
He estado observando avances en robótica humanoide a través de dos videos que parecen ocupar extremos opuestos de una escala imaginaria de Cantril. En un extremo, el descenso a lo mínimo: un robot Qualcomm que, tras entregar la plataforma de referencia Dragonwing IQ10 en una bandeja a un presentador, colapsa de forma dramática frente al público. El robot levanta una mano como si aceptara la derrota y, en segundos, los responsables cubren su cuerpo con una sábana. Este momento sirve como recordatorio duro de que, a pesar de los saltos tecnológicos, todavía hay fallos estructurales que deben resolverse antes de considerar despliegues amplios.\n\nAl otro extremo de la escala, la promesa de lo que podemos lograr: el Apollo Robot de Apptronik, alimentado por el nuevo Gemini Robotics 2 de DeepMind. Este sistema promete inteligencia de cuerpo entero, una mayor destreza y la capacidad de coordinar múltiples robots en espacios compartidos. Un video reciente de DeepMind ilustra estas capacidades, destacando la posibilidad de que las máquinas ejecuten una amplia gama de tareas humanas con una autonomía cada vez mayor.\n\nAl observar ambos videos lado a lado, es imposible no notar dos tendencias simultáneas. Por un lado, los avances constantes en robótica gracias a modelos fundacionales y a la simulación de entrenamiento a gran escala. Por otro, la realidad de que muchos proyectos humanoides siguen teniendo resultados desiguales y, a veces, decepcionantes.\n\nComo he repetido en varias ocasiones, me cansa la retórica de compañías que prometen robots domésticos que hagan todo por nosotros —y que, se dice, podrían incluso reemplazar empleos— en plazos de tiempo optimistas. Tengo décadas siguiendo esta tecnología; entiendo la trayectoria y, aun con la aceleración reciente, la mayoría de los esfuerzos siguen cayendo en la categoría de Qualcomm más que en Apollo o DeepMind.\n\nLa razón detrás de las caídas no siempre es clara. Podría ser un fallo a bordo, un problema de batería o incluso un descuido de carga antes de la demostración. Aunque la secuencia inicial podría haber sido más impresionante, lo real es que el incidente ofrece una visión honesta de los límites actuales.\n\nGemini Robotics 2, en cambio, propone una visión diferente: en lugar de sensores dispersos que deben ser dirigidos por teleoperación o por programación de movimientos específicos, se busca un control de todo el cuerpo centralizado. Según el propio DeepMind, Gemini Robotics 2 trae inteligencia de cuerpo entero a los humanoides, habilita una destreza avanzada y puede coordinar varios robots para trabajar juntos en espacios compartidos.\n\nUn ejemplo destacado muestra a un robot Apollo cinchando y atando una bolsa de basura con las manos, una tarea que los humanos realizan con facilidad pero que representó un hito para estas máquinas porque no había sido entrenado previamente para ello.\n\nAunque el robot de Qualcomm aún esté en la fase de demostración pública, Gemini Robotics 2 sugiere un camino hacia máquinas más útiles y potencialmente más seguras, capaces de convivir y colaborar entre humanos y otros robots sin necesidad de una supervisión constante y de entrenamientos intensivos.\n\nEste es, en esencia, el estado real de la robótica humanoide: avances significativos combinados con desafíos prácticos que requieren soluciones sólidas y bien diseñadas. No se trata solo de promesas de Tesla, Neo o Figure; su progreso podría acelerarse si adoptaran enfoques como Gemini Robotics 2. El objetivo continuo es un ecosistema de robots que pueda integrarse de forma segura y productiva en nuestra vida diaria, sin depender de demostraciones de alto riesgo o de perfección tecnológica inalcanzable.
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