
El Reino Unido no tiene un problema de innovación en IA; tiene un problema de ejecución. Más de 78 mil millones de libras ya se han invertido en el sector de IA del país y no falta actividad. Las organizaciones de todas las industrias están experimentando con cómo la IA puede mejorar la productividad, la experiencia del cliente y la competitividad. A simple vista, el Reino Unido parece bien colocado para competir a nivel global y los líderes se muestran optimistas. Pero ese optimismo aún no se traduce en los resultados que importan.
Existe una brecha entre las expectativas de IA y su logro diario. Mientras que el 87% de las empresas del Reino Unido se muestran positivas respecto a la IA, solo el 16% ha implementado plenamente soluciones de IA. El desafío no es la falta de ambición, sino una brecha de integración: la incapacidad de convertir pilotos tempranos en una infraestructura operativa escalable y de largo plazo.
La razón no es la ausencia de visión, sino la dificultad para conectar la IA con los sistemas, flujos de trabajo y procesos existentes, en lugar de quedarla al margen. Ese es el punto donde el progreso suele ralentizarse. Los equipos experimentan pequeñas fricciones diarias que, en conjunto, restan las eficiencias que podría aportar la IA.
Por ejemplo, un representante de ventas puede obtener insights útiles tras una llamada pero aún necesita registrarlos manualmente en un sistema de Gestión de Relaciones con el Cliente (CRM). Un agente de soporte recibe una respuesta sugerida, pero debe copiarla en otra plataforma antes de usarla. Aunque parecido a pequeños pasos, estas acciones generan fricción continua y Limitan las eficiencias que podría ofrecer la IA.
Más de un tercio (35%) de las organizaciones del Reino Unido señalan la complejidad y el coste de la integración como barreras principales, y el 32% destacan preocupaciones de confianza y cumplimiento. Sin un propietario claro o una ruta de integración definida, la IA tiende a quedarse donde empezó: en el bolsillo trasero de las empresas, aportando algo de valor, pero sin escalar.
Insertar inteligencia en el recorrido de la conversación
La siguiente fase de adopción requiere pasar de la experimentación a la ejecución estratégica. Las organizaciones deben tratar la IA como infraestructura operativa central, integrándola directamente en los entornos de comunicación.
Cuando la IA se teje en el tejido operativo, pasa de la visión a la acción: resuelve llamadas entrantes, gestiona seguimientos y orquesta interacciones en toda la organización para impulsar resultados consistentes y medibles a gran escala.
Gran parte del trabajo actual se realiza dentro de entornos de comunicación, como llamadas de voz, plataformas de mensajería y reuniones virtuales. Integrar IA en estos flujos de trabajo permite que opere en tiempo real sin que los empleados deban modificar la forma en que trabajan.
A través de agentes de voz impulsados por IA, como recepcionistas de IA, algunas empresas ya están resolviendo más del 50% de las llamadas entrantes de forma automática y reduciendo significativamente los tiempos de espera.
La próxima fase para la adopción de IA en el Reino Unido
Para que el Reino Unido realise el valor pleno de la IA, las organizaciones deben pasar de la experimentación a la ejecución. Para lograrlo, deben tratar la IA como una parte central de su infraestructura operativa en lugar de un complemento.
Las bases ya están en marcha: la inversión es sólida, la conciencia sobre IA es alta y los casos de uso tempranos han mostrado valor claro. Sin embargo, sin avanzar hacia la integración y la escalabilidad, gran parte de su potencial quedará sin realizarse.
Las organizaciones que triunfen en la próxima fase de adopción de IA serán aquellas que se centren menos en pilotos aislados y más en incorporar la IA en los sistemas y flujos de trabajo que sustentan sus operaciones. Esto exige un enfoque más estratégico, donde la IA se alinee con los objetivos del negocio y se integre entre funciones, en lugar de tratarse como una serie de iniciativas desconectadas.
La oportunidad para el Reino Unido es significativa. La IA tiene el potencial de abordar desafíos de productividad de larga data, mejorar la experiencia del cliente y realzar la competitividad a nivel global.
La próxima fase de adopción de IA no se trata de demostrar lo que la tecnología puede hacer, sino de asegurar que entregue resultados consistentes y medibles a escala. Para las empresas del Reino Unido, eso significa cerrar la brecha entre ambición y ejecución, y hacerlo con rapidez.
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