
En el mundo del cine, pocas decisiones artísticas generan debates tan encendidos como la elección de formato. El nuevo proyecto de Christopher Nolan, The Odyssey, ha marcado un hito técnico al ser filmado íntegramente con 1570 cámaras IMAX. Sin embargo, la realidad de la distribución contrasta con la ambición creativa: menos de 40 salas en todo el mundo están preparadas para proyectarlo en su formato original al estrenarse el 17 de julio.
La mayor parte de los cines estándar proyectará solo una fracción de las tomas grabadas, debido a las diferencias en relaciones de aspecto y capacidades de los proyectores. Para entender este fenómeno, conviene seguir el hilo del material visual que circula en redes: un video explicativo que distingue entre las tomas capturadas y lo que finalmente se exhibe en la sala, y que ilustra de forma clara por qué el formato 70mm no siempre se traduce en una experiencia universal para el público.
La demanda es notable: solo 26 salas en Estados Unidos y tres en el Reino Unido pueden ofrecer la proyección en 70mm. Si alguien quiere ver The Odyssey en el IMAX de la BFI, por ejemplo, podría encontrarse esperando hasta finales de agosto para una función que no esté agotada.
La discusión se ha intensificado gracias a declaraciones de Richard Gelfond, CEO de IMAX, recogidas por Variety, sobre si el aumento de la demanda podría impulsar la apertura de nuevas salas. “Definitivamente hay más demanda; el problema es que no se han fabricado nuevos proyectores IMAX en unos 50 años. Los remodelamos, reconstruimos y, parte de nuestra estrategia, es ver hasta dónde podemos llegar. Pero, en última instancia, depende de la demanda; me gustaría ver más”, afirmó.
La sorpresa llega cuando se ve a un nuevo proyector IMAX 70mm siendo instalado en el TCL Chinese Theatre de Los Ángeles, lo que ha alimentado un debate sobre la veracidad de esas afirmaciones y ha llevado a algunos fans a tildar la decisión de Nolan de “anti-arte”. Sin embargo, es importante separar la novedad tecnológica de una crítica directa a la obra artística:
Un vistazo crítico a los videos y a las declaraciones de los responsables ayuda a entender que, en realidad, se trata de una cuestión de disponibilidad y de infraestructura. El propio formato implica una cantidad enorme de película y una maquinaria específica que no es sencillo replicar a gran escala en salas convencionales. Por ejemplo, el rodaje de aproximadamente 172 minutos en 70mm conlleva un gigantesco volumen de película (unos 2,1 millones de pies, con peso cercano a 846 libras), algo que complica su distribución masiva.
Independientemente de la tecnología, la experiencia de cine de gran formato sigue siendo posible y, para muchos, su valor artístico es innegable. ¿Podría este fenómeno impulsar una revitalización de la proyección analógica y de los proyectores IMAX en un sistema cinematográfico cada vez más digital? Es una pregunta que merece atención, especialmente para una industria que enfrenta cambios estructurales significativos.
La crítica y los espectadores se debaten entre la admiración por la audacia creativa de Nolan y la frustración por la accesibilidad limitada. Algunos usuarios en redes sociales describen la situación como elitista, mientras otros sostienen que la estrategia de lanzamiento, aunque controvertida, podría funcionar como un catalizador para futuras inversiones en formatos de gran formato. ¿Será este un punto de inflexión para el cine de autor o solo un episodio más en la lucha entre innovación y viabilidad económica?
En última instancia, The Odyssey promete una experiencia épica, independientemente del formato que llegue al espectador. La duda persiste: ¿lograrán las salas y las compañías de distribución equilibrar la demanda con la diversidad de opciones técnicas para que más audiencias accedan a esta obra significativa? El tiempo dirá si este caso se convierte en un llamado a la acción para una reinvención de la exhibición cinematográfica o, simplemente, en un hito puntual en la historia del cine.
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