
La migración a versiones más recientes de sistemas operativos muestra señales de ralentización. Datos recientes indican que, si bien Windows 11 ha ganado terreno, aún hay un porcentaje significativo de dispositivos que siguen operando con Windows 10. En concreto, hasta un 16.9% de los equipos cliente Windows siguen ejecutando Windows 10, lo que equivale aproximadamente a una de cada seis máquinas en el parque total.
Actualmente, Windows 11 representa alrededor del 78.8% de las instalaciones, mientras que la cuota de Windows 10 ha pasado de aproximadamente la mitad del mercado a mediados de 2025. Este cambio, sin embargo, parece estar estancándose, lo que sugiere que la porción restante de Windows 10 podría permanecer sin cambios durante un periodo prolongado.
Este escenario plantea preocupaciones de seguridad: en promedio, un dispositivo con Windows 10 presenta alrededor de tres veces más CVEs activos (1,903) que un dispositivo con Windows 11 (652). Además, aproximadamente dos tercios de los CVEs activos en Windows 10 están catalogados como altos o críticos, y la tasa de vulnerabilidades explotables es cerca de 1.7 veces superior a la observada en Windows 11.
Una cuota de mercado de Windows 10 que podría convertirse en un riesgo de seguridad
El informe señala que el programa de Extensiones de Seguridad (ESU) de Microsoft brinda cierta reserva de tiempo, protegiendo a los usuarios finales hasta octubre de 2027 y a los clientes comerciales hasta octubre de 2028. Este periodo de extensión ayuda, pero no resuelve el dilema a largo plazo.
En términos de industrias, la prevalencia de Windows 10 es notable en sectores como salud y farmacéutica (23%), consumo y retail (23%) y manufactura (18%), con una mayor probabilidad de que las PyMEs (21.4%) permanezcan en Windows 10 frente a las grandes empresas (16.6%).
Además, el análisis revela que las limitaciones técnicas no son la principal barrera: solo el 2.8% de los dispositivos analizados no cumplen con los requisitos de hardware de Windows 11. En un panorama más amplio, casi una quinta parte (18.7%) de todo el ecosistema Windows que monitorizan sigue utilizando sistemas operativos obsoletos como Windows 7, Windows 8.1 y Windows XP.
La conclusión del informe es clara: aunque muchos usuarios ya han migrado al último sistema operativo, la reserva de dispositivos restantes es menor en número, pero significativamente más compleja, costosa o riesgosa de actualizar. Con el fin próximo de los programas ESU, las organizaciones deben realizar una evaluación más profunda sobre la continuidad de Windows 10 en su entorno y planificar alternativas con mayor previsión de seguridad y soporte.
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