

Flipper One se ha presentado como el proyecto más ambicioso hasta la fecha de Flipper Devices, la firma responsable del popular Flipper Zero. Lejos de ser una simple revisión del modelo anterior, este nuevo gadget apunta a convertirse en un auténtico cyberdeck de bolsillo con Linux, pensado para redes IP, pentesting y experimentación avanzada con hardware abierto.
A diferencia de su predecesor, Flipper One no nace para sustituir al Flipper Zero sino para complementarlo. Mientras el Zero domina el terreno de la radiofrecuencia y los protocolos locales sin conexión, el One quiere abarcar todo lo que se mueva por IP: Ethernet, Wi‑Fi, 5G, satélite y, en general, cualquier infraestructura de red moderna. La compañía ha decidido mostrarlo cuando aún está en desarrollo para involucrar a la comunidad desde el minuto uno.
Del Flipper Zero al Flipper One: de juguete hacker a mini ordenador Linux
Han pasado varios años desde que Flipper Zero irrumpiera como una especie de «tamagotchi para hackers», centrado en NFC, RFID, infrarrojos y radiofrecuencia de baja potencia. Su carácter de herramienta portátil, relativamente asequible y con una comunidad muy activa lo convirtió en un referente dentro del mundo del pentesting de bolsillo.
Con Flipper One, la compañía cambia de liga: el nuevo dispositivo se plantea como un ordenador Linux completo en formato compacto, con potencia y conectividad cercanas a una Raspberry Pi 5, pero con botones físicos integrados, batería, pantalla y un enfoque radicalmente orientado a redes y automatización técnica. La propia empresa lo define como una «multi‑herramienta Linux portátil para hackers y desarrolladores».
Este salto también implica un cambio de enfoque de uso. Si el Zero se centraba en protocolos de la llamada Capa 0 (señales locales, control de acceso, radio sin conexión), el One está orientado a la Capa 1 y al mundo IP: redes cableadas, redes inalámbricas, tráfico de datos de alto volumen y computación suficiente para manejar SDR y modelos de inteligencia artificial en local.
La compañía insiste en que no se trata de una simple evolución incremental, sino de una categoría de producto distinta. Para el usuario, eso significa que quien ya tenga un Flipper Zero no lo verá reemplazado, sino acompañado por una herramienta pensada para otros escenarios: auditorías de red, pasarelas VPN, routers portátiles o pequeños laboratorios móviles de ciberseguridad.

Arquitectura de hardware: doble procesador y mucha más potencia
El corazón del dispositivo es notablemente más sofisticado que el de la primera generación. Flipper One combina dos chips que trabajan en paralelo: un SoC ARM de alto rendimiento y un microcontrolador de bajo consumo que se encargan de tareas distintas pero complementarias.
Por un lado, el procesador principal es un Rockchip RK3576 de ocho núcleos, con cuatro núcleos Cortex‑A72 de alto rendimiento y cuatro Cortex‑A53 de eficiencia, acompañado de una GPU Mali y una NPU dedicada con alrededor de 6 TOPS para cargas de trabajo de IA. Este chip va emparejado con 8 GB de memoria LPDDR5x, suficientes para mover distribuciones Linux completas de forma fluida y ejecutar aplicaciones exigentes, desde escritorios gráficos hasta herramientas de análisis de red.
Por otro lado, incorpora un microcontrolador Raspberry Pi RP2350 de doble núcleo, diseñado para gestionar la pantalla, los botones, el panel táctil lateral y toda la lógica de energía. Este segundo cerebro puede funcionar incluso cuando el sistema Linux está completamente apagado, algo poco habitual en este tipo de dispositivos y que permite, por ejemplo, controlar funciones básicas o monitorización sin arrancar el sistema principal.
Gracias a esta arquitectura dual, el Flipper One puede equilibrar potencia bruta y autonomía. El SoC principal se reserva para tareas pesadas —ejecución de herramientas de pentesting, análisis de tráfico, SDR o IA local— mientras que el RP2350 permite modos de bajo consumo para operaciones ligeras o control del dispositivo sin necesidad de cargar el entorno Linux completo.
