
La ciudad de Cheyenne ha tomado una medida decisiva ante una preocupación creciente: ya no se aceptará agua residual industrial proveniente de sistemas de enfriamiento de circuito cerrado de centros de datos. Esta decisión se produce después de detectar una bacteria rara en las plantas de agua tratada de la ciudad, un hallazgo que ha puesto de manifiesto desafíos cruciales en la gestión de aguas residuales provenientes de proyectos de construcción de data centers y sus operaciones asociadas.
El incidente se originó cuando Goat Systems LLC, responsable de la construcción del campus de Meta en Cheyenne, descargó aguas residuales en el alcantarillado sanitario. Las pruebas identificaron la bacteria Cupriavidus gilardii como contaminante de la planta de tratamiento y, en consecuencia, la Junta de Servicios Públicos de Cheyenne (Board of Public Utilities) atribuyó la fuente de contaminación al propio centro de datos de Meta. Ante este hallazgo, se ordenó la clausura temporal de dos plantas de reacondicionamiento de agua y se inició un proceso de descontaminación de varios meses.
La desconexión inicial de las autorizaciones de descarga de Goat Systems ocurrió a finales de marzo, anticipando la prohibición más amplia que afectó a otros data centers de Cheyenne. La contaminación ocurrió durante una operación de llenado y purga (fill-and-flush) de los sistemas de enfriamiento en el campus. Este procedimiento implica hacer circular agua para limpiar las tuberías utilizadas en la refrigeración de los centros de datos, retirar desechos y contaminantes y, finalmente, llenar el sistema con el fluido de enfriamiento y sellarlo.
El agua tratada por las plantas de reacondicionamiento de la ciudad se reutiliza para regar espacios públicos como parques y campos de golf, lo que eleva el riesgo de que Cupriavidus gilardii pueda causar infecciones humanas si llega a dispersarse en forma de aerosol. En febrero, las dos instalaciones, Dry Creek y Crow Creek, estuvieron fuera de operación por mantenimiento y descontaminación, pero fueron reabiertas a finales de junio y han retomado el procesamiento de agua reciclada.
El concejal Pete Laybourn de la ciudad de Cheyenne calificó la revelación sobre Meta como “una sorpresa muy desagradable” y añadió que aún tiene mucho que aprender, lo que sin duda complica la situación.
A nivel más amplio, el episodio ha acelerado debates sobre la capacidad de las plantas de tratamiento para gestionar aguas residuales industriales procedentes de proyectos de construcción de data centers. Muchos sistemas de enfriamiento cerrado emplean productos químicos como la propilenglicol como anticongelante; sin embargo, no todas las plantas de reacondicionamiento están preparadas para filtrar estas sustancias y otros compuestos.
Además, la reutilización de agua tratada para riego en espacios públicos añade un componente de riesgo adicional: la posibilidad de que contaminantes lleguen a las comunidades a través del aire o del suministro de agua para usos recreativos.
En el ámbito regulatorio y de políticas, la experiencia de Cheyenne subraya la necesidad de marcos más claros para la gestión de aguas residuales industriales asociadas a data centers, así como la inversión en infraestructura que permita tratar adecuadamente químicos utilizados en sistemas de enfriamiento. También plantea preguntas sobre la priorización de recursos hídricos para comunidades y ecosistemas locales frente a proyectos de alto consumo energético.
La conversación pública se ha intensificado en otros estados de EE. UU., donde la oposición a nuevos centros de datos y el aumento de costos energéticos han sido temas recurrentes. En este contexto, la discusión sobre quién debe financiar la infraestructura necesaria para sostener estas operaciones—y cómo distribuir ese costo entre empresas tecnológicas y comunidades locales—se mantiene en el centro de los debates legislativos.
Fuentes de información y cobertura adicional mencionan que estas decisiones pueden influir en futuras políticas públicas y en la manera en que las empresas gestionan sus proyectos de infraestructura crítica. En Tom’s Hardware se ha recogido el desarrollo de este caso como un ejemplo de las complejidades que rodean la gestión de aguas, la seguridad ambiental y la resiliencia de las comunidades ante incidentes de contaminación.
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