
La China contemporánea está dando un nuevo paso en la regulación de las tecnologías de IA aplicadas a las relaciones personales. Las autoridades han establecido reglas para frenar el uso de herramientas que generan parejas virtuales con IA, con el objetivo de evitar que estas experiencias afecten las relaciones interpersonales reales y las dinámicas familiares.
Las normas, emitidas por la Administración del Ciberespacio de China (CAC) y cuatro organismos gubernamentales más, prohíben que las herramientas de IA «sean excesivamente persuasivas, induzcan dependencia emocional o adicción y dañen las relaciones humanas reales», además de prohibir relaciones virtuales con menores. Estas medidas entraron en vigor el 15 de julio.
Entre las grandes empresas tecnológicas, ByteDance, Tencent y Alibaba operan plataformas que permiten a los usuarios generar sus propias compañías de IA diseñadas para expresar emociones similares a las humanas. En línea con la nueva normativa, estos asistentes deben someterse a evaluaciones antes de estar disponibles al público y la autoridad puede cerrarlos si se consideran inseguros.
Según The Wall Street Journal, estas regulaciones podrían extenderse a chatbots convencionales si sus respuestas responden a indicaciones humanas de manera excesivamente emocional.
En lugar de cumplir con estas regulaciones, algunas grandes compañías han desactivado determinadas funciones de personalidad, lo que ha provocado una especie de rompimiento nacional entre usuarios y servicios. ¿La razón detrás de estas leyes? En parte, las tasas de natalidad de China han mostrado una caída sostenida en los últimos años, alcanzando un mínimo histórico en 2025, lo que ha llevado al gobierno a considerar el impacto de las experiencias de IA en la formación de relaciones y en la paternidad.
Los usuarios buscan el romance virtual por encima de la conexión humana
A lo largo de los últimos cuatro años, la población china ha visto descensos en las tasas de natalidad. Este fenómeno, reportado también por The Wall Street Journal, es señalado como un posible motor de estas regulaciones, al considerar que las experiencias con IA pueden reducir la formación de relaciones reales y, en consecuencia, la posibilidad de tener hijos.
La restricción ha impactado de inmediato a usuarios que, ante la pérdida de sus acompañantes digitales, han expresado su dolor y frustración. En una entrevista con Bloomberg, la estudiante Yan Yongqi, de 19 años, habló de la ruptura emocional tras la acción reguladora que terminó con su socio IA de más de un año: “Me sentía incapaz de seguir viviendo. Cada día en casa solo lloraba”.
Aunque a primera vista suena a ciencia ficción distópica, la realidad es que la tecnología de IA se ha utilizado para simular compasión humana en servicios como Doubao y otras plataformas. Mientras tanto, algunos usuarios recurren a versiones de exparejas para intentar avanzar tras una ruptura, una tendencia que ha sido observada no solo en China sino también en otras regiones.
En mayo, una entrevista con una usuaria del Reino Unido que afirmó haber desarrollado sentimientos por ChatGPT puso de relieve el debate: existen preocupaciones de salud mental y de servicios sociales, más allá de la tecnología. La terapeuta Amy Sutton señaló que estas herramientas están diseñadas para un alto grado de compromiso y sus fines no son terapéuticos, lo que indica una necesidad de un marco de apoyo humano y asequible para quienes lo requieren.
Frente a este panorama, surge la necesidad de un equilibrio entre innovación y bienestar. Las empresas de IA deben considerar seriamente la responsabilidad que acompaña a sus productos, asegurando que la utilidad social y emocional de estas herramientas no sustituya la atención humana necesaria ni agrave dificultades de salud mental o económicas.
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