En cuanto al formato, el dispositivo sigue siendo de bolsillo pero aumenta de tamaño respecto al Flipper Zero. Pasa aproximadamente a 155 x 67 x 40 mm frente a los 100 x 40 x 25 mm del modelo anterior. A cambio, ofrece una pantalla monocroma de 256 x 144 píxeles, cinco botones bajo el panel principal, una cruceta, un touchpad lateral y un botón push‑to‑talk en la parte superior, todo pensado para manejarlo cómodamente sin teclado físico completo.
Conectividad de red y expansión: Ethernet, Wi‑Fi 6E, 5G y M.2
El gran salto de Flipper One está en cómo se conecta. El dispositivo está claramente diseñado como una herramienta de red portátil, capaz de actuar como router, puente entre redes o pasarela VPN, además de comportarse como un mini PC Linux cuando se conecta a una pantalla externa.
En el apartado de puertos físicos, incluye dos conectores Gigabit Ethernet que permiten configuraciones avanzadas, como actuar como gateway entre dos redes distintas o montar laboratorios de pruebas in situ. A ello se suma una conexión USB Ethernet de hasta 5 Gbps, lo que amplía las opciones para integrarlo en infraestructuras existentes.
En el terreno inalámbrico, Flipper One llega con Wi‑Fi 6E en las bandas de 2,4, 5 y 6 GHz, lo que resulta especialmente interesante en entornos donde empiezan a desplegarse redes en la banda de 6 GHz. Además, incorpora un puerto M.2 interno compatible con PCIe, USB y SATA que permite instalar módems 5G o LTE, módulos SDR, aceleradores de IA o incluso unidades SSD NVMe para almacenamiento de alta velocidad.
Más allá de la conectividad pura, el dispositivo cuenta con un encabezado GPIO de 20 pines y un puerto de depuración de 14 pines, lo que abre la puerta a experimentos de electrónica, placas personalizadas y proyectos maker avanzados. El diseño está pensado para que la comunidad pueda descargar modelos 3D, atornillar carcasas traseras modificadas y desarrollar expansiones a medida, un enfoque que encaja bastante bien con la cultura DIY que ya rodeaba al Flipper Zero.
Para completar el conjunto, Flipper One ofrece un abanico de puertos modernos: dos USB 3.1 tipo C (uno para datos, energía y salida de vídeo, y otro para datos y entrega de energía), un USB 3.1 tipo A, lector de tarjetas microSD y ranura nano SIM conectada al módulo M.2. En la práctica, esto significa que puede comportarse tanto como un equipo de red especializado como un pequeño ordenador de sobremesa conectado a un monitor 4K mediante HDMI o DisplayPort sobre USB‑C.
Flipper OS y la batalla por un Linux ARM realmente abierto
El hardware es solo una parte de la ecuación. Flipper Devices quiere que Flipper One sea una de las plataformas ARM más abiertas y mejor documentadas del mercado, evitando la dependencia de kernels parcheados y componentes propietarios que suelen lastrar a muchos dispositivos embebidos.
Para ello, la empresa está colaborando con Collabora para integrar el soporte del Rockchip RK3576 directamente en el kernel principal de Linux. La intención es que, a medio plazo, cualquier desarrollador pueda descargar un kernel limpio desde las fuentes oficiales y ejecutarlo en el dispositivo sin recurrir a blobs cerrados más allá de lo estrictamente inevitable. Aun así, todavía queda trabajo por hacer, especialmente en áreas como el inicializador de la RAM (DDR trainer), la gestión de energía avanzada, la salida de vídeo por USB‑C, la decodificación acelerada o el uso completo de la NPU.
Sobre esta base, el dispositivo ejecutará Flipper OS, un sistema basado en Debian específicamente adaptado a la pantalla pequeña y al control por botones. En lugar de ofrecer un escritorio Linux tradicional reducido, la compañía está desarrollando una interfaz llamada FlipCTL, pensada para navegar con cruceta y touchpad, y que envolverá muchas herramientas de línea de comandos en menús más amigables para un uso móvil.
