de aportar una visión estratégica sobre cómo las identidades y las rutas de ataque deben ser gestionadas en entornos modernos, con el propósito de informar a equipos de seguridad y toma de decisiones. Para más profundidad, se recomienda explorar casos prácticos y marcos de referencia en gestión de identidades y defensa en capas.

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