
Una cámara del tamaño de un automóvil ha iniciado la misión más ambiciosa de sondeo astronómico jamás emprendida desde la Tierra. El Vera C. Rubin Observatory, situado en Cerro Pachón, al norte de Chile, ha comenzado oficialmente su Legacy Survey of Space and Time (LSST), marcando el inicio de una década de observación continua que transformará nuestra comprensión del universo.
Cada 40 segundos durante la noche, este instrumento de 6.600 libras captura una nueva imagen con su sensor de 3.200 megapíxeles, el más grande jamás construido para fines digitales. En promedio, la cámara recoge alrededor de 10 terabytes de datos por ciclo y genera hasta siete millones de alertas que señalan cambios en el cielo. Durante las fases preliminares de calibración y optimización, Rubin ya descubrió más de 11.000 asteroides previamente invisibles, incluyendo 33 objetos cercanos a la Tierra.
El objetivo a largo plazo es construir, a lo largo de diez años, un registro vivo de la variabilidad y el cambio cósmico, cubriendo cada parche del cielo unas 800 veces. Este esfuerzo permitirá: mapear el sistema solar y la Vía Láctea con una precisión sin precedentes; estudiar la materia oscura mediante el análisis de la distorsión de la luz de galaxias lejanas; y proporcionar un archivo astronómico público y accesible tanto para investigadores como para el público general, algo que podría acelerar la divulgación de hallazgos y democratizar el acceso a los datos.
Según Željko Ivezić, líder de LSST, la decisión de poner en marcha el proyecto se basó en una revisión rigurosa de la calidad de imagen, la velocidad efectiva de la encuesta, la estabilidad operativa y la precisión de la calibración. Este ambicioso proyecto, con una financiación de alrededor de 800 millones de dólares, es fruto de una colaboración entre la National Science Foundation (NSF) de Estados Unidos y la Office of Science del Department of Energy.
Al cierre de las fases iniciales, los responsables señalan que Rubin Observatory está preparado para cambiar la forma en que se practica la astronomía y la astrofísica, convirtiéndose en una “máquina de descubrimientos” capaz de revelar fenómenos como estrellas variables, explosiones de supernovas y pistas sobre las energías oscuras y la materia oscura. En palabras del equipo del observatorio, Rubin trae el universo a la vida y abre un tesoro de posibles hallazgos, muchos de ellos nunca antes vistos.
Este proyecto también subraya un cambio significativo en la gestión de datos científicos: el conjunto de datos final contará con miles de millones de objetos astronómicos y trillones de mediciones, y su disponibilidad pública promete impulsar investigaciones colaborativas y nuevas preguntas sobre la cosmología y la física fundamental.
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