Una de las ideas clave del sistema es la gestión de perfiles. Flipper OS permitirá cargar perfiles completos con paquetes y configuraciones predeterminadas, de modo que el usuario pueda cambiar de entorno (por ejemplo, de un perfil de pentesting a uno de administración de sistemas o a otro de laboratorio educativo) sin perder el estado original ni tener que reinstalarlo todo desde cero.
Además, el usuario podrá borrar el sistema y restaurarlo fácilmente a una copia limpia, algo especialmente útil para quienes estén realizando experimentos agresivos con el software o testando configuraciones de red delicadas. Esta filosofía de «romper y recomponer» sin drama encaja con la naturaleza de laboratorio portátil que la empresa quiere fomentar.
IA local y Flipper AI: modelos de lenguaje sin conexión
Otro de los puntos llamativos del proyecto es la apuesta por la inteligencia artificial integrada. Gracias a la NPU del SoC RK3576, Flipper One podrá ejecutar modelos de lenguaje (LLM) de forma local, sin depender de servidores remotos. La compañía se refiere a esta capa de inteligencia como Flipper AI.
La idea es que esta IA pueda ayudar en tareas cotidianas del dispositivo: asistencia en la configuración de redes, sugerencias de comandos, generación de scripts o explicación de resultados de escaneos. Todo ello sin necesidad de conexión a Internet, algo especialmente relevante en entornos sensibles o en trabajos de auditoría donde no se quiere enviar datos a la nube.
Evidentemente, la potencia de 6 TOPS de la NPU no lo coloca a la altura de aceleradores dedicados de escritorio, pero sí es suficiente para modelos compactos optimizados y cuantizados. En un contexto de edge computing, esto abre posibilidades interesantes: automatizaciones basadas en contexto, análisis rápido de tráfico, detección de patrones sencillos o asistentes de terminal que entiendan lenguaje natural.
La empresa no ha detallado todavía todos los casos de uso concretos de Flipper AI, pero la comunidad ya espta con asistentes interactivos que puedan guiar al usuario en sesiones de pentesting o administración de sistemas, reduciendo la curva de aprendizaje para quienes se inician en este mundillo sin renunciar al control fino que exigen los profesionales.
Usos prácticos: de router portátil a laboratorio de pentesting
Con todo este conjunto de hardware y software, Flipper One se perfila como una herramienta muy versátil dentro del ecosistema de redes y ciberseguridad. Su diseño de bolsillo, unido a la batería y a la amplia conectividad, hace que pueda cubrir roles que hoy suelen ocupar varios dispositivos diferentes.
Por ejemplo, puede actuar como router o puerta de enlace VPN, uniendo redes cableadas e inalámbricas, sirviendo como puente entre segmentos separados o como pasarela segura para acceder a infraestructuras remotas. En entornos profesionales, puede resultar interesante para técnicos de campo que necesitan montar rápidamente un entorno controlado sin cargar con un portátil completo y un router dedicado.
También se plantea como un pequeño PC Linux de sobremesa. El puerto HDMI 2.1 (y la compatibilidad DisplayPort en USB‑C) permiten conectar monitores 4K con tasas de refresco de hasta 120 Hz, lo que da margen para utilizar escritorios gráficos completos, reproducir contenido multimedia o trabajar con herramientas gráficas sin excesivas limitaciones, siempre dentro de lo que puede ofrecer un SoC ARM.
En escenarios de formación y laboratorios, podría usarse como plataforma educativa para estudiantes de ciberseguridad, redes o sistemas embebidos. Su combinación de GPIO, M.2, Linux abierto y comunidad activa encaja con la filosofía maker que ya existe en espacios como hackerspaces y universidades técnicas.
Y, cómo no, sigue siendo una herramienta con un claro enfoque hacia el pentesting. Entre la doble Ethernet, el Wi‑Fi 6E, los módulos 5G, el potencial para SDR y la ejecución de software especializado, el dispositivo puede convertirse en una navaja suiza para auditar redes, analizar tráfico, probar configuraciones de seguridad o simular entornos de ataque y defensa en movilidad.
