Neros Archer: la nueva era de los drones FPV militares y el reto de la capacidad de producción en Estados Unidos



Neros Technologies ha saltado desde las pruebas iniciales en un garaje hasta convertirse en un actor clave en la modernización de las fuerzas armadas estadounidenses. Fundada en 2023 por Soren Monroe-Anderson y Olaf Hichwa, antiguos prodigios del dron racing, la empresa ha asegurado un contrato indefinido con la US Army por hasta 500 millones de dólares para sus drones Archer FPV de ataque. El acuerdo, vigente hasta junio de 2031, figura entre los más grandes de su tipo y llega tras años de entregas a Ucrania bajo un contrato de coalición multinacional de drones. Neros mantiene una oficina en Kyiv para apoyar el esfuerzo bélico ucraniano, donde el Archer se presenta como una alternativa sin componentes chinos frente a los drones baratos que dominan gran parte del mercado.

Este contrato representa uno de los compromisos más importantes del Pentágono con aeronaves económicas y desechables que la guerra de Ucrania ha convertido en una de las herramientas definitorias de combate terrestre moderno, y cada vez también del espacio aéreo inmediatamente superior.

¿Qué es el Archer de Neros?
El Archer es, con diferencia, el drone FPV fabricado en Estados Unidos más exitoso en términos de presupuesto. Tras dos años de uso en primera línea en Ucrania, con entregas que superan el millar al mes y decenas de miles de envíos acumulados, Neros ha conseguido un historial de volumen que pocos fabricantes estadounidenses pueden igualar. El Archer es un cuadricóptero de 8 pulgadas que transporta una carga útil de 4,5 libras a más de 12 millas y se fabrica completamente sin componentes chinos: una mezcla rara que llevó a Neros a figurar en la lista Blue UAS aprobada por el Pentágono y a sufrir sanciones chinas.

El acuerdo para Archer emana del programa Purpose-Built Attritable Systems (PBAS) de la Army, que lo designó el año pasado como uno de los tres fabricantes principales encargados de llevar drones FPV modulares a nivel de pelotón. Este impulso llega en un momento de tensiones en la adquisición: funcionarios del Army señalan la intención de aumentar las compras anuales de drones de unas 50,000 a al menos un millón en aproximadamente dos años.

Neros no se propone solo aprovechar la ola: busca capturar la mayor parte de esa demanda. Lo que comenzó con 30 drones construidos en un sótano y entregados a Ucrania para pruebas se ha convertido en un ambicioso proyecto respaldado por el Gobierno de los Estados Unidos.

Hay una razón importante: Neros es lo más parecido a una respuesta estadounidense ante la dominación china en la industria. En este contexto, la empresa culminó Project Millennium, una instalación de 250,000 pies cuadrados en Los Ángeles, aproximadamente 100 veces mayor que su tamaño anterior, y se ha comprometido públicamente a alcanzar la cifra de un millón de drones al año para 2028.

Si ese compromiso se mantiene, Neros podría aumentar la capacidad manufacturera estadounidense en casi diez veces. Una estimación de 2025 situaba la capacidad total de fabricación estadounidense en alrededor de 100,000 unidades anuales.

Por ahora, la iniciativa de Dominio de Drones del Pentágono, dotada con aproximadamente 1.1 mil millones de dólares para desplegar unos 300,000 drones de ataque de bajo costo para fines de 2027, se enfrenta a la realidad de que la mayoría de los FPV estadounidenses actuales cuestan varias veces los aproximadamente 5,000 dólares por unidad que el esfuerzo militar quiere pagar.

Este episodio subraya la compleja ecuación entre innovación, costos y capacidad de producción nacional frente a un entorno de competencia global, donde la velocidad de despliegue, la reducción de dependencias de componentes críticos y la escalabilidad de la fabricación serán factores decisivos para la seguridad y la estrategia de defensa de Estados Unidos en los años por venir.

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