Proyecto en desarrollo, comunidad y financiación
Pese a toda la expectación, Flipper One todavía no está listo para venderse. La propia empresa reconoce que la fabricación es compleja, especialmente por la cantidad de componentes y la ambición de integrarlos en un formato de bolsillo con batería, pantalla y botones físicos.
De momento, Flipper Devices ha lanzado un portal para desarrolladores, accesible desde la documentación oficial, donde se pueden consultar detalles técnicos, seguir el estado del firmware y ver cómo evoluciona el soporte en el kernel Linux. Desde ahí, invitan a programadores, ingenieros y usuarios avanzados a participar en el desarrollo restante del sistema, ya sea contribuyendo código, reportando problemas o proponiendo mejoras.
En cuanto a modelo de negocio, la compañía planea financiar el dispositivo mediante una campaña de crowdfunding. Aún no se ha confirmado la fecha de inicio ni la plataforma concreta, pero sí se ha indicado que el precio base del modelo sin módulos celulares se situará por debajo de los 350 dólares, una cifra que probablemente se traduzca en un rango similar en euros una vez lleguen las primeras unidades.
Este posicionamiento lo coloca por encima del Flipper Zero, que ronda los 199 dólares, pero también lo acerca al territorio de mini PCs y portátiles económicos. Ahí es donde la empresa tendrá que justificar el valor añadido de un formato tan compacto, su modularidad y el enfoque radicalmente abierto frente a dispositivos más convencionales.
La transparencia en esta fase es un arma de doble filo: mostrar el producto antes de que esté terminado ayuda a atraer comunidad y recoger feedback, pero también deja claro que pueden aparecer retrasos, cambios de especificaciones o limitaciones técnicas imprevistas. En cualquier caso, la empresa se apoya en el capital de confianza acumulado con el Flipper Zero y en una comunidad ya consolidada.
Impacto potencial
Un dispositivo como Flipper One puede encajar bien en varios nichos muy concretos. Por un lado, el mercado de profesionales y entusiastas de la ciberseguridad sigue en expansión, con una fuerte demanda de herramientas para práctica y formación tanto en empresas como en centros educativos.
Por otro, la comunidad maker y de hardware abierto en países como España, Alemania, Francia o los países nórdicos lleva años utilizando placas como Raspberry Pi, Orange Pi o kits basados en ESP32 para proyectos caseros y profesionales. Flipper One se presenta como una alternativa más integrada, con un software mejor cuidado de fábrica y un claro foco en redes y seguridad.
Tampoco hay que olvidar el factor regulatorio. Existe una sensibilidad especial respecto al uso de herramientas de hacking y a la privacidad de las comunicaciones. Igual que ocurrió con Flipper Zero, es previsible que aparezca cierto debate público sobre las posibles aplicaciones indebidas del dispositivo. Sin embargo, la propia naturaleza abierta y documentada de la plataforma puede favorecer que se utilice principalmente en entornos controlados, formación reglada y auditorías legítimas.
Para empresas especializadas en ciberseguridad, consultoría o formación, Flipper One podría convertirse en un recurso interesante para equipar a equipos de campo, montar laboratorios portátiles o diseñar cursos prácticos de administración de redes y pentesting. La clave estará en cómo evolucione el ecosistema de software y en si la disponibilidad resulta ágil y a un precio competitivo frente a alternativas x86.
En conjunto, Flipper One se perfila como un cyberdeck Linux de bolsillo muy singular: combina una arquitectura de doble procesador, 8 GB de RAM, conectividad de red avanzada con doble Ethernet, Wi‑Fi 6E y 5G opcional, ranura M.2 para módulos especializados, salida de vídeo 4K y un sistema operativo basado en Debian con fuerte vocación de apertura. Aún quedan incógnitas importantes sobre precio final, plazos y madurez del software, pero el planteamiento apunta a una herramienta distinta de lo que ofrece el mercado tradicional, pensada para quienes necesitan un laboratorio de redes portátil, hackeable y profundamente documentado.
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